LAS DOCTRINAS DE LA GRACIA PARTE 2

DOCTRINAS DE LA GRACIA PARTE 2  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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El año de nuestro Señor 2018-2019 marca el cuarto centenario de la reunión del Sínodo de Dort en Dordrecht, Países Bajos. El sínodo se convocó para zanjar la controversia existente en las iglesias holandesas en torno a la enseñanza de Jacobo Arminio y sus seguidores sobre el tema de la elección. El documento elaborado por el sínodo, los Cánones de Dort, afirmaba cinco puntos principales de doctrina en respuesta a los errores de los arminianos.
Estos cinco puntos se describen a menudo hoy como «las doctrinas de la gracia». También se asocian frecuentemente con el acrónimo TULIP (por las iniciales en inglés de depravación total, elección incondicional, expiación limitada, gracia irresistible y perseverancia de los santos), aunque este acrónimo altera la secuencia de los puntos adoptados y, en algunos casos, pudiera dar una impresión equivocada de la verdadera enseñanza que los cánones exponen.
Este artículo seguirá la secuencia de los cánones. Aunque a menudo se olvida, esta secuencia ya estaba establecida cuando se reunió el Sínodo de Dort en 1618. Antes de la reunión del sínodo, los arminianos habían presentado su enseñanza en forma de cinco opiniones. Los cinco puntos de los Cánones de Dort fueron escritos, por tanto, como una respuesta directa a los errores de Arminio y sus seguidores. No se escribieron para ofrecer una declaración completa de la fe reformada, sino para resolver la controversia sobre la soteriología calvinista provocada por la enseñanza de Arminio.
En el curso de sus deliberaciones, el Sínodo de Dort juzgó que los cinco artículos arminianos eran contrarios a la Palabra de Dios. Contra las enseñanzas arminianas de la elección divina basada en la fe prevista, la expiación universal, la gracia resistible o ineficaz, y la posibilidad de una caída de la gracia, los cánones exponen las doctrinas bíblicas de la elección incondicional, la expiación definida o redención particular, la depravación radical, la gracia eficaz y la perseverancia de los santos.
Sobre cada uno de estos puntos, los cánones presentan primero una declaración positiva de la enseñanza bíblica y luego concluyen con un rechazo de los correspondientes errores arminianos.

PRIMER PUNTO: ELECCIÓN INCONDICIONAL

En los artículos iniciales del primer punto principal de doctrina, los cánones resumen los aspectos más importantes del evangelio bíblico. Estos incluyen el hecho de que «todos los hombres han pecado en Adán y se han hecho reos de maldición y muerte eterna» (Artículo 1), que Dios ha manifestado Su amor al enviar a Su Hijo unigénito (Artículo 2), y que la ira de Dios está sobre los que no creen en el evangelio de Jesucristo (Artículo 4). En el marco de estas verdades, los cánones abordan la cuestión fundamental a la que se dirige la doctrina bíblica de la elección:¿Por qué algunos creen y se arrepienten ante la predicación del evangelio, pero otros permanecen en sus pecados y bajo la condenación justa de Dios? La respuesta a esta pregunta en su nivel más profundo es la elección incondicional de Dios en Cristo de algunas personas para salvación:
Que algunos reciban el don de la fe de Dios y otros no lo reciban, procede del decreto eterno de Dios, “que hace saber todo esto desde tiempos antiguos” (Hechos 15:18; Efesios 1:11). Según tal decreto ablanda, por pura gracia, los corazones de los elegidos, por obstinados que sean, y les inclina a creer, pero según Su justo juicio abandona a su maldad y obstinación a quienes no son elegidos. Y es aquí donde, estando los hombres en similar condición de perdición, se nos revela esa profunda, misericordiosa e igualmente justa distinción de personas (Artículo 6).
Dado que el propósito soberano y misericordioso de la elección de Dios es la fuente de la fe, los cánones continúan afirmando que, consecuentemente, esta elección no puede estar basada en la fe. Dios no elige para salvación a nadie «en virtud de previsión de la fe, la obediencia de la fe, la santidad ni ninguna otra buena cualidad o disposición, como causa o condición, previamente requeridas en el hombre que habría de ser elegido» (Artículo 9). La fe no es una obra meritoria, sino que es en sí misma un don de gracia que Dios concede a aquellos a los que llama según Su propósito (Hch 13:48; Ef 2:8-9; Flp 1:29).
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