Cena del Señor - Domingo 29 de septiembre
antes de instituir la Cena del Señor en el aposento alto, Jesús había dado instrucciones a sus discípulos para que aseguraran un cuarto con el fin de reunirse para esta ocasión porque él estaba llegando a su pasión. Él sabía que su juicio, muerte, resurrección, y regreso al Padre eran inminentes, así que les dijo a sus discípulos: “Deseo profundamente celebrar la Pascua con ustedes por última vez”.
Tomen este animal, el cordero sin defecto, y mátalo. Tomen su sangre, y marquen la entrada de sus casas. Pongan la sangre en el dintel y en los postes de la puerta, como señal que los marca como el pueblo de Dios, de manera que cuando venga el ángel de la muerte a destruir a los primogénitos del país, y a ejecutar mi juicio sobre los egipcios, la destrucción de ese juicio solo caiga sobre los egipcios. Voy a diferenciar entre el pueblo que he llamado del mundo para que sea mi pueblo santo del pacto, y aquellos que lo han esclavizado. Por lo tanto, mi ira caerá sobre Egipto pero no sobre mi pueblo. El ángel pasará sobre cada hogar marcado con la sangre del cordero.
El carácter de señal de este ritual realmente era un signo de liberación. Era una señal de redención porque significaba que estas personas escaparían de la ira de Dios.
En esencia, Jesús estaba diciendo: “Yo soy la Pascua; yo soy el Cordero Pascual; yo soy el que será sacrificado por ustedes. Es por mi sangre marcada en la puerta de sus vidas que escaparán de la ira de Dios”
