KINTSUGI: RESTAURANDO LO FRACTURADO

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Transcript
Salmo 147:3 RVR60
3 El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas.

INTRODUCCIÓN

Amados hermanos y amigos que nos acompañan, les invito a reflexionar en el Salmo 147:3. Este Salmo es un himno de alabanza por el motivo de la restauración de Jerusalén y el favor de Dios hacia Su pueblo. Nos habla de la grandeza de Dios en la creación y en la historia, destacando Su cuidado y provisión para los necesitados, incluyendo los de corazón quebrantado. Pues “Él sana a los de corazón quebrantado”, a aquellos que están profundamente heridos emocional o espiritualmente; “Y les venda las heridas”, Dios no solo nos sana, sino que nos cuida y nos protege mientras somos sanados en el proceso. Esta acción me lleva a pensar en un arte llamado Kintsugi.

Proposición.

El concepto “Kintsugi” es un arte japonés que consiste en reparar cerámica rota con resina y polvo de oro, elevando la cerámica a un valor mucho más alto que el que tenía antes de ser restaurado. Esta ilustración nos ayuda a comprender el proceso de sanidad y restauración espiritual que Dios nos ofrece, y su maravillosa capacidad para restaurar nuestras vidas por más rotos y heridos que estemos.
Esto nos lleva a meditar en el sermón de hoy bajo tema, Kintsugi: Restaurando lo Fracturado. Pues al igual que el Kintsugi, Dios restaura nuestras vidas rotas y las transforma en testimonios de Su gracia.

Oración Transicional.

Para que esto pase, debemos...

I. RECONOCER LA REALIDAD DEL CORAZÓN ROTO.

Hebreos 13:12 RVR60
12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
Mateo 15:19 RVR60
19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

1. Reconociendo Nuestro Dolor.

Todos experimentamos momentos de quebrantamiento. Las pérdidas, fracasos y traiciones pueden dejar nuestras vidas en pedazos. Job en su sufrimiento, y Pedro después de negar a Jesús.
Nuestra necesidad de sanidad es el primer paso hacia la restauración.

2. El Llamado a Buscar a Dios.

En medio de nuestro dolor estamos llamados a buscar a Dios, Él promete sanar y restaurar nuestros corazones quebrantados. Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”

II. ACEPTAR EL PROCESO DIVINO DE RESTAURACIÓN.

Jeremías 30:17 NVI
17 Pero yo te restauraré y sanaré tus heridas —afirma el Señor— porque te han llamado la Desechada, la pobre Sión, la que a nadie le importa.”

1. La Paciencia de Dios en la Sanidad.

El proceso que se realiza en el arte de Kintsugi requiere tiempo, paciencia y cuidado, para que cada fragmento logre ser unido. Del mismo modo, nuestra sanidad espiritual puede ser un proceso largo y delicado. Dios trabaja en nuestras vidas con delicadeza y amor, tomando cada pieza rota y restaurándola a Su tiempo.

Anécdota: La anciana que se le quebró el jarrón.

En momentos de desesperación, podemos sentirnos impacientes o dudosos de la obra que Dios está haciendo en nosotros. Pero como nos recuerda Filipenses 1:6
Filipenses 1:6 (RVR60)
...que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
Sé paciente y espera en Dios. Recuerda que
Isaías 40:31 RVR60
31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

2. La Belleza de las Cicatrices.

En el Kintsugi, las fracturas no se ocultan, sino que se resaltan con oro. De la misma manera, Dios no solo sana nuestras heridas, sino que las utiliza para mostrar Su gloria y su poder en nuestras vidas. testimonios visibles de Su poder transformador.
Nuestras heridas restauradas se convierten en nuestras cicatrices, las cuales nos recuerdan nuestros momentos de dolor y de fracaso, pero que ahora son testimonio de la gracia de Dios en nosotros. Así que hermanos, en lugar de ocultar nuestras heridas podemos mostrarlas como evidencia de lo que Dios ha hecho en nosotros.
Salmo 147:3 NVI
3 restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas.

III. DECLARAR LA NUEVA CREACIÓN EN CRISTO.

Efesios 4:22–24 NTV
22 desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. 23 En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. 24 Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.
Después de ser restaurada, la cerámica Kintsugi no es la misma que antes; es una nueva creación, única y hermosa. De igual manera, cuando Dios nos restaura, no solo volvemos a nuestro estado original, sino que ahora somos algo nuevo y hermoso. Como dice
2 Corintios 5:17 NTV
17 Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado, ¡una nueva vida ha comenzado!

1. Ahora somos testimonios vivos.

Nuestra nueva identidad en Cristo no es definida por nuestras fracturas, sino por la restauración y la nueva vida que recibimos a través de Él.
Esa es la obra de Cristo en nuestra vida, al ser restaurados, nos convertimos en nuevas criaturas. Y eso es un testimonio del poder redentor de Dios.

2. Somos llamados a declarar lo que Dios ha hecho con nosotros.

Al experimentar la restauración, somos llamados a ser agentes de sanidad para otros. Así como hemos recibido, estamos llamados a darle a otros. Marcos 5:19
Marcos 5:19 (NTV)
...Ve a tu casa y a tu familia y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y lo misericordioso que ha sido contigo».

Conclusión.

Hermanos y amigos, el arte del Kintsugi nos recuerda que en las manos de nuestro Creador, nuestras vidas rotas pueden ser restauradas de una manera que refleja Su gloria y amor. No importa cuán profundas sean nuestras heridas, Dios puede sanarlas y restaurarlas, cumpliendo su propósito en nosotros. Oremos a Dios en esta hora y pidámosle que obre en nuestras vidas, que restaurando lo fracturado y nos transforme en testimonios vivos de Su poder, su gracia y amor.
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