Pescando Claridad

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Dudas

Matthew 17:24 (NVI)
24 Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Capernaúm, los que cobraban el impuesto del templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: —¿Su maestro no paga el impuesto del templo?
El Antiguo Testamento prescribía que, en el censo anual, todas las personas de más de veinte años tenían que dar al Señor la ofrenda de medio siclo para el sostenimiento del tabernáculo (Éx 30:11-16), que más adelante se aplicó al mantenimiento del templo.
Estos recaudadores del impuesto del templo no son funcionarios del mismo tipo que Mateo antes de su llamamiento, quien trabajaba para las fuerzas romanas de ocupación (cf. 9:9), sino representantes del sistema religioso judío de Jerusalén encargados del mantenimiento del templo.
Los dirigentes de la comunidad recaudaban el impuesto de medio siclo, instalando en lugares comunitarios visibles cajas con forma de trompeta parecidas a las que había en el templo, donde se depositaba el impuesto del templo.
En lugar de hablar con el propio Jesús, estos recaudadores se acercan a Pedro, el líder entre sus discípulos, lo cual podía ser una práctica en deferencia a la estima de un maestro popular (cf. 9:11).
La estructura gramatical de la pregunta indica que estos cobradores del templo intentan suscitar una respuesta afirmativa: “¿Su maestro no paga el impuesto del templo?”.
Matthew 17:25 NVI
25 —Sí, lo paga—respondió Pedro. Al entrar Pedro en la casa, se adelantó Jesús a preguntarle: —¿Tú qué opinas, Simón? Los reyes de la tierra, ¿a quiénes cobran tributos e impuestos: a los suyos o a los demás?
Pedro sabe que Jesús es fiel a la ley (5:17-19) y responde, por tanto, de manera afirmativa. A solas con él en casa, Jesús imparte a Pedro una reflexión más profunda sobre este asunto.
Al parecer, Jesús ha oído casualmente el diálogo y llama a Pedro por su nombre de pila, “Simón”, que es la forma habitual de referirse a él en este libro. Jesús plantea la cuestión de los “tributos e impuestos”,
Tributos se refiere a los impuestos locales indirectos, los del templo y de la aduana. Impuestos se refiere a lo que el gobierno romano cobraba por cabeza y que entraba directamente a la tesorería imperial.
Su pregunta es: “Los reyes de la tierra, ¿a quiénes cobran tributos e impuestos: a los suyos o a los demás?”.
Matthew 17:26 NVI
26 —A los demás—contestó Pedro. —Entonces los suyos están exentos—le dijo Jesús—.
La respuesta de Pedro es la esperada: los gobernantes no recaudan impuestos de sus hijos, sino de sus súbditos.
Con esto se completa la analogía, cuando Jesús concluye: “Entonces los suyos están exentos”.
El templo es la casa de su Padre y, por tanto, siendo Hijo de Dios, Jesús está exento del impuesto del templo. Y sus discípulos, que ahora son parte de la familia del Padre (12:48-50), lo están también.
Esta es una profunda afirmación cristológica, que no solo indica, mediante una analogía, la relación de Jesús con su Padre, el Rey absoluto, sino también la forma en que cumple la ley. No va a haber ya necesidad de sacrificios en el templo, porque su cruz será el último sacrificio (cf. Heb 7:26-28).
Matthew 17:27 NVI
27 Pero, para no escandalizar a esta gente, vete al lago y echa el anzuelo. Saca el primer pez que pique; ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y dásela a ellos por mi impuesto y por el tuyo.
Para producir una honda impresión, que sus discípulos recordarán por mucho tiempo, Jesús le pide a Pedro que eche un anzuelo, donde encontrará la moneda para pagar este impuesto.
Aunque en el mar de Galilea se utilizaban habitualmente hilos y anzuelos para pescar, las redes eran el medio más efectivo para la pesca comercial (ver 4:18-22). Todas las demás alusiones a la pesca en el Nuevo Testamento indican el uso de redes.
La moneda que Pedro encontró en la boca del pez fue un estatero, el equivalente a dos didracmas, y por tanto, un siclo. Se trata de un milagro de presciencia (cf. 21:2) y de provisión divina.
Es posible que Dios dispusiera en su providencia que un pez se tragara una brillante moneda del fondo del lago, lo cual no es un fenómeno desconocido, o puede que este fuera un milagro singularmente dispuesto. En cualquier caso, es una señal para los discípulos, como lo sería también la maldición de la higuera (21:19), pero en este contexto indica la superioridad de Jesús sobre el templo (cf. 12:6).
Matthew 12:6 NVI
6 Pues yo les digo que aquí está uno más grande que el templo.
El incidente del mar de Galilea en el que Jesús le dijo a Pedro que encontraría en la boca del pez la moneda para pagar el impuesto del templo tiene dos importantes implicaciones para nosotros. (1) Tenemos un anticipo del efecto de la obra expiatoria de Jesús en la cruz.
Jesús pagará con su propia vida el rescate de nuestro pecado (20:28).
Matthew 20:28 NVI
28 así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.
(2) Vemos en este incidente que la libertad que imparte el sacrificio de Jesús nos da ahora la capacidad para actuar bien para con los demás.
Cuando Jesús dirige a Pedro a pagar el impuesto del templo para no hacer que otras personas caigan en pecado, está indicando que la verdadera libertad no está en servirnos a nosotros mismos, sino a los demás.
Al pagar el impuesto del templo, aunque no tenía obligación, Pedro descubre otra forma de libertad, que es la capacidad de ir más allá de sí mismo para servir a los demás.
¿por qué Mateo decidió preservar un registro de este incidente; él es el único escritor del Evangelio que lo hizo?
Creo que este incidente llamó la atención de Mateo en parte debido a su experiencia como recaudador de impuestos (9:9).
Sin embargo, el interés principal de Mateo al escribir su Evangelio fue contarles a otros acerca de su Maestro, y este breve pasaje nos dice mucho sobre la identidad de Jesús.
Quizás también recordemos la humildad de Jesús. Aquel que controla tanto la naturaleza y sus poderes que calma las tormentas y multiplica los alimentos, ahora le recuerda a Pedro ese poder mediante este milagro, sin dejar de ser tan humilde que no ofenderá innecesariamente (cf. 11:28-30; 12:20).
La lección de humildad es para Pedro y los demás discípulos. No tenemos evidencia de que los recaudadores de impuestos fueran testigos de ello. (Los milagros que no curan en Mateo casi siempre son por el bien de los discípulos; véase Gerhardsson, Mighty Acts.) Pero la humildad está a punto de ser explicada a los discípulos con cierto detalle (18:1–35).
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