Renacidos para heredar
Notes
Transcript
¿Qué es lo que Dios ha hecho en nosotros cuando creímos en Jesús?
¿Qué cambios se han producido?
¿Para qué Dios nos ha cambiado y nos está cambiando?
¿Qué tenemos que hacer nosotros ahora, en coherencia con la obra de Dios en nuestras vidas?
1 Pedro 1:3–9 (RVR60)
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.
Es la intención de Pedro hablar justamente de quienes somos en Cristo y lo que él ha hecho y hace en nuestras vidas.
Pedro exalta a nuestro buen Dios y Señor. ¿Por qué? "Por su gran misericordia". Dios te tuvo misericordia. La misericordia de Dios es su inmenso amor en acción, que cuando vio nuestra condición y nuestro destino intervino para que no fuera así. Dios en su misericordia, y por medio de nuestra fe en Jesús, nos hizo nacer de nuevo. Eso fue de lo que el propio Jesús le habló a Nicodemo (Juan 3:5). A ese concepto Pedro le agrega que la resurrección de Jesús también fue importante para eso. Es como sí así como Jesús se levantó de la tumba, nosotros también nos levantamos - con él - de nuestra tumba espiritual, para la nueva vida en él.
Nuestra vida no tenía rumbo ni un destino cierto. Ahora, en esta nueva vida, tenemos una esperanza viva. Nuestra vida cuenta, nuestra vida trasciende las fronteras de la muerte. Jamás podremos caer en la total desesperanza, porque siempre tendremos un mañana glorioso delante de nosotros. ¡Gracias a Dios!
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,
¿Qué cambios se producen en la vida de una persona que cree en Jesús?
Sabemos que se trata de mucho más que un cambio ideológico, es un cambio verdadero, profundo, personal.
Pedro le va a llamar a este cambio “renacimiento”, haciendo referencia a la enseñanza de Jesús a Nicodemo, y va a señalar que es algo que se produce como resultado de la resurrección de nuestro Salvador. Nuestro reconocimiento de Jesús como el Hijo de Dios y nuestra fe en su resurrección producen un cambio que va hasta lo más profundo de nuestra alma y nuestro adn, conduciéndonos a un tipo de vida que nunca podríamos experimentar sin la presencia y la intervención del propio Jesús.
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.
Pedro empieza su carta con una alabanza a Dios, a quien menciona como Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Así como oró el propio Maestro, el Padre y el Hijo son uno solo, y la alabanza es para Dios Padre y Dios Hijo. Pedro alaba a Dios y llama a Jesús Señor en una misma frase. En sus palabras hay un conocimiento implícito de la unidad entre Padre e Hijo. A Pedro le debieron quedar grabadas las palabras “Yo y el Padre somos uno”, y su conocimiento de Dios en Jesucristo se hace evidente.
Pero en medio de su alabanza, Pedro señala las cosas que Dios hizo, y que lo hacen maravillosamente merecedor de toda alabanza. El hecho que el apóstol destaca es que Dios nos hizo renacer. Esta es la obra que Dios hace en los que reciben la salvación en Jesucristo: el nuevo nacimiento. Sí, es aquel asunto del que Jesús habló con Nicodemo (Juan 3). Pedro, años después de aquella conversación, alaba a Dios por esa obra que hace en los que creen en Jesús.
El renacimiento que Dios produce en los que aceptamos que Jesús sea nuestro Salvador tiene propósitos. Para deleite de los predicadores, Pedro presenta tres aspectos del propósito de Dios al producir en nosotros el nuevo nacimiento:
...para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos. Creo que todos entendemos lo que es la esperanza. Sí, es un concepto que contiene la idea de esperar. ¿Dios nos hizo nacer de nuevo para que esperáramos? La palabra original se refiere más bien a una expectativa, una actitud activa durante la espera. ¿Qué esperamos los que creemos en Jesús? Esperamos el cumplimiento de las promesas: la Segunda Venida, las moradas celestiales, la Nueva Jerusalén, la eternidad viendo cara a cara a nuestro Redentor. Las cosas se pueden ver mal en muchas ocasiones en nuestras vidas, pero esa esperanza nos devuelve la fortaleza para poder conservar nuestra mirada más allá de lo que nos sucede aquí y ahora. Vaya si aquellos cristianos perseguidos y maltratados necesitaban aferrarse a esta esperanza. Lo mismo ocurre con nosotros. Se nos ha dado una esperanza, que no es una esperanza vacía, sino una esperanza viva. Lo que esperamos es verdadero y real, y no esperamos en vano. Este renacimiento para la esperanza tiene que ver con la resurrección de Jesucristo de los muertos. Trato de pensar en lo que esto significó para el autor de estas palabras, y me conmuevo. La muerte de Jesús debe haber producido un impacto devastador en las vidas de aquellos humildes discípulos que habían encontrado en Él la salvación, la vida, la razón de existir. Pero entonces Jesús se levantó de entre los muertos, su tumba quedó vacía - de lo cual Pedro fue uno de los primeros testigos - y el Maestro volvió mostrando las heridas que le habían producido y asegurando que había vida más allá de las dificultades, y aún más allá de la muerte. La esperanza que llenó el corazón de Pedro al relacionarse con Jesús resucitado es la misma que hoy en día nos renueva y fortalece a nosotros. Jesús abandonó la tumba, la muerte no pudo contenerlo, y eso es garantía del cumplimiento de sus promesas. Si creíste en Jesús, busca esta esperanza en tu corazón. Nunca des todo por perdido, porque en Jesús tenemos esperanza y cumplimiento garantizado de sus promesas. El Maestro selló su fidelidad por medio de la resurrección. Hay vida, y hay esperanza. ¡Anímate!
...para una herencia incorruptible, incontamindada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe. A los que hemos creído en Jesús, Dios nos hizo nacer de nuevo para recibir una herencia. Entendamos este concepto: el heredero se transforma en dueño de aquello que le fue dejado. A ti que creíste en Jesús y que caminas con Él, Dios te hizo dueño de lo suyo. ¿Y cómo es esta herencia?
incorruptible. Que no envejece, que no se echa a perder. Considera prácticamente todo aquello por lo que luchamos y nos esforzamos en esta vida. ¿Sabes qué tienen en común esas cosas? Envejecen, se rompen, pierden valor, se pudren. Son transitorias. ¿Luchaste por tener la casa de tus sueños, el auto anhelado? No quiero ser aguafiestas, pero tienen fecha de vencimiento. Pero la herencia que recibimos al creer en Jesús jamás envejece. Es incorruptible, indestructible. No importa cuánto tiempo pase, está allí, esperándote, enteramente tuya, sin echarse a perder. Mientras el mundo nos seduce con lo transitorio y corruptible, Dios nos ofrece en Cristo Jesús lo permanente, lo eterno.
incontaminada. La herencia que reciben los que creen en Jesús es absolutamente pura, sin rastros de contaminación o mezcla. El término original es el mismo del que surge el nombre del amianto, y significa sin mancha. Muchas de las cosas que hoy disfrutamos y aún las que a veces anhelamos son pura imagen, espejos de colores como los que les ofrecieron los conquistadores a los nativos: algo que se veía bastante bien pero que no tenía valor. Y ¡cómo nos dejamos llevar por esa ilusión! Pero en Jesús recibimos lo que no tiene fallas ni encubre errores. La herencia que tenemos en Cristo es enteramente para bien, totalmente pura. No te conformes con lo mediocre, siendo que en Cristo Jesús puedes tener lo auténtico.
inmarcesible (inmarchitable). Nuestra herencia en Jesús jamás se va a envejecer o a perder sus condiciones de excelencia. Puede sonar como una reafirmación de lo que ya se ha dicho, y lo es, pero agrega el concepto de que no se ha echado a perder ni jamás lo hará. Regala un ramo de flores hoy, y para mañana, probablemente, ya tu regalo pierda su gracia. No es lo que pasa con lo que Dios nos regala en Cristo Jesús, ya que sus regalos permanecen para siempre, sin marchitarse. El regalo de Dios está reservado en los cielos para vosotros. En la tierra todo pasa y se aleja, pero lo que nos espera en el ámbito espiritual, en los cielos, no pasa de moda, no se quiebra ni pierde su brillo. Tu herencia está reservada y bien cuidada. Confía. Llegará el momento en que disfrutes de ella plenamente.
Además de todo esto, se dice de nosotros los que creemos en Jesús que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Escucha bien y entiéndelo: tú que creíste en Jesús, estás siendo vigilado y protegido. No se te ha dejado abandonado ni expuesto a los peligros de este mundo en que vivimos. Ahora, esta protección, esta defensa está relacionada con la fe. Esa misteriosa (aunque a veces pequeña) confianza que llena tu corazón desde que creíste en Jesús es el punto de contacto con el cuidado del que eres objeto. Eres cuidado, protegido, sostenido, aún a través de los momentos más difíciles. Hay una salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Hoy en día disfrutamos de muchos “detalles” de parte de nuestro Señor y Salvador: tenemos su paz, su Palabra, su provisión, su presencia con nosotros, pero todavía hay mucho más, lo que recién se va a poner de manifiesto cuando nos reunamos efectivamente con Él en su venida, en su presencia, en los lugares celestiales. Como dice en Fil. 1.6, el que empezó en ti la buena obra la completará hasta el día de Jesucristo.
Que tu corazón se llene de confianza, y que percibas el escudo protector con el que Dios te está envolviendo. Hay esperanza en Él, una esperanza viva, cierta, confiable, verdadera. Dios está obrando en tu vida. Así que, una vez más, confía.
para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,
La esperanza es solo parte de lo que Dios preparó para nosotros. Nos deleitamos en la esperanza, ¡pero hay mucho más! Nos espera una herencia muy especial, descripta aquí con estas tres palabras especiales: "indestructible, incontaminada e inmarchitable". Siempre me llamaron la atención estas palabras. Analicémoslas por un momento. Son tres palabras precedidas por partículas negativas (en español, "in"), es decir, definen claramente lo que no puede ocurrir con nuestra herencia. Nuestra herencia no puede ser destruida, no puede ser contaminada, no puede llegar a echarse a perder o marchitarse. No envejece, no se gasta, no falla. Somos herederos de algo que nunca podremos perder.
Creo que el propio Pedro carecía de las palabras suficientes para describir nuestra herencia. Y no considero que fuera un error de Pedro, sino que en realidad nuestras palabras humanas no alcanzan para describir algo tan sublime. Esa herencia "está reservada en el cielo para ustedes".
¿Cómo te hace sentir esto? ¿No le da esta noticia un sentido de continuidad a tu vida? No vives solamente para el aquí y ahora, y ni siquiera la muerte tiene el poder para dar por terminada tu etapa productiva. Todo lo maravilloso de Dios que disfrutamos aquí y ahora es solamente una muestra, el comienzo de algo muchísimo más maravilloso que aún nos espera.
Realmente, tener vida eterna y ser herederos de Dios es algo especial.
que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.
El poder de Dios nos protege por medio de la fe. Dios ha extendido su mano sobre nosotros y nos cubre, nos sostiene y nos dirige. Tenemos la salvación, pero al mismo tiempo la salvación "se ha de revelar en los últimos tiempos", tiene un cumplimiento esperado. Y quien nos protege hasta ese momento es Dios, con su poder, por medio de nuestra fe.
Confía en Dios. Él cumple lo que promete. En este tiempo te está protegiendo, y tiene un tesoro preparado para entregarte.
En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,
Lo que está haciendo Pedro es recordarnos las inmensas promesas de Dios, que son las que nos sostienen en este tiempo en el que inevitablemente tenemos que atravesar momentos de dificultad. Vivimos en medio de un sistema hostil a nuestro Señor, y por tanto también hostil a nosotros, sus hijos y agentes. Todos los días nos enfrentamos a dificultades de diferente índole y nos sentimos golpeados por diferentes problemas. Pero llevamos por dentro esta alegría que Dios nos ha dado, y que tiene que ver con esta herencia que nos espera.
En este versículo se nos da otra pista que más adelante será reiterada: nuestros problemas no son ni eternos ni permanentes. Las diversas pruebas que atravesamos son "por un tiempo".
para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,
Las cosas más valiosas atraviesan duros procesos para alcanzar su máximo nivel. Lo mismo ocurre con nuestra fe.
¿Tu fe está siendo probada? Es muy fácil asegurar que uno tiene fe cuando todo marcha bien, cuando no hay problemas. Pero la fe realmente se pone de manifiesto en medio de las situaciones complicadas, las luchas, los momentos de angustia, las dificultades. Dios está trabajando con lo más íntimo de tu ser, y al final la cosecha va a ser muy rica, para él y para ti. Así que afírmate, confía y alégrate, porque Dios está contigo y en ningún momento va a dejar de apoyarte y sostenerte.
Aunque sea por un momento, ¿logras imaginarte aquel glorioso momento en que Jesús regrese en las nubes para buscarnos, para que estemos con él para siempre? En ese precioso momento vas a mirar esa fe, esa que tantas lágrimas te costó en el proceso de la vida, y la vas a ver brillar como el oro refinado, y con toda tu reverencia, y con lágrimas de felicidad, se la vas a ofrecer a Jesús como tu más preciosa ofrenda. Él la va a recibir con una sonrisa, va a secar sus lágrimas, y te va a tomar de la mano para llevarte a aquel lugar donde no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor. Valora este tiempo de refinamiento de tu fe; Dios está tratando contigo y no te dejará en el camino.
a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;
Presta atención a la manera en que Pedro describe el sentir de los cristianos. Amamos a quien no vemos. Es posible que Pedro, al escribir estas palabras, recordara aquellos momentos en los que Jesús, mirándolo a los ojos, le preguntó si lo amaba, y él tuvo que responder que sí, que en realidad lo quería (reconociendo que había descubierto que su amor era imperfecto y limitado, Juan 21:15-17). Pero nosotros sin vernos en la mirada de Jesús, solo presintiéndolo, acercándonos a él por la fe, le amamos, porque hemos recibido su amor y lo hemos sentido.
También sentimos el gozo, ese gozo que no depende de lo que ocurre en nuestra vida o a nuestro alrededor. Alcanza con la presencia de nuestro Salvador, alcanza con la obra interna del Espíritu Santo renovándonos interiormente. ¡Y Pedro lo conocía también! Habla de ese gozo como quien lo ha experimentado, por lo que los cristianos de todas las épocas, desde el siglo I al XXI, hablamos el mismo idioma.
No sé lo que estás viviendo en este momento, pero estoy seguro de que si has creído en Jesús, ese gozo está allí, interno, profundo, real, "indescriptible y glorioso". Solo necesitas un tiempo para detenerte, acercarte al Padre celestial, elevar una simple oración. La fe cristiana no es una mera convicción intelectual. Afecta nuestro sentir, toca nuestras emociones, sacude nuestros sentimientos. El amor y el gozo de los que Pedro habla aquí son reales y sensibles. ¡Disfrútalos!
obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.
Sí, es cierto, la meta de nuestra fe es nuestra salvación. Yo aquí le agregaría que con esta declaración viene otra experiencia sensible, que es la de la paz de Dios. El hecho de sabernos salvos nos llena de esa paz indescriptible, que como diría Pablo va más allá de lo comprensible (Fil. 4:7).
Me gusta como Pedro combina los eventos futuros de nuestra condición espiritual, la herencia que no envejece y que nos espera en los cielos, con lo que ocurre hoy en día y podemos sentir, el amor, el gozo y la paz que sentimos y son la fuente de nuestra fortaleza y ánimo cada día.
Eres salvo, eres un rico heredero, y lo puedes sentir latiendo en tu propio interior, llenándote de amor, gozo y paz. ¡Alégrate en Jesús!
Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.
Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,
La salvación que en este día tenemos en nuestro corazón los que hemos creído en Jesús fue anunciada previamente por los profetas de Dios. ¿Cómo lo habrán experimentado ellos? Pedro habla de la gracia, este bien inmerecido que hemos recibido de Dios. Los profetas la anunciaron, la estudiaron y la observaron. Suena como que la consideraron cuidadosamente, la contemplaron, la valoraron.
Ellos la tomaron con cuidado; y tú que la tienes, ¿cómo la valoras? ¿La cuidas?
escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.
El asunto de la salvación y el Salvador despertaba la curiosidad de los profetas; "querían descubrir", como si fuera una ciencia. Es interesante como lo expresa el apóstol aquí: dice que el Espíritu de Cristo estaba en ellos y les testificaba. Claro que se refiere al Espíritu Santo en su labor de revelarles lo que habían de anunciar; pero iban a hablar y escribir acerca de Cristo, y era el propio Espíritu de Cristo quien les traía la revelación.
Es maravilloso reconocer que el mismo Espíritu que obró en sus vidas, que les testificó de aquella manera, es el que hoy en día obra en nuestras vidas. A ellos les anunció "de antemano acerca de los sufrimientos de Cristo y de la gloria que vendría después de estos". A nosotros nos reveló que este personaje y este evento céntricos de la historia de la humanidad tuvieron relevancia personal para nosotros, nos afectaron personalmente. Y al conocerlo le abrimos nuestro corazón a Jesús.
Dios habla, y lo hace, como lo hizo a aquellos profetas, lo hace por medio de su Espíritu. El Espíritu de Dios está obrando en tu vida y Dios quiere hablar a tu corazón. Dedica tiempo para detenerte y escucharlo, y déjalo obrar, conmoverte y agitar también tu curiosidad.
A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.
¡Qué especial habrá sido aquella experiencia para los profetas! Cuando entendieron que no se estaban sirviendo a sí mismos llegaron a la conclusión de que estaban hablando de eventos futuros, cosas que serían comprendidas por generaciones futuras. Nos servían a nosotros.
¡Dios! ¡Es tan impresionante tu amor y cuidadosa planificación por amor a nosotros! Recuerdo ahora lo que dice Isaías 43:4. Dios estuvo dispuesto a hacer una inversión muy grande por nuestra salvación, incluso tomando a hombres que vivieron mucho antes que nosotros para anunciarla detalladamente. Un día le habló a Isaías, o a Jeremías, a Oseas y los demás, aún a Moisés, y lo hizo por amor a mí, para servirme a mí. ¿Te das cuenta? Dios invirtió la vida de personas en ti, para que te sirvieran, aún mucho antes de que nacieras.
A aquellos profetas Dios les reveló una verdad preciosa, la misma que nos ha sido anunciada a nosotros (y había sido anunciada a los primeros lectores de esta carta) por medio del mismo Espíritu Santo. La intervención de Dios en las vidas de las personas es algo maravilloso.
Lo que Dios nos ha dado es tan maravilloso y valioso que aún los ángeles anhelan contemplarlo. Valora la salvación que has recibido, el precioso mensaje que escuchaste de parte de Dios y por obra del Espíritu Santo pudiste entender y recibir; atesóralo y compártelo. Lo que tienes es un inmenso privilegio, el tesoro de todos los siglos, el regalo de Dios para que tengas vida eterna. ¡Gracias a Dios!
Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación;sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.
Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Porque:
Toda carne es como hierba,
Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
Mas la palabra del Señor permanece para siempre.
Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.
Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;
Teniendo en cuenta lo valiosa que es la salvación que hemos recibido, debemos tomar algunas medidas aplicables a nuestro diario vivir. Las que aparecen en este versículo y los siguientes son indicaciones que el Espíritu Santo inspiró a Pedro a transmitir en cuanto a cómo vivir la vida cristiana.
"...dispónganse a actuar con inteligencia...". Esto sería algo así como decir "Estén preparados para actuar inteligentemente". Son muchas las ocasiones en la vida en las que nos dejamos llevar. Hacia donde va la corriente, allí vamos; lo que hacen los demás, hacemos; lo que parece bien al sentido común de la sociedad, eso aplicamos. Eso no es actuar con inteligencia. Lo que Dios nos está diciendo es que Él nos capacitó para actuar de una manera diferente, teniéndolo a Él como referente más importante en nuestras vidas. Estando sin Cristo no puedes actuar con inteligencia; muchas veces eras llevado de aquí para allá por tus pasiones, por las opiniones de los demás y por las ambiciones. Prepárate para una nueva manera de vivir, actuando con inteligencia.
"...tengan dominio propio...". Vivimos en una sociedad en la que, cada vez más, parece haberse perdido esta cualidad. Es más, parecen animarnos por todos los medios a abandonar el dominio propio, a dejarnos llevar. El problema es que cuando renunciamos al dominio propio, cuando nos dejamos llevar, caemos bajo el dominio de fortalezas que nos esclavizan utilizando nuestras propias pasiones y compulsiones. Escucha la voz de Dios y activa tu dominio propio. No te dejes llevar. Dios te dio el dominio propio como fruto del Espíritu Santo en tu vida. Ejercítate a decir que no, porque tienes la autoridad para hacerlo. Tú eliges el destinatario de tu confianza. Nadie tiene mayor autoridad que nuestro Creador para decirnos como debemos vivir. Préstale atención y ejerce tu dominio propio.
"...pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo". ¿Existen otras alternativas? Sí, claro. El mundo te ofrece toda una gama de opciones. Dedícale tu esperanza al dinero, y vivirás en función de él. Pon tu esperanza en el gobierno o un sistema político, y tendrás algo por lo que luchar. Pon tu esperanza en tus propios recursos, fuerzas y capacidades, pero ten en cuenta que tarde o temprano descubrirás tus limitaciones. Lo cierto es que la única fuente confiable de esperanza es aquella gracia, aquella inmensa herencia de la que Pedro ya nos ha hablado, que va a quedar claramente a la vista cuando Jesús regrese. Aquello en lo que pones tu esperanza determina como vas a vivir e influye en tus decisiones de todos los días. Apóyate con confianza en la gracia que recibirás, no porque te hayas hecho merecedor de ella sino porque Jesucristo pagó el precio por ti (por eso es gracia y no recompensa), y tu vida encontrará un equilibrio que de otra manera no tendría.
como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;
"...no se amolden a los malos deseos...". No necesitas hacer un análisis demasiado profundo de tu corazón para descubrir que muchas veces surgen malos deseos en ti. El hecho de que surjan no es el problema principal, porque la realidad es que surgen en el corazón de todos nosotros. Surgen en nosotros y nos invitan. Son deseos, ganas, de mayor o menor intensidad, y nos invitan a seguirlas con la promesa del placer, la diversión, una nueva experiencia, alguna medida de satisfacción.
Pero escucha lo que Dios te está diciendo: no te metas en ese molde. Es el molde en el que la mayoría está cayendo, es cierto, y eso determina los principios morales y los valores de la sociedad en que vives. Pero tú tienes otra fuente de valores y principios. No te amoldes a esas ganas, no las sigas, sencillamente diles que no. Si estás en Cristo ya no vives en la ignorancia sino a otro nivel. Tienes otra autoridad sobre tu propia vida, y el Espíritu Santo que está en ti te lo confirma. Levántate con esa autoridad que recibiste de Jesús y no te amoldes a aquellos deseos.
sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
Dios te ha invitado a ser como Él, Santo, diferente, apartado del molde de los demás. Dios es distinguible de la multitud, y así tienes que serlo tú, porque Dios te ha invitado a serlo. Los miembros de la familia de Dios somos una honrosa minoría, y eso se nota en nuestra manera de vivir. Nuestro Padre Dios nos ha llamado a ser santos en todo lo que hagamos, así como él lo es. Son los genes de Dios en nosotros los que vamos a reflejar. Tenemos el poder de ser diferentes y dejar que Dios obre en nosotros.
Es interesante que el apóstol baje el concepto de santidad al nivel de las acciones. No se trata de una concepción intelectual, de una fórmula filosófica a la que mostramos nuestro asentimiento conceptual. Se trata de nuestros hechos, lo que hacemos cada día. La diferencia en tu vida no va a consistir en que vayas a la reunión los domingos. Se va a notar en la ocasión en que todos le den la espalda al rechazado, todos menos tú. Se va a ver cuando todos consideren aceptable e incluso digno de destaque algún acto corrupto o inmoral, todos menos tú. ¿Por qué? Porque tú eres santo, como Dios nuestro Padre.
¿Sientes que te queda grande ser considerado santo? ¿No te llamarías santo a ti mismo? Estoy enteramente de acuerdo y me ocurre lo mismo. Nosotros sabemos cuáles son nuestros pensamientos, conocemos cuáles han sido nuestras palabras, acciones y aún nuestras intenciones profundas, y no le llamaríamos santo a alguien como nosotros. Pero Dios nos propone aquí una nueva manera de vivir, una en la que aceptamos su invitación a ser santos, a actuar de una forma diferente a la de los demás. No se trata de hacer algo o dejar de hacerlo porque "la religión no me permite" ni porque "en la iglesia me enseñaron que no lo hiciera". Tienes una relación viva con Dios, y el Espíritu Santo en tu interior te habla claramente en cuanto a tu comportamiento, tus decisiones, y está obrando en ti. Simplemente camina con Dios, escucha su voz y respóndele: "Sí, Padre, quiero ser santo como tú en todo lo que haga".
Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación;
Algo que no debemos olvidar es el hecho de que nuestro Padre celestial es el Juez de todos los mortales: "...juzga con imparcialidad las obras de cada uno". No somos los protegidos de un superhéroe que nos defiende hagamos las cosas bien o no. Nuestro amparo y fortaleza es también el Juez eterno e imparcial, y eso nos incluye. Dios será también nuestro juez, y será imparcial. En su condición de Juez justo no manifestará favoritismos, por más ocasiones que hayamos pisado los atrios del edificio que lleve su nombre.
Este versículo no es un burdo intento de manipulación con el uso de la religión, para que la gente "se porte bien". Es una cruda realidad. No vivas con miedo ante Dios, como si él fuera un ser arbitrario, caprichoso y cruel. No se trata de eso. Él es el Dios de amor, quien ES amor y no puede dejar de serlo porque esa es su esencia (1 Juan 4:8). Pero Él también es el Juez ante quien todos nos tenemos que presentar. Vive tus días en esta vida con temor ante Él, respetándole profundamente, considerando con cuidado donde pisas, andando como quien sabe que un día tendrá que rendir cuenta por sus acciones.
sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,
De nuestros padres y abuelos heredamos un estilo de vida absurdo, basado en el egoísmo, la hostilidad, la mentira. Al creer en Jesús fuimos rescatados de ese estilo de vida, y ya no lo necesitamos más. No tenemos por qué seguir viviendo de aquella manera y somos libres para caminar con Jesús y establecer con él nuestro estilo de vida. Esto puede parecer una doctrina, pero es una realidad perceptible y experimentable en tu vida. Fuiste rescatado de un estilo de vida opresivo y frustrante, para una vida nueva y diferente.
Jesús pagó el rescate por ti, y no lo hizo con moneda corriente.
sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
Jesús pagó con su propia sangre por tu vida. Hizo lo que nadie más ha hecho y posiblemente no hará por ti: entregó su vida por la tuya.
Los judíos habían recibido la Ley de parte de Dios. De acuerdo a ella se presentaban una vez por año en su presencia y era sacrificado un cordero por los pecados del pueblo, un cordero sin mancha y sin defecto. Aquel cordero lo representaba a Jesús, era una manera de expresar la manera en que Dios finalmente nos salvaría, por medio de un sustituto. En realidad ningún cordero puede pagar el precio por tu alma, pero el Cordero de Dios, Jesús, sí lo hizo.
Aquel estilo de vida que habías recibido de tus antepasados te llevaba a la condenación. No había escapatoria. Pero Dios envió a Jesús, y aquella condenación que era para ti cayó sobre Jesús en la cruz. Jesús no merecía morir, y menos como un condenado a la pena máxima, como si hubiera cometido los peores delitos. Ese era tu lugar, y él lo tomó. Derramó su preciosa sangre pagando el precio por tu alma, por tu salvación, por tu libertad de aquel estilo de vida opresor y frustrante. Ahora eres libre por él. Y la maravilla es que no se quedó confinado a la tumba para nunca más salir, sino que hoy camina a tu lado garantizándote seguridad, dirección, sabiduría, fortaleza y paz. Él es tu Salvador.
ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,
Hay aspectos de lo que ha ocurrido en el ambiente espiritual que se escapan a nuestra humana comprensión. Pablo explicó que hay cosas que por el momento comprendemos en forma parcial, pero que llegará un momento en que entenderemos todo con claridad (1Cor. 13:9-12). Una de esas cosas difíciles de entender es esta elección de Jesús previa a la creación. Lo que sí queda claro es que el entendimiento de Dios deja al nuestro como una mota de polvo frente al universo. Dios lo sabe todo, y su conocimiento supera por lejos nuestras fantasías más audaces.
Pero Pedro cumplía con presentar a Jesús, el Salvador. Aquel que existía desde antes que el tiempo fuese se manifestó ante él y los que vivieron en su momento. Jesús no fue una persona común y corriente. Fue una intervención divina en la historia de la humanidad, y el Creador pisó la tierra y convivió con su propia creación. ¿Por qué? ¿Cómo parte de un experimento, para ver cómo se sentía? No; "en beneficio de ustedes", explica Pedro.
y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.
Jesús fue quien nos llevó a la relación que ahora tenemos con Dios. Creemos en Dios por medio de él, en el Dios que "lo resucitó y glorificó". ¿Cuál fue la meta de todo eso? "...que su fe y esperanza están puestas en Dios". Jesús es quien le da equilibrio a tu vida. Cuando lo consideras, cuando contemplas lo que hizo por ti, le dedicas tu confianza a quien se la tienes que dedicar, a Dios.
Nosotros somos el cumplimiento del plan original de Dios para la humanidad. Dios quería que todos los seres humanos viviéramos así, en una relación de confianza con él. Pero el pecado entró en nuestras vidas y nuestra historia y estableció la separación que tantas consecuencias negativas ha traído. Por medio de Jesús, volvemos a aquella relación en la que vivimos conforme al propósito para el que fuimos creados.
Gracias, Jesús. Por ti mi fe y mi esperanza están puestas en Dios.
Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;
Aquí hay dos conceptos que no son muy populares en nuestro tiempo. No se habla mucho de purificación, ¿verdad? Parece como si nadie quisiera purificarse, como si nadie reconociera que necesita ser purificado. Eso quedó atrás, como un concepto obsoleto extraído de algún rincón oscuro de la Edad Media. Pero es exactamente eso lo que obtenemos los que nos acercamos a Jesús, y justamente lo hicimos porque reconocimos nuestra corrupción, nuestra suciedad, nuestra necesidad de purificación.
El otro concepto impopular es el de la obediencia. Lo que se escucha por todas partes es que nadie tiene derecho de imponernos nada, que todos tenemos derechos de conducir nuestro propio destino, que nada ni nadie nos puede exigir obediencia. Pero nosotros, cuando creímos en Jesús reconocimos nuestra desobediencia, reconocimos que la Verdad, en la persona de nuestro Salvador, sí tenía autoridad para demandar obediencia, y le obedecimos.
Estos conceptos que nuestra cultura está descartando por considerarlos obsoletos, imprácticos, contrarios al bienestar que uno puede encontrar en la vida, son pilares de nuestra fe y nuestra vida. No te avergüences de haber sido purificado, ni de haber obedecido la verdad y hacerlo cada día. La paz que tenemos como resultado de esta actitud nuestra realmente escasea por todas partes.
Uno de los resultados de nuestro encuentro con Jesús es el amor por nuestros hermanos, los que como nosotros han decidido ser sus discípulos. Ese amor lo tienes, surge espontáneamente en tu corazón como fruto de la obra del Espíritu Santo en tu vida. Y Pedro se encarga de animarnos a que le demos rienda suelta a ese amor: "ámense de todo corazón los unos a los otros".
Detente un momento a pensar en tus hermanos cristianos. ¿Puedes ponerle rostro a las palabras de este versículo? ¿Puedes ponerle nombre? Pon tu amor por tu hermano o hermana en una oración en este momento, y proponte manifestarle tu amor con un gesto, una palabra, una llamada telefónica, un regalo, un abrazo. Siembra ese amor que Dios puso en tu corazón por obra del Espíritu Santo, y te sorprenderás de los resultados.
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.
No sé si te ocurre lo mismo que a mí. Estas descripciones de lo que sucedió en nuestra vida espiritual, en el proceso de nuestra vida al encontrarnos con Jesús y dar inicio a nuestra relación con Dios, realmente hacen algo especial en mi interior.
Sí, es cierto, nacimos de nuevo. Es lo que Jesús le decía a Nicodemo (Juan 3:5) aquella noche que se acercó a él en busca de la verdad. Por más largo que haya sido el camino desde que te sucedió a ti, seguro que algo salta de alegría en tu interior al leer esta afirmación de Pedro.
Y no naciste como el producto de una semilla que se eche a perder con el tiempo, sino como resultado de la que permanece. Y aquí menciona la intervención de la Palabra de Dios en nuestra vida. La Palabra llegó a tu vida y produjo un impacto en ti, te movió a reaccionar y despertó tu fe. Esa Palabra no es de las que se lleva el viento, no es palabra de hombre. Esta "vive y permanece". Dios cumple sus promesas. Cada palabra que Dios te ha dicho es firme y se cumple.
Gracias a Dios por su Palabra y por la obra que ha hecho y está haciendo en nuestras vidas.
Porque:
Toda carne es como hierba,
Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
Mas la palabra del Señor permanece para siempre.
Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.
Pedro cita aquí Isaías 40:6-8, y nos aclara que esta es la Palabra del evangelio que nos ha sido predicado. Los mortales somos y pasamos. Nuestra vida es efímera, pasajera, como la de las flores del campo. Pero aquella palabra del evangelio que recibimos permanece y se cumple, aún más allá de los límites de nuestra vida terrenal. Dios es fiel, y su Palabra poderosa y eterna.
¡Gracias, Dios nuestro, por tu poderosa Palabra!
