El hijo pródigo

Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 326 views
Notes
Transcript
Handout
11 Un hombre tenía dos hijos—continuó Jesús—. 12 El menor de ellos le dijo a su padre: “Papá, dame lo que me toca de la herencia.” Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. 13 Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia. 14 »Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad. 15 Así que fue y consiguió empleo con un ciudadano de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. 16 Tanta hambre tenía que hubiera querido llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada. 17 Por fin recapacitó y se dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre! 18 Tengo que volver a mi padre y decirle: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros.” 20 Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. »Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. 21 El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo.” 22 Pero el padre ordenó a sus siervos: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 23 Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. 24 Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.” Así que empezaron a hacer fiesta. 25 »Mientras tanto, el hijo mayor estaba en el campo. Al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música del baile. 26 Entonces llamó a uno de los siervos y le preguntó qué pasaba. 27 “Ha llegado tu hermano—le respondió—, y tu papá ha matado el ternero más gordo porque ha recobrado a su hijo sano y salvo.” 28 Indignado, el hermano mayor se negó a entrar. Así que su padre salió a suplicarle que lo hiciera. 29 Pero él le contestó: “¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos! 30 ¡Pero ahora llega ese hijo tuyo, que ha despilfarrado tu fortuna con prostitutas, y tú mandas matar en su honor el ternero más gordo!” 31 »“Hijo mío—le dijo su padre—, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. 32 Pero teníamos que hacer fiesta y alegrarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.” »
International Bible Society, Nueva Versión Internacional (East Brunswick, NJ: Sociedad Bı́blica Internacional, 1979), Lc 15:11–32.
Jesús fue un hombre que se acercó a los reprobados por la sociedad de sus días. Los primeros versos de este capítulo 15 dejan ver que Jesús fue señalado por sentarse a la mesa con publicanos y pecadores, pero para nada es la única manera que en los evangelios vemos estos. Cuando Jesús llamó a un recaudador de impuestos llamado Levi. Vamos a citar la historia, que dice de la siguiente manera:
3 De nuevo salió Jesús a la orilla del lago. Toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. 14 Al pasar vio a Leví hijo de Alfeo, donde éste cobraba impuestos. —Sígueme—le dijo Jesús. Y Leví se levantó y lo siguió. 15 Sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Leví, muchos recaudadores de impuestos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, pues ya eran muchos los que lo seguían. 16 Cuando los maestros de la ley que eran fariseos vieron con quién comía, les preguntaron a sus discípulos: —¿Y éste come con recaudadores de impuestos y con pecadores? 17 Al oírlos, Jesús les contestó: —No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos sino a pecadores.
International Bible Society, Nueva Versión Internacional (East Brunswick, NJ: Sociedad Bı́blica Internacional, 1979), Mr 2:13–17.
La asociación de Jesús con los recaudadores de impuestos resulta impopular, especialmente entre los líderes religiosos judíos, que consideraban la comunión con los pecadores como una culpa por asociación e igual a un compromiso moral. Jeffrey E. Miller, «Tax Collector», ed. John D. Barry y Lazarus Wentz, Diccionario Bíblico Lexham (Bellingham, WA: Lexham Press, 2014).
Pero Jesús se está compadeciendo de los que siendo concientes de su necesidad, se acercaban a él. La gran diferencia entre estas personas y quienes no solamente se negaban a seguir a Jeús, sino que también le desafiaban, es que los primeros reconocían su necesidad y encontraban alguien dispuesto a amarles aunque no abruebe su conducta. Jesús no está sugiriendo que los líderes religiosos no necesitan arrepentimiento, simplemente no lo reconocen; otras personas si lo reconocen.
La parábola del hijo pródigo muestra la naturaleza del arrepentimiento y la prontitud del Señor para acoger bien y bendecir a todos los que vuelven a Él. Expone plenamente las riquezas de la gracia del evangelio.
Pensemos en qué es el arrepentimiento y sus implicaciones:
En el Antiguo Testamento la palabra hebrea que más se aproxima a “arrepentirse” o “arrepentimiento” se traduce al español como “regresar”, lo cual básicamente significa “volverse e ir en la dirección contraria”. En contextos teológicos, esto implica volverse de un camino caracterizado por la rebelión contra Dios, hacia un camino caracterizado por la obediencia. El énfasis está en acciones que necesariamente provienen de orientarse uno mismo hacia Dios.
Brendan Kennedy, «Arrepentimiento», ed. John D. Barry y Lazarus Wentz, Diccionario Bíblico Lexham (Bellingham, WA: Lexham Press, 2014).
El término griego para “arrepentimiento” deriva de un verbo que significa “cambiar radicalmente la manera de pensar”. “Arrepentimiento” se refiere a un evento en donde un individuo obtiene un nuevo entendimiento, provisto de manera divina, acerca de su comportamiento, y se siente obligado a cambiar aquel comportamiento y a comenzar una nueva relación con Dios.
Brendan Kennedy, «Arrepentimiento», ed. John D. Barry y Lazarus Wentz, Diccionario Bíblico Lexham (Bellingham, WA: Lexham Press, 2014).
Lo que vemos es que implica una acción por parte del ser humano.
En esta parábola el hijo pródigo recapacita (Vuelve en sí o se pone a pensar). Lo que la biblia enseña es que ese proceso de recapacitar implica la acción de Dios en nuestra vida. Es decir: Dios siempre está en busqueda de nosotros.
La ley judía decretaba que el hermano mayor recibía dos tercios de los bienes del padre en tanto el menor recibía un tercio. Según la costumbre, los bienes podían repartirse cuando muriera el padre, o como regalo mientras estuviera vivo todavía. Si un terreno pasaba a la siguiente generación el hijo menor recibiría el título de su tercio pero no podría hacer uso de éste hasta que muriera el padre. Aparentemente, este hijo pidió su parte en dinero con la idea de irse del lugar y hacer fortuna quizá en alguno de los grandes centros de comercio de Oriente.
Lawrence O. Richards, Comentario histérico-cultural del Nuevo Testamento, ed. Karín Förster y Adrián Aizpiri, trans. Karín Förster y Adrián Aizpiri, Primera Edición. (Miami, FL: Editorial Patmos, 2014), 178.
(…) A Dios le importan mucho los perdidos. Así como lo hizo el padre del hijo pródigo, el Señor espera que los perdidos logren comprender y se vuelvan a Él, y no hay duda de que los pecadores que decidan volverse a Dios serán bienvenidos. El hermano mayor y su actitud de crítica nos recuerda que usted y yo hemos de buscar en Dios el modelo para nuestras actitudes. Tenemos que buscar a los perdidos, como a ovejas que se han apartado, ocupándonos activamente como la mujer que buscaba la moneda de su herencia que afirmaba su importancia como persona. Y hemos de estar dispuestos a regocijarnos cuando los arrepentidos vuelven, como el padre del hijo pródigo en la historia que Jesús contó.
Lawrence O. Richards, Comentario histérico-cultural del Nuevo Testamento, ed. Karín Förster y Adrián Aizpiri, trans. Karín Förster y Adrián Aizpiri, Primera Edición. (Miami, FL: Editorial Patmos, 2014), 179.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.