Hebreros 9:1-14
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Introducción
Introducción
Todos nosotros fuimos creados por Dios para adorarle, para servirle en todas las cosas que hacemos cotidianamente. La adoración es el llamado universal de Dios para todo hombre, Dios busca que los hombres le adoren, para esto fuimos creados “Para glorificarle y servirle” esto es adoración. Ahora bien, por causa del pecado, los hombres no quieren adorar, ni servir a Dios y tampoco pueden a causa de sus conciencias culpables. Por naturaleza el hombre ama su pecado y quiere vivir para su placer, nop quiere servir a Dios y por naturaleza la conciencia culpable de todo hombre le aleja de Dios, la fuente de toda santidad. Y por naturaleza Dios no puede aceptar la adoración de los hombres en Adan, ya que hasta el rincon mas escondido del hombre esta manchado por el pecado que es ofensivo a Dios.
Si fuimos creados para adorar y servir a Dios, y el pecado nos ha apartado de nuestro deber y en consecuencia no podemos vivir vidas bienaventuradas ¿que necesitamos para regresara Dios como pecadores culpables? Necesitamos redención, salvación y necesitamos ser limpios para servir a Dios con limpia conciencia. Y esta redención, esta limpieza es posible por medio de Jesucristo.
Esta mañana veremos como en Cristo, hemos sido redimidos eternamente y hemos sido limpios completamente para servir a Dios con una limpia conciencia. Quiera Dios usar su palabra esta mañana para animarnos a adorarle con libertad en todo lo hacemos en nuestra vida a la luz de lo que en Cristo tenemos el día de hoy “Libre acceso a Dios por el sacrificio que ofreció nuestro gran sumo sacerdote Jesucristo para darnos entrada a un mejor pacto”. De esto se trata el texto que estudiaremos esta mañana.
Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas para el culto y el santuario terrenal. Porque había un tabernáculo preparado en la parte anterior, en el cual estaban el candelabro, la mesa, y los panes consagrados. Este se llama el lugar santo. Y detrás del segundo velo había un tabernáculo llamado el Lugar Santísimo, el cual tenía el altar de oro del incienso y el arca del pacto cubierta toda de oro, en la cual había una urna de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que retoñó y las tablas del pacto. Sobre el arca estaban los querubines de gloria que daban sombra al propiciatorio. Pero de estas cosas no se puede hablar ahora en detalle. Así preparadas estas cosas, los sacerdotes entran continuamente al primer tabernáculo para oficiar en el culto. Pero en el segundo, solo entra el sumo sacerdote una vez al año, no sin llevar sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados del pueblo cometidos en ignorancia. Queriendo el Espíritu Santo dar a entender esto: que el camino al Lugar Santísimo aún no había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo permaneciera en pie. Esto es un símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto en su conciencia al que practica ese culto, ya que tienen que ver solo con comidas y bebidas, y diversos lavamientos, ordenanzas para el cuerpo impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas. Pero cuando Cristo apareció como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de Su propia sangre, obteniendo redención eterna. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la novilla, rociadas sobre los que se han contaminado, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, quien por el Espíritu eterno Él mismo se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?
La semana pasada vimos como el autor de Hebreos contrasto el antiguo pacto con el nuevo pacto en Jesucristo. Les demostró por las escrituras del A.T. a esta iglesia que estaba a punto de abandonar su confianza en cristo para regresar a la religión Judía, como su única esperanza estaba en Jesucristo quien era mediador de un mejor pacto, no valía la pena regresar a las practicas del antiguo pacto Mosaico. A esta altura los creyentes Judíos deberían estarse preguntando, ¿Entonces el Antiguo pacto no tenía ningún propósito, no tiene ningún valor, no servía para nada, nuestros padres perdieron su tiempo viviendo en un pacto vació y desprovisto de todo propósito?
La respuesta la tenemos en los versículos que acabamos de leer. Abrazar ahora el nuevo pacto y abandonar el antiguo con todas sus regulaciones para la adoración, no implica que el viejo pacto era sin valor o fuese malo, fue de hecho una provisión gloriosa para los hijos de Israel en su momento, pero hoy hemos llegado a un nuevo día, es un momento aun mas glorioso. Hoy estamos siendo llamados a adorar a Dios con plena libertad, estamos siendo llamados a vivir de cara a él en todo momento para servirlo sin ningún temor, con toda seguridad y confianza, esto no ocurría en el A.T. los adoradores no tenían plena libertad, no tenían completo acceso a Dios y todas las regulaciones dadas por Dios les recordaba constantemente su necesidad de perdón, sus conciencias no estaban libres, no podían adorar con plana seguridad.
La primera fotografía que yo tuve de mi esposa cuando éramos novios, tenía un gran significado para mi, la tenía en mi fondo de pantalla del computador y era un deleite mirarla antes y después de trabajar, pero aunque me deleitaba en ella, era frustrante porque ella no estaba conmigo. Cuando me case, esa foto no esta mas en mi protector de pantalla, ya la tengo conmigo todos los días y es mi deleite constante.
Algo como esto es la respuesta del autor de Hebreos. El A. Pacto era como una fotografía que revelaba la realidad, pero no era la realidad. Ahora la iglesia tiene todo lo que al antiguo pacto representaba. Hoy ya no adoramos añorando el día en el que veremos a Dios cara a cara, hoy ya le podemos ver en la fas de Jesucristo por el Espíritu.
Las sombras no son necesarias cuando llega la realidad. La adoración del A.T. era buena, pero solo era una sombre de Cristo. En palabras de Jesus:
Jesús le dijo*: «Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. »Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. »Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren. »Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad».
Hebreos 9:1-14 habla de lo mismo, haciendo un contraste entre la antigua forma de adoración ordenada por Dios en el A.P y la adoración en Espíritu y verdad del N.P. El texto esta pues dividido en dos partes:
Versículos 1-10 La adoración en el antiguo pacto,
Versículos 11-14 la Adoración del nuevo pacto.
Vemos mas detalladamente este contraste:
1. La adoración en el Antiguo Pacto
1. La adoración en el Antiguo Pacto
Vs. 1 Vemos en primer lugar que en al A.P o el Primer pacto, tenía ordenanzas dadas por Dios a la Iglesia para que le sirvieran. El propósito de Dios en el EXODO de Egipto, fue redimir a Israel para que le sirviera delante de su presencia.
Israel sirvió a Dios en el desierto, y para que su servicio fuera agradable a Dios, Dios mismo ideo una manera para que Israel pudiera habitar en su presencia. La forma fue a travez de un tabernáculo.
Por causa del pecado, Israel no podía acercarse a Dios, y Dios no podía habitar en medio del pueblo que quiso amar. Su justicia no lo permitía. Todo pecador debe morir eternamente delante de un Dios que es juez Justo.
Dios estableció su morada en medio de Israel, y llamó a Israel a adorarle y servirle, mientras provisionalmente le proveyó para ellos una manera en la que ellos por la fe pudieran ver un símbolo de las promesas de Dios a Abraham. Ellos un día podrían disfrutar de la presencia de Dios en gloria. Ahora se les da una anticipo para que disfruten de la presencia de Dios mediada por los sacerdotes y a travez de las sombras del tabernáculo que representa terrenalmente el cielo.
El autor nos recuerda esta realidad, de que Israel nunca pudo acceder al cielo realmente. Solo vieron una foto, una sombra de este mediara por el tabernáculo y por el servicio de los sacerdotes.
A. El tabernáculo (1-5)
Dios lo dispuso de tal manera que Israel pudiera ver de que manera ellos en el futuro, por medio de la simiente de la mujer, podrían experimentar las glorias del cielo y servir a Dios delante de su presencia eternamente en Sión.
El tabernáculo era precioso. La carpa principal, el lugar donde Dios puso su morada temporal para habitar en medio de Israel, tenía dos cámaras:
El lugar santo: en el que se encontraba el candelabro de oro representando la presencia vivificante de Dios en medio de Israel, la mesa con los 12 panes de consagrados que representaba a Israel habitando delante de esta presencia vivificante de Jehová.
El lugar santísimo: estaba separado por un velo pesado que impedía que los sacerdotes pudieran acceder o ver lo que había en esta cámara interior. Ali estaba dice el autor de hebreos: el altar del incienso, haciendo alusión no a su ubicación particular, si no a su uso. El día de la expiación se tomaban carbones encendidos de esta mesa y el sacerdote echaba alli incienso para que el lugar santísimo se llenara de humo grato, el lugar santísimo cada día de la expiación estaba lleno de una densa nube que cubría el arca del pacto, el asiendo del trono de Dios en la tierra. El sacerdote podía experimentar lo que experimento Moisés en el monte Sinaí, era como estar en el cielo mismo, rodeado de nubes ante la presencia cegadora del Dios del cielo. Era una atmósfera creada por mandato de Dios como una representación del cielo, pero aun así al presencia real de Dios estaba allí en ese lugar.
En el arca del pacto, estaban algunos recordatorios para Israel: El mana que señalaba como Dios es su proveedor que no se olvida de sus necesidades y la vara de Aron que reverdeció en la presencia de Dios recordándoles la familia que Dios había establecido para mediar por ellos delante de su presencia. Y ademas estaban las tablas de la ley, recordando a Israel que Dios era su legislador y rey.
Sobre el arca del pacto estaban dos querubines que daban sombra al propiciatorio. Mostrando como Dios haría propiciación por los pecados de Israel mediante el derramamiento de sangre de un sustituto. Esta era la base que sostenía el pacto antiguo, la gracia hacia posible que un pueblo pecador, pudiera disfrutar de Dios como rey, proveedor y dador de vida.
El tabernáculo era pues una fotografía del cielo, en la que los sacerdotes cumplían una función particular. Eran como los ángeles del cielo que subían y descendían del cielo para servir a Israel, como lo vio en visión Jacob. El tabernáculo era como una escalera al cielo, pero solo de manera tipológica.
B. El Servicio de los sacerdotes (6-10)
Los sacerdotes continuamente estaban sirviendo a Dios dentro de los limites del primer tabernáculo o al lugar santo. Cada día ofrecían sacrificios en la mañana y en la tarde por los pecados de ellos y de Israel, entraban cada día en la mañana y en la tarde a cortar los pabilos de las lamparas y a poner aceite para que no se apagarán, a quemas incienso que representaban las oraciones de Israel que ascendían a Dios como olor grato y cada sábado debían cambiar los 12 panes de la mesa y comer los viejos.
Pero estos sacerdotes no tenían acceso al trono de Dios. Si entraban morirían. Solo Dios le permitió una vez cada año, en el mes de Abib, entrar con la sangre de dos sacrificios, uno por el y otro por el pueblo al trono de Dios en el lugar santísimo. La sangre hacía expiación por el pecado, limpiaría el tabernáculo de toda profanación y como representaba la vida del animal que representaba a Israel, señalaba la manera en la que Israel con base en el sacrificio, ahora podía entrar en contacto con lo santo, habiendo sido ceremonialmente limpios.
Con la disposición del tabernáculo y con las ceremonias de los sacerdotes, el Espíritu Santo estaba dando a entender al pueblo de Dios del A.P que el camino al lugar santísimo aun no había sido revelado a ellos, mientras ese santuario estuviera en pié, el Espíritu estaba diciendo: Aun deben esperar al mesías que anticipan los hijos de Aron, al ungido que atravesara el velo, no del santuario terrenal, sino del santuario celestial, para abrirles acceso a la casa de Dios en Gloria o al tabernáculo celestial.
El Espíritu Santo estaba enseñando la imposibilidad de acceder a Dios en gloria, sin un sacerdote perfecto y un sacrificio perfecto y un pacto perfecto.
Vs. 9…. Para el tiempo de los hebreos, el templo aun estaba en pie. Para ese tiempo el templo era para ellos como un símbolo, una parábola viviente, de que todo lo que se hacía ese templo, todas las ofrendas y sacrificios no podían hacer perfectos en su conciencia a los practicaban ese culto. Aun que se abstuvieran de comidas y bebidas, aun cuando hicieran uso de los diversos lavamientos para limpiarse ceremonialmente y aunque se sigan circuncidando fisicamente, estas cosas no pueden sino hacer por ellos una obra externa, no pueden quitar la culpa de sus conciencias.
Dios había impuesto todas estas regulaciones para evitar la corrupción de su pueblo en el antiguo pacto. Estas regulaciones le mantenían a ellos apartados del mundo y consagrados a El. Pero estas regulaciones en si mismas no podían transformar sus corazones y liberarles de la culpa, solo por la fe en las promesas de Dios, solo por la fe en el tiempo en el que Dios vendría a reformar las cosas ellos tendrían provecho de estas regulaciones. Regulaciones que debían desaparecer en el tiempo de la reforma.
Ese tiempo ya vino con la venida de Jesucristo. Jesus le dijo a la mujer samaritana: Juan 4:21-23
Jesús le dijo*: «Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. »Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. »Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren.
La hora de la reforma llegó, no adoramos a Dios en las sombras del Antiguo pacto. El antiguo pacto no es sin valor, era un anticipo del camino que Dios nos ha abierto por medio de nuestro señor Jesucristo. El es la escalera al cielo que anticipó el tabernáculo:
También le dijo*: «En verdad les digo que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre».
El es la morada de Dios con los hombres. Como es la adoración en el Nuevo Pacto?
2. La adoración en el Nuevo Pacto (11-14)
2. La adoración en el Nuevo Pacto (11-14)
Nuestra adoración es en Espíritu y en Verdad.
Adoramos en un santuario celestial.
Es una adoración que no esta limitada a un lugar en esta tierra, ya que en Cristo el cielo se ha abierto para nosotros y por el Espíritu las realidades de los bienes futuros ya son nuestras por la obra de Cristo, quien entro al cielo como nuestro sumo sacerdote, no sin sangre, no con sangre de machos cabrios, sino con su propia sangre y de esta manera obtuvo una redención terna.
Redimir es rescatar a un esclavo por medio del pago de un precio. Jesus logro una redención eterna, su sangre cubre toda una eternidad de condenación que nosotros merecíamos. No hay contención para los que están Cristo.
En el nuevo pacto nos acercamos a Dios en Cristo. Por al fe en su sangre, que ha quitado todos nuestros pecados.
Ahora podemos servir a Dios delante de su presencia, estamos sentados con Cristo en lugares celestiales. Ahora mismo existimos espiritualmente en la presencia de Dios. Espiritualmente hablando, no soy de este mundo. Mi cuerpo esta aquí, pero en Cristo vivo delante del trono de Dios. Podemos acercarnos siempre a su trono de gracia para hallar gracia y oportuno socorro.
En cuanto al Servicio de Jesus en el santuario:
Jesus esta hoy como los sacerdotes del santuario terrenal, cada día intercediendo por nosotros en el santuario celestial, refrescándonos cada día de reposo, iluminando constantemente nuestro camino.
Por su sangre, por su sacrificio en la cruz ofrecido una vez y para siempre, nos ha presentado delante del trono de Dios sin mancha. El fue nuestro sustituto, que hizo expiación por nuestros pecados. ahora podemos tener comunión con Dios, nuestras vidas pueden reverdecer como la vara de Dios, hemos sido santificados, ungidos por el Espíritu Santo para ser un pueblo de sacerdotes consagrados a Dios.
Seguros de que nuestros pecados han sido perdonados completamente, sabiendo que hemos sido redimidos y reconcialiados por Dios y que por el Espíritu estamos siendo santificados, podemos acercarnos cada Día a Dios con plena certidumbre de fe.
Piensen en esto, si la sangre de los machos cabríos y de los toros ofrecidos el día de la expiación perdonaban y hacían aptos a los adoradores para entrar limpios en el tabernáculo de reunión y recibir la bendición de Dios a travez de Aron y si las cenizas de una novilla podían limpiar las impurezas de la piel en las personas inmundas por la contaminación del pecado haciéndolos aptos para entrar en un templo terrenal.
Cuanto mas, la sangre de Jesucristo no limpiara nuestra conciencia de obras muertas, es decir de todas aquellas obras hechas en la carne que desagradan a Dios. En Cristo todo lo hagamos para la gloria de Dios es aceptable, podemos servir al Dios vivo con una limpia conciencia, sabiendo que todo nuestro trabajo en el Señor no será en balde.
En Cristo ninguna oración nuestra es desechada por Dios. Ninguna obra en favor suya será olvidada, cada acto de servicio será recompensado. Nuestra adoración es para él olor grato y nuestras vidas son preciosas en su presencia. Por que su sangre ha cubierto todos nuestros pecados de una vez y para siempre y nos hace aptos para servir a Dios delante de su rostro por el Espiritu que ha echo morar en nuestros corazones.
Ilustración:
Carlos Simeón nació en 1759 y murió en 1836. Recordaba bien su conversión a Cristo. Sucedió mientras leía acerca de lo que sucedió en el Día de la Expiación cuando el Sumo Sacerdote puso sus manos sobre el chivo expiatorio, simbolizando la transferencia de la culpa del pueblo de Israel a la ofrenda del sacrificio.
“Se me ocurrió un pensamiento”, dijo Simeón: “¿Puedo transferir toda mi culpa a otro? ¿Me ha provisto Dios una ofrenda para que yo ponga mis pecados sobre su cabeza?' Entonces, si Dios quiere, no los llevaré en mi alma ni un momento más. En consecuencia, traté de poner mis pecados sobre la sagrada cabeza de Jesús” (citado por FF Bruce, 194).
Tú puedes hacer lo mismo hoy y ser limpiado y liberado para servir y adorar a Dios con una conciencia limpia.
Oremos.
