QUIEN ESTA SOBRE LA LEY DE DIOS

PARABOLAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Se registra este acontecimiento para mostrarnos la manera como “el árbol malo da frutos malos”

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Relato de lo que sucedió después de la victoria que obtuvo Israel contra los sirios.

1º Reyes 20:31–34 RVR60
31Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida. 32Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es. 33Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro. 34Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir.
1º Reyes 20:35–43 RVR60
35Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle. 36El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. 37Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. 38Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos. 39Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. 40Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado. 41Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas. 42Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo. 43Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.
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Ben-adad II formó una coalición de 32 reyes y sitió a Samaria durante el reinado de Acab de Israel. Acab, tras aceptar inicialmente los términos de la derrota y por consejo de los ancianos de la ciudad y de un profeta, atacó a las fuerzas aliadas y las obligó a cambiar de camino.
En la primavera siguiente, en una batalla cerca de Afec, el ejército israelita derrotó nuevamente a un gran ejército arameo en el valle y en la ciudad. Ben-adad II, huyó hacia la ciudad amurallada buscando protección.

I. Ben-adad se somete mansa y humildemente.

Sus siervos, viéndole a él y a sí mismos reducidos al último extremo, le aconsejaron que se rindiera sin condiciones para salvar la vida (v. 31).
Habían oído que los reyes de Israel eran clementes.
Quizás habían oído que Jehová es clemente y misericordioso y pensaban que los reyes de Israel seguirían el ejemplo de su Dios.
Esto, que para los sirios era un mero pretexto para ver de salvar la vida, para el pobre pecador es un consuelo que le anima a humillarse y arrepentirse delante de Dios. «¿No hemos oído que el Dios de Israel es clemente y compasivo? ¿No le hemos hallado así?
¡Rasguemos, pues, nuestro corazón y convirtámonos a Él!» (Jl. 2:13).
Joel 2:13 NBLA
13 »Rasguen su corazón y no sus vestidos». Vuelvan ahora al Señor su Dios, Porque Él es compasivo y clemente, Lento para la ira, abundante en misericordia, Y se arrepiente de infligir el mal.

Éste es un arrepentimiento genuino, evangélico: El que brota de la convicción de la misericordia de Dios en Cristo: Con Él hay perdón.

Dos cosas le ruegan a Ben-adad sus siervos que haga:
Presentarse (y ellos con él) como penitentes: «Ciñeron sus lomos con cilicio (esto es, saco), como quienes están de duelo, y pusieron cuerdas sobre sus cabezas», con la soga al cuello, como criminales que marchan al patíbulo. Muchos hacen como que se arrepienten cuando las cosas les salen mal, cuando se habrían gloriado de sus hechos si las cosas les hubiesen salido bien.
Presentarse como pordiosero, y mendigar la vida: «Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma» (v. 32). ¡Qué cambio!
(A) En su condición. De las alturas del poder y de la prosperidad, ha caído a lo más bajo de la desgracia y de la aflicción.
(B). En su tono. Al comienzo del capítulo le veíamos fanfarrón, juraba y amenazaba, con demandas crueles; ahora le vemos agachado y gimoteando, sin pedir otra cosa que salvar la vida.

II. Acab acepta neciamente la fingida sumisión de Ben-adad y hace de inmediato un trato favorable al sirio.

Se muestra orgulloso de que se le humille aquel mismo al que él tanto temía: «¿Vive aún? Es mi hermano».
Le llama «hermano» conforme era costumbre entre los reyes orientales (9:13), apoyándose en la hermandad de la realeza más que en la hermandad de la religión.
«¿De veras es tu hermano, Acab? ¿Te trataba él como a hermano cuando te envió aquel bárbaro ultimátum? (vv. 5, 6).
¿Te habría llamado hermano si hubiese sido él el vencedor? ¿Se llamaría él tu siervo si no hubiese sido reducido a la extrema estrechura? ¿Cómo puedes permitir que te engañe con una falsa sumisión?»
Al someterse Ben-adad de esta manera, Acab le trató, no sólo con honor:
«Le hizo subir a su carro» (v. 33),
sino con la amistad propia de un aliado
(v. 34): «Hizo pacto con él y le dejó ir», sin consultar a los profetas de Dios ni a los ancianos del país.
Podía haberle exigido ciudades a Ben-adad pero se contentó con que le restituyera las robadas por su padre.
Podía haberle exigido todos los tesoros de Damasco, pero se contentó con que le concediera hacer en Damasco un barrio de bazares a expensas de Acab.
Con esto le dejó ir, sin reprenderle siquiera por las blasfemias que Ben-adad había lanzado contra el Dios de Israel, por cuyo honor tenía Acab muy poco interés.

III. La reprensión que recibió Acab por su clemencia con Ben-adad y el pacto que había hecho con él.

Le fue dada por medio de un profeta en nombre de Dios.
Este profeta quiso reprender a Acab mediante una parábola y, para hacerla más dramática, se disfrazó de soldado herido.

1) No le fue fácil presentarse herido.

No quiso herirse a sí mismo, sino que mandó a uno de sus compañeros profetas que le hiriese «por orden de Jehová» (lectura probable).
Pero él no quiso (v. 35); podemos pensar que lo hizo por buena razón.
Las personas buenas prefieren recibir golpes a darlos.
Pero, por contravenir una orden expresa de Dios (tanto peor, siendo él mismo profeta), le mató un león (v. 36), como le había pasado a otro profeta desobediente (13:24).
La intención de esto era darle a entender a Acab que, si un buen profeta era castigado tan severamente por haber perdonado la vida a un amigo suyo, y de Dios, cuando Dios había dicho: «Hiérele», ¡cuánto mayor sería el castigo de un rey perverso por haber perdonado la vida a un enemigo suyo, y de Dios, cuando Dios había dicho: «Hiérele»!
El siguiente hombre no tuvo ningún inconveniente en herirle (v. 37). Probablemente le sacó sangre del rostro, y él se puso una venda.

2) Herido como estaba y con ceniza sobre la cabeza (probablemente), para ocultar que era profeta, se va hacia el rey y le cuenta una historia en la que él mismo resultaba culpable de descuido por habérsele escapado un prisionero.

¿Le perdonará el rey? ¡De ninguna manera! «Tú mismo has pronunciado tu sentencia», le dice Acab. El profeta tiene ahora lo que quería, lo mismo que Natán en otra ocasión (2 S. 12:5).
Se quita el disfraz y la venda y viene a decirle a Acab: «Tú eres ese hombre. Con tu propia palabra te has juzgado. Jehová te había ordenado acabar con la vida del enemigo (“soltaste de la mano el hombre de mi anatema”—v. 42—) y tú se la has conservado. Por tanto, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo».

3) Acab recibió con enojo la reprensión: «Se fue a su casa triste y enojado» (v. 43); enojado con el profeta, exasperado contra Dios y vejado en su propio interior.

¿Cuántas veces hemos obtenido una victoria por la misericordia de Dios y a continuación nos enorgullecemos de que la victoria fue lograda por nuestras propias fuerzas?
En estos casos es cuando cometemos muy serios errores que ponen en peligro nuestra estabilidad. Acab nunca aprendió la lección; de nuevo su orgullo personal se interpuso, considerándose “sabio” ante sus propios ojos. Los reyes se humillaron ante el rey pidiendo misericordia de aquél a quien hacía unos pocos meses pensaban destruir por completo.
Acab aplicó la mentalidad oriental. Sabía que debía destruirlos por completo, pero decidió salvarles la vida y perdonarlos. ¿Por qué? ¿Acaso por su generosidad y bondad? No. Él sabía que los asirios también intentarían conquistar a Israel. Por lo tanto, quería asegurar que contaría con el apoyo militar de los sirios. ¿Cómo estar seguro de que ellos se iban a acordar de su benevolencia y misericordia para unirse a él si fuera necesario?
Su error fue hacer a un lado las leyes de Dios que exigían que los destruyera. A Acab no le interesaba la voluntad de Dios, sino la suya. Con esto condenó su propia vida y su futuro personal y familiar. ¡Abandonó al Señor por última vez para ser totalmente destruido! La acción que esta desobediencia engendró se verá en el siguiente capítulo.
i. UN REY NUNCA ESTÁ POR ENCIMADE LA LEY.
ii. EL PRECIO DE LA DESOBEDIENCIA ES MUY ALTO.
¡PENSEMOS!
La evidencia de que Dios nos rodea de bendiciones es muy clara. El problema es que a veces consideramos que éstas son nuestra razón de vivir. La grandeza de Dios nos rodea, pero a veces optamos por ignorarla como hizo el rey.
Cuando hacemos esto, nos condenamos a nosotros mismos perdiendo lo más preciado.
Abra sus ojos a la evidencia de las victorias que Dios le ofrece todos los días. Lea Zacarías 12:8 y 2 Corintios 10:3; 12:9–10 y vea de dónde surgen. Tenga cuidado de no usarlas para cumplir sus deseos.
Zacarías 12:8 NBLA
8 »En aquel día el Señor defenderá a los habitantes de Jerusalén, y el débil entre ellos aquel día será como David, y la casa de David será como Dios, como el ángel del Señor delante de ellos.
2 Corintios 10:3 NBLA
3 Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne.
2 Corintios 12:9–10 NBLA
9 Y Él me ha dicho: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. 10 Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Fue una tontería de parte de Acab hacer la paz con su archienemigo.
Cuando los ataques directos de Satanás contra nosotros fallan, él utiliza otras tácticas.
Entonces se puede acercar con una cara risueña, así como Ben-adad hizo con Acab. Satanás extenderá su mano y dirá: “¡Seamos amigos!” Por lo tanto, los cristianos deben animarse unos a otros con el himno,
Castillo fuerte es nuestro Dios, defensa y buen escudo;
Con su poder nos librará en este trance agudo.
Con furia y con afán acósanos Satán; por armas deja ver
Astucia y gran poder: Cual él no hay en la tierra.
Nuestro valor es nada aquí, con él todo es perdido;
Mas por nosotros pugnará de Dios el escogido.
¿Sabéis quién es? Jesús, el que venció en la cruz,
Señor de Sabaot,
Y pues él solo es Dios, él triunfa en la batalla.
Aún si están demonios mil prontos a devorarnos,
No temeremos, porque Dios sabrá aún prosperarnos.
Que muestre su vigor Satán, y su furor dañarnos no podrá:
Pues condenado es ya por la Palabra santa (CC 129:1–3).
El cristiano que lleva amistad con el enemigo de Dios y se pone del lado del enemigo, el día del juicio descubrirá que está condenado junto con el enemigo.
Probablemente los historiadores seculares no le dedicarán tiempo a volver a contar el incidente que se registra en el capítulo 21. Ni Nabot ni su viña tenían ningún significado político. Pero nuestro inspirado escritor registra este acontecimiento para mostrarnos la manera como “el árbol malo da frutos malos” (Mateo 7:17). En el caso de un incrédulo como Acab, veremos que las obras de la carne controlan su vida por completo. Los frutos del Espíritu estarán ausentes.
Mateo 7:17 NBLA
17 »Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos.
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