Antinomianismo
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Antinomianismo
Antinomianismo
Romanos 3:21–31
21Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
27¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 29¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. 30Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión. 31¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.”
Introducción
Introducción
Uno de los errores comunes de la iglesia de hoy es creer que no estamos obligados a cumplir y respetar la ley.
Esto se conoce como antinomianismo que significa estar contra la ley.
Renueva tu Corazón: Sé como Cristo (Su efecto en la formación espiritual)
Un hombre –durante mucho tiempo fiel miembro de una iglesia– va a su pastor y le dice: «voy a divorciarme de mi mujer y a casarme con otra». El pastor le dice consternado: «¡Esto no puede ser! Tú eres un cristiano comprometido con el Señor y tu esposa también. En tales circunstancias, el divorcio sería algo completamente desatinado». «Sí –responde el hombre–, ya lo sé, pero aun así voy a hacerlo. No puedo soportarla ni un día más. Sé que no está bien, pero cuando todo haya pasado le pediré perdón a Dios y Él me perdonará. Está obligado a hacerlo porque yo creo que Cristo murió por mí. Esto es lo que usted me ha enseñado».
Se tiene la creencia que se puede pecar y luego acudir a Dios pidiendo perdón y todo queda como si nada hubiera pasado, creyendo que no debemos respetar la ley de Dios y que después de pedir perdón no sufriremos consecuencias.
Pero la vida cristiana es un camino en el cual debemos avanzar y crecer, como evidencia de nuestro nuevo nacimiento.
El propósito de la ley
El propósito de la ley
La ley es constituida por Dios para mostrar al hombre su condición de pecado: Romanos 7:7 “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.”
La ley muestra nuestra la condición y el destino del hombre, la necesidad de salvación.
La ley es santa y perfecta porque proviene de Dios: Romanos 7:12-14 “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.”
Los que rechazan la ley no se dan cuenta que la ley no es la mala sino el ser humano.
Justificación y Santificación
Justificación y Santificación
El error del antinomianismo es confundir la justificación con la santificación.
Somos justificados por la fe sin las obras de la ley: Romanos 3:22 “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia”
Somos santificados guardando y cumpliendo los mandamientos de Dios. Juan 17:17–19 “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.”
La vida cristiana es un constante crecimiento, avance y madurez como evidencia de nuestra salvación, y para ello cumplimos los mandamientos de Dios. Efesios 4:11–13 “11Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.”
Somos justificados por la fe en Jesucristo, pero somos santificados constantemente por el cumplimento de la Palabra de Dios.
La abolición de la ley
La abolición de la ley
Antes de Cristo, la ley servía para expiar los pecados del pueblo. Éxodo 29:36 “Cada día ofrecerás el becerro del sacrificio por el pecado, para las expiaciones; y purificarás el altar cuando hagas expiación por él, y lo ungirás para santificarlo.”
Para ello era necesaria la ley ceremonial, el templo, los sacerdotes, los utensilios, etc.
Pero con el sacrificio de Cristo todos estos aspectos ceremoniales de la ley quedaron abolidos, porque su sacrificio sustituye los sacrificios de animales.
Hebreos 10:14 “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
Romanos 3:24-25 “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”
Siendo los sacrificios de animales insuficientes para justificar a la persona, era necesario la intervención del sumo sacerdote para representar al pueblo ante la presencia de Dios.
Cristo se presentó como un único sacrificio suficiente para limpiar nuestros pecados, presentándose Él mismo como sumo sacerdote y como sacrificio.
El sacrificio de Cristo si es suficiente para justificar y santificar, permitiendo al justificado constituirse en un sacerdote con derecha a entrar a la presencia de Dios.
Hebreos 10:19-22 “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.”
Concluimos que la ley abolida fue la ceremonial, pues ya no es necesaria, no necesitamos holocaustos, sacerdotes, altar, templo, etc. y todas las leyes, ritos y actividades que eran necesarias.
Estamos sujetos a la ley civil respetando las leyes de nuestro país, y a la ley moral que debemos cumplir como manda la Biblia.
Cristo afirmó la ley
Cristo afirmó la ley
Mateo 5:17–20 17No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. 19De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. 20Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”
En esta palabra el Señor confirma nuestro compromiso con la ley.
No somos salvos por la ley, pero debemos mostrar nuestra amor a Cristo obedeciendo sus mandamientos. Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos.”
Conclusión
Conclusión
Concluimos que la ley es nuestro maestro, quien nos muestra nuestra condición y nos conduce a Cristo nuestro salvador. Gálatas 3:24 “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.”
De manera que la ley es una maldición para quien no la pone en práctica porque vive en pecado, y la ley condena el pecado.
Pero para el que está en Cristo la ley es una bendición porque no practica el pecado, y cumplimos la ley porque amamos a Cristo, es algo que hacemos con naturalidad y gusto. Romanos 13:10 “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.”
No podemos despreciar la ley sino amarla y cumplirla, porque estamos en Cristo. Quien cree que la gracia es contraria a la ley vive en libertinaje, quien cree que la ley es contraria a la gracia vive en legalismo.
La ley y la gracias se complementan para llevarnos a Cristo.
Romanos 3:30-31 “Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión. ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.”
