Los pilares de la Gracia de Dios

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La palabra "gracia" en el contexto bíblico proviene del término griego "charis", que significa favor inmerecido.
Es el amor y la misericordia que Dios extiende a la humanidad a pesar de nuestras imperfecciones y pecados. La gracia de Dios es la base de nuestra salvación y transformación espiritual.

Uno de los términos más usados en la Biblia. En el NT (gr. charis) aparece más de 170 veces. Tiene diversos sentidos. En plural expresa gratitud.

Efesios 2:7 NTV
De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
Ejemplos de la increíble gracia y bondad de Dios
La salvación es obra de Dios; nace de su extraordinaria y abundante gracia; se recibe por medio de la fe; no tiene su origen en nosotros, la humanidad; no depende de nuestras buenas obras y acciones;
es un regalo de Dios con el propósito de eliminar toda arrogancia y presunción humanas.
Así pues, se pone de relieve un hecho fundamental: las obras y méritos humanos no pueden de manera alguna lograr la salvación. Esta es posible única y exclusivamente por la gracia de Dios.
Hoy, exploraremos cuatro pilares de la gracia de Dios y cómo podemos aplicar estos principios en nuestra vida diaria.

1: La Gracia Redentora

La gracia redentora es el fundamento sobre el cual se basa nuestra salvación. A través de la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios nos ofrece el perdón de nuestros pecados y la promesa de vida eterna.
Efesios 2:8–9 NTV
Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.
La redención no es algo que podamos ganar por nuestras obras; es un regalo gratuito de Dios. Al aceptar esta gracia, somos justificados y adoptados como hijos de Dios, lo que nos permite vivir una vida nueva en Cristo.
La gracia de Dios no se gana ni se merece, sino que es un regalo que Él nos ofrece libremente. No importa cuánto hayamos pecado o fallado
Pensemos en la vida de Pablo, quien antes era Saulo de Tarso. Saulo perseguía a los cristianos y estaba presente en la muerte de Esteban.
Sin embargo, Dios tuvo misericordia de él y lo llamó a través de una visión en el camino a Damasco.
Esta gracia transformó a Saulo en Pablo, uno de los apóstoles más fervientes.

2. La Gracia Transformadora

La gracia de Dios no solo nos salva, sino que también nos transforma. Nos da la capacidad y el deseo de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.
Mediante el Espíritu Santo, Dios obra en nosotros para conformarnos a la semejanza de Su Hijo.
Romanos 12:1–2 NTV
Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.
La gracia transformadora trabaja en nosotros a través del Espíritu Santo, renovando nuestra mente y corazón. Nos ayuda a abandonar viejos hábitos y a desarrollar un carácter más parecido al de Cristo.
Consideremos a Pedro, quien negó a Jesús tres veces antes de la crucifixión. Sin embargo, después de la resurrección, Jesús extendió su gracia a Pedro y lo restauró, diciéndole:
”Apacienta mis ovejas" (Juan 21:17
Juan 21:17 RVR60
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
La gracia de Dios transformó a Pedro en un líder valiente de la iglesia primitiva.

3.La Gracia Sostenedora

La vida cristiana está llena de desafíos y pruebas, pero la gracia de Dios nos sostiene en medio de las dificultades.
Cuando nos sentimos débiles, insuficientes o incapaces, la gracia de Dios es suficiente para sostener y fortalecernos. Su poder se manifiesta en nuestra debilidad.
2 Corintios 12:9 NTV
Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí.
La gracia sostenedora nos da la fuerza para perseverar. Nos recuerda que, aunque enfrentemos pruebas, Dios está con nosotros y su gracia es suficiente para sostenernos.
Pensemos en la vida de Job, quien perdió todas sus posesiones, hijos y salud.
A pesar de su sufrimiento, Job se mantuvo fiel a Dios.
La gracia de Dios lo sostuvo y al final de su prueba, Dios lo bendijo con el doble de lo que había perdido.

4.La Gracia Abundante

La gracia de Dios es abundante y se derrama sobre nosotros en todas las áreas de nuestra vida. No hay límite para la gracia que Dios está dispuesto a darnos.
2 Corintios 9:8 NTV
Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra que compartir con otros.
La gracia abundante nos asegura que no importa cuán lejos nos hayamos alejado de Dios, siempre podemos regresar a Él y recibir su amor y misericordia.
Esta gracia no solo nos restaura, sino que también nos colma de bendiciones espirituales y materiales para que podamos vivir plenamente y servir a los demás.
Dios no se limita en su generosidad; su gracia es inagotable y se extiende a todas las áreas de nuestra vida, capacitándonos para hacer toda buena obra y vivir en comunión con Él.
Recordemos la parábola del hijo pródigo
Lucas 15:30–32 NTV
Sin embargo, cuando este hijo tuyo regresa después de haber derrochado tu dinero en prostitutas, ¡matas el ternero engordado para celebrar!”. »Su padre le dijo: “Mira, querido hijo, tú siempre has estado a mi lado y todo lo que tengo es tuyo. Teníamos que celebrar este día feliz. ¡Pues tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida! ¡Estaba perdido y ahora ha sido encontrado!”».
El hijo menor desperdició su herencia en una vida de desenfreno, pero cuando regresó a casa, su padre lo recibió con los brazos abiertos y celebró su regreso. Esta parábola ilustra la abundancia de la gracia de Dios, que siempre está dispuesta a perdonarnos y restaurarnos.
Para vivir en la gracia de Dios, debemos:

Aceptar Su Redención

Reconocer que somos salvos por gracia a través de la fe en Jesucristo.
Efesios 2:8–9 NTV
Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.

Permitir Su Transformación

Dejar que el Espíritu Santo trabaje en nosotros para renovar nuestra mente y corazón.
Romanos 12:2 NTV
No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.

Confiar en Su Sostenimiento

Buscar la fuerza de Dios en tiempos de dificultad, sabiendo que su gracia es suficiente.
2 Corintios 12:9 NTV
Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí.

Disfrutar de Su Abundancia

Vivir con la seguridad de que la gracia de Dios es infinita y está disponible para nosotros en todo momento.
2 Corintios 9:8 NTV
Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra que compartir con otros.
Vivamos cada día conscientes de la gracia de Dios. Permitamos que esta gracia nos transforme, nos sostenga y nos llene de abundancia.
Seamos instrumentos de la gracia de Dios para los demás, mostrando amor, perdón y compasión en nuestras relaciones.
De esta manera, no solo experimentaremos la plenitud de la gracia de Dios en nuestras vidas, sino que también seremos canales de bendición para el mundo que nos rodea.
Hebreos 4:16 NTV
Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.
Vivamos cada día en la plenitud de la gracia de Dios y seamos testigos de su amor transformador en nuestras vidas y en las vidas de aquellos que nos rodean. Amén.
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