El propósito de Juan (Sermon)
Evangelio de Juan • Sermon • Submitted • Presented
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Intro:
Juan no podía terminar su libro sin presentar a sus lectores el milagro de la resurrección. No debemos mirar a Tomás y a los otros discípulos y envidiarlos, como si no pudiéramos experimentar en nuestras propias vidas el poder de la resurrección de Cristo. Para eso Juan escribió su Evangelio, para que gente de toda época pudiera saber que Jesús es Dios y que la fe en él da vida eterna. Warren W. Wiersbe, Transformados en Cristo.
No es necesario ver a Jesucristo para creer. Sí, fue una bendición para los primeros creyentes ver a su Señor y saber que estaba vivo; pero no fue eso lo que los salvó. Fueron salvos, no por ver, sino por creer. El énfasis en todo el Evangelio de Juan es en creer. Hay casi cien referencias en este evangelio a creer en Jesucristo. Warren W. Wiersbe, Transformados en Cristo.
Tú y yo hoy no podemos ver a Cristo físicamente, ni podemos verle hacer los mismos milagros (señales) que Juan mencionó en este libro. Pero el relato está allí, y eso es todo lo que necesitamos. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17; y nota 1 Juan 5:9–13). Al leer el relato de Juan te ves frente a frente a Jesucristo; cómo vivió, lo que dijo y lo que hizo. Toda la evidencia apunta a la conclusión de que en verdad él es Dios venido en carne, el Salvador del mundo. Warren W. Wiersbe, Transformados en Cristo.
Las señales que Juan seleccionó y describió en este libro son pruebas de la deidad de Cristo. Son importantes. Pero los pecadores no son salvos creyendo en milagros; sino al creer en Jesucristo. Muchos de los judíos de Jerusalén creían en Jesús debido a sus milagros, pero ¡Jesús no creía en esos judíos! (Juan 2:23–25). Nicodemo creyó en sus milagros (Juan 3:2), pero ciertamente no había sido salvo. Grandes multitudes le seguían debido a sus milagros (Juan 6:2), pero al final la mayoría lo abandonó (Juan 6:66). Incluso los dirigentes religiosos que tramaron su muerte creían que él hacía milagros, pero esta fe no los salvó (Juan 11:47ss).
La fe en sus milagros debe llevar a la fe en su Palabra, y a la fe personal en Jesús como Salvador y Señor. Jesús mismo recalcó que la fe en sus obras (milagros) era nada más que el primer paso hacia la fe en la Palabra de Dios (Juan 5:36–40). El pecador debe oír la Palabra para ser salvo (Juan 5:24). Warren W. Wiersbe, Transformados en Cristo.
No había necesidad de que Juan describiera todo milagro que realizó nuestro Señor; de hecho, Juan implica que un historial completo jamás podría ser escrito (Juan 21:25). La vida y ministerio de Jesucristo fueron tan ricos y completos que ningún escritor, por inspirado que fuera, redactara un historial completo. Pero no es necesario tener un historial completo. Todos los hechos básicos están aquí para que los leamos y consideremos. Hay suficiente verdad para que cualquier pecador crea y sea salvo. Warren W. Wiersbe.
El tema del evangelio de Juan es “Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”. Juan presentó una prueba triple para su tesis: las obras de nuestro Señor, el andar de nuestro Señor, y las palabras de nuestro Señor. En este evangelio verás a Jesús realizando milagros, le ves viviendo una vida perfecta en medio de sus enemigos, y le oyes diciendo palabras que nadie más podía decir. Warren W. Wiersbe.
O bien Jesús era un loco, o estaba engañado, o era todo lo que afirmó ser. Aunque algunos de sus enemigos le tildaron de loco y despistado, la mayoría de los que le vieron y escucharon concluyeron que era único, y diferente de todos los demás que jamás habían conocido. ¿Cómo podía un loco o despistado realizar lo que Jesús realizó? Cuando las personas confiaron en Jesús, ¡sus vidas fueron transformadas! Esto no sucede cuando uno confía en un loco o en un engañador. Warren W. Wiersbe
I. ¿Qué es una señal?
A. 1. Los milagros (señales)
La palabra griega que Juan usa para esto es semeion. En su uso clásico el término significa: (a) una marca, señal o prueba por la que se conoce alguna cosa; una huella, un vestigio; (b) una señal de los dioses, un presagio; (c) un signo o señal para hacer algo; la señal para la batalla.3En el griego koiné, la palabra llegó a significar “milagro” o “maravilla” tanto como “señal”. La versión de King James (KJV) traduce la palabra sign como señal cuatro veces, y milagros en trece ocasiones. Tal como se emplea en la declaración de propósito de Juan, la palabra expresa dos ideas distintas. Desde luego se refiere a los milagros hechos por Jesús, algunos de los cuales sólo están narrados en el Cuarto Evangelio. Pero también da un indicio para contestar la pregunta; ¿Por qué narró Juan estos milagros como señales? Al traducir literalmente la respuesta, leemos: “Para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios.” Juan vio los milagros de Jesús como señales para la acción, y el escritor expresó que el acto de fe debía ser la acción deseada. Beacon
B. 30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.
Jesús hizo muchas otras señales. “Muchas otras” se refiere no sólo a las mencionadas en los evangelios sinópticos sino a las que Juan ya había mencionado en 2:23; 4:45 y 12:37. Luis Palau.
Lo que nosotros llamamos “milagros de Jesús”, él los llamaba señales. Este término es utilizado respecto de las cosas indicativas de algo más allá del mero hecho de que sucedieron (por más milagroso que haya sido ese hecho).
Los milagros no fueron hechos simplemente para agradar al oído o impresionar a los demás; ni siquiera los hizo sólo para que creyeran en él. Jesucristo hizo estos milagros como una señal de que era Dios encarnado, de que era el Mesías, como señal de su poder y autoridad. Luis Palau.
Jesucristo hizo muchas señales, y no todas están escritas en este libro. Juan hizo una selección de acuerdo al propósito que tenía en mente. Mucho de lo que sucedió fue omitido. Dios escogió incluir aquí aquellas señales que creyó convenientes, de entre las centenares y quizás millares que el Señor Jesús llevó a cabo en su vida terrenal.
Jesucristo realizó dichas señales en presencia de sus discípulos, a quienes escogió como testigos. Después de resucitado el Señor les dio una serie de pruebas indubitables (Hch. 1:2–9), y se presentó a los testigos escogidos por él, a sus verdaderos y sinceros discípulos. Luis Palau.
No trató de impresionarnos con los milagros de Jesús, no los llamó milagros. Fueron “señales”. Las señales apuntan o señalan hacia algo, a alguien que está más allá de nosotros mismos: al Hijo de Dios, al Mesías (Cristo) prometido, nuestro Salvador. Nos dan la vida eterna. Biblia Popular
II. ¿Cuántas señales hizo Jesús?
III. El propósito de las señales.
31. Pero estos están escritos, para que puedas creer. Con estas palabras quiere decir que se comprometió a escribir lo que debería satisfacernos, porque es suficiente para confirmar nuestra fe; porque tenía la intención de responder a la vana curiosidad de los hombres, que es insaciable y se permite una indulgencia excesiva. Además, John sabía muy bien lo que habían escrito los otros evangelistas; y, como nada estaba más lejos de su intención que dejar de lado sus escritos, sin duda no separa su narración de la suya. Clavino
Juan 20:31
πιστεύητε
pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre.
Algunos manuscritos tempranos dicen «podáis continuar creyendo», pero otros manuscritos tempranos y varios testigos tardíos relacionados contienen «para que creáis». La diferencia está en una letra en el verbo traducido «creer». Con la primera opción, el verbo aparece en tiempo presente y se traduce «continuar creyendo». Con la segunda, el tiempo verbal es aoristo y se traduce «creáis». Véase también Juan 19:35, donde ocurre una variante similar. Notas textuales sobre la biblia.
A. Que creamos que Jesús es el Cristo.
Que Jesús es el Cristo. Se refiere al Cristo, tal como se le había prometido en la Ley y los Profetas, como el Mediador entre Dios y los hombres, el Embajador supremo del Padre, el único Restaurador del mundo, y el Autor de la felicidad perfecta. Porque Juan no se apoderó de un título vacío y sin sentido para adornar al Hijo de Dios, sino que incluyó, bajo el nombre de Cristo, todos los oficios que los Profetas le atribuyen. Calvino
1. Algunos de los primeros manuscritos -P66, N*, H, B- y el texto griego usado originalmente tienen un SUBJUNTIVO PRESENTE, lo cual implica que Juan escribía para motivar a los creyentes a continuar en la fe. Todos los otros manuscritos tienen un SUBJUNTIVO AORISTO, lo que implicaría que Juan estaba escribiendo a no creyentes. El versículo es la afirmación del propósito del Evangelio. Como los otros Evangelios Juan es un tratado evangelístico. Bob Utley
1. La palabra “fe” (pistis, gr.) no aparece en el Evangelio de Juan. Sin embargo, el verbo “creer” (pisteuo) es usado 94 veces en diversas formas. Es una palabra clave en este evangelio. La fe es un acto total, la respuesta personal a Aquel a quien Dios envió, el Verbo encarnado. Según L. H. Marshall4 la fe tiene tres elementos claramente discernibles. Estos son: creer, confiar y lealtad. De la misma manera que la pólvora del cañón deja de ser pólvora si falta alguno de sus tres elementos—el carbono, el nitrato o el sulfuro—la fe sólo es genuina cuando todos sus elementos están presentes. Juan 11 nos presenta un excelente ejemplo del tema que tratamos. Beacon.
1. Jesús.
a. Jesús es el Cristo
Tanto el producto como el objeto de la fe se fusionan en uno. El producto de una fe que logra resultados es un entendimiento correcto del hecho histórico del cumplimiento mesiánico en la Encarnación. Pero la fe alcanza su realización más elevada cuando su Objeto es Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. Beacon
Juan también ha arreglado cuidadosamente sus escritos con un propósito, tanto por la selección como por la ordenación de los eventos y los dichos, y el propósito es demostrar que el Logos de Dios, el Verbo encarnado, es el cumplimiento y final de todo lo que había sido simbolizado en la ley y en los profetas. Aunque Juan no registra la propia declaración de Jesús en cuanto al asunto (Mt. 5:17), el Apóstol demuestra, al seleccionar cuidadosamente las “señales”, que Jesús no había venido para destruir la ley y los profetas sino a cumplirlos. Beacon
2. Cristo.
“El Cristo” Es la traducción griega del término hebreo “Mesías” que literalmente significa “el Ungido”. En el Antiguo Testamento era el descendiente David, quien fuera profetizado como el iniciador de la nueva era de justicia. Jesús de Nazaret (1:45) es el Mesías judío (11:27). Bob Utley.
Esta designación para Jesús se encuentra al inicio del Evangelio (1:41). Sin embargo, el título utilizado generalmente en el contexto gentil para Jesús era el de “Señor” no “Mesías” (Ro 10:9–13; Fil 2:9–11). Bob Utley.
El concepto de “Mesías” presentaba implicaciones escatológicas (1) para los fariseos era de carácter político e implicaba una expectativa nacional, y (2) en la literatura judía apocalíptica, una expectativa cósmica, universal. Bob Utley.
Que Jesús es el Cristo, el libertador mesiánico y el que cumplió las promesas del A.T. de salvar a su pueblo de sus pecados (Mt 1:21). LBA
3. Hijo de Dios.
“El Hijo de Dios” Este título se usa poco en los Sinópticos (ya que posiblemente podía generar malentendidos entre los gentiles), pero es utilizado desde el inicio y con frecuencia en Juan (1:14, 34, 49). Era la forma como Juan afirmaba la relación especial entre Jesús y el Padre. Juan usa esta metáfora familiar de varias maneras (1) un título; (2) en conexión con “el Unigénito” (monogenes, cf. 1:18; 3:16; 1 Jn 4:9); y (3) en combinación con el uso del título “Padre” (20:17). Bob Utley.
b 2) que Jesús es el Hijo de Dios y no simplemente un líder de Israel (5:18), o un héroe humano o una figura angélica. Por medio de la fe en Jesucristo, el creyente entra en una comunión personal con Dios. LBA
El hijo de Dios. El evangelista agrega esto, porque no se pudo encontrar a nadie del rango ordinario de hombres, que fuera competente para realizar tan grandes empresas; es decir, reconciliarnos con el Padre, expiar los pecados del mundo, abolir la muerte, destruir el reino de Satanás, traernos la verdadera justicia y salvación. Además, como el nombre, Hijo de Dios, pertenece solo a Cristo, se deduce que él es un Hijo, no por adopción, sino por naturaleza; y, por lo tanto, bajo este nombre se comprende la eterna Divinidad de Cristo. Y, de hecho, el que, después de haber recibido esas pruebas sorprendentes, que se encuentran en el Evangelio, no percibe que Cristo es Dios, no merece mirar ni siquiera al sol y la tierra, porque está ciego en medio de la Brillo del mediodía. Calvino
B. Tengamos vida eterna.
1. Tengamos.
Juan no se contentó sencillamente con explicar un tema. Fue un evangelista que quería lograr un objetivo. Quería que sus lectores creyeran en Jesucristo ¡y fueran salvos! No estaba escribiendo una biografía para entretener, o una historia para educar. Estaba escribiendo un evangelio para cambiar las vidas de los hombres. Warren W. Wiersbe.
2. Vida eterna.
a. La palabra vida (zoe) está empleada 36 veces; en 17 de ellas, está acompañada por el adjetivo eterno (aionios), pero sin ninguna evidencia de cambio de significado.5 Además, el verbo (zen) ocurre 17 veces, y en 3 ocasiones encontramos zoopoiein, que significa “hacer vivir”. Así que es evidente que “vida” es un tema de suma importancia en el Cuarto Evangelio. El sustantivo (zoe) ha sido definido por Arndt y Gingrich con el sentido de “vida física”, “un medio de mantenimiento o subsistencia”. También implica “la vida de los creyentes que procede de Dios y Cristo” y se refiere a “la vida de gracia y santidad… Especialmente en la forma en que Juan lo emplea, el concepto zoe es ampliamente usado, por lo general para designar el resultado de la fe en Cristo; en la mayoría de los casos se declara expresamente que el seguidor de Jesús goza de vida aun en este mundo”.6 En muchos pasajes, como aquí, la palabra vida (zoe) es empleada como sinónimo de vida eterna (zoe aionios). De esta manera se ve que el propósito de Juan al escribir es que el lector, mediante la fe que triunfa, pueda llegar a ser el recipiente de vida eterna, una vida presente de gracia y santidad. Beacon
La palabra “vida” es una de las palabras clave en Juan; la usa por lo menos treinta y seis veces. Jesús ofrece a los pecadores vida en abundancia y vida eterna; y el único camino para conseguirla es mediante la fe personal en él. Warren W. Wiersbe.
Si los pecadores necesitan vida, entonces la implicación es que están muertos. “Y él os dio vida [hizo vivir, resucitó] a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1). La salvación no es resucitación; es resurrección (Juan 5:24). El pecador no está enfermo o débil; está muerto. Warren W. Wiersbe.
La vida eterna no es tiempo interminable, porque incluso los perdidos van a vivir para siempre en el infierno. “Vida eterna” quiere decir la misma vida de Dios experimentada hoy. Es una cualidad de vida, no una cantidad de tiempo. Es la experiencia espiritual del cielo en la tierra hoy. El creyente no tiene que morir para tener esta vida eterna; la posee en Cristo hoy. Warren W. Wiersbe.
Esta vida viene “en su nombre”. ¿Cuál es su nombre? En el Evangelio de Juan el énfasis recae en su nombre “YO SOY”. Jesús afirmó siete veces “YO SOY” en este Evangelio, ofreciendo al pecador todo lo que éste necesita. Warren W. Wiersbe.
Bosquejo
I. Prólogo, 1:1–18
A. El Verbo: Naturaleza y Relaciones Esenciales, 1:1–5
B. Juan el Bautista y la Luz, 1:6–8
C. El Verbo entre los Hombres, 1:9–13
D. La Encarnación, 1:14–18
II. Los Testigos, 1:19–51
A. Juan el Bautista, 1:19–42
B. Felipe y Natanael, 1:43–51
III. Las Señales, 2:1–12:50
A. El Vino Nuevo, 2:1–12
B. El Templo Nuevo, 2:13–22
C. La Nueva Visión en el Hombre, 2:23–5:47
D. El Nuevo Pan, 6:1–71
E. El Nuevo Derramamiento, 7:1–52
F. Sección sobre el Adulterio, 7:53–8:11
G. Serie de Controversias, 8:12–59
H. La Nueva Congregación, 9:1–10:42
I. De Muerte a Vida, 11:1–57
J. El Cristo Universal, 12:1–50
IV. La Ultima Cena y los Últimos Discursos, 13:1–16:33
A. La Cena, 13:1–30
B. Los Ultimos discursos, 13:31–16:33
V. La Oración del Señor, 17:1–26
A. Jesús Ora por Sí Mismo, 17:1–8
B. Jesús Ora por Sus Discípulos, 17:9–19
C. Jesús Ora por los Futuros Creyentes, 17:20–26
VI. Arresto y Juicio, 18:1–19:16
A. El Arresto, 18:1–14
B. El Juicio, 18:15–19:16
VII. La Crucifixión y la Sepultura, 19:17–42
A. La Crucifixión, 19:17–37
B. El Sepulcro, 19:38–42
VIII. La Resurrección y las Apariciones, 20:1–21:25
A. Evidencia de la Resurrección, 20:1–10
B. Aparición Personal a María Magdalena, 20:11–18
C. Aparición Personal a los Diez, 20:19–23
D. Aparición Personal a los Once, 20:24–29
E. Prólogo al Final, 20:30–31
F. Aparición Personal Junto al Mar de Tiberias, 21:1–23
G. Fin, 21:24–25
