LA ORACION Cap 6.

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“Santificado sea tu Nombre...”

¿qué significa la expresión “Santificado sea tu nombre…”?
Nos encontramos ante la primera petición del padrenuestro: “Santificado sea tu nombre”, que Jesús le haya concedido el primer lugar a esta petición, nos habla de su importancia y de cuan necesario es para nosotros comprender lo que significa. Quizás algunas personas piensan que la petición tiene que ver con el hecho de no mencionar el nombre de Dios o algo por el estilo. Pero no es así, tal temor supersticioso, es contraproducente y altamente ofensivo para Dios.
El pueblo de Isarel cerca del año 300 a.C. dejó de usar el nombre de Dios porque algunos rabinos afirmaban que una persona que pronunciara el tetragramatón (YHVH) no tendría lugar en el paraíso prometido, la causa que le ha dado algunos eruditos al nacimiento de esta superstición es a una mala interpretación del tercer mandamiento del decálogo de Moisés, el cual prohíbe usar de manera vana el nombre de Dios (Ex. 20:7) y también de las palabras registradas en Lv. 24:16 “y el que blasfeme el nombre de Yahweh, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará…Si blasfemare el Nombre que muera”. Es verdad que tales advertencias llenan de temor los corazones, pero estos mandamientos no tienen la intención de hacer el nombre de Dios innombrable. De hecho, el nombre aparece unas 6800 veces en la Biblia, realmente lo que no se debe tomar en vano es a Quien pertenece ese nombre.
El pueblo de Israel llevó al extremo las buenas intenciones de mantener el nombre de Dios sagrado, al punto de perder de vista que el nombre es más que un título o un apelativo. Hicieron de este mandamiento un formalismo social y olvidaron que el nombre involucra la esencia de lo nombrado, su personalidad y carácter, dejar de usar el nombre de Dios y pecar contra su carácter es una necedad.
Por otra parte, hay quienes no son supersticiosos en cuanto al nombre de Dios, pero son ignorantes en cuanto a lo que significa la petición. No tienen una idea clara del por qué ocupa el lugar que ocupa o por qué Jesús más bien no oró “que tu poder sea notorio”, “que tu amor alcance a todos los hombres” o “que nunca falte tu justicia, tu fidelidad, tu bondad…”etc. Pudo haber dicho todas estas cosas que son de gran trascendencia, pero ¡no! él dijo: “santificado sea tu nombre”. Ambos lados (el de la superstición y el de la ignorancia) son igualmente peligrosos y conllevan a una serie de abusos dañinos. Por lo tanto, debemos esforzarnos por comprender lo que implica esta petición y cual es su importancia.
La oración está compuesta por dos términos significativos, el primero es santificado, que significa: tratar como santo o considerar santo. Para los fines de esta enseñanza lo explicaremos de último. El segundo término, nombre, significa: nombre, carácter, fama y, que será con el que empezaremos.

I. EL TÉRMINO NOMBRE

A. Lo que implica un nombre en la Biblia

Según la base de la tradición hebrea y en las culturas antiguas en general, el nombre no solo era un formalismo que se usaba para distinguir a un individuo de otro, sino que el nombre en esencia, revelaba el carácter de alguien. Al considerar los nombres que están en la Biblia y contrastarlos con las personalidades, voluntades y destinos de aquellos que los portaban, es fácil notar que sus nombres revelaban quienes eran.
Por ejemplo, en el libro de 1 Sam capítulo 25 se nos cuenta de Nabal, quien “era duro y de malas obras” (v. 3) y “un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle” (v. 17), él era esposo de Abigaíl quien más tarde llegaría a ser la esposa del Rey David. Algunos criados de Nabal estuvieron un tiempo junto a David y durante todo ese tiempo nunca fueron mal tratados ni les faltó nada, sino que como un muro los hombres de David los protegieron (vv. 14,16). Un día mientras David estaba junto a sus hombres en el desierto y escuchaba que Nabal esquilaba sus ovejas, envió a diez de sus hombres para que Nabal le diera de lo que tuviese a su mano para sus siervos y para él. La respuesta de Nabal no fue menos que necia: “¿quién es David, y quien es el hijo de Isaí?...” (vv. 10,11).
Esto produjo la indignación de David e hizo que decidiera resolver lo siguiente:“ así haga Dios a los enemigos de David y aún les añada, que de aquí a mañana, de todo lo que fuera suyo no he de dejar con vida ni un varón” (v.22). Abigaíl, mujer de Nabal, tuvo que intervenir e ir hasta donde David se encontraba con doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostados, cien racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, se postró sobre su rostros a los pies de David y le dijo: “no hagas caso ahora mi señor de ese hombre perverso de Nabal porque conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y la insensatez está con él…” (v. 25).
En efecto el nombre Nabal en hebreo significa “insensato y necio” mientras que Abigaíl significa “nuestra fuente de alegría” o “nuestro padre de alegría”. David aceptó lo que ella le proponía y al despedirse de aquella mujer le dijo: “bendito sea tu razonamiento, y bendita tu…” (v. 33).
Pero Nabal no es el único ejemplo, también podemos considerar el caso de Eva/vida (ver Gn. 3:20), Noé/descanso (ver Gn. 5:29), Isaac/risa (ver Gn. 17:19), Esaú/velludo (ver Gn. 25:25), Jacob/suplantador (ver Gn. 25:26), Manasés/olvido (ver Gn. 41:51), Efraín/fertil (ver Gn. 41:52). Cada uno de estos ejemplos y muchos otros nos demuestran que los nombres en la Biblia no eran meros caprichos de los padres, sino que estaban estrechamente relacionados con la esencia de la persona. Tan es así que cuando un evento importante ocurría en la vida de un individuo este podía cambiarse el nombre. El Nombre de Abram fue cambiado, también el de Saraí y el de Jacob.

B. Los nombres de Dios en la Biblia

Dicho esto podemos formarnos una mejor idea respecto a los nombres aplicados a Dios a lo largo de toda la Biblia. Estos nombres no son meros títulos sino ventanas que nos permiten conocer su esencia y nos dejan ver la manera en que él trata con los hombres en sus diversas facetas.
L. Berkhof nos dice:
“en el sentido más general del vocablo, el nombre de Dios es su propia revelación. Se designa Él, no como existe en las profundidades de su ser divino, sino como se revela en sus relaciones con el hombre. Para nosotros el único nombre general de Dios se ha dividido en muchos nombres, los cuales expresan las muchas fases del ser de Dios.[1]
Consideremos algunos aspectos importantes del nombre de Dios:

1. El nombre de Dios implica la manifestación o revelación de su carácter.

Esto es bastante obvio en Deuteronomio 12:1-11 en donde se nos dice que Dios santificaría el lugar donde pondría su nombre, por su puesto que Dios no iba a poner su nombre grabado en una placa como si fuera una plaza o un museo lo que iba a poner allí era su propia esencia, su presencia (v.5).
En juan 17 encontramos la oración de Jesús en ella es evidente que el nombre es más que un apelativo e implica el carácter de Dios revelado: “he manisfestado tu nombre a los hombres…” (v. 6) y “Padre Santo…guardalos en tu nombre…” (v. 11) y finaliza su oración diciendo: “y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún…” Jesús no está diciendo que ha dado por culminado su serie de onomástica a sus discípulos o algo por el estilo, sino que ha dado a conocer su carácter, lo ha dado a conocer a Él.

2. Invoncar el nombre de Dios es invocar a Dios mismo.

Jesús dijo: “Porque donde estén dos o más congregados en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos.” Mt. 18:20.

3. Los nombres de Dios no los inventó el hombre.

El hombre le coloca nombre a las cosas, a las personas y, aún a las mascotas. Pero nadie inventó ni designó algún nombre a Dios. Aunque los nombres son tomados del lenguaje humano, en realidad ellos provienen de la revelación que Dios mismo ha dado, a manera de experiencia y su trato con los hombres. Dios en su soberana voluntad y en su esencia incomprensible ha decidido descender al mundo de los hombres y tomar de ellos cosas finitas y semejantes a ellos para darse a conocer.

4. Los nombres de Dios no describen plenamente el ser divino.

Son una referencia y por lo tanto contienen solo una limitada revelación de su ser. Los nombres asignados a las criaturas pueden definir plenamente al individuo nombrado, pero ningún nombre puede describir completamente al Dios increado y autoexistente.

5. Un Nombre dividido en muchos nombres.

En algunos lugares de la Biblia para referirse al nombre de Dios se hace uso del término en forma singular, por ejemplo: En Ex. 20:7 se nos dice “no tomarás el nombre de tu Dios en vano”. En Lv. 24:16 el que “blasfemare el nombre que muera…”. En Sl. 8:1 “Cuan grande es tu nombre en toda la tierra” y en Pr. 18:10 “torre fuerte es el nombre de Jehová…” En estos casos el termino nombr ees usado como un sinónimo de la presencia de Dios o del mismo Dios.
De igual forma en la petición del Padrenuestro “Santificado sea tu nombre” observamos nombre en singular, lo que nos permite pensar que Jesús no tenía en mente algún nombre, atributo o título específico sino a Dios mismo. La petición, en su sentido más amplio nos enseña que debemos estar involucrados activamente en que Dios sea considerado santo a la vez que todo lo que hace se considere sagrado.

6. El significado de los nombres de Dios

Sin embargo, como ya hemos mencionado, Dios se ha dado a conocer a través de la manera en que se relaciona con los hombres y son de estas experiencias que han surgido ciertos nombres para identificarlo y describirlo. Veamos alguno de ellos:
“El” fuerte y poderoso, en su forma plural “Elohim” indica plenitud de poder y aquel que es digno de adoración, en sigular “Eloah” denota a Dios como el que debe ser temido. “Elyon” designa a Dios como el alto y glorioso o Dios altísimo. “El Shadday” Dios todo poderoso u omnipotente, designa a Dios como el poseedor de toda potencia en el cielo y la tierra. “El Olam” Dios eterno. “Adonay”denota a Dios como Señor, Amo, Juez, Gobernador, Dios regente. Yahweh el nombre más sagrado, característico y único de todos los nombre de Dios, lo denota como “YO SOY EL QUE SOY” o “YO SERÉ EL QUE SERÉ” este nombre hace referencia a la auto existencia de Dios y su continua auto revelación. También denota algo de la inmutable relación que Dios mantiene con su pueblo. Yahweh-Nissies es Yahwe es mi bandera. Yahweh-yireeh es Yahweh proveerá. Yahweh-Shalom es es Yahweh es mi paz. Yahwhe-tsideqenu es Yahweh nuestra justicia. Yahweh tsabaoth es Yahweh de los ejercitos y Qedosh Yisrael es el Santo de Israel.
En el Nuevo Testamento tenemos el nombre Theos, el mismo expresa su deidad. Kurios el Señor poderoso, designa a Dios como el poseedor y regente. Y finalmente, Padre (Pater en griego y Ab en hebreo) el cual es la revelación más sublime de Dios al presentarse como un Padre para sus hijos.

7 El Nombre fue hecho persona

En el libro de Hebreos encontramos que el Hijo es la fiel imagen de lo que Dios es, eso significa que en la persona de Jesucristo encontramos la revelación más fiel y clara de quien es Dios. Es más, podemos decir que en Jesucristo encontramos el mejor y más claro significado del Nombre de Dios. John MacArthur al respecto nos dice:
“Jesús mismo provee la enseñanza más clara acerca del significado del nombre de Dios: Su propio nombre, Jesucrito, es el nombre más grandioso de Dios, y abarca su Papel como Señor, Salvador y Rey.”[2]
Alguno de estos nombre son: El verbo (Jn. 1:1), la Luz del mundo (Juan 8:12), El Unigénito Hijo del Padre (Jn. 1:14), El Hijo de Dios (Lc. 1:35), El Hijo del Hombre (Jn. 5:27), el Pan que descendió del cielo (Jn.6:58), el Verbo de vida (1 Jn. 1:1), el Camino, la Verdad y la Vida (Jn. 14:6), la Vid Verdadera (Jn. 15:1) Enmanuel o Dios con nosotros (Mt. 1:23), Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Is. 9:6), la Piedra Angular (Ef. 2:20), el Primogénito de toda la creación (Col. 1:15), el Santo (He. 3:14), Juez (He. 10:42), el Rey de reyes y Señor de señores (Ap. 19:16), Alfa y Omega (Ap. 1:8), la Cabeza de la iglesia (Ef. 1:22, 4:15); el Salvador (Lc. 2:11; Efesios 5:23), el Buen Pastor (Jn. 10:11), el Yo Soy (Jn. 8:58), el Dios Verdadero (1 Jn. 5:20), el Autor y Consumador de nuestra fe (Heb. 12:2), El Pan de Vida (Jn. 6:35), el Novio (Mt. 9:15), el Libertador (Ro. 11:26), el Cordero de Dios (Jn. 1:29), El Sumo Sacerdote (Heb 4:14), el Medidador (1 Tim. 2:5), la Roca (1 Corintios 10:4), la Resurrección y la Vida (Jn. 11:25), el Principe de los pastores (1 Pe. 5:4), el Pastor y Guardian de nuestra alma (1 Pe. 2:25).
El Nombre de Dios no es una fórmula religiosa. Esto es especialmente cierto con el nombre de Jesús, orar en el nombre de Jesús no significa usar el nombre como una fórmula mágica al final de cada oración con el fin de conseguir lo que se quiere. Más bien significa orar según el carácter, la voluntad, y por lo tanto bajo la autorización de Jesucristo.

II. EL TÉRMINO SANTIFICADO

Entendiendo los nombres de Dios y sus designios, y más aún, entendiendo que el término en singular es un sinónimo de su esencia podemos comprender mejor el alcance de la palabra santificado. Como dijimos anteriormente la expresión significa hacer santo o considerar santo, en este sentido cuando oramos “santificado sea tu nombre” no procuramos hacer santo a Dios, por cuanto Él ya lo es, de hecho, no solo es Santo, sino que es magnífico en santidad (Ex. 15:11) pero sí estamos diciendo que Dios debe ser reconocido y honrado por quien es, estamos aceptando que merece gloria, exaltación y toda la adoración. Al ser Dios Santo; su nombre tiene que ser tratado como santo. Eso es lo que implica la petición.
J.C. Ryle en su cometario a este pasaje nos dice:
“Al hablar del nombre” de Dios nos referimos a todos aquellos atributos bajo los cuales Él se ha revelado a nosotros: su poder, su sabiduría, santidad, justicia, misericordia y verdad. Al pedir que sean “santificados” nos referimos a que se den a conocer y sean glorificados. La gloria de Dios es lo primero que deben desear los hijos de Dios. Es el objetivo de unas de las oraciones de nuestro Señor mismo: “Padre glorifica tu nombre (Jn. 12:28) Es el proposito con el que fue creado el mundo, es el fin con el que se convierte y llama a los santos, es lo que debiera ser nuestra meta primordial: “que en todo sea Dios glorificado” 1 Pe. 4:11.” [3]

A. El Significado de la expresión santificado sea tu Nombre

Una vez comprendido lo que significan los términos “nombre” y “santificado” podemos entender más profundamente a que se refería el Señor cuando nos enseñó está petición y que implicaciones tiene para nuestra vida:

1) Que el nombre de Dios no está siendo santificado.

Si hay algo de lo que esta generación adolece es una falta de respeto hacia Dios, la humanización de la persona de Dios en algunos círculos cristianos es insultante, la gloria de Dios ha sido desestimada hasta lo más bajo. El buen deseo de alcanzar a las masas y “acercar a Dios al hombre”, ha traído efectos desastrosos. Un énfasis malsano en el amor de Dios y un descuido al resto de su atributo ha producido una imagen irregular del Dios Santo.
Una vez escuche a un predicador decir, que si él hablara acerca de los atributos de Dios en algunas iglesias, la mayoría se negaría adorar a Dios. Así lo creo, pues la ignorancia y los abusos que giran en torno a la persona de Dios son alarmantes. Pero este mal no es típico solo de nuestra época, la iglesia históricamente ha luchado con este menosprecio hacia la gloria de Dios. En el tiempo de Martín Lutero, él observó que la gente hablaba de Dios como si se tratase del aprendíz de un zapatero.[4]
Y Juan Calvino en su comentario a la petición santificado sea tu nombre, dijo “la necesidad de presentarla habla de nuestra gran desgracia […] como no se santifica debidamente su nombre en la Tierra y no somos capaces de declararlo, es al menos nuestro deber hacerlo el tema de nuestras oraciones. En resumen, nuestro deseo debe ser que Dios reciba el honor que le es debido, que los hombres nunca piensen o hablen de Él sin la mayor reverencia. Lo opuesto a esta reverencia es la blasfemia que siempre ha sido muy común en el mundo y lo es en la actualidad.”
Martin Lloyd Jones observó lo siguiente:
“Qué ideas y nociones tan indignas tiene este mundo acerca de Dios. Si usted pone a prueba sus ideas acerca de Dios a la luz de las Escrituras se dará cuenta rápidamente de lo que quiero decir. Carecemos hasta de un sentido adecuado de la grandeza, el poder y la majestuosidad de Dios. Escuche a los hombres discutir acerca de Dios, y notará la manera tan superficial en que usan el término [...] En verdad es casi alarmante observar cómo todos tendemos a usar el nombre de Dios. Obviamente no nos damos cuenta de que estamos hablando del Dios bendito, eterno, absoluto y todopoderoso. En cierto sentido, deberíamos quitarnos el calzado cuando usamos su nombre.” [5]
Todos hemos abusado del Nombre de Dios, en nuestras conversaciones y discusiones, hemos tratado la santidad del nombre de Dios con ligereza, esto no deber ser así, por eso debemos pedir al Señor que nos ayude a santificar su nombre.

2) Que el nombre de Dios debe ser santificado

Por ser la primera petición, también implica que es la primera y máxima responsabilidad de todo creyente, que el nombre de Dios sea santificado. Cuando Dios tomó para sí al pueblo en el Antiguo Testamento lo hizo para tener un pueblo santo para él, es decir, un pueblo que fuera apartado del resto de los pueblos para que le diera honor y gloria. Este pueblo tendría leyes diferentes, costumbres diferentes, prioridades diferentes, amores, dolores, creencias diferentes para traer gloria a su santo nombre. En el libro de Deuteronomio encontramos: “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra.” Dt. 14:2
Sin embargo, con el pasar de los años el pueblo se reveló contra aquellas ordenanzas, ellos no solo no santificaron su nombre, sino que además, los profanaron e hicieron que otros se burlaran de él (Ro. 2:24).
En el libro de Ezequiel leemos que la razón primaría por la que Dios se mueve para salvar a su pueblo es por la santificación de su nombre que había sido blasfemado y profanado entre los demás pueblos a causa de ellos:
“…Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado. Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos.Ez. 36:22-23.
Si la razón primaria por la cual Dios decide salvar a su pueblo es por la santidad de su nombre, entonces, esa también debe ser la razón más importante por la que sus hijos oramos y vivimos.

3) Que Dios es un Dios Santo

Cuando usamos la palabra Santo para referirnos a Dios, estamos diciendo que está apartado de toda influencia pecaminosa, y separado de toda corrupción. Decir que Dios es Santo no solo significa que es el único absolutamente Santo, sino que además, está separado de todo lo que es pecado y lo abomina. Él nunca hace nada malo, nunca se equivoca, nunca comete un error, nunca hace que suceda algo que no es correcto. No hay grados en su santidad, Él es infinitamente santo, impecable, sin errores, totalmente justo.
Al contrastar la santidad de Dios con su creación Job dijo: “ni aun los cielos son limpios delante de sus ojos…ni aun la misma luna será resplandeciente, Ni las estrellas son limpias delante de sus ojos.” (Job. 15:15; 25:5) y tambíen, “Lejos esté de Dios la impiedad, Y del Omnipotente la iniquidad.” (Job. 34:10). Al respecto el Rey David escribió: “tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti.” (Sl.5:4). Por su parte el profeta Habacuc exclamó: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Ha. 1:13). Y el discípulo amado en su carta pastoral dijo: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” (1 Jn. 1:5). Toda la Biblia está colmada de la Santidad de Dios.
Que Dios es Santo debe ser comprendido al menos en esto dos aspectos (1) En su inherencia porque Dios no decide ser o no Santo, tener o no santidad, santo es lo que Dios es, su santidad es inherente a él. (2) En su preeminencia porque su santidad es relevante al resto de los atributos, Dios es todopoderoso, omnipresente, omnisciente, infinito, eterno, misericordioso, amor, justo, pero su santidad es la que impregna de hermosura todos esos atributos. Alguien dijo que la santidad era lo que hacía a Dios disfrutable, y es eso cierto.
Cuando Moisés le dijo a Jehová si ellos me preguntaren ¿cuál es tu nombre? ¿Qué les responderé? (ver Ex. 3:13) pregunta que como hemos dicho no apuntaba a un título sino a su esencia, la divina respuesta no consiguió una ilustración, comparación o ejemplo adecuado en todo lo creado, no pudo señalar al más grande de los valles, al más imponente de los montes, al más basto de los desiertos o al más profundo de los mares, y decir Yo me parezco a ellos; tampoco pudo apuntar a la más feróz de las bestias, la más intrépida de las aves, o al más temible de los monstruos y decir, Yo me asemejo a ellos ¡no! ni siquiera pudo apuntar al mas viejo de los cedros, a la maravilla más grandiosa, a la criatura más hermosa o al más sabio de los hombres y decir Yo soy como ellos, él solo pudo señalarse así mismo y declarar “YO SOY EL QUE SOY” Ex. 3:14.
Dios es Incomparable, Inmensurable, Santo y temible es su nombre (ver Sl. 111:9). Él es “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad…” Is. 57:15.
Dios no solo es absolutamente Santo, sino que además es conocido como “el Santo”. La santidad es la suma de todos sus atributos. Santo es lo que Dios es, su santidad penetra todo lo que es y hace, sus ángeles son santos (ver Mt. 25:31). Sus sacerdotes son santos (ver Ex. 28:41). El lugar donde recibe culto es santo (ver Ex. 28:43). Su templo era santo (ver 1 Re. 9:3). Los utensilios santos (ver Nm. 4:15). Las víctimas de sacrificio y sus partes eran santas (ver Ex.28:38; Lv. 6:18). Los panes de la proposición eran santos (ver Lv. 24:9). Jerusalén su ciudad santa (ver Is. 52:1). Los días dedicados a él, eran santos (ver Nehemías 8:11). Las festividades santas (ver Ex. 12:16). Sus primogénitos son santos (ver Éxodo 13:2; Romanos 11:16). Su pueblo Israel es santo (ver Ex. 19:10). Sus profetas son santos (ver Lc. 1:70). Sus apóstoles son santos (ver Ef. 3:5). Su iglesia es santa (Ver: 1 Pe. 2:9). Su justicia es santa (ver Sl. 19:8-9). Su palabra es santa. Su sabiduría es santa. El brazo de su poder es santo. Su ley es santa (Ver Ro. 7:12). Sus obras están impregnadas de santidad y su nombre es un santo nombre.

4) Que su Pueblo ha de ser santo.

Si hay algo que implica esta petición es esto: el pueblo de Dios ante todo es un pueblo santo, “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” 1 Pe. 1:15-16.
Que seamos santos es la voluntad de Dios:
“pues la voluntad de Dios es vuestra santificación.” 1 Te.4:3.
y,
“…Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación…” 1 Te. 4:7
También,
“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Mt. 5:8
Finalmente,
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Mt. 5:48

5) Que le debemos adoración.

Cuando oramos santificado sea tu nombre estamos reconociendo que Dios es digno de toda nuestra adoración. La santidad exclusiva de Dios, lo hace estar infinitamente separado en cuanto a cantidad y calidad de todo lo que ha creado. Dios es único, y como tal, merece nuestro más sentido respeto, reverencia y temor. Usted en ninguna parte de la Biblia encontrará que Dios es “amor, amor, amor” o “misericordia, misericordia, misericordia” tampoco “todopoderoso, todopoderoso, todopoderoso”, pero si ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ese es el himno de los cuatro seres viviente (ver Ap. 4:8) la santidad es la excelencia que baña a todos los demás atributos, es lo que hace a Dios hermoso y disfrutable, y nos hace a nosotros seres indignos de su presencia y de cualquier cosa que provenga de Él.
Indiscutiblemente la santidad de Dios lo exalta y lo coloca en una posición sin par, quien comprenda algo de ella podrá entoncar el cantico de Moisés y María:
“¿Quién como tú entre los dioses, oh Señor? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad, temible en las alabanzas, haciendo maravillas?”
Ex. 15:11 LBLA
Como se ha dado cuenta la petición “santificado sea tu nombre” afecta la forma en que vivimos diariamente. Usar la expresión en nuestras oraciones y no vivir a la luz de ella es una hipocresía detestable para el mismo Dios. Todo aquel que ora por la santidad de su nombre debe vivir de tal manera que, todo lo que haga lo honre, además de temer, conocer y obedecer su nombre.

APLICACIÓN

Responder a las siguientes interrogantes le ayudará a aplicar lo aprendido en este capítulo a su diario vivir:
1) ¿Por qué es necesario que Dios sea conocido por tantos nombres?
2) ¿Qué son los nombres de Dios?
3) ¿Con cuál nombre de Dios usted se identifica más?
4) ¿Considera que alguna vez ha abusado del nombre de Dios?
5) ¿Es la santidad de Su nombre la prioridad de su vida y oraciones?
6) ¿Se esfuerza en su vida diaria para que Dios sea considerado digno de respeto y temor?
7) ¿De qué manera entender que Dios es Santo a impactado su vida de oración?
8) ¿Ha comprendido que: “santificado sea tu nombre” no es una muletilla religiosa sino una ocasión grandiosa para rendirle adoración a Dios?
9) ¿Cuanto tiempo dedica diariamente a conocer el nombre de Dios?
[1] Teología sistemática de L. Berkhof. Pág. 53. [2] A solas con Dios. John MacArthur. Pág. 58. [3] Meditaciones sobre los evangelios. J.C. Ryle. Pag. 70. [4] Puede la Oración cambiar las cosas. R.C. Sproul [5] A solas con Dios John MacArthur
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