Requisitos de un pastor: aptitudes
1 Timoteo: La casa puesta en orden • Sermon • Submitted • Presented
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Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. (Hechos 2:41-42).
A lo largo de la historia de la iglesia se han hecho múltiples esfuerzos para definir qué es lo que hace que una reunión de personas creyentes se le puedan considerar una iglesia. En los días de la reforma protestante, se sugirió, por ejemplo, que los distintivos esenciales de una iglesia eran: La predicación fiel de la Palabra de Dios, la observancia de las ordenanzas y la práctica de la disciplina eclesiástica. Eso parece un buen resumen y coincide con lo que vemos que fueron las prácticas que caracterizaron la primera iglesia, la del libro de los Hechos.
Según lo que se lee en el capítulo 2, las dos primeras cosas que suceden cuando la iglesia nace son: la predicación de la Palabra de Dios con un énfasis en Cristo y de inmediato la práctica de la comunión bíblica por medio del partimiento del pan y el estar unos al servicio de otros.
Predicar fielmente y tener comunión unos con otros son pilares que soportan lo que una iglesia cristiana es y es precisamente por eso que los que aspiran a liderar una iglesia deben mostrar aptitudes o capacidades orientadas a estos dos distintivos: deben ser personas que propicien comunión y sean capaces de enseñar fielmente la Palabra de Dios.
Tal como hemos visto en las semanas anteriores, el orden en la iglesia tiene como principal factor un liderazgo competente y fiel, y dicha fidelidad es medida por el carácter que exhiben aquellos que presiden la iglesia, los que la lideran. Es la intención de Pablo poner en orden la casa y eso comienza por el establecimiento de ministros o líderes fieles.
Hoy veremos los requisitos del pastor asociados a sus aptitudes o sus capacidades, en este caso relacionales y también su idoneidad para predicar o enseñar la Palabra de Dios.
Y este es el argumento que quiero proponerles:
Las iglesias deben estar caracterizadas por la predicación fiel de la Palabra de Dios y la comunión bíblica, en consecuencia, sus líderes deben tener aptitudes relacionales y de enseñanza.
Y lo veremos a la luz de los siguientes puntos:
El líder debe ser: apto para tener comunión
El líder debe ser: apto para enseñar
Apto para tener comunión
Apto para tener comunión
La palabra Hospedador (φιλόξενος, philoxenos) da la idea de alguien que es cercano a los extraños. Alguien que puede recibir a otros sin mayores prejuicios.
Puede ser entendida también como alguien que es accesible o dado a las personas.
Varios pasajes del Nuevo Testamento nos muestran que era un término asociado a contribuir con las necesidades de otros (Rom 12:13), con recibir personas en casa en momentos de dificultad, persecución (Heb 13:2) o simplemente con el compartir el hogar (1 Pd 4:9).
El llamado a ser hospedador es desafiante en un mundo cada vez más egoísta y centrado en las cosas materiales.
Como vemos, ser hospedador es un llamado a todos los creyentes, pero especialmente a los que aspiran al ministerio pastoral, y esto por múltiples razones: los líderes de la iglesia deben ser modelos de comunión, hacerse accesibles y puntos de encuentro para el establecimiento de relaciones.
La biblia menciona algunos buenos ejemplos de hospitalidad en el contexto del liderazgo y la iglesia:
Hechos 21:16: Los discípulos de Cesarea, incluyendo a Mnason, muestran hospitalidad a Pablo y a otros, “Algunos de los discípulos de Cesarea vinieron con nosotros, llevándonos a casa de Mnason, de Chipre, discípulo antiguo, con quien nos hospedaríamos.”
Romanos 16:23: Gayo es mencionado por Pablo como su anfitrión y de toda la iglesia, demostrando hospitalidad a un nivel comunitario: “Os saluda Gayo, mi huésped y de toda la iglesia.”
3 Juan 1:5-8: Juan elogia a Gayo por su fiel hospitalidad hacia los hermanos, incluso hacia los extraños, destacando la importancia de apoyar a los trabajadores del evangelio.
La historia de la iglesia y la forma en la que se expandió está íntimamente relacionada con la práctica de la hospitalidad. De modo que no se trata de un mero acto de cortesía, sino de algo profundamente anclado al evangelio y lo que Dios espera de los suyos.
Que un líder o pastor se le demande el ser hospedador implica:
Ser alguien con quien se puede hablar y compartir. No debe ser alguien que comunique que las conversaciones de los otros no son importantes. Hace poco escuché la historia de un pastor en una iglesia que se reunía todos los domingos en la tarde para tener un compartir y de todas las reuniones del año, el pastor nunca estuvo en una, ni él ni su familia.
Ser alguien que recibe bien, incluso a aquellos que no conoce. No es un buen síntoma que solo un grupo selecto de personas pueden acceder. Es cierto que es imposible poder recibir a todas las personas al tiempo, pero es alguien que está comunicando que se le puede acercar en cualquier momento.
Ser alguien que puede facilitar las relaciones entre hermanos, es decir, que no hace que todo gire a su alrededor, sino que busca crear una cultura de relación en la iglesia. De hecho, cuando se crea una cultura de hospitalidad en la iglesia, los pastores no son vistos como algo super especial porque se puede encontrar comunión en cualquier instancia y con todos los hermanos de la congregación.
Ser alguien capaz de abrir su casa y su vida. No es alguien cerrado o alguien cuyos detalles de su vida no pueden ser conocidos. Por increíble que suene, hay casos en que las iglesias ni siquiera saben el origen de sus pastores o si tienen o no. Una familia y como la tienen, simplemente dan por sentado que es el “hombre de Dios” que está ahí por algo.
Alguien que logra construir relaciones profundas. Ser hospedador tiene que ver con permitir el acceso a nuestras casas y también a nuestras vidas. Un pastor debe ser dado a las amistades profundas. En ocasiones nos cuesta crear ese tipo de relaciones porque nos conformamos con el trato superficial.
Cuando los líderes se ocupen en ser hospedadores, esto va a contribuir a que la iglesia crezca en una cultura de verdadera comunión. Pero lo contrario también es verdad. Si los líderes son personas que no tienen comunión verdadera con nadie, eso también se va a reflejar en la iglesia.
Al mismo tiempo, las iglesias que practican la hospitalidad son un testimonio vivo y práctico del evangelio más allá de la teoría.
Los líderes deben ser un modelo de hospitalidad para el resto de la iglesia y la iglesia debe serlo para el mundo, reflejando así la esencia misma del evangelio, al necesitado.
En algunas ocasiones la gente habla de lo difícil que es ir a una iglesia porque no se sienten recibidos. Como ven, ser hospedadores no tiene que ver con recibir solamente a creyentes, sino a todos aquellos que se acerquen con una necesidad espiritual.
En su libro La hospitalidad: un mandato ineludible, Alexander Strauch comenta (énfasis añadido por mi):
No creo que la mayoría de los cristianos de hoy comprendan lo esencial que es la hospitalidad para alimentar el fuego del amor y fortalecer a la familia cristiana. Esa práctica hace resaltar al amor en forma personal y sacrificial única. A través del ministerio de la hospitalidad, compartimos nuestras más preciadas posesiones, así como también nuestra familia, casa, recursos, alimentos, compañía y tiempo. De hecho, compartimos nuestra misma vida. Así que la hospitalidad es siempre costosa. A través del ministerio de la hospitalidad, proveemos amistad, aceptación, compañerismo, solaz, consuelo y amor en las formas más ricas y profundas que la mente humana puede concebir. A menos que abramos las puertas de nuestras casas a otros, será sólo una teoría la realidad de la iglesia local como familia íntimamente unida, formada de hermanos y hermanas que se aman.
Una iglesia fría y poco amistosa contradice el mensaje evangélico. La falta de amistad es una de las críticas más severas y comunes que la gente hace a las iglesias locales. No le toma mucho tiempo a la gente darse cuenta del amor fingido que se practica entre los cristianos y que termina en la puerta del templo o en el estacionamiento. Es un amor superficial, dominguero, que no está dispuesto a rebasar los muros del templo.
No obstante, el amor de hermanos requiere de una relación íntima, así como del mutuo cuidado, conocimiento, sentido de pertenencia y deseo de compartir lo propio.
Debemos recibir a otros en la misma medida en que hemos sido recibidos por el Señor.
Cristo es el máximo ejemplo de lo que es ser hospedadores. Él dejó su trono de Gloria para venir a este mundo y tomar a extraños como nosotros y llevarnos al hogar eterno.
La historia de redención es precisamente una historia de hospitalidad. De pródigos perdidos que ahora son recibidos como hijos amados en el seno del Padre.
Pero hay una segunda cualidad que debe ser exhibida por los candidatos al liderazgo más allá de ser hospitalarios y es la capacidad de enseñar.
Lo cual nos lleva al siguiente punto:
El líder debe ser apto para enseñar
El líder debe ser apto para enseñar
Este es quizás el único atributo de un pastor que no podemos esperar que todos los creyentes exhiban porque es un don especial con el que Dios equipa con el propósito de edificar a la iglesia.
La palabra detrás de esta expresión es una con la que estamos familiarizados en nuestro idioma español (διδακτικός, didaktikos), el líder debe ser didáctico, en el sentido amplio y general de la palabra.
El pastor debe ser alguien con la capacidad de transmitir el mensaje de Dios fielmente y de manera que pueda ser entendido con claridad.
Esta es quizás una de las áreas más cruciales del ministerio pastoral. Podríamos decir que es tan importante como el carácter. Mírelo así; si una persona tiene carácter, pero no puede enseñar, podría ser un buen diácono; pero si una persona puede enseñar y es habilidoso, pero no tiene carácter, no puede servir, ni como pastor, ni como diácono.
Un pastor debe tener la capacidad de enseñar; sin embargo, tenerla no garantiza que deba ser un pastor.
Ser apto para enseñar tampoco debe ser visto como una mera habilidad comunicacional, tiene que ver con la capacidad de ser fiel a la palabra de Dios y comunicar de manera clara.
Algunas personas pueden tener mucho conocimiento, sin embargo les cuesta transmitirlo.
La predicación es la principal área de acción del pastor, es desde donde se imparte instrucción y donde se explica la Palabra de Dios y esta predicación es el arte de tener mucha información acerca de un tema y escoger solo aquella que es necesaria y útil para ser fiel al texto y edificar a su audiencia.
Es allí donde se concentra el oficio de enseñanza de un pastor. Es un tren que viaja a toda velocidad sobre dos rieles: la fidelidad al mensaje de Dios y la necesidad de comunicarlo claramente.
Algunos suelen afirmar, y asumo que fue una mala interpretación que se hizo en algún momento y se comenzó a difundir, que un pastor es alguien que pastorea y que es diferente de un maestro que es el que enseña. Esto lo dicen por aquello de que pastor es uno de los 5 ministerios descritos en Efesios 4 y que Maestro es otra categoría de ministerio. Lo cierto es que en Efesios, Pablo da la idea de que un pastor es al mismo tiempo un maestro. De hecho, es mejor traducir: Apóstol, profeta, evangelista y pastor-maestro; porque la labor del pastor es pastorear, pero con la vara de la Palabra de Dios.
Si alguien no tiene la capacidad de enseñar, no puede ser un pastor.
Ahora bien, para que alguien sea una persona capacitada para enseñar, debe primero ser alguien con disposición permanente de ser enseñado.
El pastor debe ser alguien que crezca en su habilidad para enseñar, pero también debe ser alguien que esté permanentemente aprendiendo. No podemos dar la sensación de que lo hemos alcanzado todo ya. La Palabra de Dios es un mar profundo de conocimiento del que nosotros solo hemos rasgado una pequeña superficie.
Este aspecto de “ser enseñado” es clave, porque es lo que hace que Él no vaya a enseñar lo que es conforme a sus propias ideas, sino aquello que ha recibido.
Los pastores no están inventando nada nuevo ni han sido llamados a encontrar los misterios que nadie jamás había visto en la Palabra. No es nuestra tarea traer nuevas revelaciones, sino alumbrar en la Palabra ya revelada para que otros puedan ser iluminados.
Una buena forma de hacer eso es por medio de la predicación expositiva.
Esta es la predicación en la cual el mensaje principal del sermón es el mensaje del autor. Donde la idea que el predicador comunica como principal, es la idea también que al autor quiso comunicar a su audiencia original, con el agregado de que el predicador debe aplicarlas, por medio del evangelio, a las situaciones de su audiencia actual.
En otras palabras: la predicación expositiva es tomar el mensaje que se transmitió a la audiencia original y ver cómo por medio del evangelio los principios de ese mensaje tienen relevancia para nosotros hoy.
Apto para enseñar también significa que debe ser una persona con la capacidad de corregir el error. Parte de lo que sucedía en la iglesia de Éfeso, a donde Pablo estaba enviando a Timoteo, era que estos estaban alejándose de la sana doctrina y Pablo le pide a Timoteo que los corrija por medio de la Palabra. Así que, no es sólo instrucción, sino también corrección, lo cual involucra conocimiento y carácter.
Cuando en una iglesia hay varios pastores, todos deben tener la habilidad de predicar, aunque puede ser que uno de ellos tenga un don más visible y desarrollado de predicación. En tal caso, la persona con el don más visible estará más tiempo en el púlpito por razón de que la iglesia es más edificada; pero eso no significa que los otros no deben ser aptos, en lo absoluto, porque en la iglesia se requiere de hombres idóneos para dirigir con la enseñanza y la palabra muchas otras áreas.
Esta es la idea de Pablo cuando dice más adelante en esta misma carta:
Los ancianos que cumplen bien su función deberían ser respetados y bien
remunerados, en particular los que trabajan con esmero tanto en la predicación como en la enseñanza (1 Tim 5:17 - Énfasis y negritas añadidas).
Tal como hemos mencionado, y aquí quiero ampliarlo un poco, apto para enseñar, implica una habilidad de comunicación que permita que todos los que escuchan puedan entender. A veces personas pueden ser fieles y desarrollar buenos argumentos, pero al momento de la entrega no se hace de manera efectiva. La predicación debe ser persuasiva, también debe conectar con nuestro intelecto y también con nuestras emociones. Las personas que escucharon a Pedro predicar en el Aposento Alto estaban compungidos de corazón; eso por supuesto lo hace el Espíritu Santo, pero él usa como insumo nuestros esfuerzos de comunicar con esa intención.
En ese sentido, el predicador debe captar la moción del pasaje y comunicarla. No es lo mismo predicar el salmo 150 que el salmo 50; ambos tienen énfasis diferentes y un llamado diferente y ser apto para enseñar es poder capturar eso y entregarlo de la manera más fiel que se pueda.
Del mismo modo, la entrega también implica entender su audiencia y el contexto en el que enseña. El uso de términos o expresiones y la necesidad de explicarlos de ser necesario. El predicador o pastor, debe tener la capacidad de hacer que su mensaje sea relevante a cualquier audiencia y eso requiere trabajo.
Pero sobre todo, apto para enseñar significa vivir de manera coherente con el mensaje que se predica. No podemos exhibir, por ejemplo, una pasión desbordad por el evangelio en el púlpito cuando abajo es un mensaje completamente ausente de nuestras conversaciones.
A veces parece dar la impresión de que la persona que se ve en el púlpito es una completamente diferente a aquella con al que se habla en persona y esa es una brecha que hay que reducir.
Quienes enseñan debemos saber que hablamos a personas y personas con las que convivimos y que amamos. No podemos hablar verdad a quien no amamos y no podemos amar, sino que hablamos con verdad.
Las personas pueden olfatear lo que no es genuino y no se necesita mucho discernimiento para eso. Un oyente siempre puede saber si lo que estamos diciendo realmente nos está afectando a nosotros y solo entonces podrá afectarlos también a ellos.
Como se puede ver:
Apto para enseñar implica fidelidad al mensaje de Dios, capacidad para comunicar claramente, habilidad para conectar las verdades con las emociones que producen y coherencia para hacer que lo que decimos sea creíble.
En la retórica de Aristóteles (Siglo IV A.C.) estos elementos de la comunicación son llamados Logos (argumentos y claridad de información), Pathos (el discurso que apela a las emociones) y Ethos (la coherencia entre el mensaje y mensajero), lo que nos muestra que la sabiduría divina es universal, que no hay nada nuevo debajo del sol.
Habiendo plantado desde el principio que las iglesias son edificadas a partir de la comunión y la predicación calara y fiel de la Palabra, espero haber mostrado claramente que se requiere de pastores que puedan exhibir estas cualidades, sabiendo que todo esto es un don del Señor.
Esto nos lleva cada vez más a pensar en la idea de que un pastor es un verdadero regalo de Dios para la iglesia, un don y por eso no debemos dejar de orar para que en nuestra iglesia local veamos esto realizado.
Que el Señor nos ayude.
