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¿Para qué sufrir?
Romanos 8:18-30
Todos los hijos de Dios han pasado por tiempos difíciles en los cuales les ha tocado sufrir. A veces ha sido por causa de alguna enfermedad. En otras ocasiones ha sido por persecución o por algún mal que otra persona les haya hecho.
En medio de la aflicción siempre surge la pregunta: "¿Por qué?" Dios no siempre manda una respuesta específica para cada ocasión en que nos encontramos. A veces nos quedamos con esa interrogante durante largos días, semanas, o aun años, sin encontrar la contestación.
Sin embargo, Dios nos ha dado algunas respuestas que se aplican en forma general a cualquier tipe de sufrimiento. En el plan que Dios tiene para nuestras vidas, incluye los mismos propósitos para todos los que son Sus hijos.
Pablo acaba de explicar el mensaje del evangelio que establece que los justos vivirán por la fe en Cristo. Este evangelio debe producir un cambio radical en la vida de quien ha confiado en Cristo de verdad; debe resultar en una vida santa.
En medio de las aflicciones que sufría la iglesia primitiva, Pablo explica la relación que existe entre el sufrimiento y la vida santa: un fruto de ella es aprender a tener paciencia en las aflicciones. A continuación, Pablo presenta tres razones por las cuales el cristiano auténtico debe perseverar en medio del sufrimiento.
TRES RAZONES PARA TENER PACIENCIA EN LA
AFLICCION:
* LA GLORIA FUTURA 18-25
* LA AYUDA DEL ESPIRITU 26-27
* EL PROPOSITO DE DIOS 28-30
LA GLORIA FUTURA 8:18-25
Debemos tener paciencia en medio de la tribulación porque la gloria que ha de manifestarse en nosotros sobrepasará a las aflicciones temporales. Aunque es cierto que sufrimos en esta vida, a la larga los beneficios superarán al sufrimiento. Cuando termine esta época y estemos con Cristo, la gloria que gozaremos juntamente con El será mucho mayor que todo lo que hayamos sufrido (8:18).
Aunque la Palabra de Dios no apoya el concepto de la unidad del universo en el mismo sentido en que lo hacen las religiones orientales, sí demuestra que existe unidad en el propósito eterno de Dios para la creación. El universo entero está sufriendo las consecuencias del pecado, pues ha contaminado la creación perfecta que Dios formó, y ha introducido el dolor y la muerte. Los resultados del pecado afectan todo lo que Dios hizo. Su creación espera anhelante la obra por la cual Dios terminará con el dolor y la muerte (8:19-22). Esta liberación ocurrirá en el momento en que el pueblo de Dios empiece a gozar su redención. Así que la naturaleza espera, al igual que nosotros, el dia de nuestra redención.
Nosotros esperamos esta redención con completa certidumbre, pues tenemos al Espíritu Santo como una evidencia adelantada lantada de que Dios terminará esta obra en nosotros. La obra completa de Dios incluye tanto la salvación eterna del alma como la redención del cuerpo que pondrá fin al dolor y la muerte (8:23). Aunque no podemos ver con anticipación lo que Dios hará, la presencia de Su Espíritu nos permite esperar confiadamente en que Dios cumplirá Su promesa (8:24-25).
LAS AFLICCIONES ACTUALES
NO PUEDEN COMPARARSE
CON NUESTRA GLORIA FUTURA
LA AYUDA DEL ESPIRITU 8:26-27
El segundo motivo para tener paciencia en medio del sufrimiento es porque sabemos que podemos contar con la ayuda del Espíritu Santo para soportar nuestras aflicciones. Siendo humanos, somos débiles. Siempre interpretamos las circunstancias que afectan nuestras vidas basados en la perspectiva humana. Muchas veces ni sabemos cómo debemos presentar nuestras peticiones a Dios.
La mayoría de las veces sabemos lo que queremos y estamos seguros de que Dios es capaz de hacer cualquier cosa. Sin embargo, no siempre tenemos la certeza de que el hacer nuestra voluntad va a ser lo mejor para nuestras vidas. Queremos que la respuesta a nuestras peticiones sea siempre la mejor para todos y que además, sea conforme al plan de Dios. Entonces, ¿cómo debemos pedir para lograrlo?
Para ayudarnos en esta debilidad, Dios ha enviado al Espíritu Santo. El Espíritu, siendo Dios mismo, no tiene nuestras mismas flaquezas. El comprende la perspectiva y el plan de Dios. Por eso, puede pedir lo que de verdad nos conviene. Cuando no sabemos cómo pedir, El intercede por nosotros y lo hace pidiendo lo mejor para nosotros (8:26).
EL ESPIRITU INTERCEDE POR NOSOTROS
Esta intercesión no se expresa en ningun lenguaje humano ni angélico. Es como el gemido de la naturaleza; no necesita un lenguaje para expresarse. Es un deseo profundo del ser que las palabras son insuficientes para comunicar. Dios lo recibe como "la intención del Espíritu"; no hace falta la comunicación verbal. El entiende lo que el Espíritu quiere pedir.
Dios puede entender el deseo más profundo del corazón aun sin nuestra expresión verbal. Por lo tanto, comprende lo que es el deseo del Espíritu Santo para nosotros. Con mayor razón todavía, Dios entiende la intercesión del Espíritu a favor de nosotros; lo que el Espíritu pide siempre está acorde con la voluntad de Dios. De esta manera nos ponemos de acuerdo con Dios, y el Espíritu Santo. ¿Qué mejor seguridad puede haber de que obtendremos lo mejor siempre?
¡PENSEMOS!
El ejemplo de cómo ora el Espíritu nos enseña varias lecciones importantes en cuanto a cómo debemos hacerlo nosotros. Siendo Dios mismo, conoce de primera mano la sabiduría de Dios y sabe cómo orar. Examine con cuidado 8:26-27 y busque los indicios de la forma en que el Espíritu ora. Haga una lista de los principios señalados. ¿Qué le enseña el ejemplo del Espíritu Santo sobre la forma en que debemos orar? ¿En qué forma es distinta de lo que usted normalmente hace? ¿Cómo debe cambiar sus oraciones para obtener los deseos de su corazón?
EL PROPOSITO DE DIOS 8:28-30
Finalmente, debemos tener paciencia en medio de la aflicción por comprender el propósito de Dios para nuestras vidas y saber que nos ama y que busca lo mejor para nosotros. Nos ha conocido desde antes de la fundación del mundo, nos ha predestinado a ser conformados a la imagen de Su Hijo, nos ha llamado, nos ha justificado y, al final nos glorificará juntamente con Jesucristo.
TODAS LAS COSAS
NOS AYUDAN A BIEN
Una de las verdades más difíciles de aceptar en la vida cristiana es que todo lo que nos ocurre está bajo el control de Dios y por lo tanto, contribuye a nuestro crecimiento y edificación espiritual. En teoría es una verdad que todos comprendemos, pero cuando estamos sufriendo en medio de las dificultades, nos cuesta aceptarla. Preferiríamos que Dios nos evitara las pruebas.
La razón principal por la cual se nos dificulta entender esta verdad, es que no podemos comprender qué quiere lograr Dios en nuestra vida a través de las circunstancias difíciles. En este pasaje Pablo traza el plan general de Dios para llevarnos hacia la glorificación con Cristo.
Si colocamos nuestra aflicción dentro de este marco, es más fácil ver el problema desde la perspectiva de Dios. Todo este proceso se ha diseñado para que lleguemos a la gloria futura que Pablo mencionó al principio del tema; la gloria que hará insignificante la aflicción actual (8:18).
En estos versículos Pablo trata de darnos un resumen del proceso por el cual Dios nos lleva hacia la perfección. Al reconocer que cada aspecto de nuestra vida, aun los momentos más difíciles, forman parte de Su plan, podemos alabarle por lo que hace. Por supuesto, la condición para aceptar esto es saber que hemos sido llamados conforme a Su propósito. Tenemos que ser Sus hijos por medio de la fe en Cristo para que El lleve a cabo Su plan en nosotros.
Este proceso de perfeccionamiento conforme al resumen que Pablo nos da, incluye cinco pasos. Primero, Dios nos ha conocido desde antes de la fundación del mundo. No somos desconocidos para El. Si fuera así, sería difícil que se interesara tanto en nosotros. Nos conoce muy bien, desde antes de nuestro nacimiento. Desde el principio nos tomó en cuenta al hacer Su plan. Nuestra vida y actividades no le toman por sorpresa. Nos conoce perfectamente bien.
Segundo, Dios nos ha predestinado para ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo. La predestinación por parte de Dios como la describe Pablo, va más allá de la salvación. Dios nos ha predestinado a ser como Su Hijo. Su plan para nuestra vida es que lleguemos a ser como Cristo. Dios quiere que haya muchas personas como Jesucristo en el mundo. Por eso, podemos estar seguros de que todo nos ayuda a bien. Todo lo que ocurre en nuestra vida es parte del plan que Dios ha diseñado para que lleguemos a ser como Cristo. Nada es el resultado de la suerte. Dios ha querido transformarnos para que lleguemos a ser como El.
Tercero, Dios nos ha llamado. Los primeros dos pasos se refieren al plan de Dios para perfeccionarnos. A partir de este paso, Dios empieza a realizar lo que estaba en Su plan. Por medio del Espíritu, Dios nos llama. Este llamamiento no es un esfuerzo inútil de Dios. Pablo indica en este sentido que los que son llamados, llegan a ser justificados. Dios logra Su propósito al llamarles. Los que son llamados conforme al plan de Dios, reconocen Su voz y responden a Su llamamiento.
El cuarto paso en el proceso perfeccionador, es que Dios nos ha justificado. Esta carta se dedica a explicar la justificación y la manera en que se realiza. Se refiere a la obra de Dios por medio de la cual nos declara justos, como si nunca hubiéramos pecado, porque nos acredita la justicia de Jesucristo por medio nuestra fe en El. Los que han sido justificados por la sangre de Cristo, pueden estar seguros de ser participantes en este plan de Dios porque El ya les ha llevado por cuatro de los cinco pasos.
El quinto paso hacia la perfección es también el resultado del proceso: Dios nos ha glorificado. ¿Se fijó en que este paso se describe en tiempo pasado? Antes, al hablar de nuestra glorificación, Pablo la presentó como la gloria venidera (8:18). Sin embargo, en este pasaje Dios lo considera un hecho ya consumado. ¿Por qué? Porque Dios nos ve en la persona de Cristo. Así que, cuando Cristo fue glorificado, fuimos glorificados juntamente con El.
Además, esta glorificación, lograda a través de nuestra posición en Cristo, será consumada por medio del proceso perfeccionador por el que Dios nos está llevando. Dios lo considera algo tan seguro que lo describe como si fuera un hecho consumado. Desde el punto de vista de Dios, es una realidad.
Por lo anterior, debemos tener paciencia en medio del sufrimiento. Sabemos que el propósito de Dios es lograr nuestro bien. El será glorificado por medio de este plan, y a la vez, seremos glorificados con El.
CINCO PASOS EN EL PROPOSITO DIVINO:
1. Conocidos de antemano
2. Predestinados a ser como Cristo
3. Llamados
4. Justificados
5. Glorificados
Porter, R. (1987). Estudios Bı́blicos ELA: Salvos por la fe (Romanos parte I) (pp. 69-75). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.
