Un líder moldeado por el evangelio que modela el evangelio

1 Timoteo: La casa puesta en orden  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Para anunciar a otros lo que el evangelio puede hacer en otros es necesario recordar lo que hace por nosotros.

Notes
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—¿En qué momento te volviste un cristiano y te hiciste pastor?— Me dijo un día una excompañera de secundaria después de ver un video en redes sociales donde yo aparecía predicando. Su asombro no podría describirlo como halagador, sino como curioso; más bien, sospechoso. Es posible que en sus proyecciones para alguien como yo estuviera cualquier otra cosa en la vida, virtuosa o deshonrosa, la que fuere, menos que verme un día detrás de un púlpito de una iglesia.
Es a eso a lo que yo llamo el asombro por la indignidad. Una reacción que casi todos nosotros hemos experimentado algún día con respecto a algo o alguien. —¿Cómo llegó ahí?, ¿en qué momento pasó?— Y eso, por supuesto, no es algo que quite o agregue a nuestra vida de piedad; sin embargo, si se espera que como creyentes seamos conscientes acerca de nosotros mismos, de nuestra indignidad que respondamos con asombro, continuamente. En algún sentido, este tipo de asombro debería ser una característica permanente en un creyente.
Ser hijos de Dios, receptores de Su gracia, abonados de su misericordia, tener la oportunidad de servirle o de predicar de Su amor, no es algo que pueda llegar a ser trivial. El día que perdemos ese asombro por la misericordia recibida, ese día nuestra vida de piedad y de fe comienza a debilitarse porque corremos el peligro inminente de olvidar también el evangelio.
En el sermón pasado vimos algún aspecto introductorio de la carta 1 Timoteo e identificamos su propósito: escribir instrucciones a Timoteo, el discípulo amado de Pablo, para que pusiera en orden algunos problemas que habían comenzado a surgir en la iglesia de Éfeso por la influencia de falsos maestros que actuaban con malas motivaciones y que se habían desviado del evangelio.
El apóstol Pablo terminó en el versículo 11 del capítulo 1 recordando que el problema de los falsos maestros había comenzado justamente cuando abandonaron el evangelio. Ellos habían olvidado que lo que salva a los pecadores no es la ley, sino la buena noticia de la muerte de Cristo por los pecados de los hombres; pero esto, aunque en algún momento se había predicado en Éfeso, en algún punto se relegó como el mensaje principal que debía ser escuchado y se reemplazó por mandamientos de hombres y doctrinas provenientes de la ley.
Lo que sigue en los versos 12-17 que hoy estudiaremos, es una especie de paréntesis, un “apropósito de” en que Pablo introduce una nota de gratitud donde nos deja ver su asombro de indignidad por haber sido un pecador que fue alcanzado por la misericordia de Dios.
Esto no es algo que Pablo haga usualmente en sus cartas. Las notas de gratitud son casi siempre una oración a Dios por la iglesia, o alguna gratitud por sus lectores; pero en pocas ocasiones lo vemos dar gracia a Dios por sí mismo, y debe ser por tratarse de una carta muy personal.
Pero hay varias razones por las que creemos que Pablo introduce esta nota de gratitud justo en el medio de la instrucción que le está dando a Timoteo sobre cómo tratar con los falsos maestros:
Pablo quiere que Timoteo vea que en contraste con los falsos maestros, los líderes que sirven con buena conciencia deben siempre reconocer de dónde los sacó el Señor, para que no pierdan el enfoque de su servicio.
También puede ser que Pablo esté mostrando que de no haber sido por la misericordia de Dios, Él sería igual o peor que estos hombres que se habían desviado.
También puede que le esté comunicando a Timoteo que Él no está poniéndose por encima de nadie ni pretendiendo reclamar el ser alabado como alguien perfecto, sino que él conoce perfectamente su condición.
Pero sobre todo, y esta es quizás el motivo más claro en el pasaje, Pablo le está modelando a Timoteo como es un líder que permanece con limpia conciencia delante de Dios y que ha guardado la fe, mostrándole que es alguien que nunca pierde el asombro por el evangelio en su propia vida y que antes de predicar el evangelio a otros, ha debido predicarse a sí mismo.
Cualquiera que sea la razón, lo cierto es que hay mucho que podemos aprender de este pasaje, no solo acerca de un líder que modela el evangelio, sino de cómo nosotros mismos somos llamados a vivir a la luz de esta realidad.
Y este es el argumento que quiero proponerles, justamente:
Para anunciar a otros lo que el evangelio puede hacer en otros es necesario recordar lo que hace por nosotros.
Vamos a desarrollar este argumento a la luz de los siguientes encabezados:
1. Un recordatorio de lo que evangelio ha hecho (12-14)
2. Una afirmación de lo que el evangelio hace (15-6)
3. Doxología: Alabanza al único Dios verdadero (17)

Un recordatorio de lo que evangelio ha hecho (12-14)

Tal como mencionamos, aquí Pablo está introduciendo una nota de gratitud por la obra de Dios en su vida por medio del evangelio. En contraste con los falsos maestros que habían abandonado el evangelio por perseguir con malas motivaciones el reconocimiento y la alabanza, Él recuerda que todo su ministerio, su trabajo en el Señor y aun su vida misma la debe solo al Señor.
La gratitud de Pablo tiene tres motivos:
a. Da gracias al Señor por haberle fortalecido. Después de muchos años de servicio, de penas, dolores y sufrimientos; Pablo atribuye aquí el hecho de todavía permanecer fiel, solo a la obra de Dios, quien le ha dado fortaleza. Esto es particularmente importante, toda vez que no solemos ver la permanencia en la fe como una obra de gracia del Señor. No somos guardados por nuestras habilidades, no somos fieles por alguna capacidad en nosotros, sino por Cristo que nos fortalece. Es por eso que nadie puede gloriarse de sus años en el evangelio sin antes reconocer que de no ser por el Señor ni siquiera habríamos venido al camino. También parece que Pablo está dejando claro lo que mencionamos al principio: que la única razón por la que él no es uno más de esos falsos maestros, es porque Dios, en medio de los momentos de debilidad y tentación, lo había fortalecido. Eso debe hacer que nos mantengamos siempre humildes y no pensando que si seguimos de pie es por nuestra fuerza. A veces me parece que somos demasiado severos en nuestros juicios con los que han caído, ignorando que nosotros también podemos llegar a ser tentados. En nosotros siempre debe haber energía para condenar el error, pero también el sentido de debilidad necesario para saber que si nosotros no estamos en la misma condición es por la pura misericordia del Señor.
b. Da gracias porque el Señor lo tuvo por fiel al ponerlo en el ministerio: Todos los que sirven al Señor genuinamente son puestos por Él. Todos sabemos cómo fue que el Señor llamó a Pablo y le encomendó una misión especial de llevar el evangelio a los gentiles cuando él era un perseguidor de la iglesia. Dios es quien capacita y el que llama a aquellos que han de ser sus siervos. Y hoy, este llamado no se ve tanto así como el de Pablo, aunque puede que todavía el Señor siga haciendo cosas sobrenaturales; sino que más bien dejó a su iglesia para que por medio de ella se confirmara a aquellos que tienen los dones visibles para servir fielmente en la grey del Señor. Es interesante que este llamado se dio justo cuando Pablo estaba persiguiendo a los que servían al Señor, aun cuando en su pobre entendimiento creía que agradaba a Dios. Cuando Pablo ve eso, se asombra. Él era la última persona en el mundo que alguien se imaginaría siendo un seguidor de Cristo, pero allí estaba. Mis amados, quiero enfatizar aquí una nota de ánimo a los que oran por familiares no convertidos. La salvación es del Señor. No hay un corazón lo suficientemente endurecido como para que la Gracia de Dios no lo ablande. No debemos perder nuestra esperanza. La salvación es un milagro que Dios manifiesta todos los días y debemos estar siempre a la expectativa de que ocurra.
c. Finalmente; Pablo da gracias, porque la misericordia fue más grande que sus pecados. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Aquí está la razón de un corazón agradecido. Puede ser que en ocasiones demos por sentado el hecho de que hemos sido alcanzados por la misericordia del Señor; pero mis hermanos, eso es un milagro por el que debemos asombrarnos todos los días. Estar aquí, reunidos con otros hermanos, un domingo por la mañana; eso no lo merecíamos, eso es misericordia.Que hoy nuestras vidas no divaguen detrás de los placeres de este mundo, eso es un milagro. Que hoy el Señor sea algo que deseemos y no alguien de quien queremos huir, eso es un milagro. No perdamos nunca el asombro por esa obra. Eso no solo mueve el corazón, sino la voluntad. Debemos ser sensibles a esa realidad. Aquí está Pablo, el gran Apóstol del Nuevo Testamento, el que escribió cosas profundísimas, recordando la verdad más elemental de la fe: Yo era un pecador y Cristo me libró de la muerte. ¡Aleluya!
Tal vez sea un buen momento para recordar nuestro testimonio de conversión. Es cierto que nuestro testimonio no es el evangelio, pero es la evidencia de que algo ocurrió, de que ya no vivo para mí, sino para aquel que dio su vida por mí. Cuando hables con alguien, háblales también de lo que eras y de lo que Cristo ha hecho. Compartir nuestro testimonio no debe ser algo que usamos para atraer la mirada de las personas hacia nosotros, sino para apuntarlas a Cristo, el verdadero protagonista de nuestra historia de conversión.
Pero Pablo quiere dejar claro además a su discípulo Timoteo, que la grandeza del evangelio no está dada por lo hecho con Él, sino por lo que, en efecto, también hace en otros. Lo que nos conduce al siguiente encabezado:

Una afirmación de lo que el evangelio hace (15-6)

La expresión “palabra fiel y digna de ser recibida” es usada al menos en unas 5 ocasiones en las cartas pastorales de Pablo e indica justamente una afirmación de algo que es de vital importancia; una verdad que debe ser considerada columna de la fe.
En este caso la afirmación es:
Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.
Estas palabras están cargadas de un significado profunda y pudieran escribirse tomos completos de teología al respecto. Pero quiero que veamos, solo de manera rápida, algunas de las verdades que contiene:
Cristo Jesús: Esto es, Jesús, el Mesías. Una declaración que no era común entre los judíos y que vinculaba al hijo de José y María, que murió en la cruz y que resucitó al tercer día, como el Mesías anunciado desde el Antiguo testamento. El Salvador
Vino a este mundo: Implica que existía fuera de él en el espacio y el Tiempo. Es una afirmación que indica además qué Jesús, el Mesías, es Dios mismo que se encarnó y habitó en este mundo en el que ahora vivimos.
Para salvar a los pecadores: Esta es la esencia del evangelio. Implica que los pecadores estaban perdidos, que iban rumbo a la condenación, pero que fueron rescatados por el Mesías que vino al mundo. Implica que dicho acto fue impulsado por el puro amor del Señor, pero también revela que fue sin violentar la justicia divina.
Como ustedes pueden ver; este es un resumen completo y conciso de lo que el evangelio significa. Esta es una de esas cosas que un creyente nunca debe olvidar; que debe atesorar como una verdad inquebrantable.
A los falsos maestros este mensaje les pareció trivial e insuficiente y comenzaron a enseñar cosas más atractivas y ese fue el inicio de la tragedia.
El evangelio no es una verdad que aprendemos al inicio de la carrera de la fe y ya; es la verdad que nos sostiene a lo largo del camino.
Pablo vuelve una vez más a ver ese evangelio como una realidad en su propia vida, mostrándose como el mayor de los pecadores; o tanto como el primero en tiempo, si no en pecados. ¡Es un evangelio tan poderoso que hasta me salvó a mí! Es eso lo que está diciendo Pablo.
¿Cómo puede entonces alguien menospreciar la eficacia del evangelio? ¿Cómo puede alguien hacerlo a un lado para enseñar temas más “relevantes”? Mi hermano; nada más salvará al pecador, sino el mensaje de que Cristo, siendo el hijo de Dios, vino a cargar el pecado de los hombres para satisfacer toda la ira del Padre y en un acto de amor, librar a todos los que en Él creen de la condenación eterna. ¡Hay un poder en el evangelio tan grande que no puede ser ignorado o reemplazado por otra verdad!
A eso es a lo que se refiere Pablo cuando dice que el evangelio es el poder de Dios (Rom 1:16), porque es salvación a todo el que cree.
Este mensaje no puede ser olvidado, no puede ser menospreciado, no puede ser escondido. El mensaje del evangelio debe ser exhibido como el sol, porque es lo que alumbra las vidas inmersas en las tinieblas del pecado.
Aquí está, pues, entonces Pablo recordándole a Timoteo, porque es importante que él no pierda de vista a Cristo, que no pierda de vista el evangelio; no solo porque es el recordatorio de la misericordia de Dios, sino también porque es lo que Dios continúa usando para salvar a los pecadores; pero si la sal se diluye, ya no sirve más para salar y si el evangelio seguía siendo falseado en Éfeso ya no habría otra forma de salvación y el propósito de Dios estaría siendo estorbado.
La reacción de Pablo a todo esto, es la misma que la nuestra: ¡Gloria a Dios!
El Señor ha tenido misericordia de mí mostrando su gran poder y sigue salvando por medio del mismo poder ¡Aleluya!
Y eso nos conduce a la nota de doxología con la que Pablo cierra esta gratitud:

Doxología: Alabanza al único Dios verdadero (17)

Pablo llega al climax de esta gratitud, una exaltación de la grandeza de Dios y un reconocimiento de Su señorío.
Dios es el Rey eterno sin principio ni fin, el que gobierna todas las cosas y tien la vida de los hombres en su mano
Dios nunca muere, su reino será perpetuo y su señorío por generaciones
Él habita en luz inaccesible, es más grande que todo lo que existe porque lo creó todo; y aunque no puede ser visto en toda su majestad, se ha revelado a nosotros por medio de Su Hijo
Él es el único y sabio Dios y no hay otro
Por lo tanto; a Él debe ser toda la gloria.
En la creación Dios ha desplegado todo su poder; pero en el evangelio Él ha desplegado todo de su carácter compasivo y misericordioso, y eso le da mayor gloria.
La salvación es del Señor y entre más conscientes somos de esta realidad, mayor gloria recibe Su nombre.
Así que si pudiéramos cerrar la idea que planteamos como argumento de inicio para este sermón, diríamos:
Para anunciar lo que el evangelio puede hacer en otro, es necesario recordar lo que hace por nosotros y en ambas cosas el único que recibe toda la gloria es el Señor.
¡Amén!
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