Requisitos de un pastor: Autocontrol

1 Timoteo: La casa puesta en orden  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable (Ecl. 10:1).
No pudo haberlo dicho de manera más clara el proverbista. Aun el más grande imperio, el más poderoso ejército, el más fuerte rey, ha caído en desgracia por cosas en apariencia insignificantes: una reacción impulsiva, unas copas de más o el deseo de tener un poco más.
Liderar es una tarea tentadora en muchos sentidos y además, cuando se trata de liderar personas, se camina entre la línea delgada en la que no solo cuidamos y guiamos a otros, sino que lo hacemos principalmente con nosotros mismos.
En semanas anteriores hemos estado viendo algunas categorías en las que hemos decidido agrupar los rasgos de carácter de lo que se espera de los líderes de una iglesia: su aspecto moral, su equilibrio interno, recientemente hablamos acerca de sus aptitudes o capacidades, que deben ser aptos para relacionarse y para enseñar y hoy nos concentraremos en un conjunto más de atributos o requisitos; los que tienen que ver con el autocontrol, el dominio propio.
En el verso 3 de este capítulo, Pablo destaca tres áreas en las que un líder debe ejercer dominio propio: sus apetitos, sus impulsos y sus finanzas.
Algo curioso de este pasaje, es que en RV1960 se leen dos tríadas: “No dado al vino, no contencioso y no codicioso de ganancias deshonestas” y luego “amable, apacible, no ávaro”. El LBLA y otras traducciones aparece: “No dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso.”.
La razón de esta aparente omisión de “no avaricioso de ganancias deshonestas” en otras traducciones se debe a que no es una expresión que se encuentre en manuscritos más antiguos aunque si hace parte de los requisitos que aparecen en Tito 1:7; pero eso no pone en peligro nuestra interpretación porque, tal como se ve en el texto, la intención del Apóstol es presentar un conjunto de descripciones que apuntan esencialmente a lo mismo, por lo que la expresión “no avaricioso de ganancias deshonestas” queda contenida en la expresión “no ávaro”, y así lo veremos.
La estrategia que vamos a emplear es entonces definir el rasgo de carácter y el aspecto negativo y positivo que Pablo agrega. Es decir, no debe dar rienda suelta sus apetitos, no debe ser pendenciero si no amable y apacible y por último no debe ser un ávaro o alguien que ame el dinero deshonesto.
Y este es el argumento que quiero proponerles:
Los líderes en la iglesia deben exhibir autocontrol, pues si no pueden ejercer gobierno sobre sus deseos no pueden gobernar la iglesia del Señor
De hecho, una prueba de que alguien tiene capacidad para gobernar o dirigir a otros es que primero puede hacerlo consigo mismo.
Y vamos a desarrollarlo a la luz de los siguientes encabezados:
El líder debe ejercer gobierno sobre sus apetitos
El líder debe ejercer gobierno sobre sus emociones
El líder debe ejercer dominio sobre sus finanzas

El lidere debe ejercer dominio sobre sus apetitos

La palabra que Pablo emplea para referirse a “no dado al vino” (μὴ πάροινος, mē paroinos) se refiere a no ser adicto al vino o no estar constantemente bajo su influencia. En otras palabras; el líder no debe ser alguien borracho.
Has ahí estamos de acuerdo e incluso el sentido común reafirma que es algo que incluso escapa de nuestra imaginación. Pero no queremos quedarnos solo con la idea general, sino examinar algunas de sus implicaciones.
No vamos a discutir acerca de si el consumo de alcohol e so no permitido para los creyentes porque eso nos tomaría tiempo y nos haría también desviar del tema. Lo que sí es cierto es que, al menos en el contexto de la época, el tener contacto con vino o sidra era lo más común especialmente en el contexto de las celebraciones; sin embargo, lo que Pablo advierte es que el líder no debe ser alguien con inclinación al alcohol o las borracheras, un adicto o alguien que necesita alcohol como fuente de estímulo.
Tampoco quiere decir este pasaje que los demás hermanos que no son líderes si podían hacerlo, en lo absoluto; más bien es dejar claro que en un contexto en el que iba a estar rodeado de ese tipo bebidas alcohólicas y donde iba a estar permanente expuesto, debía cuidarse de no caer en ser licencioso y comprometer así su testimonio.
La Biblia advierte de manera reiterativa los peligros del consumo desmedido de alcohol y las borracheras:
Proverbios 20:1 - “El vino es escarnecedor, la cerveza alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio.”
Proverbios 23:29-35 - “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas sin causa? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino…
Gálatas 5:21 - “Envídia, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Isaías 5:11 - “¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez, que se están hasta la noche, hasta que el vino los inflame!
Proverbios 21:17 - “El hombre que ama el placer será pobre; el que ama el vino y los ungüentos no se enriquecerá.”
Lucas 21:34 - “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y borrachera y de las preocupaciones de la vida, y aquel día venga de repente sobre vosotros.
1 Pedro 4:3 - “Porque ya es bastante el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, habiendo andado en lascivias, deseos, borracheras, orgías, bebiendo en exceso y en abominables idolatrías.”.
Como vemos, el consumo excesivo de vino, y de cualquier tipo de licor, está asociado a la pérdida del juicio, las rencillas y actitudes violentas, adicciones que son idolatría, falta de criterio para administrar, entre otras.
Ahora bien, este requisito es extensivo también a la idea de que el pastor debe ser alguien que no es conocido por sus vicios.
La glotonería, por ejemplo, es una de las cosas que a menudo se justifican como una virtud: “los evangélicos no bebemos, pero comemos”, “pastor sin panza no da confianza”. La verdad es que alguien que no puede poner freno a sus apetitos se convierte en alguien poco fiable para la administración de la iglesia y de cualquier otra institución.
Los deseos por la bebida y la comida se produce en el mismo centro de placer que el deseo por el dinero y el sexo; por lo que, una persona que no controla sus apetitos e impulsos básicos ha abierto la puerta para que otros pecados crezcan.
Pablo muestra esta relación en 1 Corintios 6:12-13 12 Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. 13 Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos; pero, Dios destruirá a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo.
Ellos, los de Corinto, argumentaban que así como tenían apetito por la comida y entonces debían comer, entonces cuando tenían impulsos sexuales debían fornicar; porque era eso, una necesidad fisiológica; sin embargo, Pablo les deja ver lo equivocados que estaban porque el Señor también redimió nuestros cuerpos.
Mi punto es, que una falta de dominio propio en cuanto a nuestros impulsos por la comida y la bebida puede derivar en pecados de avaricia y también de lujuria; porque ambos revelan una búsqueda excesiva de placer.
Un pasaje que a menudo debemos recordar es la advertencia que hace Salomón sobre la necesidad de ser mesurados porque podemos llegar a ser manipulados fácilmente, desde el centro de nuestros deseos en Proverbios 231-5: Cuando te sientes a comer con un gobernante,
Considera bien lo que está delante de ti, Y pon cuchillo a tu garganta Si eres hombre de mucho apetito. No desees sus manjares, Porque es alimento engañoso. No te fatigues en adquirir riquezas, Deja de pensar en ellas. Cuando pones tus ojos en ella, ya no está. Porque la riqueza ciertamente se hace alas Como águila que vuela hacia los cielos. Pasamos entonces al segundo aspecto que Pablo menciona en este pasaje y es el autocontrol de las emociones:

El líder debe ejercer gobierno sobre sus emociones

La palabra empleado por el apóstol para “no pendenciero” (μὴ πλήκτης, mē plēktēs) significa “no violento” o “no contendiente”. Este atributo advierte contra ser una persona que se involucra fácilmente en disputas o conflictos.
Esto parece muy claro, el pastor o líder no debe ser conocido como una persona iracunda, que no puede controlar sus emociones o que es de espíritu contencioso.
Esto era una instrucción muy importante para Timoteo porque él iba comisionando para corregir ciertas prácticas de los líderes que estaban en Éfeso y era seguro que le opondrían resistencia. En la segunda Pablo le escribe, 2 Timoteo 2:24-26:
24 El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido. 25 Debe reprender tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, 26 y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad.
No solo se espera que el líder no sea contencioso, sino que sea un pacificador, alguien que ve en los conflictos las oportunidades para que el evangelio de la reconciliación brille.
Es cierto que no nos imaginamos a un pastor que esté todo el tiempo yéndose a los puños con personas; pero esto va incluso más allá. Tiene que ver también con no tener un carácter obstinado o terco, no ser alguien a quien nadie le puede decir nada, por qué es seguro que habrá una discusión.
Tiene que ver también con el trato a los demás, en no ser alguien tosco o que está gritando o gruñendo todo el tiempo. No debe ser alguien caracterizado por la ira o por actitudes o gestos que comunican violencia.
Tampoco debe ser alguien agresivo con sus palabras. Hay palabras que son peores que golpes en el rostro y en ocasiones se dice de alguien que no es violento porque no golpea físicamente, pero sus palabras son beligerantes, no habla con amabilidad. A veces se ve a personas en un púlpito hablante con lenguaje violento y se dice: es que está hablando con autoridad; cuando en realidad es más un enojo carnal y entonces insultan y golpean, pero no por celo sino por violencia.
Cuando describo estas virtudes no dejo de pensar en el Señor. Él era manso y humilde. Se airó cuando tuvo que hacerlo, pero no defender sus propios intereses, sino los del Padre.
Cuánta apacibilidad, amabilidad, ternura y cariño podemos aprender de nuestro Señor.
Un líder o pastor no tiene que ser brusco para comunicar que tiene autoridad; basta con ser alguien que modela el carácter manso y apacible de Cristo.
Así hemos llegado entonces al último aspecto donde un pastor debe ejercer autocontrol: sus finanzas.

El líder debe ejercer dominio sobre sus finanzas

Si hay algo por lo que los líderes son acusados hoy en día es precisamente por este aspecto.
Uno de los problemas de la iglesia de Éfeso era que sus líderes se habían corrompido al tener favoritismos hacia miembros de la iglesia a cambio de dinero. Habían convertido la fe en un negocio.
Este pasaje no puede ser más claro: el líder debe mantenerse lejos del amor al dinero y la avaricia porque puede caer en lazo del diablo.
El ministerio no es una fuente de lucro. Nadie debería hacerse pastor solo por el dinero que pueda recibir. Pero lamentablemente para muchos el ser pastor es un negocio.
Puede ser que en principio alguien entre al ministerio por motivos buenos y válidos, servir al Señor; pero con el tiempo, el amor al dinero va corrompiendo el corazón y las motivaciones se van torciendo y del mismo modo se va torciendo la iglesia.
La Biblia advierte del peligro del amor al dinero más de lo que advierte de los peligros del infierno y esto es porque el amor al dinero es muy fácil disfrazarlo de piedad, de prosperidad o de bendición.
De hecho, en la jerga evangélica, con el tiempo, las palabras: prosperidad y la bendición de Dios, han venido a estar asociadas con el dinero y cosas materiales.
Pastores ávaros modelan iglesias centradas en el dinero y lo material, y esto no solo aleja a las personas de Dios, sino que presenta una mala imagen del evangelio glorioso de Cristo al mundo.
Es deber de la iglesia el sostenimiento de sus pastores, pero no el subsidio de sus vanidades y lujos extravagantes.
Una forma en que la iglesia puede poner en práctica el cuidado de sus líderes de la avaricia es honrando para lo que es necesario, pero también impidiendo que la administración del dinero sea una cuestión en la que él esté involucrado.
Si bien, los pastores deben tener información y estar al tanto de las finanzas de la iglesia; no es su trabajo administrar y disponer de los recursos según su propio criterio.
La iglesia no es la empresa de pastor y su familia,
las ofrendas no son su patrimonio
y las ovejas no son sus empleados.
Esto es algo que ha traído mucho mal y calamidad a la iglesia.
Algo que les decimos a los que predican y desean el ministerio entre nosotros: No debes venir o desear esto porque es lo que va a resolver tus problemas económicos. Alguien que viene a servir al ministerio debe ser capaz de probar que pueda ganarse la vida en otra cosa. Es decir, no es alguien que si en algún momento se descalifica como pastor, entonces se va a aferrar al ministerio porque no tiene con qué más sobrevivir. Eso es un despropósito.
¿Qué esperamos ver en un líder no ávaro?
Alguien que tiene un manejo ordenado de sus finanzas
Alguien que no es dado a las deudas injustificadas
Alguien que practica la generosidad
Alguien cuyos gastos son moderados
Alguien que tiene contentamiento en la escasez
Alguien que tiene mesura en la abundancia
Alguien que puede disfrutar de lo que tiene y comparte con otros
Alguien que aporta a la obra del Señor con liberalidad
Como vemos, los líderes deben exhibir una relación sana con el dinero porque eso les librará de muchos males, incluyendo a la iglesia.
Como Pablo diría al mismo Timoteo 5:
Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. 9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
Así que, tal como lo planteamos en principio, el autocontrol en un líder es vital para el ejercicio del oficio, de manera que glorifique al Señor.
Tal como hemos señalado en otros atributos; todo esto nos apunta a la idea de Jesús como el modelo perfecto de liderazgo:
Él siempre lideró moderadamente, guardando siempre de hacer la voluntad del Padre y no la suya. No fue gobernado por sus impulsos sino por la misión que le había sido encomendada.
El Señor nunca devolvió mal por mal, nunca actuó con ira, sino con mansedumbre, Él es el ejemplo perfecto de amabilidad y trato digno incluso a sus enemigos.
Pero él mismo es el ejemplo de no aferrarse a lo material, sino uno que dejó incluso la gloria del cielo por morir desprovisto de toda riqueza con el fin de llevar a miserables como nosotros a la gloria de Su reino.
Que Dios nos conceda líderes con este corazón.
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