Prosélito
Prosélito
A los extranjeros de paso, heb. 5237 nokhrí, נָכְרִי, no se les exigían obligaciones legales ni religiosas, pero a los residentes agregados a la fe de Israel se les pedía la circuncisión (Gn. 34:14; Ex. 12:48; Num. 9:14), la observancia del sábado (Ex. 20:10; 23:12; Dt. 5:14) y del resto de las fiestas santas (Ex. 12:19; Dt. 16:11; Lv. 16:29).
Los fariseos eran muy celosos en su proselitismo
Popea, la concubina de Nerón, era prosélita del judaísmo (Ant. 20, 7, 11).
Había prosélitos en Jerusalén en el día de Pentecostés (Hch. 2:10). Nicolás, uno de los siete diáconos de la Iglesia apostólica, era prosélito de Antioquía (Hch. 6:5), ciudad en la que había numerosos adeptos al judaísmo (Hch. 8:27). En Antioquía de Pisidia, un gran número de prosélitos siguió a Pablo y a Bernabé (Hch. 13:43).
Convertirse en judío implicaba:
• Compromiso a toda la Torá
• Inmersión en agua
• Sacrificios
• Circuncisión
Los judíos distinguían entre «prosélitos» y «temerosos de Dios» (Hch. 10:2; 13:43; 16:14; 18:7). Los prosélitos eran gentiles que habían dado su adhesión al judaísmo, en tanto que los «temerosos de Dios» eran los que, sin haber llegado a dar este paso, frecuentaban fielmente la sinagoga. En el rabinismo se distinguían dos categorías de prosélitos: los «prosélitos de la justicia» (geré hatstsedeq, גֵּרֵי הַצֶּדֶק), que se obligaban a la circuncisión, al bautismo, ofrecían sacrificios, y practicaban el judaísmo integral; y los «prosélitos de la puerta» (geré hashshaar, גֵּרֵי הַשַּׁעַר), menos avanzados, que seguían los «siete preceptos de Noé», pero no se sometían ni a la circuncisión ni al conjunto de las ordenanzas judías.
Y de las enseñanzas del rabino Helbo se enseña que “los prosélitos son tan difíciles de soportar para Israel como una llaga” (Niddah 13 b).
El recibimiento de los prosélitos parece haber sido tan peculiar y variado dependiendo de la comunidad que los acogía como los pasos necesarios para su conversión.
