La iglesia y el cuidado del vulnerable
1 Timoteo: La casa puesta en orden • Sermon • Submitted • Presented
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Desde los primeros capítulos de la Biblia, Dios revela su carácter compasivo y protector hacia los más vulnerables de la sociedad: el huérfano, el extranjero y, especialmente, la viuda. Estas personas, a menudo desamparadas, son objeto de un cuidado especial por parte del Señor.
A través de las Escrituras, vemos que el Señor no solo ordena a su pueblo a cuidar de ellos, sino que asocia ese cuidado con la verdadera justicia y santidad.
Dios se ha asegurado también de poner este sentir en el corazón del hombre que incluso se preserva aún después de la caída. La inclinación a la compasión es el sello de la bondad de Dios en el corazón del hombre y aunque a veces parece una marca borrosa, no quedan dudas de que está presente.
Sin embargo, es por medio del pueblo de Dios, la comunidad de creyentes, que este cuidado se muestra como un cuadro pintado con los colores de la redención.
“A ninguna viuda ni huérfano afligieron. Si los afliges y ellos claman a Mí, ciertamente escucharé su clamor.” Éxodo 22:22-23
“Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra Su amor al extranjero dándole pan y vestido.” Deuteronomio 10:18
“Entonces vendrá el levita (porque no tiene parte ni heredad contigo), el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tu pueblo, y comerán y se saciarán, para que el Señor tu Dios te bendiga en toda obra que tu mano haga.” Deuteronomio 14:29
“Cuando siegues tu mies en tu campo y olvides una gavilla en el campo, no volverás a recogerla. Será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda, a fin de que el Señor tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos.” Deuteronomio 24:19
“Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada.” Salmos 68:5
“Aprendan a hacer el bien; busquen la justicia, reprendan al opresor, defiendan al huérfano, aboguen por la viuda.” Isaías 1:17
“La religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.” Santiago 1:27
y en el nacimiento mismo de la iglesia, en Hechos 6, vemos una preocupación manifiesta por el cuidado de los vulnerables y especialmente de las viudas.
En el capítulo 5 de 1 Timoteo hemos estado viendo las instrucciones de Pablo acerca de las relaciones en la iglesia.
En el sermón pasado vimos que Timoteo fue instruido sobre cómo relacionarse con los ancianos y hombres jóvenes y del mismo modo con las mujeres; ahora, en los versículos que abordaremos, vemos que las instrucciones apuntan al cuidado de personas en condición de vulnerabilidad y especialmente las viudas, un grupo no pequeño del total de la iglesia.
Las instrucciones en este caso van en dirección hacia cómo ayudar de manera efectiva de los recursos de la iglesia ayudando a personas que de verdad lo necesitan.
Y esta es precisamente la idea de la que quiero persuadirlos:
Debido a que los recursos de la iglesia son limitados, se debe cuidar del necesitado con sabiduría, dando ayuda a quienes realmente lo necesitan.
Y vamos a desarrollar este argumento a la luz de lo que creo es la división más natural del pasaje:
Se debe identificar a los que realmente necesitan (3-8)
Se debe ayudar a quienes se conducen en piedad (9-10)
Se debe exhortar a quienes se conducen en impiedad (11-15)
Recomendaciones finales (16)
Se debe identificar a los que realmente necesitan (3-8)
Se debe identificar a los que realmente necesitan (3-8)
Pablo inicia su recomendación con una declaración categórica: Honra a las viudas que realmente lo son.
Aunque para nosotros la condición de ser viuda es algo que se adquiere cuando el marido de una mujer muere, parece que la comprensión en la iglesia del primer siglo está más asociada a un rol o un oficio para el que se demandaba cierta condición de piedad, es decir, podían haber viudas verdaderas y viudas falsas.
Por otro lado, la expresión “honra” podría referirse a una de dos cosas: o algún reconocimiento económico, o posiblemente a un trato respetuoso, aunque a juzgar por el contexto podría ser lo primero, un reconocimiento económico de parte de la iglesia que también involucra respeto.
Más adelante veremos que esa misma palabra se usa para referirse a la remuneración de un anciano, que los que enseña sean dignos de “doble honor”. (17)
Una vez hecha esta aclaración, el apóstol distingue tres grupos o tipos de viudas, por asi decirlo:
Las viudas que tienen familiares cercanos como hijos o nietos, los cuales debían ocuparse del cuidado de las madres o abuelas.
La viuda que se ha quedado sola y que ha puesto su confianza solo en el Señor
La viuda entregada a los placeres y deseos del mundo.
Acerca del primer grupo, se dice que deben los hijos aprender a cuidar de sus madres e incluso sus nietos.
Como se ve, los hijos no tienen una inclinación natural a ese cuidado, debe aprenderse. Entendemos que es algo que se extiende mayormente a hijos creyentes, por la recomendación que se hace más adelante, que si no proveen para su casa son peores que un incrédulo.
El cuidado que los creyentes tienen de sus familiares en condición de vulnerabilidad puede ser un testimonio al mundo o de bondad y misericordia, o de endurecimiento y maldad.
Si somos creyentes debemos planificar nuestra vida de modo que podamos asistir a nuestros padres cuando nos necesiten porque esto agrada al Señor.
Los hijos creyentes descuidados con sus padres son un mal testimonio del evangelio.
Las actitudes de abandono de los padres era algo que ni siquiera entre los incrédulos se mencionaba por lo que el ser negligentes en algo tan delicado ensuciaba la reputación del evangelio entre los no cristianos.
Fijémonos como siempre el Señor nos llama a vivir de tal manera que glorifiquemos su nombre al mismo tiempo que somos sal y luz al mundo.
En cuanto al segundo grupo, llama la atención que Pablo las llama “viudas de verdad”. Esto es, mujeres que han perdido a sus esposos, su principal fuente de sustento, pero que se han aferrado piadosamente al Señor y suplica al Señor de día y de noche.
Esto nos recuerda a la viuda a la que se refirió el Señor que clamaba de dia y de noche por justicia a un juez que al final le concedió herencia.
También llama la atención que estas mujeres a pesar de su vulnerabilidad han puesto su esperanza en el Señor. Ellas confiaban en Dios como su principal fuente de sustento y cuidado y lo expresaban a través de oración intensa y ferviente.
No es verdad que tener necesidades nos aleja del Señor, si realmente hemos confiado en Dios, la necesidad nos acerca más a Él.
Estas eran mujeres que debían ser cuidadas por la iglesia, en un momento veremos la forma, pero debían ser una prioridad que la iglesia se ocupara de ellas.
Esto aplica para cualquier persona en necesidad dentro de la iglesia, independientemente de si es viuda o padece de alguna calamidad, debemos asegurarnos que a pesar de las debilidades son personas que están confiando en el Señor y no que son blasfemos o viven en desorden moral.
Este era el problema del tercer grupo de mujeres cuya condición de viudez las había entregado a placeres desenfrenados, como si al verse liberadas de un esposo ahora podían vivir como querían.
Como vemos, el primer ejercicio para la aplicación de la misericordia dentro de la iglesia es identificar a los que realmente tienen necesidades y también la manera en que sus padecimientos los están conduciendo bien sea a adorar y servir al Señor dependiendo de Él con esperanza o si por el contrario lo está llevando al pecado y desenfrenado.
Una vez las viudas, en este caso, son identificadas, el siguiente paso es definir su asignación y observar algunas características, lo cual nos lleva al siguiente punto:
Se debe ayudar a quienes se conducen en piedad (9-10)
Se debe ayudar a quienes se conducen en piedad (9-10)
Se debe aclarar de antemano que esto tiene que ver con la práctica de socorro al vulnerable en el contexto de la iglesia y con los recursos de la iglesia. Es cierto que debemos ayudar y hacer misericordia con todo el que lo necesite, pero este texto se refiere a la ayuda sistemática y sostenida de personas durante un tiempo determinado.
Este pasaje ha sido objeto de debate y no es fácil de interpretar. ¿a que se refiere esa lista? ¿Son todas las viudas en necesidad mencionadas en los versos anteriores? ¿Era alguna especie de planilla de seguimiento para las ayudas? ¿Estas viudas ejercían algún oficio en particular?
Parece indicar, por la forma en la que se demandan los requisitos, que esta era una especie de orden o de oficio que se estableció en la iglesia temprana con el ánimo de dar a las viudas que deseaban servir al Señor, tareas específicas mientras la iglesia les reconocía una especie de salario o manutención.
Según varios comentaristas:
“Estas son las viudas que cumplían los requisitos necesarios para la realización de ciertas funciones caritativas y espirituales en la iglesia (C. J. Ellicott, Robertson, E. F. Scott, C. Bouma y muchos otros).”
… Hay suficiente evidencia para mostrar que en la iglesia primitiva existía ese cuerpo de viudas, con funciones bien definidas. Así Tertuliano (posiblemente alrededor del año 204), refiriéndose definitivamente a 1 Ti. 3:9 (“sesenta años”), declara que la tarea de estas mujeres era “su preparación por la experiencia en todos los afectos debía hacerlas capaces de ayudar con prontitud a todas las demás con consejo y consuelo” (De Virginibus Velandis, IX).
Ellas servían en áreas de apoyo a mujeres, cuidado de huérfanos, visitas a enfermos, atención y hospitalidad, entre otras.
No debe entenderse como un ministerio a la par del diaconado o el pastorado, pero sí un oficio para el que la iglesia destina un rubro de sostenimiento.
Esto nos muestra la organización y el compromiso que la iglesia tenía con respecto a los necesitados, no se estaba improvisando, parece que ya habían aprendido bastante de la ocasión en que un conflicto por causa del sostenimiento de las viudas por poco divide la iglesia antes de que comenzara a consolidarse fuera de Jerusalén (Hechos 6).
Nuestras iglesias deben planificar la manera en que dan apoyo sostenido, no debe hacerse de manera reaccionaria sino planificada.
Además de eso, debe también es importante ver que el involucrarse en cualquier servicio de la iglesia demanda una vida de santidad. Una y otra vez vemos como pastores, diáconos e incluso oficios no reconocidos demandaban que las personas fueran de buen testimonio.
Estas mujeres debían cumplir un requisito de edad: mayores de 60 años, y Pablo más adelante explica la razón, las mujeres jóvenes estaban expuestas a mas tentaciones y tambén tenían posibilidad de volverse a casar, lo cual estaba bien. Las que iban a ser incluidas debían estar seguras que estarían en una relación de compromiso con su servicio en los años que vinieran.
Debía tener testimonio de pureza, haber sido mujer de un solo esposo mientras este vivia, es decir, que fue fiel a su unico marido.
Debia tener testimonio de buenas obras, esto es, que otros pudieran validar que era una persona con condiciones de servir en áreas específicas.
Y alguien podría estar pensando ¿no deberían solo ayudar y ya? ¿por qué tanta condición? Es que recuerde que no era una ayuda ocasional, se trataba de un sostenimiento y dado que los recursos de la iglesia no son infinitos, se trataba de que todo fuera hecho con sabiduría y no repartir ayudas de manera indiscriminada.
Lamentablemente ese es uno de los problemas que enfrentan los ministerios de ayuda y de misericordia (dentro y fuera de la iglesia), que ven la acción de ayudar como activismo o como meras obras de beneficencia y se cae en un asistencialismo dañino. Es por eso que también se recurre tanto a que se busque primero ayuda en el circulo familiar y luego en la iglesia.
Pero y qué pasaba con las otras viudas, las del segundo grupo que mencionamos arriba, las que no eran incluidas en esta lista ¿se dejaban así? Para estas hay una exhortación a que sean puras y a que consideran incluso un nuevo matrimonio con el fin de dar al enemigo lugar de reproche.
Se debe exhortar a quienes se conducen en impiedad (11-15)
Se debe exhortar a quienes se conducen en impiedad (11-15)
Este, al igual que el pasado, sigue siendo un texto desafiante. Pablo dice que las viudas más jóvenes debían no ser puestas en un servicio tan importante a la iglesia, como la promesa o voto de servicio, porque luego podrían ser tentadas por deseos sensuales contrarios a Cristo y entonces abandonan el servicio, faltando a su primera promesa.
Esto nos muestra la seriedad de lo que implicaba consagrarse para el servicio al Señor.
No significa esto que toda viuda joven iba a ser atraída por la tentación, pero se entiende que al haber estado casadas era evidente que podían ser atraídas por algún deseo que en mujeres mucho mayores podría verse reducido.
También, y parece que esto debió haber sido algo que experimentaron en algún momento, estas viudas jóvenes, adquirían el hábito de excederse en sus oficios sociales y caer en chismes y charlatanerías que poco aprovechaban.
Insisto, no dice Pablo aquí que todas las viudas jóvenes iban a hacer eso, pero querían reducir la posibilidad de tener un nuevo conflicto producido por esta razón. La iglesia aprendió bien de sus errores.
¿Cuál es entonces la recomendación para ellas? Que no se queden como viudas solo para tener libertad de vivir a sus anchas, sino que si tienen deseos sensuales y están sin muchas ocupaciones, se casen y cuiden de su hogar pero que no le den lugar a los enemigos del evangelio ocasión para ser de mal testimonio.
Hay una aplicación práctica importante aquí para todos:
Pablo nos deja ver la importancia de la disciplina y el propósito en la vida de los creyentes. La ociosidad y la falta de enfoque espiritual pueden llevar al pecado.
La mente y las manos ociosas son el escenario ideal para que crezcan los pecados.
Recomendaciones finales (16)
Recomendaciones finales (16)
El texto ahora cierra recogiendo algunas de las ideas desarrolladas.
Dos para ser específicos:
La familia debe ser responsable de las personas en necesidad de su círculo
Que la iglesia pueda hacer mejor uso de sus recursos con el fin de ayudar a quienes realmente lo necesitan.
como vemos, el texto cierra con la idea que nos planteamos en principio:
Debido a que los recursos de la iglesia son limitados, se debe cuidar del necesitado con sabiduría, dando ayuda a quienes realmente lo necesitan
Como iglesia queremos ser fieles al Señor cuidando de los que tienen necesidad pero debemos hacerlo con sabiduría.
No sé si ya lo notó, pero aquí está implícito también el compromiso de todos los creyentes miembros de la iglesia con ofrendar. Una de las razones por las que damos de lo que Dios nos provee es porque confiamos en que la iglesia a través del liderazgo podrá distribuirlo sabiamente; pero usted también puede hacer misericordia de manera particular; si hay hermanos de los que conoce una necesidad, puede orar al Señor para que lo dirija a encontrar la mejor manera de ayudarlo sin necesidad de vulnerar su dignidad.
Como iglesia también debemos orar para que el Señor nos de oportunidades de servir no solo adentro de nuestra iglesia sino afuera, que podamos conectar con las necesidades de las personas y poder salir y suplir mientras les hablamos de lo que es su mayor necesidad: Cristo.
Piensen en su barrio, el vecindario o un lugar en el que sabemos que hay necesidad y pensemos en oportunidades d e ir y morar el amor y la compasión del Señor mientras compartimos el evangelio; eso es parte también de nuestro llamado.
Y amigo, puede ser que muchas de las cosas que has escuchado hoy te parezcan extrañas, pero hay una cosa clara aquí: Dios cuida de su creación y provee pan al hambriento y agua para el sediento.
Tal vez tu necesidad hoy no sea física, pero si lo es de tu alarma si no tienes a Cristo.
Pero si tú hoy crees en Él y te arrepientes de todo corazón de tus pecados; Él te perdonará todos tus pecados, te dará una nueva identidad y te alimentará con Él mismo porque Él es el pan de vida.
Así que, puedes venir a Él ahora mismo.
