La vida del nuevo hombre en Cristo.
La imitación de Cristo al Padre; la imitación del creyente al Cristo.
Dietrich Bonhoeffer escribió desde la prisión: “Nadie sabe lo que el amor es excepto mediante la auto-revelación de Dios… Es sólo la acción concreta y el sufrimiento concreto de… Jesucristo lo que hace posible entender lo que el amor es.” Con estas palabras el teólogo alemán
Es sorprendente las muchas veces que Jesús y sus apóstoles enfatizaron el hecho de que los creyentes deben esforzarse en ser imitadores de Dios (Mt. 5:43–48; Lc. 6:35; 1 Jn. 4:10, 11), y de Cristo, que equivale esencialmente a lo mismo (Jn. 13:34; 15:12; Ro. 15:2, 3, 7,; 2 Co. 8:7–9; Fil. 2:3–8; Ef. 5:25; Col. 3:13; 1 P. 2:21–24; 1 Jn. 3:16
Cuando los transgresores más viles se arrepienten y creen el evangelio, llegan a ser hijos de obediencia de los cuales se aparta la ira de Dios. ¿Osaremos tomar a la ligera lo que provoca la ira de Dios? —Los pecadores, como hombres en tinieblas, van a donde no saben que van, y hacen lo que no saben, pero la gracia de Dios obra un cambio tremendo en las almas de muchos. Andan como hijos de luz, como teniendo conocimiento y santidad. Las obras de las tinieblas son infructuosas, cualquiera sea el provecho del que se jacten, porque terminan en la destrucción del pecador impenitente. Hay muchas maneras de inducir o de participar en los pecados ajenos: felicitando, aconsejando, consintiendo u ocultando
Los dos castigos de esta perversión del amor son (a) que no tendrán herencia en el reino de Cristo y de Dios (5) y (b) que estarán expuestos a la ira de Dios
Si participamos con el prójimo en sus pecados, debemos esperar una participación en sus plagas. Si no reprendemos los pecados de otros, tenemos comunión con ellos. —El hombre bueno debe avergonzarse de hablar de lo que a muchos impíos no avergüenza hacer. No sólo debemos tener la noción y la visión de que el pecado es pecado y vergonzoso en alguna medida, pero hemos de entenderlo como violación de la santa ley de Dios.
