CONECTADOS - Terminando la carrera con gozo - Temporada #4 Episodio XV

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Hechos de los Apóstoles 20:24 RVR60
Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
2 Timoteo 4:7–8 NVI
He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida.
1 Corintios 9:24–25 NVI
¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre.

CUARTO VIAJE: CICLO DE ROMA (27,1-28,28)

4.1. de Cesarea a Creta (27,1-13)

Sucesos: Pablo es embarcado junto a otros prisioneros rumbo a Italia. En la escala en Sidón se le permite visitar a sus amigos y ser atendido por ellos. Después de quince días de navegación llegan a Mira, y allí toman una nave alejandrina, llegando finalmente a Puerto Bonito (Creta) El centurión Julio, a pesar de las advertencias del Apóstol, avezado en estas lides, toma la decisión de partir, tomando en consideración la opinión del piloto y el patrón partidarios de invernar en el puerto de Fenice, al parecer mejor preparado para pasar allí el invierno. Aprovechando un ligero viento del sur zarpan hacia Fenice.
Hechos de los Apóstoles 27:10–11 NVI
«Señores, veo que nuestro viaje va a ser desastroso y que va a causar mucho perjuicio tanto para el barco y su carga como para nuestras propias vidas.» Pero el centurión, en vez de hacerle caso, siguió el consejo del timonel y del dueño del barco.

4.2. La tempestad (27,14-38)

Sucesos: La tempestad provoca la deriva del barco. Éste permanece a merced de la tempestad mientras ésta continúa durante varios días. La tripulación del navío intenta por todos los medios mantenerlo a flote, pero al prolongarse el temporal, con el paso de los días cunde el desánimo. Pablo en todo momento intenta que sus acompañantes mantengan la calma y coman, ya que estuvieron varios días sin comer. De este modo , el Apóstol promete a la tripulación que ha intercedido por ellos ante el Espíritu , y no deben temer nada , ya que ninguno de ellos perderá la vida en este lance. La tripulación, en medio del Adriático decide sondear la profundidad del mar, pero observan que es escasa y deciden anclar la nave de todas las formas posibles, evitando , de esta manera, chocar contra los escollos de la costa. Los tripulantes intentan escapar de l barco arriando un bote, pero Pablo sabedor de la necesidad de todos para salvarse indica al centurión el particular, procediendo el centurión a cortar las amarras del bote. Finalmente , el Apóstol se dirige a sus acompañantes indicándoles la necesidad de no seguir por más tiempo en ayunas si es qué pretenden salvarse. El mismo toma pan, y después de dar gracias procede a comerlo y partirlo. Todos los demás le imitan de inmediato.
Hechos de los Apóstoles 27:23–25 NVI
Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo, y me dijo: “No tengas miedo, Pablo. Tienes que comparecer ante el emperador; y Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo.” Así que ¡ánimo, señores! Confío en Dios que sucederá tal y como se me dijo.

4.3. El naufragio (27,39-44)

Sucesos: Al divisar la ensenada, deciden lanzar la nave hacia ella. Entre dos bancos de tierra la nave naufraga , siendo desmembrada por la fuerza del oleaje. Los soldados deciden matar a los prisioneros, pero el centurión, queriendo salvar la vida de Pablo sé lo prohibe. Julio da órdenes para que el abandono del barco se realice de una manera ordenada: primero los que sepan nadar y después los que no sepan ayudados de tablas. Al final todos logran ponerse a salvo, tal y como les había prometido el Apóstol.
Hechos de los Apóstoles 27:43–44 NVI
Pero el centurión quería salvarle la vida a Pablo, y les impidió llevar a cabo el plan. Dio orden de que los que pudieran nadar saltaran primero por la borda para llegar a tierra, y de que los demás salieran valiéndose de tablas o de restos del barco. De esta manera todos llegamos sanos y salvos a tierra.

4.4.En la isla de Malta (28,1-10)

Sucesos: nos encontramos con el episodio de la mordedura de la víbora. El Apóstol es mordido por una víbora que se encuentra entre la rama. De inmediato los nativos de la isla interpretan el hecho como un signo desfavorable para Pablo, pero al no sufrir daño alguno los nativos cambian de opinión. Los náufragos son atendidos por el principal de la isla. En este marco se introduce un relato de curaciones mediante la oración y la imposición de manos. Finalmente, parten de la isla con toda clase de parabienes de sus habitantes (provisiones etc)
Hechos de los Apóstoles 28:9–10 NVI
Como consecuencia de esto, los demás enfermos de la isla también acudían y eran sanados. Nos colmaron de muchas atenciones y nos proveyeron de todo lo necesario para el viaje.

4.5. Llegada a Roma (28,11-16)

Sucesos: En Siracusa permanecen tres días, en Pozzuoli una semana en compañía de hermanos. Finalmente, en Roma son recibidos por cristianos de esta ciudad, sabedores de que Pablo llegaba a la misma. La situación de arresto del Apóstol entraña una cierta ambigüedad: de un lado se afirma que éste se encontraba vigilado en una casa particular por un custodio, pero de otro se afirma más adelante que Pablo gozaba de cierta autonomía para realizar sus tareas pastorales.
Hechos de los Apóstoles 28:30–31 NVI
Durante dos años completos permaneció Pablo en la casa que tenía alquilada, y recibía a todos los que iban a verlo. Y predicaba el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo sin impedimento y sin temor alguno.
2 Timoteo 4:7–8 NVI
He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida.
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