hebreos 9

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introducción

LA NECESIDAD DE UN MEJOR SACRIFICIO

recordando
LOS UTENSILIOS DEL TEMPLO
LOS PECADOS COMETIDOS POR IGNORANCIA
JESÚS clamando al padre
lucas23.
34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
LA SANGRE DE LOS ANIMALES ES INCAPAZ DE LIMPIAR LA CONCIENCIA.
PRACTICAS Y TRADICIONES.
11 Entonces Cristo ahora ha llegado a ser el Sumo Sacerdote por sobre todas las cosas buenas que han venido.[f] Él entró en ese tabernáculo superior y más perfecto que está en el cielo, el cual no fue hecho por manos humanas ni forma parte del mundo creado. 12 Con su propia sangre—no con la sangre de cabras ni de becerros—entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre, y aseguró nuestra redención eterna.
13 Bajo el sistema antiguo, la sangre de cabras y toros y las cenizas de una novilla podían limpiar el cuerpo de las personas que estaban ceremonialmente impuras. 14 Imagínense cuánto más la sangre de Cristo nos purificará la conciencia de acciones pecaminosas[g] para que adoremos al Dios viviente. Pues por el poder del Espíritu eterno, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio perfecto por nuestros pecados. 15 Por eso él es el mediador de un nuevo pacto entre Dios y la gente, para que todos los que son llamados puedan recibir la herencia eterna que Dios les ha prometido. Pues Cristo murió para librarlos del castigo por los pecados que habían cometido bajo ese primer pacto.
16 Ahora bien, cuando alguien deja un testamento,[h] es necesario comprobar que la persona que lo hizo ha muerto.[i] 17 El testamento solo entra en vigencia después de la muerte de la persona. Mientras viva el que lo hizo, el testamento no puede entrar en vigencia.
18 Por eso, aun el primer pacto fue puesto en vigencia con la sangre de un animal. 19 Pues después de que Moisés había leído cada uno de los mandamientos de Dios a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y las cabras[j] junto con agua, y roció tanto el libro de la ley de Dios como a todo el pueblo con ramas de hisopo y lana de color escarlata. 20 Entonces dijo: «Esta sangre confirma el pacto que Dios ha hecho con ustedes»[k]. 21 De la misma manera roció con la sangre el tabernáculo y todo lo que se usaba para adorar a Dios. 22 De hecho, según la ley de Moisés, casi todo se purificaba con sangre porque sin derramamiento de sangre no hay perdón.
23 Por esa razón, el tabernáculo y todo lo que en él había—que eran copias de las cosas del cielo—debían ser purificados mediante la sangre de animales; pero las cosas verdaderas del cielo debían ser purificadas mediante sacrificios superiores a la sangre de animales.
24 Pues Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos humanas, que era solo una copia del verdadero, que está en el cielo. Él entró en el cielo mismo para presentarse ahora delante de Dios a favor de nosotros; 25 y no entró en el cielo para ofrecerse a sí mismo una y otra vez, como lo hace el sumo sacerdote aquí en la tierra, que entra en el Lugar Santísimo año tras año con la sangre de un animal. 26 Si eso hubiera sido necesario, Cristo tendría que haber sufrido la muerte una y otra vez, desde el principio del mundo; pero ahora, en el fin de los tiempos,[l] Cristo se presentó una sola vez y para siempre para quitar el pecado mediante su propia muerte en sacrificio.
27 Y así como cada persona está destinada a morir una sola vez y después vendrá el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez y para siempre, a fin de quitar los pecados de muchas personas. Cristo vendrá otra vez, no para ocuparse de nuestros pecados, sino para traer salvación a todos los que esperan con anhelo su venida.
11 Entonces Cristo ahora ha llegado a ser el Sumo Sacerdote por sobre todas las cosas buenas que han venido.[f] Él entró en ese tabernáculo superior y más perfecto que está en el cielo, el cual no fue hecho por manos humanas ni forma parte del mundo creado. 12 Con su propia sangre—no con la sangre de cabras ni de becerros—entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre, y aseguró nuestra redención eterna.
Con su propia sangre.
una sola vez y para siempre
Aseguro nuestra redencion eterna.
ETERNA: aionos . PERPETUO. Que dura y permanece para siempre
13 Bajo el sistema antiguo, la sangre de cabras y toros y las cenizas de una novilla podían limpiar el cuerpo de las personas que estaban ceremonialmente impuras. 14 Imagínense cuánto más la sangre de Cristo nos purificará la conciencia de acciones pecaminosas[g] para que adoremos al Dios viviente. Pues por el poder del Espíritu eterno, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio perfecto por nuestros pecados. 15 Por eso él es el mediador de un nuevo pacto entre Dios y la gente, para que todos los que son llamados puedan recibir la herencia eterna que Dios les ha prometido. Pues Cristo murió para librarlos del castigo por los pecados que habían cometido bajo ese primer pacto.
LA SANGRE DE CRISTO LIMPIA NUESTRA CONCIENCIA DEL PECADO con el propósito de adorar (servir) a Dios.
Hebreos 1. La sangre de Jesús purifica nuestras conciencia (9:11–14)

Una becerra alazana en perfecta condición, que nunca hubiese estado uncida a yugo, debía ser sacrificada y quemada, el sacerdote debía arrojar madera de cedro, hisopo y lana escarlata sobre la becerra. Las cenizas eran luego reunidas y guardadas para su uso en la ceremonia del rociamiento del agua de la purificación.

Cualquiera que hubiese tocado un cadáver era considerado inmundo por siete días. Las cenizas de la becerra incinerada eran puestas en una urna; se echaba agua fresca sobre dichas cenizas; y con el hisopo mojado en el agua, la persona inmunda era rociada los días tercero y séptimo.

Hebreos 1. La sangre de Jesús purifica nuestras conciencia (9:11–14)

“Ahora bien, vosotros, los fariseos, limpiáis la parte exterior de la taza y el plato, pero por dentro estáis llenos de codicia y de maldad” (Lc. 11:39).

Hebreos 1. La sangre de Jesús purifica nuestras conciencia (9:11–14)

¿Qué mas puede dar perdón?

Sólo de Jesús la sangre;

¿Y un nuevo corazón?

Sólo de Jesús la sangre.

TODOS LOS QUE SON LLAMADOS
CRISTO MURIO PARA LIBERARNOS.
16 Ahora bien, cuando alguien deja un testamento,[h] es necesario comprobar que la persona que lo hizo ha muerto.[i] 17 El testamento solo entra en vigencia después de la muerte de la persona. Mientras viva el que lo hizo, el testamento no puede entrar en vigencia.
18 Por eso, aun el primer pacto fue puesto en vigencia con la sangre de un animal. 19 Pues después de que Moisés había leído cada uno de los mandamientos de Dios a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y las cabras[j] junto con agua, y roció tanto el libro de la ley de Dios como a todo el pueblo con ramas de hisopo y lana de color escarlata. 20 Entonces dijo: «Esta sangre confirma el pacto que Dios ha hecho con ustedes»[k]. 21 De la misma manera roció con la sangre el tabernáculo y todo lo que se usaba para adorar a Dios. 22 De hecho, según la ley de Moisés, casi todo se purificaba con sangre porque sin derramamiento de sangre no hay perdón.
23 Por esa razón, el tabernáculo y todo lo que en él había—que eran copias de las cosas del cielo—debían ser purificados mediante la sangre de animales; pero las cosas verdaderas del cielo debían ser purificadas mediante sacrificios superiores a la sangre de animales.
TODO PACTO NECESITA SANGRE.
24 Pues Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos humanas, que era solo una copia del verdadero, que está en el cielo. Él entró en el cielo mismo para presentarse ahora delante de Dios a favor de nosotros; 25 y no entró en el cielo para ofrecerse a sí mismo una y otra vez, como lo hace el sumo sacerdote aquí en la tierra, que entra en el Lugar Santísimo año tras año con la sangre de un animal. 26 Si eso hubiera sido necesario, Cristo tendría que haber sufrido la muerte una y otra vez, desde el principio del mundo; pero ahora, en el fin de los tiempos,[l] Cristo se presentó una sola vez y para siempre para quitar el pecado mediante su propia muerte en sacrificio.
27 Y así como cada persona está destinada a morir una sola vez y después vendrá el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez y para siempre, a fin de quitar los pecados de muchas personas. Cristo vendrá otra vez, no para ocuparse de nuestros pecados, sino para traer salvación a todos los que esperan con anhelo su venida.
Cristo se presentó una sola vez y para siempre para quitar el pecado mediante su propia muerte en sacrificio.
El pecado de muchos, no el pecado de todos
Cristo viene a Salvar
Hebreos 4. El sacrificio perfecto de Cristo (9:23–28)

Cristo no solamente ha completado su obra expiatoria como sumo sacerdote: él también nos ha dado la promesa de que regresará. Las Escrituras son muy explícitas acerca del regreso de Cristo; es una promesa que se menciona una y otra vez. Cuando Cristo regrese, dice el escritor de Hebreos, no lo hará para quitar pecados. El concluyó esa tarea cuando vino la primera vez. Cuando vuelva, él traerá salvación a aquellos que le están esperando.

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