1 Tesalonisences 5:16-18 La actitud correcta del creyente hacia Dios.

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1 Tesalonisences 5:16-18 La actitud correcta del creyente hacia Dios.
Escriba 3 observaciones importantes de cada uno de los versículos.

16Estad siempre gozosos. 17Orad sin cesar. 18Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

EL AUTO: La carta muestra claras evidencias de haber sido escrita al comienzo de la historia de la iglesia, durante el tiempo en que vivió Pablo. No hay referencia a la organización de la iglesia o a un ministerio especializado; solo una referencia general en 5:12 a “los que trabajan entre [ellos], y [los] presiden en el Señor, y [los] amonestan”. Un falsificador que escribiera después de la muerte de Pablo no habría permitido la posibilidad de que Cristo pudiera regresar en tiempos de los apóstoles (4:15, 17).
EL AÑO: final del 50 d.C., o a comienzos del 51 d.C.
CONTEXTO: Pablo escribió esta epístola desde Corinto, donde fue cuando salió de Atenas, como se dijo anteriormente. Timoteo, después de que Pablo lo enviase de vuelta a verificar la situación en Tesalónica, se encontró con Pablo en Corinto y le entregó el informe (Hch. 18:5; 1 Ts. 3:6). La inclusión de Silas en el saludo de Pablo en la carta indica que fue escrita en el segundo viaje misionero, pues Silas no lo acompañó en su tercer viaje (Silas no se menciona en Hechos después de 18:5).La estadía de Pablo en Corinto se puede correlacionar con el período de Galión como procónsul (Hch. 18:12). En Delfi, no muy lejos de Corinto, se encontró una inscripción que hace referencia a Galión como procónsul de Corinto a comienzos del 52 d.C. Como los procónsules asumían sus cargos durante el verano, Galión debió haber comenzado en el verano del 51 d.C. El juicio de Pablo ante Galión (Hch. 18:12–17) probablemente ocurriese poco después de que este asumiera el cargo. Como, al parecer, Pablo había estado en Corinto por un tiempo antes de la llegada de Galión, y escribió 1 Tesalonicenses poco después de su llegada al lugar, la epístola probablemente se escribiese al final del 50 d.C., o a comienzos del 51 d.C.
PROPÓSITO: Las epístolas a los tesalonicenses señalan las características de una iglesia sana y creciente. Nos hablan de las responsabilidades de los líderes con la congregación (1 Ts. 5:12, 14–15); de la congregación con los líderes (1 Ts. 5:13, 25–28; 2 Ts. 3:1–2); de los creyentes para crecer espiritualmente (1 Ts. 5:16–22), de estar firmes en medio de la persecución (1 Ts. 2:14–16) y de vivir vidas ordenadas (2 Ts. 3:6–13); y la responsabilidad de la iglesia de disciplinar a los miembros en pecado (2 Ts. 3:6, 14–15). También hacen hincapié en la responsabilidad de la iglesia de alcanzar al mundo perdido con la verdad salvadora del evangelio (1 Ts. 1:8–10).
Comentario de la Biblia Matthew Henry (CAPÍTULO V)
CAPÍTULO VVersículos 1—11. El apóstol exhorta a estar siempre listos para la venida de Cristo a juzgar, la cual será súbita y sorpresiva. 12—22. Da instrucciones sobre diversos deberes. 23—28. Termina con oración, saludos y una bendición.
1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito Introducción a 1 Tesalonicenses

Aunque el apóstol Pablo había ministrado solo un poco de tiempo en Tesalónica, estaba asombrado con lo que estaba ocurriendo allí. Sus cartas reflejan alegría por el progreso espiritual de los tesalonicenses en su breve tiempo como creyentes:

Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones (1 Ts. 1:2).

Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes. Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos (1 Ts. 2:13–14).

Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo (1 Ts. 2:19–20).

Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios? (1 Ts. 3:9).

Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más (1 Ts. 4:9–10).

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis (1 Ts. 5:11).

Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás; tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis (2 Ts. 1:3–4).

Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad (2 Ts. 2:13).

1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito (BOSQUEJO)
I. Saludo de Pablo (1:1)II. Cuidado pastoral de Pablo (1:2–3:13)A. Describe su agradecimiento (1:2–10)B. Defiende su integridad (2:1–16)C. Define sus preocupaciones (2:17–3:13)III. Instrucción práctica de Pablo (4:1–5:22)A. Pureza moral (4:1–8)B. Vida disciplinada (4:9–12)C. El arrebatamiento (4:13–18)D. El día del Señor (5:1–11)E. Relaciones eclesiales (5:12–15)F. Vida cristiana básica (5:16–22)IV. Bendición de Pablo y amonestación final (5:23–28)
Comentario de la Biblia Matthew Henry PRIMERA DE TESALONICENSES

En general se considera que esta epístola fue la primera que escribió San Pablo. Parece que el motivo fue el buen informe de la constancia de la iglesia de Tesalónica en la fe del evangelio. Está llena de afecto y confianza, y es más consoladora que práctica y menos doctrinal que algunas de las otras epístolas.

Comentario de la Biblia Matthew Henry (CAPÍTULO V)
Vv. 16—22. Tenemos que regocijarnos en las bendiciones de la criatura, como si no nos regocijáramos, sin esperar vivir muchos años y gozándonos durante todos ellos, pero si nos regocijamos en Dios podemos hacerlo para siempre jamás. Una vida verdaderamente religiosa es una vida de gozo constante.
Podemos regocijarnos más si oramos más. La oración ayudará a llevar adelante todo asunto lícito y toda buena obra. Si oramos sin cesar no nos faltará tema para dar gracias en todo.
Veremos razones para dar gracias por perdonar y prevenir, por las misericordias comunes y las excepcionales, las pasadas y las presentes, las espirituales y las temporales. No sólo por las cosas prósperas y agradables, sino también por las providencias aflictivas, por los castigos y las correcciones, porque Dios designa todo para nuestro bien, aunque, en la actualidad, no veamos en qué nos ayuda.
1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito LA EXHORTACIÓN AL GOZO CONSTANTE

Estad siempre gozosos. (5:16)

Entender con precisión y exactitud el gozo cristiano es esencial para todos los creyentes. La exhortación de Pablo a los tesalonicenses de estar siempre gozosos puede parecer absurda e imposible de obedecer dadas las dificultades inevitables de la vida, pero como mandamiento divinamente inspirado, los creyentes deben obedecerlo. Cualquier fracaso en el intento es hacer caso omiso de las instrucciones claras de las Escrituras y es, por tanto, desobediencia pecaminosa.

A lo largo de toda la Palabra de Dios hay otras declaraciones que mandan al creyente tener gozo en todas las situaciones (Dt. 12:18; Neh. 8:10; Sal. 2:11; 5:11; 32:11; 68:3; 100:2; 132:16; Is. 29:19; Jl. 2:23–24; Hab. 3:17–18; Mt. 5:10–12; Lc. 6:22–23; 10:20; Jn. 16:20–22; cp. Sal. 16:8–9; 21:6; 28:7; Is. 35:10; 55:12; 56:7; Zac. 9:9; Hch. 5:41; Ro. 15:13; 2 Co. 10:17; Ef. 5:9; Fil. 2:17–18; 4:4; Col. 1:24; Stg. 1:2; 5:13; 1 P. 1:6; 4:13). Aunque Pablo era consciente de los varios mandatos a regocijarse, también reconocía la existencia de emociones humanas negativas como el dolor y el sufrimiento (p. ej., Hch. 20:19, 37–38; Ro. 12:15; Fil. 3:18; cp. Is. 32:11–12; Mt. 9:23; Mr. 5:38–39). Sin embargo, el apóstol también sabía que los creyentes deben trascender sus penas con un enfoque continuo en el verdadero gozo; deben ser como él escribió: “Como entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Co. 6:10). Tal enfoque es posible porque el gozo bíblico viene de Dios; no viene simplemente de una respuesta emocional y superficial a circunstancias positivas (cp. Fil. 3:3). El gozo cristiano fluye constantemente de lo que el creyente sabe con certeza sobre Dios y sobre su relación eterna y salvadora con Él; sin importar las circunstancias (Sal. 16:11; 68:3; Lc. 2:10–11; 24:52; Hch. 16:34; Ro. 5:2, 11; 1 P. 1:8). El gozo sobrenatural viene del Espíritu Santo; por eso, Pablo lo mencionó como parte del fruto espiritual (Gá. 5:22; cp. Ro. 14:17).

La frase que se traduce siempre gozosos, literalmente se lee: “alégrense en todo momento” y enfatiza que los cristianos gozosos de verdad siempre tendrán una confianza profundamente arraigada en el amor de Dios, en su poder a favor de los suyos y en su providencia que obra todas las cosas de acuerdo con su plan perfecto (Mt. 6:33–34; Ro. 8:28–30; 11:33; Fil. 1:12; cp. Gn. 50:20; Sal. 139:1–5). Por tanto, ningún suceso o circunstancia de la vida cristiana, aparte del pecado, puede o debe disminuir el gozo verdadero.

Una perspectiva apropiada sobre el gozo bíblico aporta numerosas razones para que los creyentes estén gozosos. Antes que nada, deben estar siempre gozosos en aprecio por el carácter justo de Dios, que incluso en los problemas se muestra tan fielmente a los creyentes. El salmista declaró: “El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias” (Sal. 28:7, NVI; cp. Neh. 8:10; Sal. 71:23; 89:16; Is. 61:10). Segunda, deben tener gozo constante en aprecio por la obra redentora de Cristo, derivada de un Dios compasivo, misericordioso y amoroso (Lc. 2:10; 10:20; Ro. 5:1–2, 11; 1 P. 1:8–9), y por su infalible instrucción (Jn. 15:11; 16:30; 1 Jn. 5:20). Tercera, deben regocijarse en aprecio por el ministerio del Espíritu Santo en su favor (Hch. 10:44; Ro. 14:17; cp. 8:14–27). Cuarta, los creyentes deben estar siempre gozosos por la variedad amplia de bendiciones espirituales que poseen (cp. Ef. 1:·3–4; Fil. 4:13, 19; Col. 2:9–14; 2 P. 1:3). Quinta, deben alegrarse por la providencia de Dios con la que ha orquestado todo para su beneficio (Ro. 8:28–30; Stg. 1:2–4). Sexta, deben alegrarse en gratitud por la promesa de la gloria futura (cp. Sal. 16:8–11; Mt. 5:12; Lc. 10:20; 1 Co. 1:7; Fil. 1:18–21; 3:20; Jud. 24). Séptima, la oración respondida siempre debe ser fuente de gozo (Sal. 66:20; 116:1, 17; 118:21; Jn. 16:24), como debe serlo la octava razón: aprecio por el regalo de la Palabra de Dios (Col. 3:16; cp. Sal. 19:7–11; 119:14, 111, 162; Jer. 15:16). Novena, el privilegio de la comunión genuina debe darle continua alegría al creyente (1 Ts. 3:9; 2 Ti. 1:4; Flm. 7; 2 Jn. 12). Y por último, los verdaderos creyentes no pueden sino expresar su gozo por la proclamación salvadora del evangelio, como lo hizo la iglesia primitiva: “[Pablo, Bernabé y otros creyentes], habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos” (Hch. 15:3; cp. Fil. 1:18).

Al cristiano gozoso le preocupa más glorificar a Dios que evitar las dificultades temporales (Ro. 8:18; cp. He. 11:13–16, 25). Piensa más en sus riquezas espirituales y en la gloria eterna que en cualquier dolor presente o pobreza material (1 P. 1:6–7; 4:13; Stg. 5:11; cp. 2 Co. 6:4–10; 1 P. 5:10). Los creyentes que viven de esa forma cumplirán el mandato de estar siempre gozosos.

1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito LA EXHORTACIÓN A LA ORACIÓN CONSTANTE

Orad sin cesar. (5:17)

Los creyentes gozosos también son creyentes de oración. Quienes viven su cristianismo en dependencia gozosa de Dios seguirán reconociendo su insuficiencia; por eso, estarán siempre en actitud de oración. La exhortación de Pablo a los tesalonicenses de orar sin cesar es pues un mandamiento divino para todos los creyentes. Orad es de proseuchomai, la palabra más común en el Nuevo Testamento para la oración (p. ej., Mt. 6:5–6; Mr. 11:24; Lc. 5:16; 11:1–2; Hch. 10:9; Ro. 8:26; 1 Co. 14:13–15; Ef. 6:18; Col. 1:9; 2 Ts. 3:1; Stg. 5:13–14, 16). Comprende todos los aspectos de la oración: sumisión, confesión, petición, intercesión, alabanza y acción de gracias. Sin cesar quiere decir “constantemente” y no define la oración como una actividad perpetua de arrodillarse e interceder, sino como una forma de vida marcada por una actitud de oración continua.

No es posible entender el mandato de Pablo sobre la oración continua sin considerar cómo oró fielmente Jesús durante su ministerio terrenal. Como Hijo de Dios, estaba en comunicación constante con el Padre, y los Evangelios proveen muchos ejemplos de la vida de oración continua por parte del Señor (Mt. 14:23; Mr. 1:35; 6:46; Lc. 9:18, 28–29; cp. Jn. 6:15; 17:1–26). En las ocasiones en que fue al Monte de los Olivos a orar toda la noche (Lc. 21:37–38; Jn 8:1–2), sin duda, oró con una intensidad poco conocida —o completamente desconocida— a los creyentes. El ejemplo clásico de esa intensidad es cuando Jesús oró en el huerto de Getsemaní, la noche anterior a su crucifixión. “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró… Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lc. 22:41, 44). Mateo 26:38–46 registra que la oración de Jesús en el huerto fue una experiencia prolongada en la cual rogó tres veces que el padre lo librara de esa “copa” (v. 39): la ira divina contra el pecado que debería cargar al día siguiente en su muerte sustitutiva en la cruz por los pecadores. (Para una exposición completa de este pasaje véase Matthew 24–28 [Mateo 24–28] The MacArthur New Testament Commentary [Comentario MacArthur del Nuevo Testamento] [Chicago: Moody, 1989], pp. 167–178). Tal nivel de agonía intensa está más allá de lo que los cristianos tienen que enfrentar, pero ilustra la persistencia de la cual habló Jesús en las parábolas del amigo en necesidad (Lc. 11:5–10) y de la viuda insistente (Lc. 18:1–8). También sirve de ejemplo único a lo que quería decir el apóstol cuando instruyó a los tesalonicenses a orar sin cesar.

La naciente iglesia demostró desde su origen efervescencia y constancia en su vida de oración, como las había mostrado Cristo. Lucas escribió sobre la devoción a la oración de los seguidores de Cristo, incluso antes de Pentecostés: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hch 1:14). Después se entregaron habitualmente a la oración (Hch. 2:42). Los apóstoles, en su papel de líderes de la joven iglesia, determinaron persistir “en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hch 6:4). La oración diligente de los creyentes también jugó un papel en la liberación de Pedro de la prisión (Hch. 12:11–16; cp. 4:23–31).

El hincapié que hace el Nuevo Testamento en la importancia de la oración no se puede sobrevalorar. En 1 Tesalonicenses ya había escrito Pablo: “Orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro” (3:10). Muchas de las otras epístolas paulinas también indican la importancia de la oración (Ro. 12:12; 1 Co. 7:5; Ef. 6:18–19; Fil. 4:6; Col. 4:2; 2 Ts. 3:1; 1 Ti. 2:8).

El fuerte énfasis bíblico en la oración sugiere una lista de motivaciones sustanciales para que los cristianos oren sin cesar. Primera, la motivación más elevada para todos los creyentes es el deseo de glorificar al Señor. Jesús enseñó a los discípulos en su modelo de oración: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6:9–10; cp. Dn. 9:4–19). Segunda, el deseo de comunión con Dios motiva a los creyentes a orar: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Sal. 42:1–2; cp. 27:1, 4; 63:1–2; 84:1–2). Jesús dijo que las oraciones de los creyentes se responderían “para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Jn. 14:13; cp. v. 14).

Tercera, los creyentes orarán para que Dios supla sus necesidades: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mt. 6:11; cp. Lc. 11:9–13; 1 Jn. 5:14–15). Cuarta, los cristianos orarán con insistencia por la sabiduría de Dios en tanto vivan en un mundo pecaminoso: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stg. 1:5; cp. Mt. 6:13; 1 Co. 10:13). Quinta, el deseo de liberación de los problemas motiva la oración. Jonás es un ejemplo vívido de dicha motivación: “Entonces Jonás oró al SEÑOR su Dios desde el vientre del pez. Dijo: ‘En mi angustia clamé al SEÑOR, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor’ ” (Jon. 2:1–2, NVI; cp. Sal. 20:1).

Sexta, todos los cristianos desean aliviarse de preocupaciones y temores. Pablo animó a los filipenses así: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:6–7; cp. Sal. 4:1). La séptima motivación es gratitud por las bendiciones pasadas, como oró el salmista:

oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos. Tú con tu mano echaste las naciones, y los plantaste a ellos; afligiste a los pueblos, y los arrojaste. Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos. Tú, oh Dios, eres mi rey (Sal. 44:1–4a; cp. Fil. 1:3–5).

Octava, los creyentes oran para librarse de la culpa del pecado. David lo expresó así cuando escribió: “Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: ‘Voy a confesar mis transgresiones al SEÑOR’, y tú perdonaste mi maldad y mi pecado” (Sal. 32:5, NVI; cp. Pr. 28:13; 1 Jn. 1:9). Novena, la preocupación de los creyentes por la salvación de los perdidos les hace orar. Pablo captó esta motivación en sus palabras a Timoteo:

Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Ti. 2:1–4; cp. Mt. 9:37–38; Ro. 10:1).

Por último, y con seguridad una motivación tan importante como las demás para que los cristianos oren sin cesar, es su deseo de crecimiento espiritual; el de ellos y de los demás creyentes. La petición de Pablo por los efesios es un modelo en este aspecto:

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén (Ef. 3:14–21; cp. 1:15–19; Col. 1:9–12).

1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito LA EXHORTACIÓN AL AGRADECIMIENTO CONSTANTE

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. (5:18)

Ser desagradecido es la esencia misma del corazón no regenerado. El apóstol Pablo identificaba a los incrédulos como desagradecidos: “Pues habiendo conocido a Dios [por medio de la consciencia y le revelación general], no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” (Ro. 1:21). Pero cuando Dios regenera a un individuo produce un nuevo corazón que anhela obedecer el mandato paulino y dar gracias en todo. Esa declaración simple y directa no permite excusas de ingratitud en los creyentes. En todo (en panti) se refiere a todo lo que ocurre en la vida. No importa qué luchas, pruebas, dificultades o vicisitudes ocurran en la vida de los cristianos (con la excepción obvia de los pecados personales), deben dar gracias (Hch. 5:41; cp. Stg. 1:2–3; 1 P. 1:6–9). Por eso, el agradecimiento debe ser parte de la estructura de la vida regenerada (Sal. 136:1–3; Dn. 6:10; Ef. 5:20; Col. 3:17; He. 13:15), un fruto de gracia de la obra del Espíritu Santo en el corazón del creyente (cp. Col. 2:7).

En lo espiritual, no es normal que los cristianos sean desagradecidos. La falta de agradecimiento desobedece muchos textos bíblicos que llaman al creyente a una vida de gratitud. Romanos 8:28 establece este principio abarcador: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. La providencia de Dios —su mezcla soberana de todas las contingencias de la vida para la bendición final de los creyentes— les hace ser agradecidos por todo lo relativo a la vida, sabiendo que se ajusta al propósito eterno de Dios para ellos (cp. Gn. 50:20; Sal. 37:28; 91:3–4; 145:9; Pr. 19:21).

Cuando la naciente iglesia se reunía, uno de sus principales propósito era dar gracias a Dios. Eso está implícito en la instrucción de Pablo a los corintios sobre el uso de las lenguas durante los servicios de adoración:

Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia. Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla. Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado (1 Co. 14:12–17).

Las otras cartas de Pablo recuerdan a los creyentes que expresen su gratitud y así se diferencien de la cultura incrédula e ingrata que los rodeaba. “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias” (Ef. 5:3–4; cp. 2 Co. 4:15; 9:11).

Efesios 5:18–20 afirma claramente que los cristianos deben ser conocidos por su agradecimiento constante:

No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo (cp. Col. 2:6–7; 3:15–17; 4:2).

Incluso en tiempos de gran angustia, temor, preocupación y estrés, la actitud de acción de gracias en oración debe caracterizar a los creyentes (Fil. 4:6–7).

La declaración final de Pablo abarca los tres mandatos de este pasaje: “Porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. La voluntad de Dios es que todos los que están en Cristo Jesús expresen gozo constante, oración constante y agradecimiento constante. Dios no solamente manda esas expresiones de justicia, también hace posible que los creyentes las articulen (cp. Fil. 2:13); y se complace cuando lo hacen.

‌JUAN CALVINO
ARGUMENTO
EN
LA PRIMERA EPÍSTOLA A LOS TESALONICENSES.
La mayor parte de esta Epístola consiste en exhortaciones. Pablo había instruido a los tesalonicenses en la fe correcta. Sin embargo, al enterarse de que las persecuciones se estaban librando allí, (486) había enviado a Timoteo con el fin de animarlos para el conflicto, para que no cedieran por el miedo, como lo hace la debilidad humana. Después de haber sido informado por Timoteo con respecto a toda su condición, emplea varios argumentos para confirmarlos en la firmeza de la fe, así como en la paciencia, en caso de que fueran llamados a soportar cualquier cosa por el testimonio del evangelio. De estas cosas trata en los primeros tres Capítulos.
Al comienzo del Cuarto Capítulo, los exhorta, en términos generales, a la santidad de vida, luego recomienda la mutua benevolencia, y todos los oficios que de ella se derivan. Hacia el final, sin embargo, toca la cuestión de la resurrección y explica de qué manera todos seremos resucitados de la muerte. De esto es manifiesto que hubo algunas personas malvadas o de mente ligera, que se esforzaron por perturbar su fe sacando a relucir inoportunamente muchas cosas frívolas. (487) Por lo tanto, con el fin de eliminar todo pretexto para disputas tontas e innecesarias, les instruye en pocas palabras sobre los puntos de vista que deben tener.
En el Capítulo Quinto les prohibe, aún más estrictamente, preguntar sobre los tiempos ; pero los amonesta a estar siempre alerta, no sea que sean tomados por sorpresa por el súbito e inesperado acercamiento de Cristo. A partir de esto procede a emplear varias exhortaciones, y luego concluye la Epístola.
16 Gozaos siempre . Me refiero a esto a la moderación de espíritu, cuando la mente se mantiene en calma bajo la adversidad, y no da indulgencia al dolor. En consecuencia, relaciono estas tres cosas: estar siempre gozosos, orar sin cesar y dar gracias a Dios en todas las cosas . Porque cuando recomienda la oración constante, señala el camino del gozo perpetuo, porque por este medio pedimos a Dios el alivio de todas nuestras angustias. De la misma manera, en Filipenses 4:4 , habiendo dicho:
Regocijaos en el Señor siempre; de nuevo digo, Alégrate. Que tu moderación sea conocida por todos. No se inquieten por nada. El Señor está cerca.
Luego señala los medios de esto:
antes bien, en toda oración sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios, con acción de gracias.
En ese pasaje, como vemos, presenta como fuente de gozo una mente tranquila y serena, que no se perturba indebidamente por injurias o adversidades. Pero para que no seamos abrumados por el dolor, la tristeza, la ansiedad y el miedo, nos invita a descansar en la providencia de Dios. Y como con frecuencia surgen dudas sobre si Dios se preocupa por nosotros, también prescribe el remedio: que por medio de la oración descarguemos nuestras ansiedades, por así decirlo, en su seno, como David nos ordena hacer en Salmos 37:5 y Salmos 55. :22 ; y Pedro también, siguiendo su ejemplo. ( 1 Pedro 5:7 .) Sin embargo, como somos indebidamente precipitados en nuestros deseos, él impone un control sobre ellos: que, mientras deseamos lo que necesitamos, al mismo tiempo no cesamos de dar gracias .
Observa, aquí, casi el mismo orden, aunque en menos palabras. Porque, en primer lugar, quiere que tengamos los beneficios de Dios en tal estima, que el reconocimiento de ellos y la meditación en ellos supere todo dolor. E incuestionablemente, si consideramos lo que Cristo nos ha conferido, no habrá amargura de dolor tan intenso que no pueda aliviarse y dar paso al gozo espiritual. Porque si este gozo no reina en nosotros, el reino de Dios es al mismo tiempo desterrado de nosotros, o nosotros de él. (609)Y muy ingrato es aquel hombre con Dios, que no da un valor tan alto a la justicia de Cristo y la esperanza de la vida eterna, como para regocijarse en medio del dolor. Sin embargo, como nuestras mentes se desaniman fácilmente, hasta ceder a la impaciencia, debemos observar el remedio que él añade inmediatamente después. Porque al ser derribados y abatidos somos levantados de nuevo por las oraciones, porque pusimos en Dios lo que nos agobiaba. Sin embargo, como cada día, más aún, cada momento, hay muchas cosas que pueden perturbar nuestra paz y estropear nuestro gozo, por eso nos invita a orar sin cesar . Ahora bien, en cuanto a esta constancia en la oración, ya hemos hablado en otra parte. (610) Acción de Gracias, como he dicho, se añade como limitación. Porque muchos oran de tal manera, que al mismo tiempo murmuran contra Dios, y se enojan si él no gratifica inmediatamente sus deseos. Pero, por el contrario, conviene que nuestros deseos sean reprimidos de tal manera que, contentos con lo que se nos da, mezclemos siempre la acción de gracias con nuestros deseos. Podemos legítimamente, es cierto, pedir, no, suspirar y lamentarnos, pero debe ser de tal manera que la voluntad de Dios nos sea más aceptable que la nuestra.
(609) “N'est point en nous, ou pour mieux dire, nous en somm
V.16
Estad siempre gozosos. (5:16)
regocijarse (sensación) v. — sentir felicidad o alegría.
siempre adv. — en todo momento; todo el tiempo y en cada ocasión.
5897 χαίρω (chairō): vb.; ≡ Strong 5463; TDNT 9.359—1. LN 25.125 regocijarse, alegrarse, estar muy contento (Mt 5:12; Fil 4:4); 2. LN 33.22 ¡Salud!, (en la mayoría de las versiones) ¡Salve!; literalmente (en imperativo), ¡Alégrense!; en algunos contextos (como en el mofarse de un rey), “Larga vida!”; en otros contextos es un simple “¡Hola!” (Mt 26:49; 27:29; 28:9; Mr 15:18; Lc 1:28; Jn 19:3; Hch 15:23; 23:26; Stg 1:1+)[1]
[1]James Swanson, Diccionario de idiomas bı́blicos: Griego (Nuevo testamento) (Bellingham, WA: Logos Bible Software, 1997).
v.16
Preguntas interpretativas:
v.16 ¿Como el tener gozo nos indica que clase de relación tengo con Dios?
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v.16-18 ¿Como podemos entender el mandato de orad sin cesar?
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v.18 ¿Como afecta en la vida de un cristiano no vivir con estas actitudes hacia Dios?
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