hebreos 9
introducción
LA NECESIDAD DE UN MEJOR SACRIFICIO
Una becerra alazana en perfecta condición, que nunca hubiese estado uncida a yugo, debía ser sacrificada y quemada, el sacerdote debía arrojar madera de cedro, hisopo y lana escarlata sobre la becerra. Las cenizas eran luego reunidas y guardadas para su uso en la ceremonia del rociamiento del agua de la purificación.
Cualquiera que hubiese tocado un cadáver era considerado inmundo por siete días. Las cenizas de la becerra incinerada eran puestas en una urna; se echaba agua fresca sobre dichas cenizas; y con el hisopo mojado en el agua, la persona inmunda era rociada los días tercero y séptimo.
“Ahora bien, vosotros, los fariseos, limpiáis la parte exterior de la taza y el plato, pero por dentro estáis llenos de codicia y de maldad” (Lc. 11:39).
¿Qué mas puede dar perdón?
Sólo de Jesús la sangre;
¿Y un nuevo corazón?
Sólo de Jesús la sangre.
Cristo no solamente ha completado su obra expiatoria como sumo sacerdote: él también nos ha dado la promesa de que regresará. Las Escrituras son muy explícitas acerca del regreso de Cristo; es una promesa que se menciona una y otra vez. Cuando Cristo regrese, dice el escritor de Hebreos, no lo hará para quitar pecados. El concluyó esa tarea cuando vino la primera vez. Cuando vuelva, él traerá salvación a aquellos que le están esperando.
