COMPROMISO

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ORACIÓN
DEFINICIONES
Antes de leer el pasaje y profundizar en la predicación vamos a conocer un poco de la palabra compromiso, esta palabra que hoy en día se ha perdido, se ha deplorado, se ha quitado el valor que siempre ha tenido y nosotros como pueblo de Dios tenemos que seguir reflejando en nuestros lugares donde quiera que estemos que somos comprometidos primeramente con Dios y después con todas las cosas que en algún momento hemos dicho: “me COMPROMETO”.
RAE:
1. Obligación contraída.
2. Palabra dada.
3. Acuerdo pactado entre distintas partes.
4. Promesa de matrimonio.
5. Dificultad, embarazo, empeño.
6. Delegación que para proveer ciertos cargos eclesiásticos o civiles hacen los electores en uno o más de ellos a fin de que designen el que haya de ser nombrado.
7. Convenio entre litigantes, por el cual someten su litigio a árbitros o amigables componedores.
8. Escritura o instrumento en que las partes otorgan un compromiso.
DB:
El diccionario bíblico no nos da una definición de esta palabra porque podemos coger el mismo significado de algunas de las acepciones que acabamos de leer o bien este diccionario nos deriva a ciertos sinónimos como: fidelidad, obligación, deber, convenio, acuerdo, pacto, responsabilidad, contrato… en cuanto a asumir una función X; y luego tenemos los sinónimos en cuanto a complicación: dificultad, apuro, peligro, problema, riesgo, aprieto, trance, brete.
Nosotros nos vamos a quedar y centrar en la predicación de hoy en el primer apartado, cuando adquirimos un compromiso con alguien, pero también con el Señor que es lo que verdaderamente nos importa en el día de hoy, el compromiso nuestro, de su pueblo con Dios.
Hace justo unos meses para ser exactos en la predicación del mes de abril el tema de ese domingo fue el mismo que hoy nos atiende, el compromiso. Aquel día estuvimos viendo la vida de Nehemías, Daniel y la viuda que ofrenda las dos blancas, y os cuento esto por ser muy sinceros con vosotros, y es simple pero muy importante, ¿el compromiso le hemos cumplido en estos 8 meses que han pasado o seguimos igual de poco perseverantes y con falta de esa fidelidad que el Señor nos demanda, que la Iglesia necesita y el mundo espera de nosotros? Y aquí no voy a ir con un dedo o con una varita señalando a cada uno de los que estamos sentados porque no soy nadie para juzgar, pero si desde el punto de responsabilidad de Consejo se me cae la cara de vergüenza porque nosotros, el Consejo de esta iglesia hemos sido los primeros en errar en compromiso en cierta medida y trabajamos todos los días para evitar esto en gran medida.
Llegando al final de este 2023, de este año que han sucedido muchas cosas me avergüenzo porque mi compromiso, el compromiso de Marcos con el Señor no ha sido del todo correcto, y ¿el tuyo? Examínate por unos segundos y evalúa si el Señor te ha pedido algo a lo largo de estos 12 meses, o te ha puesto en un lugar, o te ha presentado una situación en la que no has estado a la altura que merecía y el compromiso ha quedado roto y de lado.
Pues el Señor con el día que nos acaba de regalar de vida, de ver la luz del sol nuevamente nos está dando la oportunidad de que seamos más comprometidos, más fieles, que tengamos una mayor responsabilidad, entre otras cosas que nos está demandado.
Y después de todo esto me diréis pero no has mencionado ningún pasaje, ningún ejemplo, nada en lo que podamos referenciarnos para después ponerlo en práctica.
Podríamos buscar en todo el Libro de los libros pasajes y pasajes donde hay ese compromiso con el Señor, Abraham tenía un compromiso fiel que iba a dar a su propio hijo en holocausto, tenemos a Job, a José, a Daniel, a los discípulos… tenemos un sinfín de ejemplos pero hoy quiero ir más allá, que pensemos en el mejor compromiso que ha habido, hay y habrá en la Tierra, y hablo de Jesús, de su pacto con todos nosotros y su compromiso con el Padre. Jesús ha sido fiel y comprometido con el Señor y nos podríamos tirar aquí el resto de nuestras vidas hablando de este gran compromiso porque la vida de Jesús en su totalidad es un compromiso diario con el Señor pero si quiero que nos centremos en unos pasajes para poder acotar este ejemplo tan grande e importante y sobre todo poder ponerlo en práctica a la hora de verdad.
Dice en Marcos 14:60-61: “60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti? 61Mas él callaba, y nada respondía.”
Vamos a introducirnos en el pasaje que relata el momento en que, después de ser arrestado Jesús es llevado ante el sumo sacerdote, donde también se reunieron los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas. Vemos que Pedro estaba allí mientras todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a muerte.
Podían haber decidido en ese momento quitarle la libertad, encarcelándolo como más adelante con Pablo y Silas por ejemplo. También podían negarle disfrutar de la luz del sol, de la naturaleza y tenerle encerrado en lo más profundo de una cueva, pero no fue así, ellos querían la pena capital para el Hijo de Dios para poder cumplir con su cometido y compromiso con la Humanidad pero con su Padre también.
Recordemos que Pedro también estaba ahí, y muchos otros que seguían a Cristo, de los cuales cuantos dieron falso testimonio contra Él. Seguro que entre ellos había muchos que le habían seguido en medio de las multitudes, cuando Jesús estuvo por las aldeas de Galilea, incluso ¿cuántos se habrían alimentado con el milagro de los panes y los peces? Pero ninguno tuvo ese compromiso con Él, sino que giraron la cara, callaron y negaron. Porque realmente el compromiso de ese momento era de Jesús con Dios y con todos nosotros.
Más adelante, si seguimos leyendo, Pedro quien se encontraba en el patio, ante la pregunta de si él era uno de los que andaban con Jesús, lo niega tajantemente. ¿recordaría Pedro cuando Jesús habló acerca de que “nadie muestra más amor que quien da la vida por los amigos” como vemos en Juan 15:13? Incluso comienza a maldecir y jurar que no le conocía. Y era Pedro el que más amaba y estaba más comprometido con Jesús, pero en esos momentos tan difíciles, tan complicados, en los que seguramente veía incluso peligrar su vida, él lo negó hasta la saciedad.
Menos mal que Jesús había descendido a nuestra realidad para sentir como uno de nosotros, pero sin pecado como tenemos todos nosotros por naturaleza. Él descendió, se hizo hombre y más tarde murió y resucitó por ese compromiso que venimos hablando que tenía con su Padre y los hombres.
Él era perfecto, pero no miraba por encima del hombro, con aires de superioridad a los demás, a los más débiles; entendía perfectamente todo, aunque también era contundente en todos sus postulados, lo demostró cuando dio la vida por todos nosotros, transformándonos en sus amigos. Nos hizo sus mejores amigos, porque tenía un propósito desde antes de nacer, desde antes de estar en el vientre de María. Nos acogió a todos en su compromiso para que tuviéramos y tengamos su identidad, para que seamos como Él, pero cuán difícil es parecernos solamente un poquito al Señor, el poder tener un compromiso con nuestro Padre como tuvo su Hijo.
Jesús pudo librarse de toda esa vergüenza y de ser objeto de burlas e insultos. Pero Él tenía una misión encomendada por el Padre y quería terminarla y poder decir: “He acabado la obra que me diste que hiciese” cuando Jesús ora por sus discípulos en Juan 17. Su Padre había amado de tal manera al mundo que lo entregaba a Él para pagar el precio de nuestro rescate. Su amor pudo más al ver nuestra miseria, apresados por las cadenas de la esclavitud. Y sabéis que? No titubeo ni un instante, a diferencia de nosotros que no marcamos nuestras prioridades o nos pensamos si tenemos que dar más tiempo al Señor o no. Jesús tenía un mandato, dio la cara sin pedir nada a cambio. Nos respaldó, era nuestra garantía, y hablo en pasado en mi caso porque yo ya he tomado la decisión correcta, y vía libre para poder entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través de su carne.
Segundo texto que hoy vamos a leer en Marcos 15:1-5 “1Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. 2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3 Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. 4 Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. 5Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.”
Aquí ante Pilato, Jesús también callaba. Ya se vislumbraba el final tortuoso, pero aun en soledad siguió adelante. Estaba dando la cara por todos nosotros. Entendía que lo que le seguían tuvieran temor, pánico ante la autoridad terral; incluso tal vez les asustaba el que pudieran perder sus trabajos, sus hijos, privilegios, libertades… porque no era fácil la vida bajo el yugo y la mano dura del Imperio Romano. Jesús nuevamente entendía nuestras miserias y aún así estaba y seguía comprometido con el propósito al que había sido llamado.
Ahora bien, si aun siendo gratis nuestra salvación para nosotros porque no tuvimos que pagar nada, todo fue Jesús quien lo hizo, tenemos un compromiso ineludible como dice el apóstol Pablo en Romanos 12:1 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Significa entrega total a Dios; y si esto es de verdad y lo cumplimos a rajatabla también tenemos que amar al prójimo como a mi mismo entre otras cosas. Tengo, tenemos que estar trabajando para alcanzar la estatura de Cristo. Ya lo dijo Él en Juan 15:9 “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.” Nos hizo sus amigos, pero la amistad exige acción. Cristo pagó el rescate para liberarnos del viejo hombre, es decir, dejamos algo, para comprometernos con algo. Tu te has comprometido? Tu estás haciendo tu parte del compromiso? Ello implica llevar un estilo de vida de acuerdo con Su modelo dejado para nosotros. Tenemos el compromiso de ser luz en el mundo, en la sociedad en la que estamos viviendo, aquí en Talavera, y todos deber ver que somos una iglesia, un Cuerpo, en la cual todos nosotros vivimos juntos en armonía y bajo unos parámetros éticos, morales y con unos principios sustentados en las Sagradas Escrituras. Y eso sabéis que? Implica un compromiso como el de Cristo.
Tenemos su Palabra de que responde a cada uno de nuestros pasos, y arraigados en ella podemos ser transformados y a la vez lograr que otros también lo sean, viendo su reflejo en nosotros. Y es esta palabra la que nos dice que el amor no hace mal al prójimo y que el cumplimiento de la ley es el amor, por tanto entre otras cosas debería apoderarse en nosotros la compasión y el ponernos en los pies del prójimo, ahora vienen, bueno ya estamos en fechas navideñas, en fechas señaladas en las cuales pasamos muchas horas y días con la familia, pero cuanta gente hay sin un hogar, sin una familia, sin amigos, sin nada que echarse a la boca y nosotros que hacemos? Pasamos de todo y solo nos centramos en nuestra mesa y decoración que tenemos, no prestamos atención a las necesidades que tiene la gente de aquí fuera, la que pasa todos los días por esta puerta, la que tenemos a nuestro alrededor que necesitan que estemos más comprometidos con ellos, que demostremos ese amor de Dios que tenemos como premisa, entonces solo así es posible ver cada rostro humana como parte del multiforme rostro de Dios, lo cual requiere un proceso lento, paulatino, a medida que vamos prosiguiendo hacia la meta ansiada desde que abrimos la puerta de nuestro corazón a Jesús.
Vemos el rostro de Dios en la gente marginada, en estos colectivos que como sociedad dejamos de lado, en la gente que está en el paro, en los trabajadores que se encuentran en situaciones irregulares, en los enfermos que tiene que pasar estos días en el hospital sin otra compañía que el enfermo de al lado y las máquinas a las que están enchufados, las familias que lloran los muertos por las guerras que estamos viendo cómo se intensifican en los últimos meses, los niños pequeños que están huérfanos o desamparados sin más que otros niños que están en su misma situación… y así un largo etcétera.
Pero nosotros tenemos un compromiso con Cristo y la Iglesia que tenemos que cumplir y tenemos que empezar a madurar y mejorar cada día.
Cuesta, se que cuesta, no nos vamos a engañar, yo soy el primero que soy un inconstante pero tenemos las herramientas correctas para llevarlo a cabo y que revulsivo es cuando en esa palabra encontramos algo que refleja y nos recuerda esa forma de ser de Cristo y que justo necesitamos para no decaer y seguir con la fidelidad a Él.
Y si lo pensamos Jesús no solo le importaba el mensaje que exponía, sino que le importaban todos los seres humanos que recibían ese mensaje. Y es ahí donde entendemos su compromiso de, un poco tiempo después de los textos que hemos leído, que iba a dar hasta su propia vida. Le importaba lo que les iba a pasar después de su partida, por eso ya antes le había dicho que no se quedarían solos, sino que le iba a mandar un compañero para que pudieran correr hacia esa perfección, hacia esa madurez en Él.
Y dejó Su poder, porque quedaba y queda mucho trabajo por hacer y no es fácil, y nos necesitamos de todos, por eso que tenemos que estar comprometidos los unos con los otros, pero antes comprometidos con nuestro Padre que él se merece lo mejor.
Dar la cara significa muchas veces perder todo lo alcanzado si las cosas no tienen el final feliz que uno desearía. Siempre hay otro que tomará nuestro lugar cuando intentamos no atender el llamado, pues Dios cumple sus propósitos con o sin nosotros. Justo esta semana hemos tenido reuniones del Consejo con los Ministerios y hablamos eso y es muy importante el entender, no nos tenemos que aferrar al lugar donde el Señor nos ha puesto si vamos a ser mediocres, si no vamos a cumplir con nuestra función, si no vamos a estar comprometidos con el Señor y con la Iglesia y no pasa nada por dejar ese lugar si es porque no estamos en las mejores condiciones, porque quien nos pone y quien nos quita es Dios y la obra aquí en la Tierra va a continuar con o sin nosotros porque no somos indispensables pero si necesarios en la mies del Señor.
Y es aquí donde se nos prueba si somos siervos fieles, si estamos dispuestos a dar la cara por Sus planes aun en medio de gran tribulación como le paso a Jesús.
Es muy complicado y todos los sabemos, dar la cara por el árbol caído y no hacer leña de él. Interceder, pedir clemencia, comer con él, aunque eso signifique dañar nuestra reputación, perder privilegios, oportunidades, incluso muchas veces amigos o afectos y cosas importantes. Pero tenemos que dar la cara y no avergonzarnos de hablar de nuestro Señor porque somos comprometidos y tenemos un compromiso con Él.
Todo para oír un día cuando el Señor nos diga: “Yo fui aquel por quien diste la cara”. Cuando llegue el fin de los tiempos podremos estar orgullosos por aquel que sentamos en el mejor lugar, rompiendo todas las reglas que nos quieren imponer en este nuevo orden mundial, en esta agenda tan famosa que es la 2030. Aquel que pusimos en un lugar privilegiado por delante del trabajo, la familia, los amigos, el dinero… por aquel por el que luchamos y nos dejamos las uñas para que Su nombre sea conocido en todo el mundo.
Que gozo el de Cristo cuando dice: “He acabado la obra que me diste que hiciese”. Pero no todo se quedó ahí, sino que nos dejó unas instrucciones bien hermosas para llevar a la práctica su compromiso, su ejemplo. Para que diésemos continuidad a su misión hasta el final y así poder acabar la obra que nos encomendó.
No salgamos de aquí igual de comprometidos, no terminemos el día de la misma situación. El Señor quiere un compromiso real, el Señor quiere un compromiso palpable, el Señor quiero un compromiso de verdad y no solo de boca y palabras que se lleva el viento, el Señor quiere un hijo comprometido por su causa, el Señor quiere que no pongas excusas, el Señor quiere PRIORIDAD!!!
Él es lo primero, ni trabajo, ni familia, ni comodidades, ni lujos, ni materiales, ni nada como hemos dicho, sino el Señor quiere al Señor como lo primero y único que pensemos al levantarnos.
Y el día de hoy no hemos puesto ejemplos de autores de algún libro de la Biblia o historias de compromiso y lealtad que hemos visto desde bien pequeños en la escuela dominical. El único ejemplo, suficiente y grande es Jesús. Su compromiso con el Padre no tiene palabras, no se puede medir, Dios como hombre es decir, el Hijo de Dios como compromiso verdadero.
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