No juzguéis
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Introducción
Introducción
Dinámica de Examen de puntuación
Cita bíblica: Mateo 7:1-5 “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.”
I. Juicio de intenciones (1-2)
I. Juicio de intenciones (1-2)
Hablar de “no juzgar” nos llevaría a pensar que nadie jamás puede emitir juicio alguno sobre algo. Entonces ¿Debemos juzgar? La respuesta a esto es sí y no. Todos vivimos en una sociedad en la cual tarde o temprano emitiremos un juicio de opinión. Podríamos considerar 4 aspectos cuando alguien emite un juicio de opinión: 1) El que emite juicio, 2) El enjuiciado, 3) El hecho juzgado y 4) Las razones que llevaron al acto juzgado.
Cuando el Señor menciona “No juzguéis” no está pensando en el tercer aspecto, sino en el cuarto. Todos podemos ver los hechos para posteriormente emitir un juicio de opinión, pero en relación al cuarto aspecto sólo Dios y la persona saben cuáles fueron las razones para llevar a cabo cierta acción.
Esta clase de juicio es un juicio crítico y llevado hacia la censura. El corazón de la persona no está motivado por la búsqueda de restauración sino por la vergüenza a causar al exponer el hecho y las “intenciones” que motivo a realizar dicha acción.
El juicio es llevado con bases que el enjuiciador establece, siendo él el que pone las normas que han de seguirse para saber si algo malo o no. Entonces tenemos lo siguiente: Un juicio de las motivaciones internar en base a normas establecidas por el enjuiciador. Tal cual como los fariseos vivían en los tiempos antiguos (Lc 18:11). La persona que lo haga así se considera a sí mismo más santo que los demás siendo sucio e impío delante de Dios,lo mismo ocurría en tiempos de Isaías (Is. 65:5).
Jesús está estableciendo con este mandamiento emitir juicio condenatorio sobre las intenciones que motivan las acciones de otros, ya que solo Dios conoce la intimidad del corazón. El verdadero creyente toma una solemne decisión en su vida, dejar de juzgar a otros, cumpliendo así el mandato de Jesús (Ro. 14:13)
No hacerlo para no ser juzgado (Lc 6:36-37; Ex. 23:1; Pr. 11:13 cp. Pr. 10:12; Stg 5:20; 1 P. 4:8)
No hacerlo porque seremos juzgados (Ga. 6:7; cf 2 Co 5:10; Ro. 14:10)
No hacerlo porque así seremos juzgados (Ro. 2:1 cp. 1 Co 11:31-32)
II. Juicio en incoherencias (3-4)
II. Juicio en incoherencias (3-4)
El emitir un juicio condenatorio sobre las motivación e intenciones del corazón era y es un problema muy grave. Nos estamos poniendo en el lugar de Dios, quien es el único que conoce el corazón de Dios. Esto se hace más grave cuando no sólo es un juicio de las intenciones, sino que es un juicio en incoherencias e hipocresía: ¡No puedes quitar una paja ajena si tienes una viga en el ojo!
Los que se consideran más santos que los demás siempre se fijarán en los pecados más pequeños de los demás, pero se olvidarán de sus grandes impiedades.
Es completamente absurdo querer quitar la paja del ojo ajeno cuando en tu propio ojo se encuentra un árbol. ¿Esto significa que tengo que estar sin pecado alguno para hacerle notar a alguien su pecado? No, esto significa que no seas capaz de condenar a los demás por sus pecados y que te pongas en la capacidad de discernir sus corazones. Todos somos llamados a corregirnos, pero no en nuestras bases, sino en las bases de Dios.
Al tener una viga en el ojo
Al querer quitar la paja del ojo ajeno
III. Juicio personal (5)
III. Juicio personal (5)
Nuevamente debemos recordar que Jesús prohíbe con el mandamiento emitir juicio sobre las motivaciones y no sobre las acciones (Jn 7:24).
Un “Hipócrita” en aquellos tiempos denotaba a un actor de teatro. Es una representación ajena a la realidad de la propia persona, uno que pretende ser lo que no es, o que oculta los verdaderos pensamientos, actitudes e intenciones bajo una máscara de falsas apariencias.
Si queremos ejercer un juicio bíblico el Señor llama a dejar de ser falsos e iniciar con una restauración.
Evaluación y juicio personal
Lo primero es la evaluación y juicio por nuestra condición. 2) Sacar, echar fuera y expulsar de nosotros aquello que evita que podamos juzgar con amor a los demás. Esto es previo a lo que posteriormente estaría capacitado para hacer.
El creyente genuino, la persona comprometida con Dios, se mide, no por la capacidad de condenar, sino por la de restaurar (Ga 6:1).
Ayuda en amor al prójimo con sus faltas
No podremos ayudar si primero no somos ayudados. Reconocer nuestra necesidad es un paso a la restauración, no el fin de ella. Buscar ayuda y aplicarse en eso nos llevará a una mejor condición delante del Señor y así delante de los hermanos para ayudarles en su restauración.
Conclusión
Conclusión
¿Cómo respondo si alguien viene con un juicio sobre alguien?
Si es un juicio correcto no te lo dirá, Si es un juicio incorrecto te lo dirá y debes aplicar lo siguiente.
Una historia breve
Cuenta la historia de que cierto día un conocido se acercó al filósofo, y le dijo:
– ¿Sabes lo que escuché acerca de un amigo tuyo?
Sócrates le miró y respondió:
– Un momento: antes de decirme aquello que vienes a contarme, quisiera aplicarle un triple filtro a esa información.
– ¿Un triple filtro? -inquirió, extrañado, su conocido.
– Exacto. Antes de que hables sobre mi amigo será buena idea dedicar unos minutos a filtrar lo que me vas a decir.
Y prosiguió:
El filtro de la verdad
– El primero de los tres filtros, es el filtro de la verdad. Dime ¿Estás absolutamente seguro de que aquello que me vas a decir de mi amigo es verdad?
– No. –Dijo el hombre- En realidad solo lo escuché…
– Bien, entonces, realmente no sabes si lo que me vienes a decir es cierto, o no.
El filtro de la bondad
– El segundo filtro es el filtro de la bondad. Dime ¿Es algo bueno eso que vienes a decirme de mi amigo?
– No, por el contrario…
– Entonces –añadió Sócrates- tú vienes a decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Veamos si lo que vienes a decirme pasa el tercer y último filtro.
El filtro de la utilidad
– Este último filtro es el filtro de la utilidad. Dime ¿Es útil para mí eso que vienes a contarme de mi amigo?
– No, realmente no.
– Bien –concluyó Sócrates- Si lo que vienes a decirme no sabes si es cierto, no es bueno y no me es útil ¿Para qué decírmelo?
¿Debemos juzgar? Sí y no. Sí con un juicio no en base a términos personales establecidos, sino en base a la Palabra del Señor siendo así justo juicio. No con un juicio condenatorio creyendo que conozco las intenciones del corazón de la persona. Lo que debe motivarte a juzgar con un juicio correcto debe ser el amor y el deseo por restaurar a las personas, no el querer causar vergüenza y desprecio en los demás (Lv 19:16)
