La oración de David
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· 9 viewsLa oración de David revela gratitud y devoción sincera del rey por la oportunidad que le concede de ofrendar y ser parte de la bendición de hacer los preparativos para la construcción del templo.
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La oración de David
La oración de David
1º Crónicas 29:10–11 (RVR60)
10Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. 11Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.
Introducción
Introducción
David enfrentó muchas batallas en su vida las cuales fueron escalones que lo llevaron a convertirse en un gran creyente pero también en un gran rey.
David no tenía sentimientos egoístas, altivez o codicia, se esforzó por convertir a Israel en una nación organizada y prospera, sin buscar alabanza o reconocimiento humano, todo lo hacia por amor a Dios y su nación.
Desde la salida de Israel de Egipto hasta ahora habían transcurrido casi 500 años. Israel ya no era un pueblo esclavo y pobre, tampoco un grupo desorganizado y sin respeto a las leyes como en el tiempo de los jueces, ahora era conocido entre las naciones, que buscaban otras naciones hacer negocios con ellos.
Pero también tenía una gran devoción por el culto a Dios. Se esforzó porque se construyera el templo a Dios en sustitución del tabernáculo de Moisés. Un templo majestuoso que mostrara en una pequeña medida la grandeza de Dios.
No solamente reunió los materiales que era una millonaria suma de dinero, sino que también organizó el servicio de los levitas y oficiales.
Ahora David eleva una oración en agradecimiento y devoción por la misericordia de Dios porque le permite ser instrumento en sus manos.
El señorío de Dios
El señorío de Dios
1º Crónicas 29:11 “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.”
A Dios le pertenece:
La magnificencia: la asombrosa grandeza de su majestad y generosidad. Dios es grandioso pero no egoísta, su amor otorga generosamente a sus criaturas bienestar. (Los dioses paganos eran conocidos por egoístas, rencorosos y caprichosos).
Su magnificencia es evidente en Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
El poder: Dios es todo poderoso, para Él no hay nada imposible.
La gloria: pertenece a Dios, todo éxito, triunfo o reconocimiento pertenece a Dios, porque Él pone en nosotros el querer y hacer. Filipenses 2:13 “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”
La victoria: En Dios no hay derrota, aunque Satanás no quiera reconocerlo.
Cuando Cristo murió en la cruz, Satanás pensó que lo había derrotado, pero en realidad fue una gran victoria porque Cristo resucitó al tercer día.
1 Corintios 2:8 “la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.”
El honor: Dios merece todo nuestro respeto y admiración, porque Él es el dueño de todas las cosas.
David rinde su corona ante Dios y declara que a Él le pertenece el reino y Él es exaltado sobre todo.
Las riquezas proceden de Dios
Las riquezas proceden de Dios
1º Crónicas 29:12–14 “12Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. 13Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. 14Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.”
Ante los ojos del mundo David era un rey poderoso y muy rico. Quizá muchos codiciaban su posición.
Pero David no se lleno de orgullo y altivez por su posición, porque tenía muy claro que todo lo que Él poseía (riqueza y poder) procedían de Dios y a Él le pertenecían.
Así como un administrador que tiene a su disposición el dinero de la empresa, sabe bien que no es suyo, por lo tanto no puede disponer de él a su antojo, sino que debe ser sabio en las inversiones y gastos.
Así David reconocía que todas las riquezas y gloria preceden de Dios y él solo era un administrador.
En su mano está la fuerza y el poder para hacer toda buena obra y dar poder:
Toda la capacidad o disposición que tenemos de hacer lo bueno proviene de Dios. Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”
David pregunta ¿Quién soy yo, y quién es mi pueblo?, Sin Dios no existirían como nación, Dios los escogió por puro amor. Deuteronomio 7:7 “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos.”
Reconocía que su linaje no tenía nada especial para ser escogidos. Cuando David fue ungido no vestía ropas espléndidas, fue ungido con su ropa de pastor.
Tener presente de dónde nos sacó el Señor tendrá nuestros pies sobre la tierra y no nos exaltaremos. Isaías 51:1 “Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.”
David alaba el nombre del Señor porque le permitió a él y al pueblo, dar voluntariamente ofrenda para la construcción del templo. “14Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.”
Poe lo tanto, si ellos podían ofrendar, era porque Dios les había provisto para la ofrenda.
La intención del corazón
La intención del corazón
1º Crónicas 29:17 “Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente.”
La construcción del templo era una obra multimillonaria, la organización del servicio era un trabajo impresionante. El mundo quedaría maravillado por esta obra, como la reina de Saba. (2 Crónicas 9).
Pero estas obras materiales no eran lo que maravillaba a Dios.
Dios se agradó porque lo hicieron de corazón, no por el costo. (La ofrenda de la viuda Marcos 12:41-44)
Si David y el pueblo hacían este proyecto para ser visto por los hombres o para exigir bendiciones, entonces no hubiera agradado a Dios, por mucho que se hubieran sacrificado.
Este es el problema de la religión, te enseña a hacer buenas obras para ser visto por los hombres y para exigir a Dios bendiciones. Mateo 6:5 “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.”
La recompensa que reciben es la pobre alabanza de los hombres pero no la gracia de Dios.
Conclusión
Conclusión
Si Dios te ha levantado no le robes la gloria, reconoce todos los días de tu vida que Dios merece la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor.
Reconoce que si puedes alcanzar victorias y metas, es porque Dios te da la capacidad y el deseo de hacerlo.
Nunca te olvides de dónde te rescató el Señor para que no te exaltes.
Todo lo que hagamos hagámoslo con amor y deseo de agradar a Dios, esto tiene mérito. Colosenses 3:23 “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”
Pero hacer las cosas para obtener aplausos de los hombres o para exigir bendiciones, desagrada a Dios.
Ofrezcamos lo que Dios nos ha dado para su servicio, mientras más seamos fieles en lo poco, más recursos nos confiará Dios.
