El Nuevo Pacto y la entrada en el descanso de Dios
En Espíritu y en Verdad • Sermon • Submitted • Presented
0 ratings
· 23 viewsNotes
Transcript
El Espíritu Santo
El Espíritu Santo
El Nuevo Pacto y la entrada en el descanso de Dios
El Nuevo Pacto y la entrada en el descanso de Dios
Introducción:
Introducción:
La promesa:
He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.
¿Cómo cumpliría Dios su promesa?
Esta promesa fue extendida por el hecho de que el primer pacto fue quebrantado por los hijos de Israel. Dios había revelado su voluntad, les había enseñado las maneras correctas para vivir y cuáles eran los valores que tenían que ser importantes en sus vidas. Sin embargo, eso no había alcanzado. Habían tenido acceso a la preciosa revelación de Dios, incluso escrita con su propio dedo, y eso no había alcanzado para que pudieran vivir en una relación de pacto con Él.
Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.
¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.
Estos pasajes explican el propósito del primer pacto. Tiene la capacidad de señalar el hecho de que en nuestra condición caída, los seres humanos no somos capaces de vivir conforme al propósito de Dios. Asúmelo: sin la intervención de Dios en tu vida, no puedes agradarle, no puedes andar en sus caminos, no puedes servirle ni honrarle.
¿De qué manera, entonces, se cumpliría esta promesa del establecimiento del Nuevo Pacto conforme al cual la Ley de Dios estaría escrita en nuestros corazones, ya no fuera de ellos?
Es allí donde se vuelve importante la promesa de la venida del Mesías. Aquel inmenso cambio se produce en Jesús.
Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.
Juan fue enviado a preparar el camino y a anunciar que había llegado el momento del cumplimiento de la promesa. Dios estaba a punto de sellar el Nuevo Pacto con sus hijos.
Allí, en el anuncio de Juan, queda en evidencia que el establecimiento del Nuevo Pacto está directamente relacionado con la intervención del Espíritu Santo de Dios en las vidas de los hijos de Dios.
Entonces, la presencia y la obra del Espíritu Santo de Dios es la clave para una vida que agrada y honra a Dios.
Entonces, ¿recibiste el Espíritu Santo? ¿Está el Espíritu de Dios en tu vida?
Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
El nuevo nacimiento es obra del Espíritu Santo. La referencia a nacer “del agua y del espíritu” es lo que muchas veces mencionamos con “arrepentimiento y fe”. Necesitamos esa convicción, que también nos es revelada por el Espíritu Santo, de que estamos sucios, contaminados, y por tanto condenados, lo que nos conduce al arrepentimiento, al cambio radical.
Juan anunció que Jesús bautizaría en el Espíritu Santo, a diferencia de él, que bautizaba en agua. Estaba hablando del cumplimiento de la profecía del Nuevo Pacto, ese que fue establecido en la sangre de nuestro Salvador.
Cuando una persona cree realmente en Jesús, el Espíritu Santo evidencia su presencia en su vida de alguna manera, hay cosas que cambian, hay señales de que hay otro poder y otra gracia en la vida de esa persona.
¿Puede el Espíritu Santo emocionarnos, producir gozo, paz, llanto? ¡Claro! La propia necesidad de adorar a Dios es producto de la presencia y la obra del Espíritu Santo en nosotros.
Al mismo tiempo, la obra del Espíritu de Dios en nosotros es algo que tenemos que buscar y anhelar. Podríamos caer en la trampa y el error de vestir a nuestra carne para ir a la iglesia y entrenarla para verse como creyente y espiritual, pero eso no producirá el verdadero cambio que solamente le Espíritu Santo puede producir.
Por eso, busquemos la obra de Dios en nosotros, esa consagración, esa entrega completa al Espíritu Santo para que toque nuestro corazón, cambie todo lo que quiera cambiar en nosotros y nos dirija ahora a cumplir con el plan de Dios.
Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones,
Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,
Donde me tentaron vuestros padres; me probaron,
Y vieron mis obras cuarenta años.
A causa de lo cual me disgusté contra esa generación,
Y dije: Siempre andan vagando en su corazón,
Y no han conocido mis caminos.
Por tanto, juré en mi ira:
No entrarán en mi reposo.
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.
Todo puede empezar con la dulce voz de Dios llegando a nuestro corazón. Si hoy escuchas su voz, no endurezcas tu corazón. Entra en el reposo de Dios, deja que Él haga su obra en ti. No te quedes fuera de la obra poderosa y llena de gracia que Él quiere hacer en tu vida.
El Espíritu Santo:
- Fruto (Gálatas 5:22, 23)
- Dones (Romanos 12; 1 Corintios 12)
- Revelación y guía (Juan 16:13, 14)
