Todos somos dependientes.

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Introducción

Oración.
Lectura del pasaje:
Mateo 6:25–34 RVR60
25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Ilustración: “Un hombre agricultor de pocos recursos económicos marchaba de su isla natal en la costa occidental de Escocia, donde no había medios de comunicación por lo que, había visto pocas cosas. En el barco le contaban acerca de las maravillas que vería en la isla de Mull. La isla de donde él venía llamada San Kilda, era muy poco fructífera y tenían que trabajar mucho para poder sacar fruto de la tierra. Uno de los pasajeros, le preguntó al agricultor si había oído hablar de Dios alguna vez. El labriego, un tanto resentido de semejante pregunta, preguntó a su vez a ese compañero de viaje de dónde venía él. El otro pasajero le respondió con mucho orgullo que él era de una tierra donde la naturaleza daba frutos abundantes y cuyas comodidades ofrecían a las gentes una vida maravillosa. Ah, entonces me explico por qué se olvidan de Dios. Nosotros como tenemos que depender de Él jamás podemos olvidarlo.”

Desarrollo

I. Todos dependemos de alguien o de algo.

1. Definición de dependencia:

“subordinación, sujeción, supeditación, sumisión, vinculación, relación” “ Situación de una persona que no puede valerse por sí misma”.
Proverbios 3:5 RVR60
5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.

a) Preguntémonos:

¿De qué o quién somos dependientes? ¿De una persona, del chisme, de los parlantes o la electricidad, de un deporte, del trabajo, de sentirme bien, de mi orgullo? Fácilmente un creyente puede dejar de orar o leer la Biblia por un mes, pero podemos dejar de usar el celular por un día entero? O dejar de ver televisión por una semana?

b) Cuando éramos niños dependíamos de nuestros padres.

Ahora somos independientes, pero no de Dios.
Mateo 6:26 RVR60
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
Mateo 6:28–30 RVR60
28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

II. Las pruebas miden de quién dependemos realmente.

1. Pruebas a nuestra confianza.

Cuando estamos enfermos, tristes, enojados, preocupados, en situación de duelo, los demás tienden a criticarnos y eso nos puede hacer perder la confianza.
Mateo 11:28–30 RVR60
28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

2. Pero las pruebas son humanas.

Cristo, Moisés, Abraham, Elías, los discípulos tuvieron pruebas. Debemos llevar nuestras preocupaciones al Señor.
1 Pedro 5:7 RVR60
7 echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

III. Lo que implica depender de Dios.

1. Confianza absoluta.

Dependamos de Dios, como lo hacen las aves, las flores y lo hicieron David y Salomón
2º Crónicas 6:14–15 RVR60
14 Jehová Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia con tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazón; 15 que has guardado a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; tú lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como se ve en este día.
a) Ilustración de persona que se deja caer para que alguien la sostenga detrás.
Isaías 41:13 RVR60
13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.

2. Permanezcamos en el Señor

Juan 15:5 RVR60
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Conclusión

Reflexionemos acerca de si realmente dependemos del Señor. Preguntémonos:
- ¿Podemos realmente confiar en Dios, como lo hacen las aves del campo?
- ¿Qué hacemos cuando vienen las pruebas? ¿Nos quejamos? ¿Nos rendimos? ¿Nos entristecemos? ¿Nos enojamos?
Aprendamos de las aves, de las flores y de todos aquellas personas que en la Biblia confiaron en el Señor. No confiemos en nuestra inteligencia, ni pongamos nuestra confianza en el dinero, el trabajo o en nuestra fuerza. Aprendamos a depender plenamente de Dios y dejémosle a él nuestros sueños, nuestros planes, nuestras aflicciones, porque él es bueno, él nos ama y él cuida de nosotros.

Oremos.

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