Pérgamo: carta a una Iglesia que debe luchar
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Reina Valera Revisada (1960) (Capítulo 2)
El mensaje a Pérgamo
12Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto:
13Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás. 14Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. 15Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco. 16Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. 17El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.
Introducción
Introducción
Entre las ciudades de la provincia de Asia, Pérgamo fue la primera que recibió el título de ciudad romana y la primera en la que se empezó a adorar al emperador como «señor y dios». Allí, como en ninguna otra ciudad de Asia, el Imperio exhibía y blasonaba su fuerza. Por eso dice Juan que Satanás tiene su trono en Pérgamo. Esto no quiere decir que esta Iglesia se encuentre bajo su poder, sino solo que la presencia conjunta de las dos realidades le impone una vigilancia constante. A veces, es inevitable que la Iglesia y el Imperio estén sentados juntos; en estos casos, los cristianos deben estar todavía más vigilantes, a fin de no acabar siendo cómplices.
Contenido
Contenido
2:12 La espada de Dios es su Palabra afilada con un doble filo
2:12 La espada de Dios es su Palabra afilada con un doble filo
12Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto:
Dado que el deber de la Iglesia de Pérgamo es resistir o perseverar, el Señor se le presenta como un guerrillero con una espada, porque la espada de Dios no es una espada de acero, sino que es la espada del Espíritu, Hebreos 4:12 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Es de doble filo porque es afilada y penetrante, porque escruta la intimidad de los corazones y revela también los pensamientos ocultos o escondidos. Frente a la Palabra de Dios, el hombre tiene necesariamente que tomar postura, revelando y manifestando así lo que de verdad alberga en su corazón, esto es, la fuerza del Espíritu.
En esto, pues, consiste el combate espiritual: en dejarse herir por la Palabra, para que nos pueda curar o para que –como un bisturí– remueva todo tumor maligno de nuestra alma. Igualmente, la espada de la Palabra es el arma con la que la Iglesia debe oponerse al mal para desvelar los engaños y conducir a los hombres, si es posible, a la conversión. La fuerza de la Palabra es tal que, cuando un cristiano toma una posición o postura sin doblez y sin compromisos, motivado por el Evangelio, su firmeza obliga a Satanás a salir al descubierto y a desenmascarar sus engaños.
2:13 La primera Iglesia en sufrir un martirio
2:13 La primera Iglesia en sufrir un martirio
13Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.
Dios sabe que estamos en un mundo caído donde Satanás es el príncipe de este mundo. El hombre no solo peco ante Dios si no que también dio las riendas de este mundo a Satanás . Jesus y Pablo habla con relación a esto:
Juan 12:31Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.
Juan 14:30No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.
Juan 16:11y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
Efe 2:2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
Me llama la atención cuando dice retienes mi nombre, según el griego esto significa autoridad, carácter. Según el diccionario de la Lengua Española Vox
Carácter: Conjunto de rasgos, cualidades o circunstancias que indican la naturaleza propia de una cosa o la manera de pensar y actuar de una persona o una colectividad, y por los que se distingue de las demás:
La Iglesia de Pergamo a pesar de que moraba donde mundo era evidente mantuvo su rasgos, era diferentes a los demás y ese carácter le ayudo a no negar a Cristo a pesar de la persecución o el lugar donde estaban. Me recuerda una canción de antaño donde dice: “Brilla en el sitio donde estes, puede con tu luz algún perdido rescatar, brilla en el sitio donde estes.”
La Iglesia de Pérgamo, por tanto, está por una parte en el centro de la propaganda imperial y, sin embargo, gracias a la Palabra de Dios, resiste con firmeza, aunque se trate de la primera Iglesia de Asia que ha derramado sangre. Sabemos poco de Antipas, el primer mártir del que tenemos noticia en Asia. En todo caso, el hecho de que Pérgamo haya sido la primera Iglesia en sufrir el martirio nos está diciendo que aquí el Imperio –por primera vez– se ha quitado su máscara y ha desvelado la violencia escondida en su aparente benevolencia. La fuerza de la predicación de los cristianos de Pérgamo y su tenaz postura han hecho manifestar y aparecer su rostro diabólico, y lo han logrado hasta tal punto que Juan podrá decir abiertamente que el templo de Augusto es el trono de Satanás.
A pesar de la preocupación manifestada por Juan, no parece que hubiese tanto motivo para ello, tal como había ocurrido en la carta a los de Esmirna, al verse en la obligación de exhortar a esta Iglesia a resistir ante la persecución. Juan había comprendido que, vista la ineficacia de la persecución, el Imperio practicaba ahora la estrategia de las alabanzas y lisonjas, que parecían haber abierto brecha en el compacto monolito que era la Iglesia de Pérgamo, consiguiendo que algunos se sintieran tentados a mitigar el mensaje del Evangelio buscando compromisos con el Imperio.
2:14 La Palabra de Dios pierde filo cuando se cede ante los compromisos
2:14 La Palabra de Dios pierde filo cuando se cede ante los compromisos
14Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.
Números 22–24, Balaam era un vidente a quien Balac, rey de Moab, encomendó pronunciar maldiciones sobre la nación de Israel antes de su entrada en Canaán.
Es clara la preocupación de Juan de que la espada de Dios permanezca afilada. En efecto, la relajación moral y los compromisos mundanos debilitan y enflaquecen la fuerza de la predicación, haciendo bastante menos eficaz y penetrante el Evangelio.
Nosotros decimos hoy que somos creíbles en la medida en la que lo son nuestros comportamientos. En efecto, son estos los que demuestran que nuestra tensión interior permanece intacta, pero, si empezamos a ceder ante nuestros compromisos, a aceptar invitaciones ambiguas, a frecuentar ambientes dudosos, llegaremos a un punto en el que ya nadie nos escuchará. La misma verdad se convierte en un arma despuntada, la Palabra de Dios pierde filo y ya no es espada afilada, sino que más bien se convierte en una especie de martillo y, en vez de penetrar quirúrgicamente para herir y, al mismo tiempo, curar, es presentada como un arma contra el propio hermano.
2:15 La doblez y el frecuente fingir de los nicolaítas debilitan la resistencia
2:15 La doblez y el frecuente fingir de los nicolaítas debilitan la resistencia
15Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.
Secta de la Iglesia primitiva asociada con las ciudades de Éfeso y Pérgamo (Ap 2:6, 15). El grupo fue acusado, al parecer, de los pecados de comer carne ofrecida a los ídolos y de inmoralidad sexual (probablemente ritual) (Ap 2:14). La asociación de estas mismas prácticas antinómicas (condenadas por el Concilio Apostólico de Jerusalén, Hch 15:20, 28, 29, cf. 21:25) con la profetisa Jezabel de Tiatira (Ap 2:20), puede indicar que la secta tenía también actividad en esa ciudad.
Dado que la simulación e hipocresía de los nicolaítas debilita o enflaquece la perseverancia de Pérgamo, la conversión exigida es la causa de su expulsión. Hay que proclamar la evidente distinción entre lo que es de Dios y lo que no lo es, entre la verdad y la obligación. Puesto que el peligro es grande, intervendrá el Señor mismo. Si la Iglesia de Pérgamo no reconoce sus errores, si sus pastores no cumplen la purgación necesaria, él mismo lo hará.
No deben sorprendernos la energía y la rigidez del procedimiento. En efecto, llega un tiempo en el que es necesario que aparezca y se manifieste la verdad de cada uno. Jesús mismo tomó muchas veces posiciones tan fuertes que obligaba a declararse: había que estar con él o contra él. Quien, permaneciendo en la Iglesia, propone un Evangelio aguado o adulterado, es semejante a quien escandaliza a los pequeños: para él, sería mejor que lo arrojasen al mar con una piedra de molino atada al cuello. Para quien vive a los pies del trono de Satanás, no hay posibles mediaciones. Puesto que en Pérgamo la Iglesia se encuentra en el desencuentro más duro, su integridad deberá ser absoluta.
La habilidad de la propaganda imperial es tal que ha transformado la fidelidad a la Palabra en un no-valor y, así, la integridad espiritual ha sido cambiada por una actitud integrista.
De la misma manera, también ocurre hoy que, como los «nicolaítas» de todos los tiempos, hay quienes en nombre de un diálogo mal entendido comienzan a «interpretar» la Palabra de Dios hasta vaciarla de sentido y de toda su dimensión incisiva. Frente a esto, es urgente que los cristianos se vuelvan a apropiar del orgullo de vivir una sana integridad que no cede a compromisos, esto es, que vuelvan a poseer una conciencia con una diversidad irreductible. Y esto no quiere decir mantener una cerrazón al diálogo, sino tener la certeza de la propia identidad.
2:16 Hay que dejarse escrutar por la espada de doble filo
2:16 Hay que dejarse escrutar por la espada de doble filo
16Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
Por otra parte, en cada uno revolotea esta misma tentación de compromiso, con la que es preciso hacer las cuentas. Como todos estamos tentados a seguir el camino de los «nicolaítas», deberemos usar en el gobierno de nosotros mismos la misma determinación requerida en el gobierno de la Iglesia. Quien se presta a combatir la «batalla santa» tiene que haber probado sobre sí mismo, de un modo más particular que en los otros, la arista de la espada de doble filo. Solo quien se ha dejado escrutar hasta el fondo de sus pensamientos y de sus sentimientos por la Palabra de Dios, quien ha dejado de poner en cuestión su propia convicción, será un guerrillero terrible. Solo quien ha vencido en sí mismo las tentaciones del Imperio será capaz de combatirlas en los demás. Por eso, la promesa del Señor de venir él mismo a luchar con la fuerza de la Palabra no es una amenaza, sino más bien una necesidad y una bendición.
Cuando un cristiano escoge la vía de la resistencia y de la constancia, ocurre con frecuencia que, rechazando el compromiso y custodiando la integridad de la fe, se queda solo. En torno a él, por así decirlo, se crea el desierto, y el aislamiento y las renuncias pueden descorazonarle. Por ello, es importante acoger este desierto como una bendición y no como una condena. Hay que escogerlo conscientemente como el camino que el Señor nos propone para salir de Babilonia, igual como lo fue para el pueblo de Israel, que escogió las asperezas del desierto con tal de ser liberado de Egipto.
He ahí por qué al vencedor se le promete el maná, el pan del camino, que le permitirá llegar hasta la tierra prometida.
2:17 La piedrecita blanca con el nuevo nombre
2:17 La piedrecita blanca con el nuevo nombre
17El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.
Todavía es más sugestiva la segunda promesa para el vencedor, esto es, la piedrecita blanca que recibirá de Cristo quien no ceda a los compromisos mundanos. La piedrecita blanca es un voto favorable, una absolución ante el dictamen o sentencia. Pero sobre esta piedra hay escrito un nombre nuevo, un nombre que nadie conoce. Como sabemos, en el hebraísmo el nombre representaba a la persona, lo cual quiere decir que del juicio de Dios brotará una nueva persona, una nueva identidad. Solo quien ha atravesado el desierto del mundo sin ceder a las tentaciones puede recibir de Dios el nuevo nombre y puede ser un hombre nuevo.
La absolución en el juicio, el perdón de los pecados, será el punto de partida de este renacimiento, de esta nueva persona que seremos, y con este nuvo nacimiento se cumplirá el designio de Dios sobre nosotros. Con esto se puede decir que la conversión es una vuelta a la propia vocación original y, al mismo tiempo, el cumplimiento de la propia aspiración humana. Es al recibir el maná escondido, la eucaristía, como se inicia esta transformación. Quien se nutre de la eucaristía recibe el perdón y el nuevo nombre.
¿Cómo no pensar en la conclusión del libro de Isaías: «Te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor», el verso que introduce el gran himno nupcial que culmina en esta frase: «Como se regocija el esposo con su esposa, así Dios se regocija contigo» (Is 62:1–5)? El nombre nuevo que recibirá quien no cede al compromiso mundano, el nombre ya escrito en los cielos para nosotros, es un nombre nupcial, es la anticipación en la historia de la perfecta comunión entre Dios y su pueblo de la que gozarán los ciudadanos de la nueva Jerusalén al final de los tiempos.
