Declaración de amor
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· 73 viewsDios pronuncia su amor, sanando así nuestra vida y nuestro corazón
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Uno de los aspectos importantes en nuestro proceso de nuestro crecimiento como personas tiene que ver con la definición de nuestra identidad. En algún momento, tal vez cerca de nuestra adolescencia, empezamos a preguntarnos quienes somos, y a partir de allí vamos delineando nuestras características personales alrededor de quienes decidimos ser.
Por eso, puede ser oportuno volver a preguntarnos:
¿Quién soy?
Sí, ¿quién eres?
¿Qué determina que seas quien eres ¿Es algo que tiene que ver con tu familia, tu educación, tus orígenes, las actividades a las que te has dedicado y el estilo de vida que has escogido?
Sí, eso y mucho más.
Pero todo adquiere otro perfil cuando nos asomamos al espejo de la Palabra de Dios y nos dejamos alcanzar por lo que Él tiene para decir acerca de nosotros. Definitivamente, Dios sabe de nosotros más que nosotros mismos, y Él tiene mucho que decir al respecto.
Consideremos seriamente estas palabras, provenientes de la propia boca de Dios y dirigidas a nosotros, sus hijos, su pueblo.
1 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. 2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. 3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. 4 Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. 5 No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. 6 Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, 7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
1 Pero ahora, así dice el Señor,
el que te creó, Jacob,
el que te formó, Israel:
«No temas, que yo te he redimido;
te he llamado por tu nombre; tú eres mío.
2 Cuando cruces las aguas,
yo estaré contigo;
cuando cruces los ríos,
no te cubrirán sus aguas;
cuando camines por el fuego,
no te quemarás ni te abrasarán las llamas.
3 Yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu salvador;
yo he entregado a Egipto como precio por tu rescate,
a Cus y a Seba en tu lugar.
4 A cambio de ti entregaré hombres;
¡a cambio de tu vida entregaré pueblos!
Porque te amo y eres ante mis ojos
precioso y digno de honra.
5 No temas, porque yo estoy contigo;
desde el oriente traeré a tu descendencia,
desde el occidente te reuniré.
6 Al norte le diré: “¡Entrégalos!”
y al sur: “¡No los retengas!
Trae a mis hijos desde lejos
y a mis hijas desde los confines de la tierra.
7 Trae a todo el que sea llamado por mi nombre,
al que yo he creado para mi gloria,
al que yo hice y formé.” »
1 Pero ahora, oh Jacob, escucha al Señor, quien te creó.
Oh Israel, el que te formó dice:
«No tengas miedo, porque he pagado tu rescate;
te he llamado por tu nombre; eres mío.
2 Cuando pases por aguas profundas,
yo estaré contigo.
Cuando pases por ríos de dificultad,
no te ahogarás.
Cuando pases por el fuego de la opresión,
no te quemarás;
las llamas no te consumirán.
3 Pues yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu Salvador.
Yo di a Egipto como rescate por tu libertad;
en tu lugar di a Etiopía y a Seba.
4 Entregué a otros a cambio de ti.
Cambié la vida de ellos por la tuya,
porque eres muy precioso para mí.
Recibes honra, y yo te amo.
5 »No tengas miedo, porque yo estoy contigo.
Te reuniré a ti y a tus hijos del oriente y del occidente.
6 Les diré al norte y al sur:
“Traigan a mis hijos e hijas de regreso a Israel
desde los rincones más lejanos de la tierra.
7 Traigan a todo el que me reconoce como su Dios,
porque yo los he creado para mi gloria.
Fui yo quien los formé”».
1 Mas ahora, así dice el Señor tu Creador, oh Jacob,
Y el que te formó, oh Israel:
«No temas, porque Yo te he redimido,
Te he llamado por tu nombre; Mío eres tú.
2 »Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo,
Y si por los ríos, no te cubrirán.
Cuando pases por el fuego, no te quemarás,
Ni la llama te abrasará.
3 »Porque Yo soy el Señor tu Dios,
El Santo de Israel, tu Salvador;
He dado a Egipto por tu rescate,
A Cus y a Seba en lugar tuyo.
4 »Ya que eres precioso a Mis ojos,
Digno de honra, y Yo te amo,
Entregaré a otros hombres en lugar tuyo,
Y a otros pueblos por tu vida.
5 »No temas, porque Yo estoy contigo;
Del oriente traeré tu descendencia,
Y del occidente te reuniré.
6 »Diré al norte: “Entrégalos”;
Y al sur: “No los retengas”.
Trae a Mis hijos desde lejos
Y a Mis hijas desde los confines de la tierra,
7 A todo el que es llamado por Mi nombre
Y a quien he creado para Mi gloria,
A quien he formado y a quien he hecho».
Dios nos va a hablar, pero primero, como una manera de expresar su autoridad y el peso de sus palabras, afirma quién es Él con respecto a nosotros.
1 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.
Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y formador tuyo, oh Israel:...
El hecho de considerar que Dios nos va a hablar directamente ya tiene un impacto poderoso sobre nosotros. Es algo tremendo escuchar lo que Dios tenga para decirnos.
Pero aquí Dios se va a dirigir a su pueblo, al que llama Jacob e Israel. ¿Son estas palabras dirigidas a nosotros también?
Cuando Dios, por medio de su profeta, le dirigió estas palabras a su pueblo, Jacob Israel, a quien Dios hace referencia, había fallecido mucho tiempo antes. Dios está convocando y haciendo referencia a su pueblo, los descendientes de Jacob (y de Abraham), más por la fe que por la sangre, lo cual nos incluye a los discípulos de Jesús hasta el día de hoy.
¿Eres tú Jacob, Israel, la persona a la que Dios se dirige con estas palabras? Eso depende de si tú has llegado a ser parte de la familia de Dios, de su pueblo, creyendo en su Hijo como tu Salvador y el Señor de tu vida.
¿Es Jesús tu Salvador?
¿Permites que Jesús decida sobre ti, que te diga lo que tienes que hacer y cómo tienes que vivir?
Si tu respuesta es “Sí”, Dios te está hablando directamente con estas palabras. Si tu respuesta fueras no, te animo de todo corazón a que clames a Jesús, que lo busques con todo tu corazón para que sea tu Salvador.
Pero, ¿qué le dice Dios a su Israel, a sus hijos, a la comunidad de los que se comprometen y relacionan con Él?
Se presenta de una manera muy personal y especial:
Creador tuyo
Formador tuyo
Seguramente puedes reconocer que es muy diferente que algo (o alguien) sea tuyo o que no lo sea. Cuando alguien es “tuyo” es porque hay un vínculo muy especial entre tú y esa persona.
Pero, ¿no es Dios el Formador y Creador de todos, y de todo lo que existe? Sí que lo es. Pero aquí Dios está haciendo una distinción muy especial, trazando una conexión muy poderosa con aquellos que caminan con Él, que son su pueblo. Ese es tal vez el mensaje más directo y poderoso que hay aquí.
Si bien Dios creó todo y a todos, ha tomado la iniciativa de presentarse con una relación especial y distintiva con “los suyos”, su pueblo, los que caminan con Él.
Él no es solamente Dios para mí, es mi Dios, y eso hace toda la diferencia.
Observa como el propio Dios reafirma este concepto y este sentir en estas palabras.
Primero nos dirige uno de sus siempre tan oportunos...
...No temas...
Dicen los estudiosos de la Biblia que esta frase se encuentra 365 ocasiones en ella, y podemos asumir que hay un “No temas” para cada día del año. Dios quiere acercarse a ti y transmitírtelo hoy, que su “No temas” llegue a tu corazón ahora, hoy mismo.
No sé cómo te sentirás tú al escuchar o recibir este “No temas” del Señor. En mí produce un efecto poderosísimo al transmitirme seguridad y paz. Cuando escucho a mi Señor decirme que no tema, todo el descontrol en mi vida encuentra equilibrio, porque sin que me diga mucho más ya entiendo que Él tiene todo el control, que Él está cuidando de mí, que puedo confiar en Él.
Ahora, observa las tres declaraciones con las que acompaña este “No temas”:
...yo te redimí...
Esta es la frase que habla del pago de un precio, el pago de un rescate por nosotros. Dios le dijo esto a su pueblo alrededor de ochocientos años antes de que Jesús naciera, y sin embargo el poder y la verdad de lo que haría por medio de Él está completamente presente en este anuncio. Con toda la razón, sabemos que Jesús es nuestro Redentor, Aquel en quien se concreta esta afirmación de Dios hacia nosotros. Dios quiere que sepamos que Él ha estado dispuesto a pagar un alto precio por nosotros. No fuimos rescatados por un precio mediocre como el de cosas que se pueden destruir o terminar, sino que se pagó por nosotros con la sangre del Hijo de Dios, Aquel en quien no hay ningún defecto, pecado ni error (1 Pedro 1:17-21).
17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación;18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.
Tu Redentor te llama y te lo recuerda, te dice sin ambigüedades: Yo te redimí, yo pagué el precio por ti, yo te rescaté del desastre eterno, yo te libré de la condenación y el sufrimiento.
...te puse nombre...
Sí, Dios sabe que tu papá y tu mamá te pusieron el nombre por el que se te conoce hasta el día de hoy. Pero Dios quiere que tú sepas que aún antes que ellos te conocieran, aún antes que ellos reconocieran en ti una identidad, Él ya te conocía. El interés de Dios por sus hijos es algo tremendamente real y poderoso, que nos afecta hasta lo más profundo. Dios quiere que sepas que no hay nada que no le importe de ti. Él no se ha limitado a “conocer tu nombre”, lo cual ya sería bastante impactante (siendo que estamos tratando con el Todopoderoso, el Creador de todo lo que existe, el Dueño del universo). Dios no solamente sabe cómo te llamas, sino que Él te puso ese nombre (y hasta tiene un nuevo nombre para ti en la eternidad).
...mío eres tú.
Algunas personas te han llamado así en esta vida: tal vez tu mamá o papá, tu esposo o esposa, tus hijos. Siempre se siente especial cuando alguien te dice “Eres mío/a”. Pero, ¿que el eterno Dios te lo diga? ¡Reacciona! ¡Dios te está llamando suyo! ¡Dios está reclamando posesión de ti! ¿Cómo te hace sentir eso? Creo que no hay expresión capaz de describir el poder sanador de estas palabras de parte de Dios. Tú no eres una persona ajena, un extraño, alguien a la distancia, un número más en la estadística, una coincidencia del destino. Dios te mira, te reconoce, se dirige a ti y anuncia con orgullo que le perteneces. Eso es lo que hace Dios por nosotros en Cristo Jesús, y con eso nos cambia toda la existencia. No, no todos son de Dios. No, no todas las personas le pertenecen, aunque hayamos sido todos creados por Él. La mayoría lo ignora, le da la espalda, lo trata con indiferencia o se le opone directamente. Pero hay un selecto grupo, al que llamamos “pueblo de Dios” o “iglesia de Jesucristo” que le pertenecemos al Padre. Deja que esta frase produzca su efecto sanador y restaurador en tu vida. No es que merezcas ser lo que Él dice que eres. Dios te ha hecho suyo al entregar su Hijo para salvarte, y esa pertenencia se concretó cuando creíste en Jesús. Sí, Dios está hablando de ti. Déjalo que te sane, que trate contigo, que te mime, que te renueve.
¿No es algo impresionante?
Ni tú ni yo somos accidentes del destino, y tampoco estamos librados a alguna posible serie de coincidencias que podrían producirse en el futuro y que determinarían el desarrollo de los acontecimientos y nuestro detino eterno. Somos de Dios, fuimos comprados por Él, y Él se enorgullece de tratar con nosotros.
Dios te está llamando. Respóndele, acércate, déjate abrazar por su amor inquebrantable.
2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.
¿Quién sabe lo que va a suceder el día de mañana? ¡Nadie!
Podemos consultar pronósticos, podemos hacer planes, podemos imaginar, pero la experiencia nos ha enseñado que todo puede cambiar en un momento, que un evento natural, una llamada telefónica, una circunstancia inesperada lo pueden cambiar todo al instante. ¿Y lo planeado? Simplemente olvídalo.
Pero los que hemos creído en Jesús caminamos por la vida tomados de la mano de Dios, relacionándonos con Él, dejando que Él nos dirija e influya en cada cosa que vivimos.
Y Dios sí sabe lo que va a suceder.
Dios conoce lo que vas a vivir dentro de media hora, y mañana, y la semana próxima.
No solamente conoce lo que va a pasar, sino que tiene el control, tiene planes y está obrando, en nosotros, a nuestro alrededor y en todas nuestras circunstancias.
¿Qué puede ocurrir en nuestras vidas?
aguas
ríos
fuego
llama
Eso y mucho más.
Cada uno de nosotros enfrenta y puede enfrentar luchas, obstáculos, problemas, dificultades. Llámales como quieras, pero es posible que enfrentemos situaciones adversas de diferente tipo, ya sean enfermedades, probemas económicos o relacionales, demoras, ataques y más.
Pero Dios puede asegurar lo que nadie más puede. Él es la fuente de nuestra seguridad, ahora y por la eternidad.
...las aguas...
Algunos de nuestros problemas pueden compararse a “aguas” en nuestra travesía, un obstáculo o un problema. No son literalmente “aguas” sino dificultades. ¿Cuáles son las “aguas” que estás enfrentando ahora? ¿Reconoces esos problemas? Dios quiere hablar de ellos contigo, que trates personalmente esas circunstancias con Él.
...yo estaré contigo...
Esta frase lo cambia todo. Es el anuncio del poder de su presencia. La vida no se trata de lo que tengas que enfrentar sino de quién va contigo (o con quién vas). Todos sabemos que no es lo mismo enfrentar las diferentes situaciones de la vida por nuestra cuenta, solos, que hacerlo con la presencia de alguien más que nos transmite tranquilidad y aliento. Pero si esa persona es Aquel que tiene toda la autoridad y el dominio, si es el que dirige nuestra vida conforme a su voluntad y tiene la capacidad de obrar para que todo redunde en nuestro bienestar (aún los peores momentos o las situaciones más desagradables que podamos enfrentar; Romanos 8:28) todo cambia radicalmente.
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
¿Puedes reconocer la presencia de Dios contigo? Detente en este mismo momento y pregunta: “Señor, ¿de verdad estás conmigo? ¿Estás conmigo para acompañarme a través de los momentos difíciles que me toca enfrentar? ¿Vas a estar conmigo cuando vuelva a casa?”. Su presencia hace toda la diferencia. Jesús prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20)
20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
, y Dios mismo aseguró su presencia con los suyos en diferentes momentos (Isaías 41:10).
10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Asegúrate de su presencia contigo, refúgiate en Él, experiméntale, sea lo que sea que tengas que vivir.
...los ríos...
A veces vamos a tener que enfrentar problemas más duros, más grandes. No es lo mismo una deuda de $50 que una de $10,000. No es lo mismo un resfrío que un cáncer. Dios conoce, no solamente las aguas sino también los ríos que enfrentamos. No pienses que Dios está mirando para otra parte, o que te está ignorando. Dios lo sabe, lo anticipó y sabe exactamente lo que está haciendo en tu vida.
...no te anegarán.
Si bien las aguas podrían mojarnos, hay amenazas de nuestra vida que podrían tener la capacidad de ahogarnos. Sí, el paquete completo, con muerte incluída. Pero Dios, quien ha prometido estar con nosotros, que tiene todo el poder, toda la sabiduría y todos los recursos, tiene también la capacidad para sacarnos adelante en medio de las situaciones más difíciles que puedan existir. Los israelitas podrían haber muerto a orillas del Mar Rojo, pero aquel río (mar) no los anegó. De la misma manera, es posible que puedas reconocer que ya has sobrevivido a la inundación, pero Dios estuvo contigo para sostenerte y sacarte a flote. Solamente Dios puede mirar a tus circunstancias y decir con toda autoridad que lo que te está pasando no va a poder contigo, que no te va a derrotar, que no vas a terminar aplastado por los problemas. Escúchalo a Dios, saborea estas palabras: “...no te anegarán”. Por difícil que sea, por peligroso que sea, por triste que sea la situación, Dios tiene la manera de mantenerte a flote.
...el fuego...
Esta figura bien puede representar nuestros peores momentos. ¿Has pasado por el fuego? ¿Estás pasando por el fuego? Sí, quema, duele, arde, consume, destroza… ¿Puede haber esperanza después del fuego? En nuestra experiencia sabemos que el fuego puede consumirlo todo y dejarlo reducido a cenizas. A no ser que… ¡A no ser que Dios esté presente y lo cambie todo! ¿Recuerdas aquella historia de los tres jóvenes que no estuvieron dispuestos a inclinarse a ninguna estatua o dios que no fuera el único Dios verdadero? Por su audacia y persistencia terminaron siendo arrojados al horno de fuego (Daniel 3), donde todo hubiera sido el final. Sin embargo, Dios hizo con ellos lo que dice que hace con cada uno de nosotros en este pasaje: su presencia cambió toda la situación y su resultado, y el fuego no los consumió. Al contrario, el tiempo que pasaron en el horno resultó ser un tiempo de comunión con su Salvador. ¿Cuál es tu fuego? ¿Qué es lo que hoy amenaza con consumirte, con destruirte, con hacer pedazos tu corazón, con arruinar todo lo bueno que conoces? Dios está acercándose a ti para tratar contigo tu propio horno de fuego. Porque Él no te ha abandonado.
...no te quemarás, ni la llama arderá en ti.
Dios sabe lo que estás pasando, y lo que pasarás, y lo que Él hará en tu vida. Deja que Dios hable de tu futuro, que anuncie lo que vendrá, que afirme la victoria que despliega ante tus ojos cuando te enfrentas con tus peores desafíos. Lo que todos consideran imposible, que ni siquiera imaginan, Dios lo puede hacer. Y lo hace. El que se ha tomado de la mano del Salvador, el Hijo de Dios, camina de la mano de Dios aún en medio del fuego, y ni siquiera el fuego, que se muestra tan poderoso, tan destructor, tan definitivo, puede siquiera tocar a aquellos que depositan su confianza en el que nos ama y entregó a Jesús por nosotros.
Percibe la manera en que Dios trata con nuestros temores, se enfrenta a todo lo que nos amenaza o nos podría hacer caer. ¡Él puede más que todo! ¡Mayor es el que está en nosotros (1 Juan 4:4)!
4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.
3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.
Los que nos hemos encontrado con Jesús y le hemos recibido como nuestro Salvador no contamos con un “salvador” de segunda mano. Jesús es nuestro Salvador de verdad, el que se levantó (y se levanta) contra nuestros peores enemigos y los derrota.
Pero considera estas palabras de Dios. Suena como que las pronuncia con orgullo, con autoridad, con potencia. Se está presentando, para que tú lo sepas y para que lo escuche cualquiera que se quiera oponer.
En la Palabra, cuando Dios antepone su firma, “yo Jehová”, implica la manifestación de su gloria, el brillo de su esplendor, ese que pone en fuga a todo lo que se quiera oponer.
Aquí Dios se muestra, poniéndose entre nosotros y nuestros enemigos, entre nosotros y la calamidad, el dolor o la tristeza.
¿Con quién tratas tú? Los que creemos en Jesús tratamos con Él, con Jehová, el único Dios verdadero, con quien nada ni nadie puede compararse.
Pero escúchalo hablar de Él mismo y su relación contigo:
Yo Jehová
No es otro ni hay otro. Es el único Dios eterno. No es un substituto ni una falsificación. Es el Poderoso, el que todo lo sabe, aquel para quien nada es imposible.
Dios tuyo
Otra vez, Dios no es solo Dios. Es el Dios tuyo. No es el Dios de todos, sino de aquellos que creen en Jesús, le han recibido como Señor y Salvador y viven cada uno de sus días con Él y por Él. Dios se ha identificado con los que hemos aceptado sin dudar la revelación de que Jesús es el Hijo de Dios. Y por eso, el nombre profético del Hijo es Emanuel, “Dios con nosotros” (Mateo 1:23).
23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel,
que traducido es: Dios con nosotros.
Dios mío, eres tan fiel y misericordioso, tan bueno conmigo que no te avergüenzas de llamarte mi Dios… ¡Mi alma te adora!
El Santo de Israel
Que a nadie le queden dudas de su identidad. Dios se presenta enfáticamente con todas sus credenciales. Lo puedes cantar, como en Isaías 12:6
6 Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.
, o anunciar, como en Salmos 89:18.
18 Porque Jehová es nuestro escudo,
Y nuestro rey es el Santo de Israel.
En la antigüedad, los que se oponían al pueblo de Dios se las tenían que ver con Él (2 Reyes 19:22).
22 ¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿y contra quién has alzado la voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel.
Es Él, el mismo que hoy ha venido a volver a declararte su amor y fidelidad, porque sus promesas no cambian y su verdad es eterna.
Tu Salvador
No es “un salvador”, ni “el salvador de todos”. Eso quisiera, pero no todos reciben o aceptan su salvación. No todos se han querido comprometer con Él reconociendo su mal proceder. Pero cuando mira a aquellos que sí han encontrado en Jesús la razón de su existir, no duda en presentarse como su Salvador. Dios puede decir, a pesar de nuestros pecados, nuestros errores, nuestros tropezones y caídas, que es nuestro Salvador, y no le tiembla la voz. No solamente se presenta así sino que también anuncia que lo es por haber pagado un alto precio por nosotros. Sí, aquí afirma haber entregado ese precio a naciones. En realidad no importa “a quién le pagó” (se está refiriendo al sistema del mundo que nos tenía cautivos cuando estábamos sin Cristo), sino el hecho de que Él pagó por nosotros el rescate y ahora somos enteramente suyos, sin excepciones.
4 Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.
Algunas veces Dios va a hablar tan profundo a nuestras vidas que nos va a desarmar, va a cambiarlo todo, nos va a decir lo que tanto necesitamos...
En realidad, los cristianos tenemos acceso a la más preciosa y valiosa revelación de Dios. Su Palabra nos llega cada día, y se nos ha dado a conocer en la persona de Jesús.
Dios no ha querido que nos quedemos ignorantes en cuanto a su persona, sus obras, sus planes, y por eso se revela a nosotros cada día.
Pero no solo quiere que sepamos de Él, sino que también nos revela acerca de nosotros mismos, en especial nosotros mismos en relación con Él.
Dios quiere que sepas lo que vales para Él.
¿Cuánto vales tú?
A veces podemos caer en el error de evaluarnos con respecto a lo que tenemos, de acuerdo a la posición que ocupamos en el trabajo, o de acuerdo a como nos estiman los demás. Ese no es el camino para determinar nuestro valor.
Hoy has llegado a la fuente, al punto donde conocerás tu verdadero valor, porque te has puesto ante la mirada de Dios.
¿Cuánto valemos?
...a mis ojos fuiste de gran estima...
¿Quién te ha dicho antes que eres lo máximo para él o ella? ¡Sí que se siente bien que alguien te diga eso!
¿No es maravilloso saber que existe alguien que nos quiere tener para siempre en sus vidas?
A veces, por diferentes circunstancias terminamos heridos cuando notamos que en realidad no hemos sido tan importantes, incluso para aquellos que en algún momento nos aseguraron considerarnos de mucho valor.
Pero en este caso, al exponernos ante la valoración de Dios, tenemos el testimonio que ha pasado de las palabras a los hechos eternos con los que el Padre nos ha demostrado cuánto valemos para Él. Valemos tanto para Dios que no dudó al entregar a su único Hijo para pagar por nuestro rescate, de manera que fuéramos suyos y pudiéramos pasar la eternidad con Él. Olvídate de la opinión de otros. Deja a un lado lo que otros hayan demostrado o no. Aférrate a la declaración de amor de Dios, quien te dice que para Él vales mucho.
Fuiste honorable
¿Honorable? ¿Yo? ¡Honorable es mi Señor! ¡Tú eres digno de toda honra, mi Salvador!
Pero escúchalo a Dios. Te está declarando su amor. Está diciéndote cuánto le importas, cuánto vales para Él.
Para Dios eres honorable.
¿Podríamos dudar de la intervención de Dios y su interés por nuestros detalles luego de leer esto? ¡De ninguna manera!
¿Sabes? Nunca nadie me dijo que soy honorable. Bueno, nadie más que Dios.
¿Qué vio Dios en nosotros? Vio nuestra fe. Lo vio a Jesús. Vio el fruto de su obra. Vio un valor que no muchos ven.
¿Cómo te sientes al escuchar que para Dios eres honorable? ¡Déjate sanar por la valoración de Dios!
Yo te amé
Recibe estas palabras personalmente. Dios no está lanzando su declaración de amor al aire, sino que la quiere dirigir a tu corazón y renovar tu alma. Es lo que Dios te quiere decir, lo mismo que nos expresó en Juan 3:16. Es lo que nos expresó en la cruz, mientras Jesús entregaba su vida, mientras el Padre observaba a su Hijo entregando su último aliento para que tú y yo recibiéramos su gracia.
Allí donde estás, Dios te ama. No es un eslogan, una frase arrojada al viento. Es tu realidad y la mía.
Como resultado de esto que Dios siente por nosotros, ha pagado el precio.
Ya fueran hombres o naciones, Dios estuvo dispuesto a pagar.
Que no te queden dudas de que a Dios le importas, que te ama, que te valora, que quiere lo mejor para ti y está desarrollando sus planes para ti.
5 No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. 6 Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, 7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
Una vez más, No temas.
A lo largo de la vida pueden surgir cientos de oportunidades para dejarnos guiar por el temor. Podemos llenarnos de pánico, y todos sabemos que el pánico nos puede conducir a tomar decisiones equivocadas.
¿Por qué no hay que temer?
Por la presencia de Dios.
Escúchalo, una vez más a Dios:
…porque yo estoy contigo...
¿Puedes contar con esta seguridad? ¿Le crees a Dios cuando te dice que está contigo?
Cuando llega la noche, Dios está contigo.
Cuando vas a trabajar, Dios está contigo.
Cuando no hay trabajo, Dios está contigo.
Cuando enfrentas la enfermedad, la soledad, la dificultad o la tristeza, Dios está contigo.
No solamente Dios está contigo, sino que aquí anuncia que dondequiera que estés Él va a alcanzarte, va a mandarte buscar, para que estés con Él.
Me asombra la consistencia de la Palabra de Dios. Esto mismo nos lo dice el propio Señor Jesús cuando anunca que va a preparar lugar para nosotros, para que estemos con Él, donde Él está.
Eres un hijo, una hija de Dios.
Eres llamado por el nombre de Dios.
Fuiste creado para la gloria de Dios, y el propio Dios se precia de ser tu Creador, que te hizo para sí mismo.
Que estas palabras y esta valoración de Dios renueven tu vida y sanen hasta lo más profundo de tu corazón.
Vuelve a considerar estas palabras mientras consideras su obra en la cruz del Calvario. Nuestro Jesús se expuso a la burla, el maltrato, la tortura y la muerte, para alcanzarnos con su amor y su gracia.
Esto lo tendría que cambiar todo.
¿Seguirías viviendo para ti mismo, para tus sueños, tus anhelos, tus intenciones, tus proyectos, o vas a vivir para Aquel que lo entregó todo por ti? Solo Él sabe lo que más te conviene.
Ven y conságrate a Él, refúgiate en su amor, déjate renovar en su gracia.
La obra perfecta de Dios renueve todo tu ser.
