Tema: Abraham, un hombre de oración.

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Tema: ABRAHAM: Un Hombre de Oración
Texto: Génesis 18.16-33
Propósito general: Consagración
Propósito específico: Aprender a través del ejemplo de la vida de Abraham, que como hijos de Dios debemos dar importancia a orar y así comunicarnos con Dios.
Bosquejo:
Oramos porque Dios toma la iniciativa - (v.16 – 18)
Oramos porque hay una necesidad de arrepentimiento en la vida del hombre – (v.20 – 21)
Oramos porque necesitamos expresar a Dios lo que hay en nuestro interior – (v.22 – 23)
Oramos porque necesitamos buscar la justicia de Dios – (v.23 – 32)
Oramos porque Dios responde a su voluntad – (v.33)
Oración de transición: Este pasaje de las Escrituras nos enseña la importancia de tener una comunicación cercana y personal con Dios a través de la oración y los beneficios que trae orar y platicar con él.
Introducción:
La oración es una práctica normal y esperada de todos los cristianos. Se trata de uno de los matices más importantes de nuestra espiritualidad como creyentes.
Pero ¿sabemos orar según la voluntad de Dios?
Abraham se nos presenta aquí como un hombre de oración y de intercesión.
Este pasaje de su vida nos enseña mucho sobre qué debemos creer acerca de la oración y, por supuesto, sobre cómo orar según la voluntad de Dios.
Hay algunos elementos en esta historia que nos llaman la atención sobre la oración.
Desarrollo:
Oramos porque Dios toma la iniciativa. (v.16 – 18)
No somos nosotros los que tomamos la iniciativa de orar y de buscar a Dios, como si fuera algo natural en nosotros mismos.
Más bien, lo que torna la oración una actitud de espiritualidad es que se genera en Dios y no en nosotros.
Ej.: Dios busca a Adán, Dios busca a Noé, Dios busca a Moisés…
En el texto vemos como Dios inició la intención de hablar con Abraham interceder a favor de Sodoma: (18.16-18).
Con estas palabras el texto nos enseña como Dios le hace saber algo a Abraham para que, entonces, este se sienta responsable ante Dios para orar e interceder.
La promesa (Génesis 12.3) se repite aquí como una forma de mover a Abraham a la oración, es responsable por interceder y ser de bendición para las naciones.
Tenía que orar porque esa era la voluntad y la iniciativa de Dios en su vida.
Leyendo también el 18.33 que no ha sido Abraham el que terminó de orar, sino más bien, que “el Señor terminó de hablar con Abraham”. Incluso la iniciativa de terminar la oración fue de Dios.
Juntando estas informaciones podemos concluir que la espiritualidad de la oración, y su eficacia, no reside en que tengamos una fe especial o algún don sobrenatural, sino que reside en que orar es la decisión y la iniciativa de Dios para su pueblo elegido. Oramos porque Dios toma la iniciativa y nos lleva a orar.
Oramos porque hay una necesidad de arrepentimiento en la vida del hombre. (18.20-21).
Ej.: Personas condenadas a muerte.
Dios le hizo saber a Abraham la necesidad de arrepentimiento que había entre las personas de Sodoma y Gomorra.
Dios le presentó la situación tal como era ante sus ojos, no como le pareciera ser a Abraham o a cualquiera de nosotros…
Para Dios el pecado de aquellas personas era ya insoportable y gravísimo, y estaba decidido a juzgar con severidad a esta gente.
Ej.: El juicio de Dios es inevitable… cómo nos presentemos al juicio… es decisión nuestra…
La oración existe y cobra sentido porque hay un desequilibro entre las acciones de los hombres y la justicia de Dios. La injusticia humana, sea la que fuere, siempre hiere la voluntad de Dios, lo que resulta en un clamor insoportable y gravísimo ante Dios.
Oramos porque necesitamos expresar a Dios lo que hay en nuestro interior (18.22-23)
Ver Lucas 18.1 - 8
Lucas 18:1–8 RVR60
1 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, 2 diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. 3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. 4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, 5 sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. 6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. 7 ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? 8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
Posiblemente el texto diga “el Señor se quedó en pie frente a Abraham”. Lo importante es notar que había por parte de Dios una expectativa (si es que podemos usar esta palabra) en cuanto a la actitud de oración de Abraham.
Estaban de frente uno al otro, se miraban y Abraham entonces le dijo…
Así que uno de los elementos de la oración es que oramos porque esa es la voluntad de Dios para sus siervos, es lo que Dios espera de todos nosotros.
Oramos porque necesitamos buscar la justicia de Dios. (18.23-32).
¿Los buenos pagan por los malos? Eso es lo que normalmente pasa cuando nos guiamos por las leyes y tradiciones humanas, pero ¿es así con la justicia de Dios?
La oración asume un carácter único, vinculado a la promesa de ser bendición para todas las naciones del mundo (una misión que ahora nos toca vivir y cumplir – Mt 28.18-20).
En su intercesión por los habitantes de Sodoma y Gomorra, Abraham fue descendiendo de 50 hasta llegar a los 10 posibles justos que justificarían que las ciudades no fueran destruidas por su pecado.
Abraham conocía a su Dios, por eso podía razonar con él en base a su palabra y justicia reveladas: (Ver 18.25).
Siempre que oramos e intercedemos lo debemos hacer en base a quien es Dios, no a lo que queremos nosotros, o que creemos ser lo mejor para nosotros.
Es preciso que nuestra vida de oración asuma un perfil de ministerio, o sea, no podemos simplemente orar; más bien, debemos ejercer un ministerio serio de oración y de intercesión fundamentado en quien es Dios y en su obra de justificación en Cristo. Hacer de la oración un hábito.
Pero el razonamiento en la oración también lleva en cuenta lo que somos ante Dios:
Génesis 18:27 NBLA
27 Y Abraham respondió: «Ahora que me he atrevido a hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza.
Si oramos en base a quien Dios es, también debemos orar en base a lo que somos ante él. Abraham se reconoce pequeño e insignificante ante la grandeza de Dios.
Si somos tan pequeños:
¿Por qué creemos que sabemos lo que es mejor para nosotros y para los demás?
¿Por qué insistimos en que Dios cumpla nuestros deseos personales y no su voluntad eterna?
La oración parte de personas pequeñas que se reconocen humildemente como dependientes de Dios y como sus siervos. Ese sentimiento y reconocimiento deben ser claros en nuestras vidas para que podamos orar como conviene reflejando la voluntad y la justicia de Dios, a semejanza del publicano que no ora como si fuera el dueño de Dios
Lucas 18:9–14 RVR60
9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
En su oración y razonamiento con Dios, por varias veces nos dice el texto que Abraham insistió (18.29,30,31). La insistencia de Abraham era fruto de su conocimiento de Dios y no de sus ganas de realizar sus sueños de consumo.
Insistía dentro de la voluntad de Dios, pues sabía que Dios prefiere la vida a muerte, la salvación a perdición, el perdón a venganza.
Insistía en lo que sabía ser la obra redentora de Dios en el mundo.
Insistía porque su misión era la de interceder por las vidas de los seres humanos.
La correcta insistencia es fruto de una espiritualidad que conoce a Dios y se relaciona pacientemente con su acción redentora en el mundo.
Oramos porque Dios responde a su voluntad. (v.33)
¿Cómo respondió Dios a esta petición e intercesión de Abraham?
De cierta manera puede parecer que Dios no atendió la oración de Abraham, pues destruyo a las dos ciudades ya que no encontró en ellas al menos diez justos.
Pero si seguimos la lectura del próximo capítulo, encontramos indicios fuertes de la respuesta divina a la oración de Abraham.
En primer lugar, los dos ángeles confirmaron la decadencia en que vivían los moradores de la ciudad.
Luego, encontraran a un solo justo, Lot, y se apresuraron a sacarle de la ciudad con toda su familia para que no fueran alcanzados por el juicio de Dios (19.12-17).
Al final solo sobrevivieron Lot y sus dos hijas, pero la afirmación del verso 16 le da sentido a su salvación: “porque el Señor tuvo compasión de ellos”.
El verso 19.29 amplia la idea diciendo que el Señor salvó a Lot porque se acordó de Abraham a quien había dado la promesa.
Al no haber diez justos para preservar a las ciudades, Dios preservó al único justo de la condenación de los demás por sus graves pecados.
Dios respondió a las peticiones de Abraham de una forma que no la podía imaginar, pero que estaba conforme su razonamiento con Dios: ¡el justo no ha pagado por los malvados!
¿Qué podemos llevar a la práctica?
Que la oración debe ser un hábito en nuestras vidas.
Que oramos porque sabemos y confiamos en que Dios siempre responde a las oraciones de su pueblo.
Podemos aprender que oramos porque Dios es el que toma la iniciativa.
Que debemos orar porque una vida comprometida con la oración es lo que Dios espera de sus siervos
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