CRECIENDO HACIA LA MADUREZ VERTICAL

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Que mi audiencia sea desafiada a levantarse y continuar su camino de crecimiento hacia una madurez que refleje a Cristo.

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INTRODUCCION

Unos de los grandes pasos de crecimiento en mi vida ha sido la experiencia de ser padre. En mi relación con mis hijos y en especial con Hananeel (mi primogénito) he visto tantas cosas en mí que había olvidado de mi niñez, tal vez por lo parecido que es él a mí.
He llegado a recordar lo mucho que me gustaba jugar y no me cansaba, al verlos a ellos pensar solo en eso.
He llegado a recordar lo impactante y sorprendente que era la experiencia como ir a la playa, ver animales exóticos, ver por primera vez vehículos deportivos, etc.
Pero también he llegado a recordar cómo nos inspiraban los superhéroes o aquellas personas que para nosotros eran grandes y queríamos ser como ellos.
En la medida que vamos creciendo, evolucionamos de tal manera que olvidamos muchas de estas cosas y cómo piensan los niños. Pero esto es parte de la vida.
¿Qué es la madurez?
La primera definición de madurez en el diccionario de la real academia de la lengua española es un cierto estado de las frutas (Condición o estado de maduro).
Otro significado de madurez en el diccionario es buen juicio o prudencia, sensatez.
Madurez es también período de la vida en que se ha alcanzado la plenitud vital y aún no se ha llegado a la vejez..[i]
Albert Einstein dijo que: “Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos.”
Ralph W. Emerson: “La madurez es aquella edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo”.
Pero ¿Cómo yo puedo saber cuándo una persona es madura? Pablo nos enseñó sobre las características de una persona madura, aunque no son todas las característica pero creo que son las más importantes:
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. (1Co 13:11 NBLA)
1. La forma en que se habla.
2. La forma en que se piensa.
3. La forma en que se juzga.
“La madurez cristiana es capacidad espiritual para enfrentarse a las relaciones de la vida: hacia Dios, hacia el hombre y hacia uno mismo.” Autor: Stephen F. Olford
¿Cuál debería ser nuestra actitud para poder crecer hacia la madurez?

PARA CRECER HACIA LA MADUREZ ESPIRITUAL DEBEMOS DE ESTAR CONSCIENTES DE NUESTRA IMPERFECCIÓN Y DEBILIDADES. (Ver v. 12a, 13a)

En lo referente a nuestro crecimiento como cristiano debemos sentirnos insatisfecho.
Pablo tenía este sentir de insatisfacción y reconocimiento de que todavía necesitaba seguir creciendo, aun teniendo toda una hoja de vida (curriculum) envidiable por cualquiera:
Fue el apóstol que más trabajó según el registro bíblico y que más levantó iglesias locales.
Fue el teólogo más sobresaliente del cristianismo.
Fue el que más escribió en el nuevo testamento.
Cuando escribió esta carta (filipenses) ya tenía más de 20 años como cristiano.
Esta iglesia ya tenía más de 10 años de fundada.
El apóstol estaba encarcelado en Roma al escribir esta carta.
Todo lo dicho de Pablo, anteriormente, no fue una excusa para no ocuparte de su necesidad de crecer.
¿Para qué había sido alcanzado Pablo por Cristo y que por lo tanto nosotros también hemos sido alcanzado?
Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. (Rom 8:29 NBLA)
Tenemos que reconocer que aun hoy nuestras actitudes muestran rasgos de inmadurez
Aun hoy herimos a otros con palabras
Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. (Stg 3:2 RV1960)
Aun hoy juzgamos muy a la ligera a otros sin tener todos los elementos de juicio a manos.
"No juzguen para que no sean juzgados. "Porque con el juicio con que ustedes juzguen, serán juzgados; y con la medida con que midan, se les medirá.” (Mat 7:1-2 NBLA)
Aun hoy nuestras reacciones ante las cosas que no nos gustan siguen mostrando inmadurez. No somos tolerantes.
soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes.” (Colosenses 3:13, NBLA)
Aun hoy nuestros pensamientos albergan intensiones cuestionables desde el punto de vista bíblico y que muestran nuestra necesidad de madurar.
“Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias.” (Mateo 15:19, NBLA)
“La prueba de la madurez espiritual no es qué tan “puros” somos, sino qué tan conscientes estamos de nuestra impureza. Esta toma de conciencia abre la puerta a la Gracia de Dios.” Autor: Philip Yancey.
Ante todo esto que hemos visto, nuestro primer paso para poder crecer es el reconocimiento de que necesitamos estar conscientes de nuestras imperfecciones y debilidades, porque al igual que Pablo, no lo hemos alcanzado.
Esto nos lleva a nuestro segundo punto para crecer hacia la madurez.

PARA CRECER HACIA LA MADUREZ ESPIRITUAL DEBEMOS DE ABANDONAR AQUELLAS COSAS QUE PODRÍAN SER OBSTÁCULO PARA TU CRECIMIENTO HACIA LA MADUREZ (Ver v. 13b)

Pablo consideró todo su pasado: su currículum vitae, sus títulos, sus logros, su vida religiosa, su linaje, etc., como un obstáculo (pérdida) para alcanzar la madurez que solo en Cristo Jesús se logra.
(leer v. 3-10)
Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia (perseverancia) la carrera que tenemos por delante,” (Hebreos 12:1 NBLA)
Debes de determinar vencer el obstáculo que representa la falta de perdón a las ofensas.
Debes de determinar vencer el obstáculo que representa el no sobreponerte a tus frustraciones.
Debes de determinar vencer el obstáculo que representa las relaciones rotas.
Debes de determinar vencer el obstáculo que representa todo tipo de pecado.
Debes de determinar vencer el obstáculo que representa los ciclos en tu vida que te han marcado y que son una gran carga emocional y espiritual que te limitarán para avanzar a la madurez.
Para crecer debemos:
RENUNCIAR al derecho de quejarme.
RENUNCIAR al derecho de guardar rencor.
RENUNCIAR al derecho a enfadarme por cosas sin importancia.
RENUNCIAR al derecho de vengarme.
RENUNCIAR al deseo de mentir o de actuar como un hipócrita.
RENUNCIAR al derecho de buscar lo mío solamente.
RENUNCIAR al derecho de derrochar dinero o tiempo sin considerar que tengo que ponerlo al servicio de los demás.
RENUNCIAR al derecho de soltar la cruz y perseguir la comodidad y las apariencias.
RENUNCIAR al derecho de criticar y de juzgar a los otros.
RENUNCIAR al derecho de hablar cosas que no edifican.
“El primer llamado que experimenta todo cristiano es el llamado a abandonar lo que lo liga al mundo”. Autor: Dietrich Bonhoeffer.
Al entender que necesitamos despojarnos o vencer tantas cosas que arrastramos del pasado, para poder crecer en nuestra vida como creyentes hacia la madurez, también se hace necesario lo que el próximo punto plantea al respecto.

PARA CRECER HACIA LA MADUREZ ESPIRITUAL DEBEMOS DE ESTAR ENFOCADO EN EL LLAMADO A CRECER QUE JESUS ME HA HECHO (Ver v.13c - 14)

De la misma manera que Pablo, necesitamos una actitud enfocada en nuestro llamado a crecer en madurez porque es algo más allá de lo pasajero (supremo llamamiento)
“Pero todo lo que eran para mí ganancias, lo he estimado como pérdida a causa de CRISTO. Y ciertamente aun estimo todas las cosas como pérdida por la superioridad del conocimiento de CRISTO JESÚS, mi Señor, por el cual perdí todas las cosas, y las tengo por estiércol, para ganar a CRISTO,” (Filipenses 3:7–8, BTX IV).
Una persona enfocada en su crecimiento hace todo el esfuerzo necesario para alcanzar la madurez ya que esta será la evidencia de su semejanza a Cristo. Mientras más nos parecemos a Cristo, más maduros somos; mientras más crecemos en madurez, más semejantes a Cristo. Un verdadero cristiano no comprometerá su crecimiento en madurez por las cosas triviales de esta vida a las que el apóstol Pablo le llama “estiércol”.
Así como Pablo, Necesitamos una actitud enfocada en que nuestro llamado a crecer en madurez tendrá un premio que nos será concedido (al premio).
“Por tanto, no desechen su confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque ustedes tienen necesidad de paciencia (perseverancia), para que cuando hayan hecho la voluntad de Dios, obtengan la promesa. PORQUE DENTRO DE MUY POCO TIEMPO, EL QUE HA DE VENIR VENDRA Y NO TARDARA. MAS MI JUSTO VIVIRA POR LA FE; Y SI RETROCEDE, MI ALMA NO SE COMPLACERA EN EL. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma.” (Heb 10:35-39 NBLA)
Y sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que recompensa a los que Lo buscan. (Hebreos 11:6 NBLH)
Una persona enfocada en su crecimiento está confiado que este tiene beneficios incontables tanto en la vida presente como en la vida venidera.
Al igual que Pablo, Necesitamos una actitud enfocada en que nuestro llamado a crecer en madurez es “en Cristo Jesús” (llamamiento de Dios en Cristo Jesús).
“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.” (Hebreos 12:2 NBLA).
Una persona enfocada en su crecimiento sabe que solo se logra en Cristo, por Cristo y para Cristo.
“La meta más alta, el sublime fin, el sumo propósito de todo esfuerzo moral se encuentra en Dios.” Gerald Nyenhuis.

CONCLUSION Y APLICACIONES

Si queremos crecer hacia la madurez como creyentes:
Debemos reconocer que somos imperfectos y que aún no hemos crecido hasta donde se nos ha llamado. Esto debe de llevarnos hacia una insatisfacción que nos impulse a caminar hacia un crecimiento.
Debemos de abandonar todo aquello que pueda representar un obstáculo en nuestro camino hacia el crecimiento, así como los atletas se despojan de toda las ropas o vestimentas que no sean adecuadas para ejercer el deporte al que se dedica.
Debemos de enfocarnos en el llamado que Cristo nos ha hecho en este sentido y estimarlo como un valor innegociable en nuestras vidas.
En estos últimos año de mi vida como creyente:
¿Qué tanto siento que he crecido espiritualmente?
¿Es evidente para los demás mi crecimiento?
Aplicando lo que Pablo dejó en 1 Corintio 13:11:
Mi forma de pensar, ¿se asemeja más a la de un niño o a la de una persona madura?
Mi forma de hablar, ¿se asemeja más a la de un niño o a la de una persona madura?
Mi forma de juzgar, ¿se asemeja más a la de un niño o a la de una persona madura?
Oremos a Dios para que nos ayude a reconocer nuestro estado y necesidad de crecer y que dejemos de lados todos los obstáculos que nos impiden madurar para vivir enfocado en este llamado que Cristo nos ha hecho.
[i] https://dle.rae.es/madurez
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