Anhelo por la adoración en el templo
Buscar al Señor para alabarlo y agradecerlo • Sermon • Submitted • Presented
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I. Anhelo por la adoración en el templo
I. Anhelo por la adoración en el templo
1 ¡Cuán preciosas son Tus moradas, Oh Señor de los ejércitos!
2 Anhela mi alma, y aun desea con ansias los atrios del Señor; Mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo.
Es un salmo de los hijos de Coré, con la mención “sobre Gitit” que probablemente signifique un tono o instrumento musical, algunos dicen que es una guitarra (cítara) o la “Cítara de Gat”
El Señor es “nuestro bien supremo” y por lo tanto, la expresión “la casa de Dios o las moradas de Dios” expresan el lugar donde se encuentra Dios y por ende, un lugar en donde todo creyente anhela estar.
Este salmo exalta la calidad de la casa de Dios, al decirlo en plural, se puede entender, las diferentes edificaciones del templo y lugares sagrados o simplemente por Su dignidad (ejemplo: Tus misericordias, Bondades, Ejércitos, leyes, amores, etc.)
1 ¡Cuán preciosas son Tus moradas, Oh Señor de los ejércitos!
Preciosas, amables o hermosas. Algo digno de ser amado. La palabra es “Yedid” = Amado, recordemos el nombre con que Dios llama a Salomón (Yedidías = Amado por Dios)
Moradas: Casa, Templo, habitación
Comentario Bíblico de Matthew Henry Versículos 1–7
¡Cuán amable es el santuario para los que son santos! Las almas devotas ven una belleza especial e inefable en la santidad.
Charles Spurgeon. “El Tesoro de David, Salmo 84 - La Alabanza, la Perla de los Salmos” Edit. Clíe. 2015 pág. 11.
“Pues no hay en la tierra nada más alentador y refrescante para un creyente que juntarse con los hermanos para adorar a Dios. Y aquellos tristes y negativos que no ven en la casa del Señor y los cultos de alabanza nada “amable” o “hermoso”, son de compadecer más que otra cosa.”
Sabemos que el Cielo es la morada de Dios, donde reside Su trono, aunque sabemos que Él está en todas partes.
Sabemos que el deseo de Dios ha sido habitar con los hombres desde la creación del mundo, cuando se “paseaba en el huerto y tenía comunión con Adán y Eva.” Génesis 3.8
8 Y oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día. Entonces el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto.
Sabemos que Dios llamó a Abraham para llevarlo a una tierra donde Él formaría un pueblo y “habitaría con ellos.”
Con Moisés se le dio la visión del tabernáculo celestial para reproducirlo en la tierra y adorar a Dios como si estuvieran en el cielo.
Tabernáculo significa “habitación, casa.”
El Señor se aparecía y manifestaba Su presencia en el tabernáculo en las Asambleas solemnes donde todo el pueblo se debía reunir y adorar.
Después fue el templo, una edificación que reemplazó al tabernáculo como lugar de adoración y que Dios también prometió habitar en medio de Su pueblo, y escuchar las oraciones de Su pueblo cuando acudieran allí.
Con Jesucristo, vemos que es la máxima expresión del deseo de Dios por habitar con Su pueblo. Juan 1.14
14 El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
El Verbo, Dios Hijo, hizo Su morada (habitación) entre los hombres y vivió entre ellos y murió por ellos para cargar sus pecados y justificarlos delante del Padre para concederles salvación.
Jesús mismo promete que sus seguidores habitarán en la casa de Su Padre. Juan 14.2-3
2 »En la casa de Mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, se lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para ustedes.
3 »Y si me voy y les preparo un lugar, vendré otra vez y los tomaré adonde Yo voy; para que donde Yo esté, allí estén ustedes también.
¿Cómo no serán preciosas las moradas de Dios?
Charles Spurgeon. “El Tesoro de David, Salmo 84 - La Alabanza, la Perla de los Salmos” Edit. Clíe. 2015 pág. 13-14 citando a John Gill [1697-1771] “Exposition of the Old Testament”, 1748
Lo que hacía bonito el tabernáculo de Moisés, no era el exterior, que era sencillo (como lo es la Iglesia de Dios en su apariencia exterior, sacudida por persecuciones, aflicciones y pobreza), sino lo que había en su interior: vasos de oro y otros objetos preciosos; los sacerdotes revestidos ejecutando sus funciones de culto y en ocasiones especiales el sumo sacerdote con sus esplendorosas vestiduras; los levitas cantando sus cánticos y haciendo resonar sus trompetas; y las ofrendas y sacrificios por medio de los cuales se enseñaba al pueblo la naturaleza del pecado, la rigurosidad de la justicia, y la necesidad y eficacia del sacrificio.
Pero mucho más amable todavía es la Iglesia de Dios y sus ordenanzas en tiempos del Evangelio: donde Cristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote, se muestra en todo el esplendor de la gloria de su persona y plenitud de su gracia; donde los sacerdotes de Sión, llamados ahora ministros del evangelio, predican su mensaje revestidos de salvación y buena nueva; donde el Cristo crucificado hace de víctima propiciatoria ministrando al mundo y administrando las ordenanzas; donde se hace resonar la trompeta del evangelio y se escuchan sus ecos gozosos; donde todos los creyentes cantan cánticos de amor y de gracia. Pero lo que hace estas moradas particularmente bonitas, es la presencia de Dios en ellas; el hecho de que son casa de Dios y puerta del cielo; (Gn 28.17) las provisiones que hay en ellas atesoradas y la compañía que se disfruta en ellas.
2 Anhela mi alma, y aun desea con ansias los atrios del Señor; Mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo.
Este salmo hace ver el corazón de los que aman al Señor y se deleitan en presentarse ante Su Santuario para estar en comunión.
Los rituales antiguos, el viaje, los sacrificios y ofrendas, nada de eso era gravoso para el que se acercaba con gozo ante la presencia de Dios 3 veces al año.
Anhelar:
Diccionario de hebreo bíblico 3700 כסף
3700 כסף QAL: Anhelar, añorar (Sal. 17:12; Job 14:15). — Impf. יִכְסוֹף.
NIFAL; Anhelar, sentir nostalgia
Charles Spurgeon. “El Tesoro de David, Salmo 84 - La Alabanza, la Perla de los Salmos” Edit. Clíe. 2015 pág. 18.
Siente añoranza, una nostalgia insaciable que se transforma en ansia y desfallecimiento, y en su interior agoniza. Hasta tal extremo llega su deseo de poder unirse a la congregación de los santos en la casa del Señor. El anhelo del salmista era profundo e insaciable, todo su cuerpo suspiraba ardientemente por su Dios hasta sentirse desfallecer.
Al Salmista le resulta imposible permanecer callado, no puede dejar de expresar su anhelo, y prorrumpe en un clamor expresando sus ansias de Dios y de su casa: ruega e implora, gime y ríe, llora y canta, tratando de conseguir ese privilegio. En contraste con esta actitud, que gime y clama expresando sus deseos de acudir a la casa de Dios, es triste ver hoy en día a tantos que necesitan ser arrastrados a la iglesia, o no irían.
Matthew Henry. y Francisco Lacueva. (1999) Comentario Bı́blico de Matthew Henry. 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, p. 618.
Era un intenso deseo, deseo ardiente (hasta desfallecer— que le hacía cantar, no al santuario, sino al Dios vivo. Las instituciones sagradas quedan vacías si en ellas no hallamos a Dios.
