Juan Calvino fue expulsado de Ginebra por ciudadanos desagradecidos y resentidos porque él les entregó la verdad completa de la Palabra de Dios. En respuesta a la desilusionadora noticia, Calvino declaró: “Lo más seguro es que si yo hubiera servido al ser humano, esta habría sido una mala recompensa. Pero mi felicidad es que he servido al Señor que nunca falla en recompensar a sus siervos en toda la magnitud de sus promesas”.