Un antiguo y nuevo mandamiento

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Introducción

Recordemos que este libro es una carta que se leía en la iglesia desde el principio hasta el final de una vez, de seguido, y nosotros la estamos estudiando por trozos en varias semanas, así que, para no perder el sentido de la carta, vamos a hacer una pequeña recapitulación o resumen de lo que llevamos visto de la carta hasta aquí:
En el capítulo 1, Juan nos dice, en primer lugar, que todo lo que va a escribir es revelación directa de Cristo, de las vivencias en su carne, que lo vio, lo tocó…
Confirma así, que Jesús, el Hijo de Dios vivió en carne, como cualquier otro hombre, y murió en carne. Que él, Juan lo vivió, lo oyó, lo vio y lo tocó, para confrontar a los gnósticos, que no creían esto.
Después nos enseña que Dios es luz, y que no hay ningunas tinieblas en Él.
Por lo tanto, el que está en Cristo, debe andar en luz, no en tinieblas, dice el vers. 6 del capitulo 1:
“Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;”
Y ¿Cómo sabemos si realmente andamos en luz y tenemos comunión con Dios? Porque tenemos comunión los unos con los otros, vers. 7:
“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”
En contraste, también nos dice que, aunque andemos en luz, todos pecamos, pero el pecado no es nuestro estilo de vida, nuestro estilo de vida general es andar en la luz.
Si alguien dice que no tiene pecado, no está en la verdad, por lo tanto, piensa que está en la luz, pero está en tinieblas.
Juan nos consuela después diciéndonos que cuando pecamos, le confesamos nuestros pecados, y Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados.
Después insiste en que TODOS pecamos, si alguien dice que no ha pecado hace a Dios mentiroso.
El capítulo 2, comienza Juan haciendo una exhortación para que no se malentiendan sus palabras.
Después de explicar que todos pecamos pero que Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, no dice “Estas cosas os escribo para que no pequéis, no dejando lugar al llamado ANTINOMISMO, que es una herejía que dice que, como Cristo ya pagó por mis pecados y yo un día confesé que creía en Él, puedo seguir una vida de pecado y, al final, seré salvo igual porque ya Cristo pagó.
Falsa doctrina, herejía. Y Juan nos lo aclara:
Cristo pago por nuestros pecados, pero el que está en Cristo no peca, anda en luz.
Aún así, en constante contraste, Juan nos dice que no pequemos, pero si alguno hubiere pecado, “abogado tenemos”, a Jesucristo el Justo
Y que Jesús, no es solo nuestro abogado defensor (Parakleto-consolador), sino la propiciación, el cordero que fue inmolado, fue sacrificado en nuestro lugar para pagar por nuestros pecados.
“Sabemos que nosotros le conocemos si guardamos sus mandamientos”, dice Juan, que en nuestra manera de vivir tiene que destacar que guardamos sus mandamientos.
El que dice que le conoce, pero no vive conforme a sus mandamientos, es mentiroso, dice Juan, no es verdaderamente cristiano porque, como dice el ver. 6
“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”
Y Hoy vamos a entrar en este texto, comenzando en el vers. 7 hasta el 17, y he titulado el sermón “El antiguo y nuevo mandamiento”, el cual tiene como tema central el amor fraternal, el amor entre los hermanos.

7Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. 8Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra. 9El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 10El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. 11Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

12Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. 13Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. 14Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.

15No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Vamos a ver tres puntos fundamentales en que he dividido el texto, que nos hablan del mismo tema: el amor, desde tres puntos de vista diferentes:
1º desde la ley de Dios, titulado: “el mandamiento antiguo, perfeccionado por Cristo”
2º desde la exhortación a la unidad de la iglesia, titulado: “Me dirijo a todos vosotros, unidos.”
3º desde la santificación personal, titulado: “No améis al mundo”

1.- El mandamiento antiguo, perfeccionado por Cristo

versículo 7:
“Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.”
Juan aquí estaba diciendo a la iglesia que les está hablando del mandamiento antiguo, el de siempre, la ley de Dios dada en tiempos antiguos.
Sigue exhortando a la iglesia primitiva y a nosotros, a no creer ni escuchar a los gnósticos, a los que vienen con nuevas revelaciones, con nuevas ideas...
Juan dice: “No, yo os estoy hablando de lo de siempre, de las sendas antiguas, de la ley eterna de Dios, no escuchéis cosas nuevas extrañas”
Pero, ¿De qué mandamiento antiguo habla aquí Juan?
El mandamiento antiguo al que se refiere Juan aquí, nos hace referencia a la ley de Dios dada a Moisés, a los diez mandamientos, el decálogo que podemos leer en Éxodo cap. 20.
Los primeros cuatro mandamientos del decálogo, nos ordenan amar a Dios sobre todas las cosas, y los seis últimos, a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Así los sintetizó Jesús, los comprimió, dando a los seis últimos un sentido activo o positivo a los mandamientos de las tablas de piedra, que, excepto uno, tenían connotación pasiva o negativa, es decir:
Los seis últimos mandamientos de los diez son:
- Honrarás a tu padre y a tu madre (el único activo/positivo de los 6)
- NO matarás
- NO cometerás adulterio
- NO robarás
- NO dirás falso testimonio contra tu prójimo
- NO codiciaras nada de tu prójimo
Todos estos “NO”, nos llevan a nuestro corazón humano rebelde a pensar “SI”.
Nuestra naturaleza caída y contraria a Dios, tiende a procurar hacer, en la medida de lo posible, las cosas que se nos prohíben, intentando evadir las consecuencias de la desobediencia, intentando desobedecer y, además, no pagar el precio.
Y nuestro Señor Jesucristo, en su infinita sabiduría, como decimos, comprimió estos seis mandamientos en uno, expresándolos además de forma activa o positiva sin cambiar ni una jota ni una tilde de la ley. Lo vemos en Mateo 22:39 , cuando un interprete de la ley le preguntó con maldad, no con la intención de aprender, sino de que cayera en algún error para poder apresarle: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?”
37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente
Y después siguió diciendo:
39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
(observamos, algo activo, positivo, el “NO” lo transforma en “SI” sin cambiar nada)
MAGISTRAL!!, porque si amamos a nuestro prójimo:
-no le mataremos,
-no engañaremos a nuestro cónyuge,
-no robaremos,
-no le daremos falso testimonio y
-no codiciaré nada de él
Pero luego Juan, después de decirnos en el versículo 7 que no nos trae mandamiento nuevo, en el versículo 8 nos dice:
8 Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.”
Vamos a ver, Juan. Primero nos dices que no nos traes mandamiento nuevo, sino antiguo y al momento nos dices que sí nos traes mandamiento nuevo. ¿En que quedamos?
El mandamiento nuevo que nos trae Juan, es el mismo mandamiento antiguo de la ley, pero ya cumplido en Cristo y con nuestra mira en Él.
La palabra nuevo en griego sugiere que lo antiguo ha dado nacimiento a lo nuevo. Lo antiguo no deja de existir sino que perdura junto con lo nuevo
Jesús no anuló el antiguo mandamiento, sino que le dio un significado mayor, con una forma nueva, en el contexto del Nuevo Testamento.
Como dijo el mismo Jesús en Juan 13:34
34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.”
Cristo ya nos lleva a mirarle a Él, a mirar a la cruz, además porque en Él se cumple toda la ley, por tanto, debemos andar como él anduvo, como dice Juan en el vers. 6.
Pero, ¿Cómo vemos el amor de Cristo?
El amor de Cristo es mostrado al haber dejado Su hogar en el cielo, donde era adorado y honrado como Él merece, para venir al mundo en forma de hombre,
donde Él sería ridiculizado, traicionado, golpeado, y clavado en una cruz para pagar el castigo por nuestro pecado, recibiendo la ira del Padre que nosotros merecíamos.
Él consideró nuestra necesidad de un Salvador por nuestro pecado, como más importante que Su propia vida y comodidad
(Filipenses 2:5-8):
“5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”
Hermanos, el amor de Cristo no se puede explicar, pero si quiero destacar, al menos,

Seis características del amor excelso de Cristo, el amor en su máxima expresión:

1.- Cristo nos ama incondicionalmente.

Él no es un mercenario, Cristo nos ama sin esperar nada a cambio, Él nos ama, solamente por una razón: PORQUE NOS AMA. Como dice Efesios 5:2:
“Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.”

2.- Cristo nos ama A PESAR de nosotros,

no porque haya algo en nosotros que merezca su amor.
28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;
29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;
30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,
31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;
32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.”
Romanos 1:28-32
Esta porción es solo una parte de la descripción que hace Pablo en Romanos 1 del estado natural del hombre

3.- Cristo nos ama sacrificialmente,

dando su vida por nosotros, siendo sus enemigos.
Como hemos leído antes en filipenses, que culmina el vs. 8:
8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”

4.- Cristo nos ama de forma fiel.

Como escribe Jeremías en Lamentaciones 3:22-23:
22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”

5.- Cristo nos ama eternamente.

Nos amó desde la eternidad pasada, y por la eternidad futura, como dice Romanos 8: 30:
30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”

6.- Cristo nos ama inquebrantablemente.

Nada puede, ni siquiera, rasgar su amor por nosotros, porque Él es Dios:
Romanos 8:38-39
“38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Y este amor, hermanos, es el que debemos practicar los unos por los otros y eso es lo que nos dice Jesús en el siguiente versículo, después de darnos el mandamiento nuevo, dice:
“35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”
“En esto”, dice el Señor. No en los dones, no en que te sepas todas las doctrinas, catecismos y confesiones e historia de la iglesia, no en que toques un instrumento y/o cantes en la iglesia, no en que ganes todos los debates teológicos, no en que prediques mucho y bien, no en que vayas a todos los cultos, conferencias y enseñanzas de la iglesia…
no en todo esto, QUE ES BUENO, pero no es en esto donde se conoce a un verdadero cristiano, sino en que ama a sus hermanos, como Cristo le ha amado.
Y como la biblia se interpreta con la misma biblia, Pablo nos habla de este amor en 1ª Corintios 13, texto bastante malinterpretado, por cierto.
Dice:
“1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
Digo que este texto es bastante malinterpretado porque muchos ven este texto como algo muy “romántico” y bonito.
Es un texto que se lee en bodas, que se envían en mensajitos para cortejarse, etc,
Y es verdad que se puede aplicar para el matrimonio, pero la verdadera intención de Pablo al escribirlo es bien distinta:
ESTO QUE VOY A DECIR ES MUY PROFUNDO:
El capítulo 13 de 1ª de Corintios se encuentra entre el capítulo 12 y el capítulo 14.
Me explico:
Los capítulos 12 y 14 están hablando en el contexto de la iglesia local, en una iglesia en la que abundaban los dones espirituales, dones sobrenaturales, que aún estaban en la iglesia en la era apostólica, pero faltaba el amor fraternal, y es en ese ambiente en el que Pablo escribe éste capítulo: En el del amor entre hermanos dentro de la iglesia local
Nos está describiendo el amor puro que nosotros debemos ejercer. Es el amor que Dios demanda de nosotros, y aunque de forma perfecta sólo lo pudo vivir su Hijo Jesucristo en este mundo, nosotros somos imitadores de Él
Pablo hace referencia a dones (milagrosos de su época y no milagrosos) a buenas obras, a talentos, a valentía de entregar tu propia vida… pero si no tenemos amor DE NADA SIRVE ESTO.
Por tanto, el verdadero mandamiento, el del amor verdadero, es cumplido en Cristo, nos dice Juan, y, por tanto, estando nosotros en Cristo, también es cumplido en nosotros, volviendo al vers. 8 de nuestro texto:
“es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.”
Vemos como en nosotros usa Juan el presente continuo, “porque las tinieblas van pasando” el mandamiento se “va cumpliendo” en nosotros en el proceso de santificación progresiva, mientras estamos en el mundo.
En los versículos 9 y 10, Juan nos hace un contraste, dice:
“9 El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.
10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.”
Volvemos a decir: alguien puede tener muchos dones, hacer muy buenas obras, mucha doctrina, pero si no ama al hermano, ESTÁ TODAVÍA EN TINIEBLAS
Y dice Juan “Todavía”, gracias al Señor, no está diciendo que definitivamente sea así, sino que tiene la posibilidad de ir a los pies de Cristo, en arrepentimiento y fe.
Recordemos que al verdadero cristiano se le conoce por el FRUTO del Espíritu, no por los dones ni por talentos ni nada que haga, y que la primera evidencia del fruto del Espíritu es, ¿Cual?…. EL AMOR:
“22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza;”
(Gálatas 5:22-23ª)
Y en contraste, Juan dice que el que ama a su hermano, permanece en la luz, y además, no tropieza ni le es de tropiezo a nadie: “En él no hay tropiezo”
El versículo 11 dice:
“11 Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.”

Tres características del que aborrece a su hermano:

- El que aborrece a su hermano, aborrece a Cristo. Directamente no es hermano.

Juan nos está diciendo que, cualquiera que diga ser hermano, pero aborrece a cualquier otro hermano, no es cristiano, no es verdaderamente creyente, porque si aborrece a un hermano, está aborreciendo al mismo Cristo.
Y la palabra aborrecer es sinónimo de odiar. El que odia a su hermano, odia a Cristo, que murió por él.

- El que aborrece a su hermano, en medio de la luz de la iglesia, está en tinieblas

pero además, está ciego, dice Juan.
A una persona que no ve, que es invidente, le da igual estar en un sitio iluminado, porque no percibe la luz.
Eso mismo le pasa a los que se dicen hermanos, están en la iglesia, pero aborrecen al hermano. Están ciegos y sólo Cristo puede sanar esa ceguera y llevarlos de las tinieblas hacia Su luz admirable.

- Al que aborrece a su hermano no le vale de nada que le demos luz, si antes no le es sanada su ceguera

Ellos pueden estar en medio nuestro, viendo nuestras buenas obras, viendo el amor fraternal de la iglesia, viendo a los hijos de Dios poniendo los dones que Él le ha dado a disposición de Dios y de los hermanos...
Ellos pueden estar en medio nuestro cuando nos amamos unos a otros, nos ayudamos y apoyamos unos a otros, nos gozamos con quien se goza y lloramos con el que llora...
Pero, ¿Sabéis que pasa?, que ellos no ven nada de esto porque están ciegos y en tinieblas. Realmente están aún espiritualmente muertos.
y esa ceguera solo la puede sanar Cristo, esa ceguera se cura por el oír la palabra, que te da la vida, e ir a Cristo en arrepentimiento y fe.
Es la misma ceguera que teníamos todos antes de estar en Cristo
Nuestra ceguera, hermanos, fue sanada en la cruz del Calvario, a precio de la sangre preciosa de Cristo. Ahora todos somos hermanos de sangre, de la sangre de Cristo. Todos somos uno y somos una gran familia de hermanos, donde Cristo es el Hermano mayor.
Y sobre esta unidad, esta familia espiritual, continuamos hablando en nuestro segundo encabezado:

2.- Me dirijo a todos vosotros, unidos.

En los versículos 12 al 14, Juan está hablándonos a toda la iglesia de una forma familiar, exhortándonos a la unión, a que seamos uno.
Empieza diciendo “Hijitos”, luego “Padres” y luego “Jóvenes”, vers. 12:
“12 Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.”
Y empieza por los “Hijitos” porque se está refiriendo a todos los creyentes, es una forma de Juan, pastor anciano, de referirse a todos los hermanos, y por eso dice “porque vuestros pecados han sido perdonados por su nombre”
No por obras, no porque mereciéramos nada, sino por Cristo, por su obra, por su Nombre, por Su Sangre.
Como dice en el versículo 1, también nos llama “Hijitos” a todos los creyentes, cuando dice:
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis”
Después, en el vers. 13, Juan se dirige, en primer lugar, a “los padres”:
Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio.”
Refiriéndose Juan a los maduros en la fe, a los que ya tienen un conocimiento íntimo y real de Cristo.
Después se dirige a los jóvenes:
“Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno.”
Refiriéndose a los que son menos maduros, pero los anima diciendo “Habéis vencido al maligno”
El diablo sigue tentando, sigue molestando, pero “habéis vencido al maligno”, le dice Juan a los jóvenes. No por ellos mismos, claro, sino Cristo en la cruz, venció al maligno en nuestro lugar.
Como dice Juan en la carta, un poco mas adelante, en el cap. 5, vers. 18:
“Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.”
El resto del versículo 13 y el versículo 14 completos, Juan hace uso de una costumbre muy común en los judíos, cuando querían dar importancia a algo, Lo repite: se vuelve a dirigir a los hijitos, a los padres y a los jóvenes.
Juan quiere, como hemos dicho, que seamos uno, que la iglesia esté unida contra las herejías y falsas doctrinas y falsos maestros que, abundaban entonces, con el gnosticismo, que hacía mucho daño, y que abunda ahora, pero ahora además, la mayoría se disfrazan de cristianismo.
Cuidémonos, hermanos, y estemos unidos férreamente contra esos peligros, porque la iglesia local somos todos, no son los pastores o los líderes, somos todos.
Y estamos hablando del amor fraternal, el amor entre hermanos, incluidos, por supuesto de otras iglesias locales, pero iglesias hermanas. No podemos tener comunión con alguien que se llama cristiano y no hace lo que Él dice
Desgraciadamente, abundan las congregaciones que se hacen llamar “iglesias cristianas”, pero solo buscan su vanagloria, venden el evangelio por precio, tuercen las escrituras para llevar a cabo sus diabólicos planes…
Cuidémonos de esos mercenarios, que no necesariamente están en “mega-iglesias”. Los barrios de las ciudades están llenos de congregaciones de ese tipo, y como dice Santiago 5:19-20:
“19 Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver,
20 sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.”
Estos son los que haciéndose llamar “hermanos”, no aman a Dios, sino al pecado y al mundo y todo lo que ofrece, y lo disfrazan de cristianismo.
Y esto nos lleva al tercer y último encabezado:

3.- No améis al mundo

Podemos observar que nuestro texto de hoy, su idea central, es la de exhortarnos a amar. Sin embargo ahora Juan nos exhorta a que NO AMEMOS.
Vers. 15:
“15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.”
Hay otra aparente contradicción. Juan primero nos dice que amemos a nuestro prójimo y ahora nos dice que no amemos al mundo
Pero la palabra “mundo” cambia su significado según el contexto donde está escrita, por ejemplo, en Juan 3:16 , palabra mundo tiene un sentido diferente al de nuestro texto de hoy, cuando dice:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Aquí, la palabra “mundo”, tiene un sentido de “creación de Dios”, de “la obra de sus manos”. Por eso dice que lo amó hasta el punto de enviar a su hijo a morir por nosotros.
Sin embrago, cuando manda “no améis al mundo ni las cosas que están en el mundo”, evidentemente no se refiere a que no amemos la naturaleza, ni los animales, por ejemplo.
Aquí Juan se está refiriendo al mundo caído en pecado, al sistema de maldad en que se ha convertido el mundo a causa del pecado, desde la caída de Adán.
Es el mismo mundo al que se refiere nuestro Señor Jesucristo en la oración intercesora en Juan 17:14:
“14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”
Hermanos, nosotros no somos de este mundo. Ahora, por un tiempo, estamos en este mundo, si, pero no pertenecemos a este mundo.
Por eso dice Juan que no lo amemos, si alguno ama este mundo, “no tiene el amor del Padre”, dice Juan,
¿Por qué? Vers. 16:
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”

El que ama este mundo, no tiene la ley de Dios escrita en su corazón,

el que ama este mundo ama el pecado y todavía está enemistado con Dios.

El que ama este mundo, tiene una visión distorsionada de la felicidad,

porque cree que la va a encontrar en el pecado, en este mundo,
pero nosotros, los cristianos, sabemos por la gracia de Dios, que la verdadera felicidad solo se encuentra en Cristo y en la realidad de que llegará el día que seremos semejantes a Él y estaremos con él adorándole por la eternidad.
Pero, hermanos, aunque no amamos el mundo, estemos velando, porque estamos en el mundo.
Estemos pendientes de no caer y estemos pendientes del hermano que pueda haber caído, para ayudarle a levantarse.
No caigamos en la vanagloria de la vida, porque como dice el versículo 17:
“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
Hermanos, no apartemos nuestra mirada de las cosas eternas, las que permanecen. Solo Cristo nos lleva a la verdadera felicidad y al pleno gozo.
Y si hay alguien aquí que no está en Cristo, amigo, tú estás amando el mundo y, quizás, no te has dado cuenta, o quizás te has dado cuenta hoy, no lo sé, pero Dios existe, es el creador y Soberano Rey de todo el universo, y El exige de ti que cumplas su ley perfectamente, tienes una deuda con él impagable por ti.
Pero hubo un hombre que pago la deuda, un hombre que, siendo Dios, se hizo hombre, y vivió la vida perfecta en obediencia al Padre que Dios demanda a todo hombre y ninguno puede cumplir.
“No hay justo, ni aun uno”dice la escritura, por eso vino Cristo, el único Justo que vivió sin pecado. Y no solo eso, sino que se entregó a muerte para pagar la deuda de los injustos.
Luego el Padre lo resucito al tercer día, confirmando así que quedó saldada la deuda.
Y dice la escritura que “Todo aquel que en Él cree, será salvo” y será perdonado para siempre.
Ven a Cristo, arrepiéntete y confiésale tus pecados , pídele perdón por ellos y el te perdonará.
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