La Evangelización

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¿Alguna vez te has preguntado por qué Dios estaba solo?
¿Estaba Dios aburrido?
¿Necesitaba Dios a la creación y al hombre porque le faltaba algo?

Dios creó por amor, por el deseo de compartir su gloria. Lo más amoroso que Dios puede hacer es compartir quién es él.

Isaías 43:7 RVR60
7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
Génesis 1:26 RVR60
26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

La relación de Adán y Eva con Dios no era un concepto abstracto. Más bien, era una relación de bendiciones y límites.

Génesis 2:16–17 RVR60
16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.
Primero, quiero que notes la libertad que Dios les da a Adán y Eva… «De todo árbol del huerto podrás comer».
¿Lo viste? «¡Es todo suyo! ¡Lo hice para ustedes! ¡Disfrútenlo! ¡Coman de esos árboles y con cada mordida recuerden que yo se los di para su deleite!». Dios creó al mundo bueno y lo creó para nuestro disfrute… y eso da gloria a Dios.
El disfrute, no obstante, debe ser cuidado por la verdad de Dios. A la luz de esto, nuestra segunda observación debería ser la restricción. Dios da un mandato y una consecuencia en el versículo 17: «mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás».
Dios es santo, él es santo, santo, santo. Si el hombre se revelara contra él, él lo juzgaría. El hombre fue creado para conocerlo, disfrutarlo y adorar a Dios. Al hacer esto, el hombre glorifica a Dios.
Antes de avanzar, quiero que leas Génesis 2:25
Génesis 2:25 RVR60
25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.
¿Puedes imaginar eso? Un mundo perfecto. Sin miedo. Sin celos. Sin recuerdos inquietantes. Sin corazones endurecidos. Sin lamentos. Sin culpa. Sin vergüenza. No conocían otra cosa que la vida, el amor, el gozo, la libertad y la perfecta santidad. Para eso fuimos creados.
Génesis 3:1–6 RVR60
1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; 3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. 4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; 5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. 6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

Comieron lo que Dios les había prohibido. Rechazaron a Dios. Se rebelaron contra el Señor de gloria y siguieron su propio camino.

¿Y qué sucedió? ¿Las cosas mejoraron? No. De hecho, tal y como Dios lo prometió, murieron. El pecado entró y cada aspecto de su mundo fue quebrantado. Lee Génesis 3:7
Génesis 3:7 RVR60
7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
El pecado destruyó su conocimiento de quiénes eran. Una vez fueron libres, ahora están llenos de vergüenza, miedo y culpa. Entonces, ¿qué hicieron? Se remendaron con hojas de higuera. Cualquier cosa para quitar el dolor. ¿Suena familiar? Es lo mismo que vemos en nuestro mundo hoy. El pecado nos ha confundido y ahora nos escabullimos con hojas de higuera que se parecen a carros, relaciones pecaminosas, logros, portafolios, cualquier cosa… cualquier cosa para adormecer el dolor. Pero la destrucción del pecado no para ahí.
Lee conmigo Génesis 3:8-11. Estos son algunos de los versículos más tristes en la Biblia. Dios y el hombre solían caminar juntos en las horas frescas del día (¡hablando de tiempos tranquilos!) Ya no más. Ahora se esconde de él por miedo. ¿Qué hace Dios? ¿Qué dice Dios? Esta es la primera pregunta en la Biblia: «¿Dónde estás?». ¿Por qué Dios preguntó esto? ¿Estaba confundido? No. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué quería de ellos? Quería una confesión. Quería que salieran y dijeran… Lo hice. Pequé. Comí. No confié en ti. No creí que tus caminos eran justos o que tú eras bueno. Pequé. En cambio, se escondieron. Y eso es lo que hemos estado haciendo desde entonces. Nos escondemos. Inventamos excusas, desarrollamos filosofías, evocamos falsas religiones, hacemos lo que sea para justificarnos. Nos escondemos. Pero la pregunta de Dios es la misma… «¿Dónde estás?». Esta pregunta, por cierto, es parte del evangelismo. En nombre del Señor vamos y les pedimos a las personas que sean honestas acerca de dónde están con Dios.
Finalmente, observa que el pecado también destruye su relación entre sí. Lee Génesis 3:12. ¿Qué ha pasado con su relación perfecta? Ahora está llena de resentimiento, culpa y amargura. Adán culpa a Eva y a Dios. Esto es lo que hace el hombre pecaminoso. El pecado odia ser expuesto y hará lo que sea para evitarlo, especialmente culpando a otros.
Entonces, ¿qué debería haber hecho Dios aquí? Debería haberlos aplastado. Porque él es santo, debería haberlos destruido, juzgado y expulsado para siempre bajo su ira en el infierno. Eso es lo que Dios haría si fuera justo. Pero en cambio… Dios promete destruir a otro. Dios promete juzgar a otro. Dios promete derramar su ira sobre otro.
Mira Génesis 3:14-19. En estos versículos Dios responde a la rebelión del hombre proclamando una maldición triple sobre Satanás, la mujer y el hombre. A Satanás: sobre tu vientre andarás. A la mujer: dolor en el parto y lucha en tu rol. Al hombre: dolor en el trabajo. Espinas y cardos producirá la tierra. A toda la humanidad: morirás.
Sin embargo, observa que Dios no solo los maldice. También les da una promesa… una promesa que guiará el curso de la historia y la esperanza del mundo.
Ve nuevamente Génesis 3:15 Cuando maldice a la serpiente, Dios dice esto: «Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar».
Génesis 3:15 RVR60
15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Dios da la promesa de que un hombre vendrá, será herido o lastimado por la serpiente, pero que al final, él aplastará su cabeza.

Dios promete enviar un libertador.

Uno que hará frente al enemigo y lo derrotará pero que en el proceso él mismo será herido. ¿Suena familiar? Esto es llamado el protoevangelio: la primera proclamación del evangelio.
Después de esta promesa Dios les da una imagen para ayudarles a recordar la promesa. Ve conmigo Génesis 3:21. ¿Qué ha hecho Dios allí? Dios les hizo túnicas de pieles. ¿Cómo consigues túnicas de pieles? Algo tiene que morir. La sangre de un animal inocente es derramada y ahora Dios quita las hojas de higuera de Adán y Eva y los viste con las túnicas inocentes de uno que murió en su lugar. ¿Suena familiar? Esta es una ilustración de lo que Dios hace por aquellos que confían en Cristo.
En Génesis 3:24
Génesis 3:24 RVR60
24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
Dios expulsa a Adán y Eva del huerto, pone un querubín con una espada encendida para impedir el acceso al árbol de la vida… y comienza la espera.
¿Quién será la simiente de la mujer? ¿Cómo será?       ¿Cómo lo reconoceremos?
De esto trata el resto del Antiguo Testamento, expectativa, ¡alguien viene! ¡Viene un libertador  que derrotará a Satanás, que los vestirá con inocencia y los restaurará para Dios!
Pero, ¿quién vendrá? ¿Quién será este cordero inocente?
Génesis 5 enumera nombre tras nombre como una agenda telefónica hasta un hombre llamado Noé, cuyo nombre significa «descanso». Entonces, el lector se pregunta:
¿Será Noé quien dará descanso al mundo manchado de pecado? No en forma definitiva, pero recibimos otra representación de Cristo. Dios prometió que se avecinaba un diluvio y que cualquiera que entrara al arca con fe pasaría por el juicio y sería llevado a un mundo nuevo. ¿Suena familiar?
Después del diluvio, la rebelión del hombre continuó y construyeron una torre donde buscaban exaltarse hasta los cielos para su propia gloria. ¿Qué hizo Dios? Los juzgó y los esparció confundidos y sin dirección. Pero en medio de esa oscuridad, Dios llamó a un hombre llamado Abraham por medio del cual nacería la nación de Israel. Él prometió a Abraham que sería bendecido y que a través de sus descendientes todo el mundo también lo sería. De aquí podemos entender que la simiente de la mujer, la simiente prometida, sería un descendiente de Abraham.
Desde ese momento la historia de Israel es así… se mudan a Egipto por causa de una hambruna de la cual Dios los liberó. Se convierten en esclavos bajo las órdenes de un malvado faraón del cual Dios los libera por medio de un hombre llamado Moisés. Uno de los últimos actos de liberación llegó cuando Dios llamó a la nación a derramar la sangre de un cordero inocente y untarla en los marcos de sus puertas como testimonio de su fe en la promesa de Dios de pasar por alto sus pecados y no juzgarlos. Quienes lo hicieron, vivieron, y quienes no, perdieron a su primogénito en el juicio.
Seguido de esto, Dios milagrosamente los guió a través del mar Rojo y hasta un lugar llamado monte Sinaí. Allí Dios dio su ley a su pueblo para que conocieran quién es él y cómo él exige que ellos vivan. En vista de que Dios sabía que no cumplirían su ley perfectamente, proveyó un sistema sacrificial mediante el cual un sacerdote ofrecía un cordero inocente como un acto de fe de que Dios pasaría por alto sus pecados. Ahora bien, sabemos por el Nuevo Testamento (Hebreos 9-10) que estas ofrendas eran simples sombras que apuntaban a un sacrificio superior que habría de venir… tenían la intención de causar anticipación. Año tras año… animales y sangre… ofrendas y oraciones.
En el transcurso, Israel se rebelaba constantemente y Dios trataba con ellos por su pecado, pero nunca los olvidó ni abandonó. En cambio, les hizo más promesas y les dio más de su misericordia. En los días de Samuel, pidieron un rey para ser igual al resto de las naciones (1 S. 8). Luego de haber recibido a un rey malvado, Dios promete levantar a un rey conforme a su corazón. Promete que sería un rey del linaje de Dios quien tendría una casa, un trono y un reino que nunca acabarían (2 S. 7:12-13).
Dios también promete a su pueblo que este rey eterno nacería de una virgen (Is. 7:14), en Belén (Mi. 5:2) que haría milagros (Is. 35:5-6) y que finalmente sería un siervo sufriente que «sería herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados» (Is. 52:12-53:12). Dios anunció todo esto para despertar la fe en su pueblo para que confiaran en que él traería a esta simiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente.
Ese es básicamente el Antiguo Testamento en pocas palabras, Dios dando pacientemente promesas a sus hijos para que esperaran con expectativa su cumplimiento.
¿Dónde está nuestro salvador? ¿Dónde está el nacido de una mujer? ¿Dónde está el nacido de Abraham? ¿Dónde está el rey nacido de David? ¿Dónde está nuestro sumo sacerdote? ¿Dónde está el último cordero?
Bueno, entonces, en la plenitud de los tiempos, Dios entregó el nacimiento de su Hijo Jesús a la virgen María en la ciudad de Belén. Miles de años de promesas habían hecho eco de ese fatídico día en el huerto del Edén, y finalmente se cumplieron. Jesús vino y vivió una vida perfecta, realizó grandes milagros, proclamó el reino de Dios y la esperanza para aquellos que se arrepintieran y creyeran en él. Pero en lugar de abrazar a Jesús como su Señor, los líderes religiosos de la época ordenaron que fuera ejecutado. Y así fue.
Jesús, el santo Hijo de Dios, fue abandonado por aquellos a los que él vino a salvar. Fue traicionado, arrestado, burlado, golpeado… y fue crucificado. En ese momento, toda la historia quedó totalmente clara. Años atrás en un huerto, la humanidad había fallado porque le había dado la espalda a Dios para probar de un árbol… y ahora… después de muchos días bajo el reinado del pecado… ese mismo Dios fue abandonado otra vez… pero esta vez por su bien. Jesús fue clavado a un madero para recibir la maldición, la vergüenza y el juicio que nosotros, humanos pecaminosos, merecíamos. ¿Recuerdas cuando Dios maldijo la tierra tras la caída de Adán? ¿Recuerdas lo que surgió del suelo? Espinas y cardos. Ese día, en la cruz, Jesús llevaba una corona de espinas… no una corona de oro, plata o joyas, más bien… la gloria de nuestro rey era llevar nuestra maldición sobre su cabeza. La ira y la furia de Dios por el pecado se derramaron sobre el santo Hijo de Dios. Antes de morir, gritó: «¡Consumado es!»…y así fue. Había venido a morir por los pecadores y a satisfacer la ira de Dios… todo había terminado.
¿Recuerdas que sucedió después de que Jesús murió? El velo del templo se rasgó en dos (Mt. 27:51). El velo fue creado para impedir que el hombre pecador se acercara al Dios santo. ¿Sabes qué estaba bordado en el velo del templo? Éxodo 26:31 nos dice que eran querubines. ¿Recuerdas cuando Adán y Eva fueron expulsados del huerto, lo que Dios puso para apartarlos del árbol de la vida? Un querubín con una espada. A través de la muerte de Cristo, ahora tenemos acceso al lugar donde está Dios. A través de su muerte, se rompe el velo, se quita la espada y nuevamente podemos conocer a nuestro Creador.
Luego de que Jesús murió lo colocaron en una tumba. Y durante tres días permaneció muerto. Hasta esa fatídica mañana cuando Dios removió la piedra, ¡y el mundo vio que Jesús había resucitado de los muertos! ¡Él está vivo! ¡El Hijo de Dios derrotó al pecado, a Satanás y a la muerte! Después de su resurrección, apareció durante 40 días a muchos y les dijo a sus discípulos que se iba a ir. Pero mientras él no está, les ha dejado la mayor de las tareas:
Mateo 28:18-20 Jesús dice: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Después de decir estas palabras (que son paralelas a las de Hechos 1:8) ascendió a la diestra del Padre, donde ahora intercede por nosotros.
Mateo 28:18–20 RVR60
18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
El día de Pentecostés llegó 10 días después de la ascensión de Jesús. En ese día, Dios dio el Espíritu Santo a sus discípulos. Después de esto, llevaron el evangelio a los confines de la tierra llamando a las personas a que se arrepintieran y creyeran en Jesús, el Señor prometido y el Salvador del mundo. Le dijeron al mundo que Jesús era un rey que vendría pronto a juzgar a sus enemigos, pero que también era un rey bondadoso que se deleitaba en extender misericordia. Se mantuvieron fieles al mensaje del evangelio y por él padecieron persecución, aflicción, sufrimiento y el gozo de ver a muchos confiar en Cristo.
Esto es lo que ha estado sucediendo durante los últimos 2000 años de historia. Los seguidores de Cristo han estado entregando sus vidas para proclamar las buenas noticias de que Dios salva a los pecadores que confían en Cristo. Por esa razón, estamos aquí esta mañana, porque creemos que Jesús es nuestro Señor y Salvador y que la única esperanza para el mundo es que crean en él.
Mientras proclamemos el Evangelio, tengamos en cuenta el hecho de que la misericordia de Dios no durará para siempre. Llegará un día en que Jesús regresará y llamará a todas las personas a rendir cuentas. Ve conmigo rápidamente a Apocalipsis 19:11-16 [lee]… Jesús viene a juzgar al mundo.  Apocalipsis 20:11-15 [lee]… viene un día de juicio. Pasa a Apocalipsis 21:1-6 [lee], ahora 22:1-4 [lee].
¿Puedes ver dónde terminamos? Estamos de vuelta en Edén. Un cielo nuevo y una tierra nueva. Un nuevo árbol de la vida y un nuevo río de agua de vida. No hay espinas en esta costa. No hay llanto en este huerto. Estamos una vez más frente a frente a nuestro creador.
Ahora que hemos ido desde Génesis hasta Apocalipsis, me gustaría concluir con algunos principios de este estudio a los cuales regresaremos durante nuestro tiempo juntos.
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