El efecto de la Gloria de Dios
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Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;
El destino más elevado del ser humano es conocer a Dios, estar en relación personal con él. La afirmación más importante de la nobleza que tenemos como seres humanos es la de que fuimos hechos a la imagen de Dios. Y que, por lo tanto, tenemos la capacidad de conocerlo.
Pero este Dios, a quien debemos y podemos llegar a conocer, es un Ser Justo e infinito en su perfección moral. Por lo tanto, su Gloria es algo que esta vedado para el pecador.
Hoy muchas personas presumen de vivir “en la gloria de Dios”, incluso se canta que “la gloria de Dios maneja mi vida”. Pero, ¿cómo reaccionaron los personajes bíblicos al contemplar la gloria de Dios?
Moisés
Moisés
Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.
Moisés, a quien Dios se le apareció en la zarza que ardía pero no se consumía, ‘se cubrió la cara, pues tuvo miedo de mirar a Dios’
Job
Job
De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.
Por tanto me aborrezco,
Y me arrepiento en polvo y ceniza.
Job, a quien Dios habló desde un torbellino con palabras que exaltaban su excelsa majestad, le contestó: ‘Hasta ahora, solo de oídas te conocía, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por eso me retracto arrepentido, sentado en el polvo y la ceniza’
Isaías
Isaías
Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
Isaías, un joven que recién iniciaba su carrera, tuvo una visión de Dios como el Rey de Israel, sentado sobre un lugar alto y excelso, rodeado de ángeles que le adoraban y cantaban de su santidad y gloria, y dijo: ‘¡Ay de mí, voy a morir! He visto con mis ojos al Rey, al Señor todopoderoso; yo, que soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros’.
Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor.
Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y cuando yo la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba.
Cuando Ezequiel tuvo esa visión extraña de los seres vivientes alados y de las ruedas que giraban, y encima de ellos un trono, y en el trono Alguien con apariencia de hombre, envuelto en la refulgencia del fuego y del arco iris, reconoció que ‘Esta fue la visión de la semejanza de la gloria del Señor,’ y agregó: ‘Cuando la vi, me postré sobre mi rostro’.
Saulo
Saulo
Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
Saulo de Tarso, mientras viajaba a Damasco, lleno de ira contra los cristianos, fue arrojado al suelo y enceguecido por una luz del cielo más brillante que la del sol del mediodía, y escribió más tarde acerca de esta visión del Cristo resucitado:
y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.
Juan
Juan
Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;
El anciano Juan, exiliado en la isla de Patmos, describe detalladamente su visión del Jesús resucitado y glorificado, cuyos ojos ‘parecían llamas de fuego’ y cuya cara era ‘como el sol cuando brilla en todo su esplendor’, y dice: ‘Al verlo, caí a sus pies como muerto’ (Apocalipsis 1:17).
