Entrada Triunfal

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Esta entrada, tradicionalmente llamada triunfal, lo es y no lo es según la perspectiva. Si se la ve según la aclamación del gentío que poco después pidió la crucifixión de Jesús, no hay triunfo sino fracaso. Si se la ve según el fiel cumplimiento de la palabra profética, resulta ser el magnífico triunfo de la redención, y pertenece al proceso por el cual este triunfo se llevaría a cabo. Esta entrada fue tan destacada que la refieren los cuatro evangelistas. Es notorio que Jesús no entra en Jerusalén para recibir el reino sino para morir, y con esa muerte asegurar su reino.

Notes
Transcript

A. Aclamado por la multitud (21:1–11)

- Antes de entrar Jesús en Jerusalén comisionó a dos discípulos para conseguir el animal que le serviría de vehículo.
- Les anunció las dificultades que podrían presentárselas.
- y los instruyó en cómo enfrentarlas con éxito.
- Al entrar Jesús, la numerosa multitud tendía mantos y ramas de árboles en el camino. Entre los que habían ido a Jerusalén a celebrar la pascua, muchos estaban impresionados por sus enseñanzas y milagros.
- El gobierno romano era odiado, y algunos judíos patriotas (zelotes) tal vez hayan pensado que Jesús podría encabezar una revolución. De manera que lo aclamaban: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”.
- Tal homenaje nos habla de lo crucial de poner al servicio del Señor todo cuanto somos y tenemos, pero también de que la verdadera adoración requiere una entrega total, no sólo de las emociones.
- Las palmas era símbolo de victoria, y las ramas de oliva lo eran de paz. La palabra hebrea HOSANNA quiere decir “¡salva ahora!” o “¡salva, te rogamos!”

B. Segunda limpieza del templo (21:12–13)

- Al entrar en la ciudad Jesús se dirigió, no al palacio de Pilato sino al templo—la casa del Padre.
- Allí había desorden y confusión, imagen de lo que ocurría en Israel.
- Por segunda vez (ver Jn. 2:16) el Señor limpió el santuario, echando fuera a todos los que vendían y compraban en el templo (Jer. 7:11)
- Cambistas y vendedores estaban en el atrio exterior, donde negociaban para la realización de los sacrificios y las ofrendas prescritas en la ley
- Al proceder de esa manera Jesús mostró que por el ejercicio de la mansedumbre no había perdido ni el sentido de justicia ni el de orden y estética.
- Ser “manso de corazón”, como en verdad lo era, no significaba que fuera ciego frente al pecado que se cometía en su casa de oración; ni mucho menos que consintiera ese pecado. Como era su casa, tenía derecho a limpiarla y autoridad para hacerlo.
- Así limpiará el Señor su casa (la iglesia, es decir su pueblo) en su segunda venida. Quitará cualquier escándalo y pondrá orden en el desorden.
¡Cuánto celo y cuidado debería haber hoy también para que la obra del Señor no parezca ni se transforme en un negocio!

C. Bendiciones recibidas en el templo (21:14–17)

- Estos enfermos fueron al templo no para negociar ni censurar al Señor sino en busca de los beneficios que tanto necesitaban.
- Mientras que los cambistas habían sido echados, los enfermos (que evidentemente tenían otra actitud y otro espíritu) fueron recibidos con regocijo.
- Jesús cambió en forma casi instantánea su indignación, y en medio de mesas volcadas y monedas desparramadas, mostró compasión y los sanó.
- Así son bendecidos hoy también aquellos que acuden en busca del Señor con espíritu sincero.
- Estos últimos milagros eran una evidencia más de la autoridad mesiánica de Jesús a la vez que de su compasión por el hombre necesitado de su gracia.

Conclusión

Cuando Jesús hace su entrada triunfal en nuestras vidas El cambia todo, pone orden en nuestro desorden y nos bendice con sanidad, no solo física, sino también espiritual.
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