Nuestro sumo sacerdote celestial

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Introducción

Hemos visto hasta ahora en el libro de Hebreos cómo Jesús es superior a los profetas, ya que en su persona y obra tenemos la revelación final y completa de Dios. También vimos que Jesús es superior a los ángeles porque es el hijo eterno de Dios, y su ministerio es superior al de la familia de Aarón, puesto que viene del orden de Melquisedec.
Esta mañana vamos a explorar en Hebreos 8:1-6 cómo Jesús, siendo un sumo sacerdote superior al sacerdocio de Aarón, tiene un ministerio mucho más glorioso, ya que sirve y gobierna a su pueblo desde la majestad de Dios en los cielos.
Amados, el hecho de que Jesús esté hoy sirviendo a su pueblo en los cielos, "en el templo de Dios", es una gloriosa noticia para la iglesia que peregrina en la tierra. Tenemos a "tal sumo sacerdote" sentado en su trono de gloria. Es mi oración que esta doctrina traiga consuelo y esperanza para tu alma esta mañana, independientemente de las circunstancias que estés atravesando hoy.
Leamos juntos la palabra infalible de Dios:
Hebreos 8:1–6 NBLA
Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es este: tenemos tal Sumo Sacerdote, que se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que este Sumo Sacerdote también tenga algo que ofrecer. Así que si Él estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moisés fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo. Pues, dice Él: «Haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte». Pero ahora Jesús ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto Él es también el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
En estos versículos tenemos el punto principal de esta carta - sermón dirigida a cristianos judíos para exhortarles a no abandonar la fe. Su punto principal es que Jesucristo es nuestro sumo sacerdote celestial, que se sentó a la diestra de Dios, para ministrar a su pueblo en el templo de Dios.
Para entender cómo su punto principal tenía el propósito de alentar a los creyentes de su tiempo a no abandonar la fe cristiana, debemos considerar el entendimiento que ellos tenían del ministerio del sumo sacerdote, especialmente debemos considerar su punto a la luz de la ordenanza de Dios para ellos en el día de la expiación - Levítico 24…. veamos entonces el contexto de esta gloriosa doctrina.

1. El Contexto de la doctrina de “Jesus como nuestro sacerdote Celestial”

El Día de la Expiación ocupaba un lugar central en el calendario y en la vida de Israel. Es además el clímax de todo el drama narrativo de los 5 libros de Moisés llamado el Pentateuco. Y no era para menos, en este día el sumo sacerdote, que representaba a Israel ante Dios, luego de presentar ofrendas por sus pecados, entraba a través del velo al lugar santísimo para adorar a Dios en la hermosura de su santidad.
Luego de que Adán y Eva fueron expulsados del huerto de Dios en Edén, la entrada en el lugar santísimo del tabernáculo en el día de la expiación fue el acercamiento humano más próximo a la Presencia de Dios. Este glorioso día era un sin duda un día muy glorioso:
Levítico 16:31 NBLA
»Será para ustedes día de reposo, de descanso solemne, para que humillen sus almas; es estatuto perpetuo.
Todo Israel podía tener comunión con Dios por medio de las ofrendas que Dios proveyó para que el sacerdote Aarón le ofreciera. Aarón debía tomar de la congregación de Israel dos machos cabríos (Levítico 16:4), uno de ellos debía ser ofrecido como expiación por el pecado del él y de Israel y el otro era una ofrenda de ascenso u holocausto, ambos eran presentados delante de Dios en la puerta del tabernáculo de reunión.
Todo iniciaba echando suertes sobre los dos animales sin defecto.
A. El macho cabrío para la expiación.
Aarón debía poner sus manos sobre la cabeza del chivo expiatorio, mientras presionar sus manos sobre él debía confesar los pecados del pueblo de Israel y estos eran transferidos al chivo expiatorio que era llevado al desierto, representando la completa remoción de la culpa y el pecado de Israel:
Levítico 16:21–22 NBLA
»Después Aarón pondrá ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío y confesará sobre él todas las iniquidades de los israelitas y todas sus transgresiones, todos sus pecados, y poniéndolos sobre la cabeza del macho cabrío, lo enviará al desierto por medio de un hombre preparado para esto. »El macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a una tierra solitaria; y el hombre soltará el macho cabrío en el desierto.
Esto fue exactamente cumplido el día de la expliación en el que el Señor murió sobre la cruz del calvario.
El pecado fue "quitado" al ser puesto sobre Jesus, nuestro sustituto. Hebreos 7:27 El se ofreció a si mismo para quitar el pecado de una vez y para siempre.
Jesus cargo sobre si la culpa de nuestros pecados.
Jesus hizo esto mientras moría de sed en la cruz, cuando exclamo “Padre, porque me haz abandonado” toda la maldición del pacto cayo sobre él. No hubo misericordia para el hijo de Dios mientras enfrentaba toda la ira del Padre hasta morir en la cruz.
B. El novillo de la ofrenda por el pecado (Lev 16:11).
Esta ofrenda representaba al pueblo de Israel siendo santificado y llevado a la precencia de Dios por medio de un sacrificio de sangre.
Levítico 17:11 NBLA
”Porque la vida de la carne está en la sangre, y Yo se la he dado a ustedes sobre el altar para hacer expiación por sus almas. Porque es la sangre, por razón de la vida, la que hace expiación”
La sangre, que representa la vida del pueblo de Dios, es derramada mediante esta ofrenda ante Dios, en total consagración a él.
Era por medio de la sangre de esta ofrenda que Aarón entraba en el Lugar Santísimo, donde Dios mora para ser adorado, mientras está rodeado por los querubines que custodian su trono.
Aarón ofrece adoración a Dios, según los requisitos de la ley.
Da gloria a Dios mientras representa al pueblo que esta representado en la sangre del animal delante Dios.
Y Dios se complace en aceptar esa sangre—sangre que no solo limpia el Lugar Santísimo, sino que limpia al pueblo de Israel que representa Aarón, y lo consagra para que pueda servir continuamente a Dios en la hermosura de la santidad.
Una vez los pecados de Israel eran cubiertos y ellos eran consagrados para habitar con Dios, vemos como la gloria celestial de Dios llenaba el tabernáculo e Israel era bendecido con la precencia Dios morando en medio de ellos mientras peregrinaban por el desierto.
De manera que el día de la expiación era glorioso para Israel. Dios mismo venía en su nube de gloria para tener comunión con un pueblo que había sido santificado por medio la obediencia ceremonial de Aaron. La presencia redentora de Dios estaba con ellos, por medio de aquel sumo sacerdote que se ofreció a sí mismo por medio de la sangre de un animal en perfecta consagración a Dios.
Todo lo que ocurría este día glorioso de Expiaciín en Israel se cumplió perfectamente en Cristo:
El derramo su sangre en esta tierra bajo maldición, y con su sangre nos represento y nos abrió un camino no al lugar santísimo en la tierra, sino al cielo mismo.
Tenemos pues, un sumo sacerdote, que hja entrado en el cielo mimos. Jesus no entró en un tabernáculo hecho por manos, es decir en un templo que es parte de esta creación. Con su propia sangre nos abrio un camino al cielo, al tabernáculo celestial, para que podamos consagrarnos a Dios y adorarle en la hermosura de su santidad.
El punto principal de Hebreos es que Jesus entro en el cielo, desde allí el esta ministrando a su pueblo como sumo sacerdote, mientras la iglesia espera ser llevada a la presencia misma de Dios en gloria.
Esa gloria en el templo celestial, fue la que vio en visión el profeta Isaias 6:1 Esta realidad celestial era a la que apuntaba el tabernáculo de Dios en el desierto.
Hermanos, la gloria de Dios que llena los cielos, fue el lugar que el profeta Isaías vio en visión, ese lugar lleno de serafines que adoran delante del trono glorioso de Dios. Esa gloria celestial fue la que descendió temporalmente para morar con Israel en la nube que venía sobre el arca del pacto, el trono terrenal de Dios en medio de su pueblo.
Para que esa gloria celestial permaneciera con Israel en el A.T. Aaron como sumo sacerdote, como representante federal de Israel debía entrar cada año, el día de la expiación señalado pro Dios con estas ofrendas que quitaban la culpa de Israel y consagraban a Israel como un pueblo santo para Dios.
Entender esto es vital. Pues en el A.T. Dios solo aceptaba la adoración de su pueblo y solo venía a morar en medio de Israel para bendecirlo, sobre la base de estos sacrificios animales ofrecidos por Aaron.
Solo por medio de Aarón, y solo a través de los sacrificios que él ofrecía, la presencia redentora de Dios venía para traer bendición a Israel. Sobre la base de este día de la expiación, Israel podía saber que ellos estaban en pacto con Dios, un pacto de comunión y deleite.
En Palabras de Lane Tipton: “A través de los sacrificios y ofrendas de Aarón, Dios se deleitaba en su pueblo mientras su pueblo se deleita en él. Ese es el corazón mismo de la adoración”
Este es el corazón de la religión de Israel en el A.T:
Dios, que mora en una nube de gloria en el lugar santísimo, se deleitaría en Israel, su porción, a través de las ofrendas sacerdotales de sangre.
y su pueblo, a través de la misma ofrenda sacerdotal de sacrificio de sangre, se deleitaba en Dios. Israel es la porción de Dios; Dios es la porción de Israel.
En resumen: Dios mora en medio de su pueblo a través de un sumo sacerdote y un sacrificio de sangre. El chivo expiatorio lleva el pecado de Israel y la maldición de Dios. La ofrenda por el pecado, a través de la sangre, abre un camino para que el pueblo santificado se consagre y derrame su vida en adoración a Dios en su gloriosa morada.
Esta era la forma en que Dios moraba y bendecía a su pueblo en la Antigua Alianza. Esta era la naturaleza de la verdadera religión bajo el antiguo pacto.
Hebreos 8:1 NBLA
Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es este: tenemos tal Sumo Sacerdote, que se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos,
Con el contexto de Levítico, ahora podemos comprender mejor lo que significó para esta iglesia y lo implica para nosotros el hecho de que en el Cristo Ascendido tenemos el cumplimiento de la verdadera religión de Israel.

2. las implicaciones de la doctrina de “Jesus como nuestro sacerdote Celestial”

Amados, Jesucristo ascendió corporalmente al cielo, luego de haber ofrecido su vida en expiación, luego e haber derramado su sangre para purificarnos de nuestros pecados y presentarnos limpios ante Dios. Ahora él esta sentado a la diestra de Dios, no esta sentado en un lugar terrenal, sino el tabernáculo celestial que erigió el Señor no el hombre. Jesus es nuestro sacerdote y rey que se ha sentado en el cielo, la morada verdadera que Dios creó desde el principio.
Noten lo que dice Hebreos 8:1-2
Hebreos 8:1–2 NBLA
Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es este: tenemos tal Sumo Sacerdote, que se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre.
En el cielo está la realidad a la el tabernáculo representaba en la tierra. En el cielo esta la plenitud de la gloria de Dios en la que todas sus criaturas están llamadas a adorar en la hermosura de su santidad.
La gloria del tabernáculo terrenal era solo un anticipo, una sombra, una copia provisional que anticipaba la gloria celestial. Esta gloria celestial que vio el profeta Isaías supera con creces la gloria terrenal que moraba en el lugar santísimo del tabernáculo, en este lugar hay brasas de fuego ardientes y querubines alados que rodean el trono majestuoso y glorioso de Dios.
Un trono en el que los santos ofrecen adoración y alabanzas por causa de la gloria, la majestad, la soberanía, la santidad y la hermosura de Dios. En este trono de gloria esta sentado el cordero de Dios, nuestro sumo sacerdote, que ascendió corporalmente luego de su resurrección para reinar y ministrar a la iglesia que milita en la tierra.
¿Cuales son las implicaciones de esta doctrina para nosotros?
Si Dios aceptaba la obediencia de Aaron y se deleitaba en Israel e Israel se deleitada en Dios sobre la basa de los sacrificios que él presentaba cada día de Expiación. Cuanto más, hoy, en unión con el Cristo Ascendido, Dios se deleita en nuestra adoración, y nosotros nos deleitamos en Dios sobre la base del único y perfecto sacrificio que Jesucristo hizo por nosotros en la cruz. Es un gozo saber que Dios nos acepta por la sangre de su hijo y se deleita en nosotros mientras le adoramos esta mañana en Cristo.
Por la sangre de Jesús, el velo del cielo se ha abierto para siempre, Dios abrió un camino vivo a Dios para nosotros por medio de un único sacrificio.
Hebreos 10:19–20 NBLA
Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne,
Hoy tenemos acceso al lugar santísimo celestial en el cielo por medio del sacrificio corporal de Jesús. Por su sangre hemos sido santificados y podemos consagrarnos para derramar nuestras vidas a Dios en adoración. Y además nuestro sumo sacerdote ascendido vive y desde el cielo nos sirve como nuestro sumo sacerdote a la diestra de Dios.
En él, Dios se deleita en ti, y en él te deleitas en Dios. En Cristo, todos podemos hoy unirnos como iglesia a la gloriosa adoración celestial que nunca tendrán fin, pues nuestro sumo sacerdote vive para siempre.
Este es el corazón de la religión del Nuevo Pacto.
Nuestra adoración debe estar centrada en lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, los ojos de nuestra fe deben mirar al cielo mientras adoramos a Dios por el Espíritu y en unión con Cristo.
Y mientras miramos por la fe al cielo, contemplemos la gloria de nuestro sumo sacerdote ascendido, que esta sentado, reinando y sirviendo a su pueblo desde su santo lugar. Pero por la fe debemos saber que la misma precencia del Señor que llena de gloria el cielo, permanece ahora con nosotros todos los días por el poder de su Santo Espíritu y su palabra que obra en nuestras vidas para guardarnos sin caída hasta el final de los tiempos.
En medio de las circunstancias de nuestra vidas, la presencia permanente de Cristo en nosotros hace nuestro peregrinaje mas fácil.
Isaías 41:17–20 NBLA
»Los afligidos y los necesitados buscan agua, pero no la hay, Su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé, Yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. »Abriré ríos en las alturas desoladas, Y manantiales en medio de los valles. Transformaré el desierto en estanque de aguas, Y la tierra seca en manantiales. »Pondré en los desiertos el cedro, La acacia, el mirto y el olivo; Pondré en el lugar desolado el ciprés, Junto con el olmo y el boj, Para que vean y entiendan, Consideren y comprendan a una Que la mano del Señor ha hecho esto, Que el Santo de Israel lo ha creado.
Mientras esperamos la gloriosa venida de Cristo y en tanto esperamos ser levantados para ascender con él a la casa de Dios en Gloria, él ha prometido convertir el desierto en manantiales y esto es una realidad porque desde su trono de gloria él hace brotar ríos de agua viva y abundante en nuestros corazones por medio su Espíritu y su palabra, de manera que florezcamos en este mundo para la gloria de Dios.
Ahora que hemos comprendido las implicaciones de la doctrina del sacerdocio del Cristo Ascendido. debemos saber que la idea de un tabernáculo celestial no es novedosa, no es una invención del autor de hebreos, sino que esta arraigada en la ley de Moises.

3. La solidez de la doctrina de“Jesus como nuestro sacerdote Celestial”

Hebreos 8:4–5 NBLA
Así que si Él estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moisés fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo. Pues, dice Él: «Haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte».
Si Cristo no hubiera ascendido y no hubiese entrado en el cielo, no podría ser de ninguna manera un sacerdote. No tendría sentido un sacerdote terrenal, cuando Dios ya había establecido uno de la descendencia de Aaron.
Este texto destruye la idea de un futuro reinado de Jesus en la tierra, ministrando en un tercer templo sobre Jerusalen. No tendría razón de ser, él no fue ordenado para ser un sacerdote terrenal. Los deberes sacerdotales de Jesus, después de su resurrección están en el cielo – él debía ascender y servir en el cielo, no permanecer en la tierra.
El autor dice que no sería posible para Jesús ser nuestro sumo sacerdote si estuviera en la tierra y esto por cuanto para el tiempo en el que se escribió la crta aun habían sacerdotes en Jerusalén que ofrecían ofrendas en el santuario terrenal conforme a la ley de Moises.
Noten también que el ministerio de estos sacerdotes terrenales en el tabernáculo terrenal, sirvió como una copia, una sombra de las cosas celestiales. De manera que el tabernáculo en la tierra era una copia del tabernáculo celestial de Dios en el cielo y todo lo que hacia el sumo sacerdote en la tierra era una copia de la actividad del sumo sacerdote en el cielo.
Así como Aarón sirvió como sumo sacerdote en la adoración de la iglesia mientras ella estaba en la tierra en Canaán, así ahora el Cristo ascendido sirve como sumo sacerdote en la adoración de la iglesia mientras ella está en el desierto.
El tabernáculo y el ministerio de Aaron era además una sombra que se proyectaba desde el cielo. Una sombra no es algo que anticipa el futuro, sino mas bien la proyección de una realidad celestial que se proyecta en la tierra.
Jesus entró no la sombra del tabernáculo terrenal, sino mas bien en el cielo mismo.
De este lado de la historia de la redención, la gloria de Dios que estuvo presente en el tabernáculo terrenal, ahora esta en Cristo y Cristo esta en el cielo, y el cielo es la realidad que el tabernáculo prefiguraba y proyectaba como una sombra.
Dios no habita, y Dios no habitará, nunca más en un templo hecho por manos humanas.
El autor esta presionando a esta iglesia para que no regrese mas al templo y las practicas Judías del Antiguo testamento, ya no tienen razón de ser a la luz de la venida de Jesucristo. Hoy adoramos a Dios en Espíritu y Verdad. En la realidad, no en las sombras.
Cualquier judío o gentil, que mire el Antiguo Pacto – el tabernáculo, el sacerdocio, los sacrificios establecidos por Dios en la ley de Moisés y ponga su confianza o esperanza en ellos– está poniendo su esperanza en una sombra de aquello que paso en la crucifixión y ascensión de Cristo al cielo.
Volver a las sombras es negar a Cristo y menospreciar la gracia de Dios. Hoy Dios nos esta llamado a venir a su trono de gracia solo por medio de su hijo ascendido, que media por nosotros delante del trono de Dios en Gloria. La prueba de esta doctrina esta en la ley de Moises, no es ninguna novedad, leamos:
Éxodo 25:40 NBLA
»Mira que los hagas según el diseño que te ha sido mostrado en el monte.
Noten que Dios le muestra a Moisés un "modelo" según el cual debía construirse el tabernáculo. Según el autor de Hebreos, el "modelo" es el cielo mismo, la morada celestial de Dios que vio Moisés en el monte Sinaí.
Moisés al contemplar el cielo, el modelo para el tabernáculo que levantaría, pudo comprender entonces que Dios estaba revelando la manera en la que abriría un camino para que su pueblo habitara con él en gloria, y este camino sería abierto por sacerdote mas glorioso que Aaron que ofrecería su vida como expiación definitiva para quitar el pecado de Israel.
Al bajar del monte, Moises hablaría del cielo – él diría que Dios le mostró el modelo celestial después del cual se construiría el lugar santísimo en la tierra. Y sobre la base de esta visión anticipada del cielo, le hablaría al pueblo sobre un tabernáculo mayor y más perfecto, en gloria.
Moisés enseño lo mismo que el autor de Hebreos está enseñando. Moisés recibió tanta luz como el autor de hebreos, el sabía que el tabernáculo terrenal era una copia y sombra del tabernáculo celestial.
Moisés tuvo que haber exhortado al pueblo de Israel que estaba en el desierto, a contemplar por la fe su futura entrada en gloria a la morada celestial de Dios, mientras miraban el tabernáculo terrenal.
La esperanza de Israel se ha cumplido hoy. Dios ya abrió para nosotros ese camino en Cristo. Por sangre derramada, por su resurrección corporal y ascensión al cielo, El está en el lugar celestial que vió Moises en Sinaí, el el glorioso templo contemplado en visión por Isaías.
Amado hoy no vivimos en las sombras, hoy tenemos mejores promesas en Cristo por que entro en vigencia el nuevo pacto prometido por Dios a Israel por los profetas.
Esas mejores promesas tienen que ver con la eternidad, con el cielo, con aquel lugar donde mora Dios en el esplendor de su gloria, con una ciudad permanente y terna, donde no habrá pecado, ni sufrimiento, ni muerte, que ya es nuestra en Cristo.
Hebreos 12:22–24 NBLA
Ustedes, en cambio, se han acercado al monte Sión y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, a la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectos, y a Jesús, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel.
Oremos.
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