Escuchando a Dios 2

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La semana pasada comentamos que parte del deseo de todo joven, adolescente es sobresalir de los demás. Con el tiempo nos damos cuenta que la mayoría de los adultos nos parecemos, para todos es más o menos lo mismo. Una vez soñamos con cambiar el mundo y jubilarnos a los 50’s, ahora nos conformamos con cambiar nosotros y tener fuerzas para seguir trabajando hasta que Dios nos de vida. Las vacaciones de este año serán parecidas al año pasado, sólo que el traje de baño nos queda más ajustado.
Hay un momento que pensamos que se vuelve monótono y para salir de la rutina debo hacer cambios drásticos y si es necesario romper o violar nuestros principios, lastimar a alguien, no importa, con tal de volver a sentir la pasión de la adolescencia. En ocasiones se cambia de trabajo o de ciudad, de amigos, matrimonio o se busca una aventura.
El asunto es que, quienes lo hacen, con el tiempo se dan cuenta que ¡no funciona! porque a donde quiera que van ¡ahí estan ellos mismos! y se piensa ¡debe haber una forma diferente de cambiar el resultado de nuestra vida!
El apóstol Pablo nos dice que Dios no quiere que seamos del montón, no quiere que seamos parte de la multitud, de los que siguen a la mayoría. Dios quiere que sobresalgamos, que seamos diferentes. Lo que anhelaste de joven pero no sabías cómo, es lo que Dios desea para nosotros.
No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas...” (Romanos 12:2, NTV)
No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente...” (Romanos 12:2, NVI)
Otra forma de decirles es ¡no hagas lo que los demás hacen! Pablo dice: puedes ser diferente, puedes cumplir tu propósito dónde estás y en cualquier situación que estés. Pero para eso es necesario que escuches a tu Padre Celestial, que seas transformado desde lo profundo de tu ser.
Tu vida se resume en: lo que te preocupa y lo que te frustra. La situación actual de tu vida que es conformada por tu negocio, amigos, familia, matrimonio, etc., es el resultado, el producto de tus decisiones. Así que si crees que para que tu vida sea diferente, tienes que empezar de cero y volver a decidir sobre el negocio, matrimonio, un carro nuevo, negocio nuevo y ya que estamos en eso de estrenar, pues una pareja nueva. Cuando lo más importante no es tomar nuevas decisiones sino cambiar nuestra manera de tomar decisiones, transformar nuestra mente, nuestra forma de pensar, porque cada decisión que tomamos está fundamentado en lo que pensamos.
Esto es lo que pienso del matrimonio, por eso tomo estas decisiones. Esto pienso de la vida, por eso tomo esas decisiones, esto pienso del dinero, de mi cuerpo, de Dios y por esto tomo esas decisiones.
La Biblia nos enseña que si queremos tener resultados diferentes no sólo hay que cambiar de decisiones sino nuestra mente, nuestros pensamientos y al hacerlo, eso nos llevará a tomar decisiones de manera diferente y entonces los resultados serán diferentes.
La semana pasada vimos que tomamos las decisiones pensando una de 2: o creo que Dios sabe lo que es mejor para mí, o creo que yo se lo que es mejor para mí. Aunque sabemos que Dios sabe lo que es mejor para nosotros, creemos que somos nosotros los que sabemos lo que es mejor, que nosotros podemos controlar las variantes; pero hemos visto y sabemos que cuando le damos el control de nuestras vidas a Dios, ÉL siempre hace lo que es mejor. La semana pasada terminamos decidiendo creer que Dios sabe lo que es mejor y darle el control.
Hoy veremos otra verdad, es algo que creo que todos sabemos y no hay dificultad en entenderlo, el problema es actuarlo. Esta verdad ha revolucionado el mundo y revolucionará la forma en que te relacionas con las personas; ya sea quienes verás por una sola vez o con quienes tienes relaciones duraderas.
Esta verdad es la razón por la que personas han construido hospitales en lugares apartados, es la razón por la que se han construido orfanatos, por la que personas han dejado su trabajo o familia para irse de misioneras dispuestas a dar sus vidas por amor a personas que ni siquiera conocen. Todo esto ha sido motivado por esta verdad. Muchos de nosotros estamos en la iglesia porque alguien creyó esta verdad: “Cada persona que puedas ver es alguien por quien Jesús murió”.
Cada persona con quien te cruces en la calle es alguien de valor para tu Padre Celestial, tanto así que dio a SU Único Hijo para morir por esa persona. Es más, quién está sentado junto a ti es alguien sumamente importante para Dios. Estás sentado junto a una persona de mucho valor; saber esta verdad, aceptarlo te hace ver a quien está a tu lado de forma diferente.
En la economía se dice que el valor de algo se determina por lo que puede proporcionar. Si quieres saber cuánto vale tu casa, fíjate qué cantidad la gente está dispuesta a pagar para obtenerlo. Si quieres comprar algo y tienes el dinero, pero crees que está por encima de su “valor”, aunque tengas el dinero ¡no lo compras! Pero si baja el precio y consideras que será un intercambio justo ¡lo compras! porque te “dará” lo que consideras justo por el dinero que estás pagando.
Quien está sentado a tu lado, a quien te topas en la calle, el gym, mercado, trabajo, antro, tienen un valor que va más allá de lo que puedes medir, porque Jesús murió por ellas. Viendo así las cosas pregunto ¿cómo tratas a esa persona? ¿cómo reaccionas cuando estás ante alguien de tal valor para tu Padre Celestial? Sabemos que son de valor PERO, qué difícil es tratarlas. ¿Por qué?
a. Las tratamos dependiendo del valor que tienen para nosotros. Si hay algo que esa persona puede hacer por mí, entonces así le trato. Si puede darme algo, o hacerme sentir algo en lo que estoy interesado, así lo trato, pero si no me otorga nada ¡hasta de su cara o nombre te voy a olvidar! Palabra de honor y casi decimos ¡te tengo que olvidar! 10 de Diciembre.
Eso es lo que solemos hacer y eso es lo que hacen “los demás”, la sociedad, cultura: valora a las personas dependiendo de su valor para mí, no en el valor intrínseco o que tienen ante nuestro Padre Celestial.
b. Podemos valorarlas dependiendo de “su importancia”. Si ves alguien que por su apariencia no sobresale o no impresiona, pero te enteras que es un gran escritor, científico o empresario, te vas a interesar y quizá quieras conocerlo o platicar con esa persona.
c. Valoramos a quienes son de valor para alguien que valoramos. Un ejemplo son las suegras, las valoramos porque sabemos que son importantes para nuestro cónyuge. De no ser tu suegra quizá no sería una persona con la que se te ocurriría platicar en la calle. Te interesa la familia de tu jefe ¡por el trabajo! Te interesan los sobrinos de la novia y hasta los toleras porque son de valor para ella.
Ahora piensa esto ¿que pasaría la próxima vez que veas alguien y sabes que es especial para tu Padre Celestial? ¿qué pasaría si cada día al ver a las personas las vemos como alguien por quien Jesús dio su vida?
La verdad es que a veces, los cristianos o discípulos de Jesús hemos fallado al no tener o vivir esa perspectiva y a veces ¡hemos hecho lo contrario! al ver a las personas olvidamos que es alguien importante para nuestro Dios.
Juan, discípulo de Jesús escribe una carta. Juan cuidó a la mamá de Jesús, fue testigo de la crucifixión y de la resurrección de Jesús; ya anciano es exiliado a una isla y ahí escribe la forma como debemos tratar a las personas, y por su experiencia lo pudo ver de primera mano.
Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él.” (1 Juan 4:9, NTV)
La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen...” (Salmo 24:1–2, NTV)
Todo el mundo, nosotros, los que nos caen bien y los que no.
En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.” (1 Juan 4:10, NTV)
Todos, tú y todas las personas que encuentras en las calles. Dios nos amó de forma que estuvo dispuesto al sacrificio, nos amó así ¡a todos! incluye a tu esposo, esposa, al ex, la ex, al jefe, quien te traicionó, quien habla mal de ti.
Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros.” (1 Juan 4:11, NTV)
Por qué ÉL los ama, también nosotros debemos amarnos unos a los otros. En otras palabras: quien está a tu izquierda, derecha, frente, atrás es alguien que DIOS ama y seguro tú también le puedes amar, porque tú no eres más bueno que YO como para no amarlo. Lo amo y pagué el precio para traerlo de vuelta a mí.
Entonces, si Dios lo amó de esa manera, lo menos que podemos hacer es amarlo también, no porque me aporte algo a mí, sino porque amamos a Dios y Dios lo ama. Como si Dios me llama y me dice: Isma, mañana temprano un camionero te va a dar un cerrón, te vas a espantar pero quiero que sepas que esa persona es importante para mí, así que ¡trátalo con cuidado!
O te llama y te dice: al salir de la reunión quien viene contigo se va acordar de algo y te va a reclamar, pero recuerda que esa persona es importante para mí. El del camión te dirá algo inapropiado, defiéndete, pero recuerda, nadie es perfecto y tu lo verás, esa persona es de mucho valor para mí.
Si tenemos presente esa verdad, la forma de relacionarnos será diferente ¡cambiará todas las relaciones! No quiere decir que todos me van a caer bien, que debo invitarlos a comer, o que no me defienda, sino que debes ser cuidadoso en tu trato, puedes ser firme sin ser grosero, puedes ser cortante sin ser cruel.
Esta verdad es el marco de referencia para tratar a los de la oficina, empleados, cobrador, quien vende memelas, el mecánico, quienes embolsan en Chedrahui. ¿Qué pasaría si los vemos como Dios los ve? Recordar que son importantes para Dios quien envió a SU Hijo Jesús a morir y a resucitar por ellas ¡eso cambia nuestra forma de pensar y actuar!
El problema es que saberlo y actuarlo son dos cosas distintas.
Si es alguien que topo en la calle: ¡Total nada más lo voy a ver una vez, así que no importa si le agandayo el lugar.
La mujer, el hombre con quien vives no solo es tu cónyuge, no solo son tus padres, o hijos, son personas por quienes Jesús dio SU Vida. Tienen mucho valor para tu Padre Celestial, así que cuando estés presionado o quieres decir algo de lo que te vas a arrepentir, cuando veas que no es nada, o lo puedas herir ¡detente!
Antes que digas ¡mejor no me hubiera casado contigo! antes de que tú respondas X2, medita en el valor que tiene para tu Padre Celestial.
Una vez más, esto no quiere decir que no habrá conflictos o que no vas a discutir, lo que sí significa es que en tu vida, en cada encuentro tu marco de referencia para tratarlos es:estoy ante alguien que mi Padre ama tanto que debo ser amable, cuidadoso, respetuoso, etc. Y eso fue exactamente lo que hizo Jesús en la cruz, cuando dijo:
Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y los soldados sortearon su ropa, tirando los dados.” (Lucas 23:34, NTV)
Lo que vemos es que nuestro Señor Jesús está preocupado por quienes le están haciendo daño, ÉL podría decirnos: no les estoy dando valor por lo que me están haciendo o por lo que puedan hacer por mí, les doy valor porque se que son importantes para mi Padre y mientras tenga eso en mente, puedo orar por mis enemigos.
Y otra cosa sumamente importante: ¡este es el inicio del perdón! ¿has sido herido por alguien y sabes que debes perdonar pero no sabes cómo? El inicio del perdón es cuando empiezas a ver a las personas como Dios las ve. Ese es el primer paso para poder responder así como Jesús lo hizo.
Juan dice: “cada personas que veas es alguien por quien tu Salvador murió”. Reconocer esta verdad puede transformar tu vida familiar, laboral, escolar, en la oficina, empresa, etc.
Una vez más ¡esto no es fácil! ¡no será fácil! porque nuestra mente prefiere seguir a la multitud, y aunque queremos resultados diferentes, no queremos pagar el precio de transformarnos, así como nuestro Dios quiere que seamos y estamos seguros de esto porque lo demostró en la Cruz.
Esa es la razón por la que en la historia del cristianismo hay personas que han dado sus vidas por otras personas.Eso es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: ¡Ama a tus enemigos! ora por ellos, ora por quienes te tratan mal. ¡Apenas me acuerdo orar por quienes amo! ¿por qué he de orar por mis enemigos? Hoy aprendimos que sí podemos porque son personas importantes para Dios.
De la misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas. Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida que Dios les ha dado. Trátala como es debido, para que nada estorbe tus oraciones.” (1 Pedro 3:7, NTV)
Pedro nos dice: No es sólo tu esposa ¡es heredera de mismo regalo de la nueva vida! Es hija de Dios, no sólo tu esposa o tu mamá, o tus hijos. Para decirlo de otra forma ¡nunca estaremos frente alguien que no sea importante para Dios!
¿Qué pasaría en nuestras relaciones si pudiéramos ver cómo Dios nos ve? ¡Todo cambiaría! Nuestras amistades, vecinos, la forma como tratamos a todas las personas, aunque no estemos de acuerdo con ellos. Porque todas las personas son personas por quienes tu Salvador murió, aún cuando ellas no lo reconozcan como Salvador, pero esa es otra historia.
Aunque no será fácil de hacer, ¿por qué no hacemos el propósito de intentarlo cada día?
Palabra de Dios
Oremos
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