La naturaleza divina
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Texto. 2 Pedro 1:3-8
3Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,
4por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;
5vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
6al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
7a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
8Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo
1. poder divino (1:3)
1:3. El divino poder de Cristo ha provisto todas las cosas que son necesarias para la vida y … la piedad de los creyentes. “Divino” es la trad. castellana de theias, que viene de theos (“Dios”) y aparece sólo en tres lugares en el N. T. (aquí, en Hch. 17:29 y 2 P. 1:4). “Poder” (dynameōs) es una de las palabras favoritas de Pedro (cf. 1 P. 1:5; 3:22; 2 P. 1:16; 2:11). El creyente puede alcanzar todo lo que necesita para la vitalidad espiritual (“vida”) y eusebeian (“piedad”; cf. el comentario de 1:6; 3:11) mediante el conocimiento de aquel (Cristo) que nos llamó. Un conocimiento pleno, íntimo (epignōseōs; cf. 1:2) de Cristo, es la fuente de poder y crecimiento espiritual (cf. Fil. 1:9; Col. 1:9–10; 2:2).
Cristo nos llamó (cf. 1 P. 1:15) a esta vida piadosa por medio de su propia gloria y excelencia (aretē, “excelencia moral”; que se trad. como “virtudes” en 1 P. 2:9 y 2 P. 1:5).
Cristo atrae a las personas esclavizadas por el pecado (cf. 2:19) por medio de su propia excelencia moral y el impacto total de su persona gloriosa.
2. promesas divinas (1:4a)
1:4a. Por medio de las cuales (“su gloria y excelencia”
[v.3]), Cristo ha dado a los creyentes preciosas y grandísimas promesas. El vb. gr. que se trad. “ha dado” (dedōrētai) quiere decir “ha otorgado” o “ha dotado”.
No es la palabra común que se empleaba para describir la acción de “dar”, sino que hace hincapié en el alto valor del obsequio. Pedro usa el mismo vb. en el v. 3. En Marcos 15:45 encontramos este vb. donde se usa para describir la forma en que Pilato entregó el cuerpo de Jesucristo a José de Arimatea.
La palabra que se trad. “promesas” (epangelmata, de epangellō; que sólo se emplea en 2 P. 1:4 y 3:13) sugiere un anuncio público enfático. El apóstol describe esas promesas en forma apropiada: son “preciosas” (timia, de timē, “valor”). Pedro ocupa la palabra “preciosa” para describir la fe del creyente (1 P. 2:7; 2 P. 1:1), la sangre de Cristo (1 P. 1:19) y, aquí, para las promesas del Hijo de Dios. Las promesas de las cuales Pedro había escrito con anterioridad se relacionan con la herencia del cristiano (1 P. 1:3–5) y el regreso de Cristo (1 P. 1:9, 13).
3. participación de la naturaleza divina (1:4b)
1:4b. Esas promesas capacitan a los creyentes para que lleguen a ser participantes de la naturaleza divina.
La frase “llegar a ser participantes” se expresa en forma lit. “llegar a ser socios” (genēsthe … koinōnoi). La palabra “participantes” de 1 Pedro 4:13 y 5:1 proviene del mismo vocablo koinōnoi (“compañeros” o “socios”). “Divina” es theias, una palabra también empleada en 2 Pedro 1:3.
Los creyentes adquieren la auténtica naturaleza de Dios; cada uno es una “nueva criatura” (2 Co. 5:17).
Debido a que son “participantes” de la naturaleza divina, los creyentes pueden tener parte en la victoria moral de Dios sobre el pecado en esta vida y por medio de la vida eterna, participar en su victoria gloriosa sobre la muerte. A causa de la promesa del nuevo nacimiento (1 P. 1:3), la del poder protector de Dios (1 P. 1:5) y la de su poder capacitador (2 P. 1:3), los creyentes pueden participar en la naturaleza divina, i.e., llegar a ser más como Cristo (cf. Ro. 8:9; Gá. 2:20). Además, pueden escapar de la corrupción (fthoras, “decadencia moral”) que hay en el mundo (cf. 2 P. 2:20; 1 Jn. 2:15–17) a causa de la concupiscencia (epithymia, “malos deseos” [NVI95], lit., “deseo desordenado”).
En 2 Pedro 1:3–4, el apóstol hace uso del vocabulario gráfico que usaban los falsos maestros, precisamente contra quienes les advertía. La redacción que usa aquí tuvo que haber llamado la atención de sus lectores porque empleó algunas palabras provenientes del mundo pagano y filosófico dándoles un significado cristiano: “piedad” (eusebeia), “excelencia” (aretē), “naturaleza” (fysis), y “corrupción” (fthoras).
B. Propósito de la naturaleza divina en el creyente (1:5–9)
En este párrafo tan exquisito, Pedro hace la orquestación de una sinfonía de gracia. Dirige a los creyentes a agregar a la melodía básica de la fe, la armonía de siete virtudes cristianas que enumera sin explicación o descripción. El cristiano carnal padece de miopía espiritual (v. 9) pero el cristiano maduro es eficaz y productivo (v. 8) porque conoce al Señor Jesucristo y aplica los principios bíblicos a la vida cotidiana.
1. sus características (1:5–7)
1:5–7. Pedro se refiere a la naturaleza divina al comenzar este nuevo párrafo con la frase vosotros también.
Las palabras poniendo toda diligencia son la trad. castellana del part. gr. pareisenenkantes, “aplicando, trayendo al lado con el fin de apoyar”; empleado sólo aquí en el N.T.) y spoudēn pasan (“toda diligencia” o “en forma celosa, spoudē en Ro. 12:11 se trad. “fervientes”).
Para poder huir “de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 P. 1:4), se requiere de toda la diligencia y esfuerzo que el creyente pueda acumular, aunado al poder capacitador del Espíritu Santo y añadiendo a la fe el complemento de la virtud. El creyente debe dedicarse al ejercicio de las siete cualidades enlistadas por Pedro en los vv. 5–7. Al hacerlo, llega a ser más como Cristo, participando así en forma más plena de la naturaleza divina.
La palabra añadid en modo imper. es la trad. castellana de epij̱orēgēsate, de la cual vienen las palabras “coro”, “coreógrafo” y “coreografía”.
El gobierno griego de los tiempos más antiguos, organizaba un coro cuyo director (j̱orēgys) era quien costeaba los gastos de entrenamiento del mismo. Con el tiempo, la palabra llegó a indicar a alguien que proveía para las necesidades de otros, los apoyaba o suplía la falta de algo en forma abundante. Por tanto, un creyente debe “proveer, abastecer o apoyar” su vida con estas virtudes. (La misma palabra se trad. “da” en 2 Co. 9:10 y “nutriéndose” en Col. 2:19. Pedro la utilizó de nuevo en 2 P. 1:11, donde se trad. “será otorgada”.)
La fe en Jesucristo es la que distingue a los creyentes del resto de las personas. Pistis, la confianza en el Salvador que nos incluye en la familia de Dios, es el cimiento de todas las otras características de la vida cristiana.
A la fe, cada creyente debe añadir
1.-virtud (lit., “excelencia moral”). En gr., la palabra es aretēn, la cual Pedro usa también al final del v. 3 y en 1 Pedro 2:9 (“las virtudes”, RVR60; “las obras maravillosas”, NVI95).
3.- Conocimiento (gnōsin; cf. 2 P. 1:2; 3:18)
no es el resultado de hacer ejercicios intelectuales, sino el conocimiento espiritual que proviene del Espíritu Santo, y que se enfoca en la persona y palabra de Dios.
La fe, la virtud y el conocimiento espiritual no son suficientes para el andar cristiano. También el creyente tiene que dedicarse a desarrollar
3.- El dominio propio (enkrateian; usado sólo dos veces más en el N.T.: Hch. 24:25; Gá. 5:23).
Esto significa que tiene sus pasiones bajo control. Esta característica contrasta en forma marcada con la anarquía y falta de control de parte de los falsos maestros a quienes Pedro delata (cap. 2). En medio de una sociedad donde el anarquismo se acrecienta cada vez más, los creyentes hacen bien en permitir que se manifieste la melodía del dominio propio en sus vidas.
4.- La paciencia
los creyentes que vivan en los días postreros, especialmente cuando estén rodeados de burladores y falsos maestros, les será necesaria la paciencia. Esta palabra, jypomenēn, quiere decir “mantenerse abajo de”. Los escritores novotestamentarios la emplearon en forma frecuente para referirse a la constancia o perseverancia que el creyente debe mostrar en medio de la adversidad sin darse por vencido (cf. Ro. 5:3–4; 15:4–5; 2 Co. 1:6; 6:4; Col. 1:11; 1 Ts. 1:3; 2 Ts. 1:4; Stg. 1:3).
5.- Piedad (eusebian, palabra que también se usa en
2 P. 1:3 y 3:11, aparece otras diez veces [en el texto gr.] en las epístolas pastorales) se refiere a la obligación del ser humano de venerar a Dios.
El nombre del gran historiador eclesiástico del s. V, Eusebio, se deriva de esta bella palabra gr. Es una lástima que el uso de las palabras “piedad” y “piadoso” hayan decaído en forma tan marcada en estos días.
Las primeras cinco virtudes pertenecen a la vida interior del individuo y a su relación con Dios. Las últimas dos tienen que ver con la relación del individuo con sus congéneres.
6.- La frase afecto fraternal es la trad. castellana de la palabra gr. filadelfian, que es una preocupación práctica y ferviente por los demás
(1 Jn. 4:20). En su primera epístola (1 P. 1:22; cf. Ro. 12:10; 1 Ts. 4:9; He. 13:1), Pedro ya había amonestado a sus lectores a que adoptaran esa actitud.
7.- El amor (agapēn)
anhela lo mejor para ellos. Esa es la clase de amor que Dios muestra a los pecadores (Jn. 3:16; Ro. 5:8; 1 Jn. 4:9–11).
Es interesante que la “sinfonía” de Pedro comienza con la fe y termina con el amor.
Teniendo la fe en Cristo como cimiento, los creyentes deben manifestar el carácter del Hijo de Dios al ir desarrollando estas siete cualidades que culminan con el amor hacia los demás (cf. fe y amor en Col. 1:4–5; 1 Ts. 1:3; 2 Ts. 1:3; Flm. 5).
2. sus efectos 2 Pedro 1:8
A) no dejara estar ociosos
Esto es seremos eficaces en el cristianismo.
B) no seremos sin fruto
C) Seremos productivos en el cristianismo.
La frase están en vosotros (trad. de la palabra jyparj̱ēnta, lit., “poseyendo”) hace hincapié en el hecho de que estas características espirituales pertenecen a los cristianos. Sin embargo, no es suficiente con que el creyente posea esas virtudes. La espiritualidad eficaz y productiva sólo se desarrolla cuando en realidad estas cosas abundan, i.e., van en aumento en la vida del creyente, el cual debe experimentar un crecimiento en la gracia. Los que no progresan en estas siete áreas permanecen ociosos (argous, “sin actividad” o “inútil”) y sin fruto (“improductivos”, NVI95) en cuanto al conocimiento (epignēsin, “el conocimiento personal completo”; cf. vv. 2–3; 2:20) de nuestro Señor Jesucristo. Desafortunadamente, muchos cristianos llegan a conocer al Señor en el momento de la salvación, pero no maduran en el aspecto espiritual ni manifiestan el fruto del Espíritu. Se quedan como “niños en Cristo” (1 Co. 3:1), con una necesidad continua de beber leche espiritual (He. 5:12–13). Pero, como Pedro lo indica más adelante, los creyentes deben crecer “en la gracia y el conocimiento (gnōsei) de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 3:18).
