El amor de Dios para su pueblo.
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¿Como podemos saber que Dios nos ama en medio de la tribulación?
Introducción
En medio de las dificultades y las desgracias que enfrentamos en esta vida podemos llegar a pensar que Dios no nos ama. Esta era la situación en la que el pueblo de Israel vivía en los tiempos del profeta Malaquías. Ellos pensaban que Dios no los amaba debido a las circunstancias en las cuales se encontraban. Naín
Malaquías hablo a personas desilusionadas, desanimadas y confundidas, cuya experiencia no armonizaba con su comprensión de las promesas gloriosas encontradas en los profetas anteriores (Josué, jueces 1 y 2 Samuel; 1 y 2 Reyes). Su visión de era mesiánica venidera aún no se había materializado. En cambio, experimentaban pobreza, sequía adversidad económica, y estaban desilusionados de Dios y de su fe. La palabra de Malaquías confronta a un pueblo escéptico de las promesas de Dios y por lo tanto, indiferente en su compromiso de vivir a la luz de esas promesas y de adorar y servir al Señor con todo su corazón. Su amor se había vuelto frío y sus corazones resentidos hacia Dios. Por lo tanto, el libro puede servir como un catecismo para los momentos de duda y decepción, cuando el pueblo que profesa a Dios se ve tentado a quebrantar la fe en su Dios del pacto. El ministerio del profeta es el de encender la lampara de la fe en un pueblo descorazonado, acordándoles del amor electivo de Dios. BER.
Una lectura atenta revela la forma única de la profecía de Malaquías. Tal como muchos estudiosos han visto (Clendenen es una rara excepción), el libro consta sobre todo de una serie de disputas en las que el Señor, por medio de su profeta, describe su carácter, cuestiona los abusos de su pueblo descarriado y describe su juicio. Temple
Con raras excepciones, los estudiosos concuerdan con Glazier-McDonald (1987, 14) en que Malaquías es un «hijo del período persa». La evidencia es abrumadora. El templo ha sido reconstruido,[75] pero ya se había introducido el desencanto. Además, la palabra utilizada para «gobernante» en 1:8 (peha) es término técnico del período persa. Aunque podemos situar el libro en el período persa, resulta difícil ser mucho más precisos. Sin embargo, como el desencanto acerca del templo ya se había afianzado, es probable que ya hubieran pasado algunas décadas desde su finalización. Más aún, dado que Esdras y Nehemías no se mencionan en el libro, se suele dar por sentado que Malaquías los precedió. Por ello la mayor parte de los estudiosos concluyen que el libro se escribió entre el 475 y el 450 a.C. Temple
El período de tiempo fue especialmente gris para Israel. El período postexílico inmediato (que se inició en el 539 a.C. con el decreto de Ciro) fue una época de gran optimismo. Se permitió el acceso a Palestina; el proceso de reconstrucción había comenzado. Sobre todo, el templo, el símbolo de la presencia de Dios en la ciudad, fue reconstruido. Temple
Sin embargo, Judá siguió siendo una provincia relativamente insignificante del Imperio Persa. Dios no parecía estar dándole éxitos a su pueblo. Por ello se fue introduciendo el desencanto con caídas morales concomitantes. Kaiser ha señalado que muchos de los problemas con los que se enfrentó Malaquías son muy similares a los aspectos éticos de Nehemías. Enumera cinco (Kaiser 1984, 16):
1. Matrimonios mixtos (Mal. 2:11-5; cf. Neh. 13:23-27)
2. No dar diezmos (Mal. 3:8-10; cf. Neh. 13:10-14)
3. Despreocupación por observar el Sábado (Mal. 2:8-9; 4’-4; cf. Neh. 13:15-22)
4. Sacerdotes corruptos (Mal. 1:6-2:95 cf. Neh. 13:7-9)
5. Problemas sociales (Mal. 3:5; cf. 5:1-13).
Pero el Señor por medio del profeta Malaquías les recuerda su amor por ellos y les da razones claras por las cuales ellos pueden estar seguros que Dios aún los amaba a pesar de la desgracia que enfrentaban.
La lectura más natural del sobrescrito considera que Malaquías es el nombre propio de un profeta que no se menciona en ningún otro lugar y acerca del cual sabemos muy poco.[74] Su nombre puede contener una referencia abreviada al nombre divino (en analogía con Abi en 1 R. 18:2; cf. Abías en 2 Cr. 29:1), por consiguiente «Yah es mi mensajero», pero es más probable que sí signifique «mi mensajero [de Yahvé]». Temple, Young también piensa que Malaquías es un nombre propio.
Estos cuatro versos no forman ni un discurso independiente, ni son meramente la primera parte del discurso que sigue, sino la introducción y fundamento de todo el libro. El amor que Dios ha mostrado hacia Israel debería formar el motivo y modelo de la conducta de Israel hacia su Dios. אהב (cf. ‘~k,t.a, yTib.h;Ûa', os he amado) indica amor en su expresión o manifestación práctica. Keil
Nosotros también nos hemos sentido así mas de una vez o quizá nos sentiremos así algún día pero el profeta Malaquías nos recuerda que Dios nos ama y nos da razones para confirmarnos que Dios nos ama.
¿Como podemos saber que Dios nos ama en medio de la tribulación?
Malaquías 1:1-5.
I. Nos ha amado mucho mas que a otros.
I. Nos ha amado mucho mas que a otros.
A. Es un amor inmerecido.
1. Jacob significa engañador.
a. El Señor dirige la mirada de Israel a su historia pasada. “Mirad cómo os he amado,” dice el Señor, “con un amor totalmente inmerecido. A otros iguales que vosotros dejé pasar de largo. Cuando nacieron los gemelos Esaú y Jacob, no había ninguna razón por que escoger a uno u otro. De hecho vuestro antepasado Jacob era, si acaso, un poco peor: un hombre más bien mentiroso. John Benton.
¿Cómo responde Dios a la pregunta: ¿En qué nos has amado? (2)? La contestación es su amor elector, su libre elección entre los hijos mellizos de Isaac y Rebeca, decantándose por Jacob, el hermano menor, y no por Esaú, el mayor.
¿No era Esaú hermano de Jacob?, declara el Señor. Sin embargo, yo amé a Jacob, y aborrecí a Esaú (3). Cuando aún estaban en el vientre de Rebeca, el Señor le anunció: Génesis 25:23. Andamio
2. Israel siempre fue un pueblo rebelde contra Dios.
Eso lo podemos ver claramente en la pregunta que hacen ¿En que nos has amado?
Edom fue oprimida por Babilonia del mismo modo que Judá Jer. 25:21; 27:1-11. Sin embargo, no fue objeto del amor selectivo de Dios, a diferencia de los descendientes de Jacob/Israel. Aunque el destino terrenal de ambas naciones pareció ser muy similar, estaban separadas por un inmenso abismo. Ambas eran descendientes de Abraham, pero Dios había escogido a Israel y no a Edom. Ambas merecían la ira y el juicio de Dios. De hecho, tal vez Israel los mereciera aún más, por sus mayores privilegios; y es que a mayor bendición, mayor responsabilidad y, por tanto, mayor juicio (Nos enteramos de esto en He. 10:26–31) Ambas estaban bajo la ira y el aborrecimiento de Dios por su pecado; pero, en el caso de Israel, Dios cubrió su enfado con su misericordia, y en el caso de Edom no lo hizo. No fue porque Jacob mereciera un trato mejor que Esaú, o que el pueblo de Dios hiciera méritos para un tratamiento más excelente que los edomitas. Se da el caso de que Dios había decidido poner su amor en Israel, que no lo merecía, y que ese amor del pacto continuara hasta su propio pueblo. Alguien de fuera vería muy poca diferencia entre Israel y Edom, pero quienes han escuchado la palabra de Dios saben que la diferencia entre ellos es grande. Como escribió Juan Calvino en su comentario sobre Malaquías:
Cuando Dios visita el pecado en general (es decir, el de los elegidos como el de aquellos que no lo son), siempre modera su ira hacia su escogido y pone límites a su seriedad, según que él mismo afirma: “Si sus hijos [...], si violan mis estatutos y no guardan mis mandamientos, entonces castigaré con vara su transgresión, y con azotes su iniquidad. Pero no quitaré de él mi misericordia” (Sal. 89:31–32; 2 S. 7:14) Andamio
Aquí vemos el funcionamiento histórico de las implicaciones prácticas de la elección de Israel por parte de Dios y de que no escogiera a Edom. A pesar de los pecados israelitas, Dios no anuló su plan de bendecir a largo plazo a su pueblo y a todas las naciones a través del Mesías de Israel. Pero no tenía planeado algo así para Edom. Por tanto, mientras a Israel se le denomina “la tierra santa” Zacarias 2:12, se alude a Edom como territorio [tierra] impío (Malaquías 1:4). Andamio.
¡Qué comienzo tan llamativo para este oráculo! Yo os he amado, dice el Señor (2) establece la tónica del libro, brinda consuelo y plantea un desafío, y sitúa en el centro del libro la cuestión de lo que Dios ha hecho y lo que ha revelado. El libro no comienza con un resumen de lo que las personas deben o no hacer, sino con los hechos divinos. No empieza con la forma en que el pueblo ha actuado con Dios, sino con la manera en que él se ha portado con ellos. Los ha amado. Andamio.
Aplicación:
También los cristianos son objeto de la amorosa elección soberana de Dios. El cristiano es más privilegiado que nadie en este mundo. “¿En qué soy privilegiado?,” puede que te preguntes.
Dios dirigiría tu mirada al pasado, a un tiempo anterior a la fundación del mundo, y a la doctrina de su amor en la elección. Dios te escogió para ser salvo antes de la fundación del mundo (Efesios 1.4–8; Juan 6.37). Dios te ha amado desde siempre. John Benton,
Dios dirigiría tu mirada a tu propio pasado, tal vez a aquella reunión en que escuchaste el Evangelio. Había otras personas en aquella reunión, igual de buenas y respetables que tú, pero, del mismo modo que el Señor abrió el corazón de Lidia para que creyera (Hechos 16.14), así también abrió tu corazón para que confiases en Cristo y fueses salvo, mientras que a otros los dejó pasar de largo. El Señor te ama. Ahí está la prueba. John Benton,
Joven cristiano, tal vez el Señor dirigiera tu mirada al hecho de que creciste en el seno de una familia cristiana. “¡Mala suerte la mía!,” decías entonces. Sin embargo, tuviste un padre y una madre que oraban sin cesar para que fueras convertido, mientras que otros no tenían a nadie que orara por ellos. Tus padres aporreaban las puertas del Cielo cada día por ti, pidiendo en oración la bendición de Dios sobre tu vida, de manera que ahora eres un hijo de Dios mientras otros carecen de tal privilegio. El Señor te ama. Ahí está la prueba. John Benton,
Un sabio ministro de edad avanzada me dijo una vez que la inmensa mayoría de los problemas de tipo espiritual que tienen los cristianos proceden del hecho de que muchos dudan que Dios los ame. Con mis años de experiencia en el ministerio, creo que llevaba razón. Hay muchos creyentes sinceros que aman la Biblia, que proclaman a Cristo y tienen un cierto amor por Él que, sin embargo, por una u otra razón, no están seguros de que Él los ame. “Si pudiera estar absolutamente seguro de que de verdad me ama, entonces haría frente a todas las pruebas con valor, tendría paz y sería un cristiano mucho más lleno de gozo.” A menudo, al no sentirse capaces de confesar esa incertidumbre a otros, sus vidas cristianas se duelen de una cierta frustración. Para este tipo de personas Spurgeon tiene un sabio consejo: “Conocí una vez a una buena mujer que tenía muchas dudas, y cuando pude llegar hasta el corazón de esa duda, resultó ser esto: ella estaba segura de amar a Cristo, pero temía que Él no la amara a ella. ‘Pues esa’, le dije, ‘es una duda que a mí nunca me preocupará. Nunca, en ningún sentido, porque una cosa sé con certeza: que el corazón, por naturaleza, está tan corrompido que el amor a Dios no puede estar ahí si no lo ha puesto ahí el propio Dios.’ Puedes estar completamente seguro de que tu amor por Dios es un fruto, no una raíz. Es el fruto del amor de Dios por ti, y no ha sido originado por ninguna cosa buena que hubiera en ti. Puedes, pues, tener la absoluta certeza de que Dios te ama si tú amas a Dios”2. El Señor te ama. Eres una persona privilegiada. John Benton,
Hete aquí, teniendo confianza en tu vida y un Dios al que puedes dirigirte, mientras otros en este mundo no tienen nada parecido. El mundo es para ellos tan estéril y triste como los desolados desiertos de Edom (1.3), un lugar donde sólo los más fuertes sobreviven entre los chacales de este mundo. Todo lo que edifiquen y todo aquello en que se gozan será muy pronto barrido y destruido por la muerte, mientras que tú tienes un lugar en el Cielo (1.4). Ellos están sin esperanza, sin Dios, en este mundo, mientras que a ti te ama el Señor. John Benton.
El amor de Dios por los no cristianos:
Eres una persona privilegiada. Dios ha pasado por alto a otros, amigo no cristiano, por ti. La Biblia nos dice que no sólo se rebeló el hombre contra Dios y cayó en el pecado, sino que también un gran número de ángeles, bajo el mando de Satanás, se rebelaron, y de hecho propiciaron que el hombre pecara. Sin embargo, a esos ángeles caídos se les ha pasado por alto. Jesús no se hizo un ángel para salvarlos. Los pasó por alto. Se hizo hombre, y por medio de su muerte en la Cruz te ofrece la salvación. Cristo murió por nuestros pecados, y resucitó, y todo aquel que crea en Él será salvo.
Dios es paciente contigo, pues no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3.9). Te ofrece algo que no ofrece a Satanás ni a sus ángeles. Para ellos no hay un Evangelio. No obstante, a la Humanidad, a ti, Dios ha dado una promesa: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.16). ¿Pecarás tú contra el amor de Dios?John Benton
Nota aclaratoria: El hecho que Dios nos ame a nosotros y a nosotros no no significa que Dios sea malo. No, todos los hombres somos malos y Dios no tiene obligación de escoger a ninguno, Dios tampoco condena inocentes:
Vemos el resultado de la elección de Dios, Jacob y no Esaú, cuando este último vendió voluntariamente su primogenitura a su hermano por una comida, menospreciando así su derecho Gn. 25:29–34; He. 12:16–17. . Lo vemos en el eficaz engaño de Rebeca y Jacob al ciego Isaac, para que bendijera al menor con la bendición que debía ser para Esaú, su hijo mayor y su preferido (Gn. 27:1–40) Lo observamos en las pruebas, la prosperidad y la humillación de Jacob, escogido y amado por Dios a pesar de sus muchos pecados y debilidades Gn. 28–33.
II. Dios destruye a nuestros enemigos. Malaquias 1:3-5.
II. Dios destruye a nuestros enemigos. Malaquias 1:3-5.
La prueba del amor de Dios hacia Jacob se ve en su aborrecimiento de Esaú (3). Aquí Esaú y Jacob son las naciones de Edom (4) e Israel (5). Dios demuestra su amor por Israel al castigar a Edom. Edom no sólo no había acudido en auxilio de Jerusalén cuando la ciudad fue sitiada por los babilonios, en el 586 A.C., sino que en realidad se había gozado en su caída (Lm. 4:21–22; Sal. 137:7). Como resultado, durante el período postexílico Edom se convirtió en un símbolo viviente de la crueldad y la deslealtad, maduro para la destrucción (Ez. 25:12; Abd. 21). Por lo tanto la expulsión de los edomitas (idumeos) de su antiguo territorio del monte Seir por los árabes nabateos era vista como un acto de venganza divina por su conducta antifraternal e inhumana (3). Ignoramos la fecha de este acontecimiento, pero al parecer era bastante reciente como para que en el momento de escribirse estas palabras estuviera todavía fresco en la memoria de los judíos. William%2M. Greathouse.
También se nos dice cómo funcionó en las muchas ocasiones en que los edomitas, descendientes de Esaú, persiguieron al pueblo de Dios (Nm. 20:14–21; Jer. 49:7–22; Ez. 25:12–14) de ahí las palabras divinas dirigidas a ellos por medio de Ezequiel 25:12-13. Andamio
q Tanto Israel como Edom fueron reconstruidos después de su destrucción, pero así como la reedificación de Israel fue una señal de esperanza eterna, para Edom no se estableció una promesa semejante. No queda claro a qué referencia histórica específica se alude en estos versículos. Edom fue finalmente destruido por los nabateos en 312 a.C., mucho después de esta profecía. Los sustituyeron los idumeos, una mezcla de nabateos y edomitas. En Marcos 3:8 leemos que vinieron a escuchar las enseñanzas de Jesús, una nueva oportunidad de acudir a Dios en fe y arrepentimiento. Andamio
Esa actitud de parte de Dios hacia Jacob y hacia Esaú, y hacia las naciones que brotaron de ellos, ha sido descrita por Malaquías con estas palabras: yo he amado a Jacob y he odiado a Esaú. Los verbos אהב, amar, y שׂנא, odiar, no deben dulcificarse diciendo amar más y amar menos, para evitar el peligro de caer en la doctrina de la predestinación. שׂנא, odiar, es lo opuesto a amar, y este significado debe retenerse aquí, pero hay que hacerlo sin olvidar que toda arbitrariedad es imposible en Dios, y que aquí no se ofrece ninguna explicación de las razones que determinan sus acciones. Keil
Malaquías no afirma expresamente de qué forma se mostró el amor de Dios a Jacob (es decir a Israel), pero esto queda indicado indirectamente en lo que se afirma sobre el odio hacia Edom. Mal 1, 3 no se refiere sin más al hecho de que a Edom le haya tocado una tierra desolada, como suponen Rashi, Ewald y Umbreit, sino solo al hecho de que la tierra ha quedado totalmente devastada en las montañas del oeste, mientras que no se ha convertido en totalmente estéril en los valles y laderas del este (cf. Coment. a Gen 27, 39). De un modo consecuente, el texto supone que la tierra de Edom ha sido devastada por algún tipo de violencia, convirtiéndose en parte en morada de chacales. Keil
para chacales del desierto, ha de referirse a lugares donde habitan estas bestias de tierras áridas (cf. Is 34, 13). Keil
La amenaza de Mal 1, 4, según la cual, si Edom intenta reedificar sus ruinas, el Señor destruirá de nuevo lo que Edom construye, indica que Edom no recuperará nunca su prosperidad y su poder antiguo. Esto se cumplió bien pronto, pues la independencia de los edomitas fue destruida, y su tierra se convirtió en un desierto eterno, especialmente desde los tiempos de los macabeos en adelante. Keil
La construcción de אדום como femenino, con תּאמר, puede explicarse a partir del hecho de que la tierra suele ser mirada como madre de sus habitantes, y se utiliza como sinécdoque para indicar su población. Los hombres les llamarán (להן, a ellos, los edomitas) h['êv.rI lWbåG, territorio o tierra de maldad, pues verán su devastación permanente y la incapacidad por parte de la nación para elevarse de nuevo y será una prueba práctica de que la ira de Dios había recaído para siempre sobre el pueblo y sobre la tierra, a causa de los pecados de Edom. Keil
lD:äg>yI no indica un simple deseo de que Yahvé sea engrandecido, sino una confesión de la grandeza de Dios. No es que “sea” engrandecido, sino que “se ha” engrandecido, como en Sal 35, 27; 40, 17, etc. La expresión מעל לגבוּל י no está indicando un deseo, sino una afirmación de la soberanía de Dios. Yahvé es grande cuando él da a conocer su grandeza a los hombres a través de los actos de poder de su gracia. Keil
Y tú pensarás que a Israel tampoco es que le fuera mucho mejor. Después de todo, los griegos lo capturaron en 332 a.C., y, más tarde, tras un breve periodo de independencia, cayeron de nuevo bajo dominación romana en el 63 a.C. Jerusalén y su templo fueron destruidos posteriormente por ellos y el pueblo judío fue expulsado de su tierra en el 135 d.C. A pesar de todo, Dios continuó con su amor por su pueblo escogido: judíos y gentiles que llegaron a formar la iglesia de Jesucristo Ro. 9–11; Ef. 2:1–3:6.
Las situaciones históricas relativas de Israel y Edom fueron, pues, la muestra de un destino mayor y eterno. Y es que, como vemos en Hebreos 11, los creyentes del Antiguo Testamento sabían que la tierra apuntaba a una realidad y a un futuro más allá de sí mismos (Hebreos 11:8-16).
Conclusión: En primer lugar, Malaquías vio que en el corazón del pueblo de Dios, la iglesia, debe existir una convicción profunda, radical y arrolladora de que él los ama. Sin esta seguridad en lo más hondo de nuestro ser, estamos perdidos. Andamio
Conclusión del sermón:
¿Es correcto que Dios juzgue a Edom? Sí, porque lo caracteriza la maldad: son territorio impío (4). ¿Acaso Israel no lo era también? Sí, pero Dios tuvo misericordia de él y, por tanto, ha santificado a su pueblo así como él es santo. Dios es libre de actuar con misericordia y de conceder sus mercedes a aquellos a los que elige. La destrucción de Edom será una señal de esperanza para Israel: Vuestros ojos lo verán, y vosotros diréis: Sea engrandecido el Señor más allá de la frontera de Israel (5).
Esto no significa que Israel esté a salvo del ataque y de la derrota, sino que en el fracaso histórico edomita será donde Israel, enseñado por Dios por medio de sus profetas, verán una señal de esperanza, un recordatorio de la misericordia de Dios hacia ellos y un indicio del juicio futuro. El Señor no es un mero dios local. Es el juez de toda la tierra y de todas las naciones, es grande más allá y por encima de las fronteras de Israel. Y la existencia continua de Israel (vuestros ojos lo verán) es un recordatorio de la gracia y el amor de Dios al hacer de ellos su pueblo santo. Andamio
Todo esto muestra que la palabra de Dios es verdad: Yo os he amado (2). El pueblo de Dios debería saberse amado por él; los creyentes individuales deberían ser conscientes de que Dios ama a su pueblo; y el mundo también debería estar al tanto de esto. La señal convincente del amor de Dios es que no nos ha tratado según nuestros pecados, sino de acuerdo con su misericordia, y que en la ira se ha acordado de tener compasión (Sal. 103:10; Hab. 3:2) La única escapatoria a la ira del Cordero es hallar refugio en la sangre del Cordero inmolado. Andamio
La misericordia de Dios fue lo único que salvó a la iglesia del tiempo de Malaquías y salva también a la de hoy (Tito 3:3-7).
¿Ama Dios a la iglesia? ¿Me ama Dios a mí? Si intentamos responder a estas preguntas en términos de cómo nos sentimos o de lo bendecidos que somos por la forma en que Dios ha suplido nuestras necesidades o deseos, o al compararnos con otros, a veces llegaremos a dudar de su amor. La prueba abrumadora y convincente de éste es que no ha tratado con nosotros como nuestros pecados merecían, sino que ha tenido compasión de nosotros en Cristo Jesús y en su muerte expiatoria. Por medio del sacrificio de Cristo, él ha dejado, pues, a un lado el juicio y la ira que merecíamos y nos ha revestido con su justicia. Es la sorprendente gracia de Dios para con su pueblo en general y para cada uno de ellos de manera individual. Andamio
¿Cómo nos muestra Cristo el amor de Dios? La respuesta del Nuevo Testamento es que él nos muestra el amor de Dios y este, a su vez, nos enseña su amor en Cristo en que vino por aquellos que no lo merecían, los enemigos de Dios, pecadores impíos, muertos en nuestros pecados, y que Cristo entregó su vida como sacrificio y resucitó para darnos vida con él (Juan 3:16; 1 Juan 4:10; Romanos 5:6-10. Andamio
