Nunca es tarde...
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El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.
INTRO:
INTRO:
Ejemplo: aprender a jugar al fútbol a los 50 años.
Nuestro Dios es un Dios de segundas oportunidades y nuevos comienzos.
El pasaje dice que él tiene paciencia para con nosotros, porque no quiere que fracases, quiere que lo sigas intentando, entonces es hora de volver a empezar, eso es arrepentirse.
Hay que dejar de lamentarse y empezar a arrepentirse.
El problema es que muchas veces batallamos con nuestros ideales o nuestros conceptos de lo que es la vida, de lo que está bien o mal, y si no se da cómo nosotros lo imaginamos entonces no es.
Pero vamos a ver un poco qué dice la Palabra de Dios.
Tener un sentido de urgencia
Tener un sentido de urgencia
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: «No encuentro en ellos placer alguno»;
Acuérdate de tu Creador antes que se rompa el cordón de plata y se quiebre la vasija de oro, y se estrelle el cántaro contra la fuente y se haga pedazos la polea del pozo.
Como se acaba de decir: «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón como sucedió en la rebelión.»
Mientras sea de día, tenemos que llevar a cabo la obra del que me envió. Viene la noche cuando nadie puede trabajar.
La noche está muy avanzada y ya se acerca el día. Por eso, dejemos a un lado las obras de la oscuridad y pongámonos la armadura de la luz.
Quiero decirles que nunca es tarde, pero hay por lo menos dos condicionantes; mientras Cristo no vuelva y mientras no se corte el cordón de plata, o sea mientras dure la vida en esta tierra.
Todo lo demás, pueden ser condicionantes humanos que nos ponemos nosotros mismos, y que para Dios terminan siendo excusas para no hacer lo que él nos mando a hacer.
Entonces descubrimos que el problema que nos detiene, en realidad no es el verdadero problema.
Estar Enfocados
Estar Enfocados
Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada.
Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable
y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas.
La noche está muy avanzada y ya se acerca el día. Por eso, dejemos a un lado las obras de la oscuridad y pongámonos la armadura de la luz.
Vivamos decentemente, como a la luz del día, no en orgías y borracheras, ni en inmoralidad sexual y libertinaje, ni en disensiones y envidias.
Más bien, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa.
Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño; porque en el sepulcro, adonde te diriges, no hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría.
Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él.
Hacer realidad los sueños
Hacer realidad los sueños
Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria ahora y para siempre! Amén.
Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán.
No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí.
Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante,
sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.
Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire.
Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado.
CONCLUSIÓN:
CONCLUSIÓN:
Las palabras de los sabios son como aguijones. Como clavos bien puestos son sus colecciones de dichos, dados por un solo pastor.
Además de ellas, hijo mío, ten presente que el hacer muchos libros es algo interminable y que el mucho leer causa fatiga.
El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre.
Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto.
