La iglesia y sus pastores - Parte 1
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La iglesia y sus pastores - Parte 1
"Si Dios te llamó a servirle, no te rebajes a ser rey de Inglaterra".
Esta frase, atribuida a Charles Spurgeon, deja ver la altísima dignidad que tenía, a los ojos del recordado pastor inglés, el ser un ministro de Cristo, un pastor; tanto que ni siquiera el cargo más digno en la monarquía podría igualarse.
No cabe duda de que servir a Dios en la labor pastoral, como la Biblia lo muestra, es una labor muy digna. De hecho, esta dignidad gozó de buen reparo incluso entre los no creyentes por mucho tiempo; sin embargo, debemos decir con tristeza que la realidad hoy es completamente opuesta.
No hace falta una encuesta para determinar entre los no creyentes cuál es la opinión generalizada que tienen de los pastores. Con razón o no, es probable que la mayoría afirme que son personas poco estimadas o, en su defecto, una suerte de manipuladores del habla, expertos en engañar a las masas con el fin de hacerse ricos con poco esfuerzo.
Pero, muy a pesar de que esta no sea una fama que haya venido de gratis, en las iglesias podríamos encontrar el otro extremo: los que los exaltan como hombres dotados de un toque divino y cuyas palabras pudieran estar al lado de la Biblia.
Es entonces importante que la iglesia sepa cómo relacionarse bíblicamente con los que Dios ha puesto como sus líderes espirituales. Hay un punto de equilibrio entre la reputación deshonrosa y la adulación desmedida, y esto es: verlos como hombres comunes y corrientes, miembros del cuerpo de Cristo a quienes el Señor ha equipado para enseñar y guiar a su pueblo por medio de la Palabra, pero, sobre todo, para ser ejemplos de piedad y de amor sacrificial.
En este capítulo 5, hemos visto las instrucciones dadas a Timoteo sobre cómo asegurarse de mantener las relaciones al interior de la iglesia. Vimos en principio las relaciones interpersonales y el llamado a vivir como una familia; recientemente vimos cómo relacionarse con los vulnerables, y más específicamente las viudas, y hoy abordaremos la relación que debe haber en una iglesia con los pastores que el Señor haya puesto en medio de ellos.
Quiero convencerlos de lo que creo es la idea principal de estos versículos:
La iglesia debe cuidar de sus pastores en sus necesidades materiales, de falsas acusaciones y del engaño del pecado.
Cuidado de las necesidades materiales (17-18)
Cuidado de falsas acusaciones (19)
Cuidado del engaño del pecado (20)
Cuidado de las necesidades materiales (17-18)
Cuidado de las necesidades materiales (17-18)
Este pasaje continúa con el mismo tono de las secciones anteriores donde Pablo había mencionado: "Honra a las viudas que de verdad lo son"; aquí la idea es: "Honra doblemente a los pastores que lo hacen bien y trabajan duro".
Este hace parte del mismo paquete de instrucciones que busca traer orden sobre los aspectos administrativos y, en este caso, sobre el liderazgo.
Pero antes de ver el significado de esta declaración, conviene que nos detengamos a analizar algunos aspectos importantes que están implícitos en esta breve declaración, pero que son la base de un liderazgo bíblico saludable para una iglesia local:
Los ancianos: Lo primero que notamos es el uso del plural en la palabra "ancianos", que es usada aquí para referirse a pastores o presbíteros. No es "ancianos" en el sentido de edad como en 5:1, sino ancianos en el sentido de liderazgo. Algunos piensan que aquí se refiere a los pastores de la ciudad y no a los pastores de una misma iglesia, pero, tal como sucedía en la iglesia de Antioquía y Filipo, era razonable que más de un hombre estuviera a cargo del liderazgo de la iglesia. No es el ideal que una iglesia sea pastoreada por una sola persona, sino por una pluralidad de ancianos.
Que gobiernan/que trabajan en predicar: Otro aspecto importante es la asignación de roles que vemos en medio de la pluralidad de ancianos. Aunque todos los pastores deben ser aptos para enseñar, puede ser que algunos tengan dones más desarrollados con relación a la predicación y la enseñanza, y convenga a la iglesia que esta persona se dedique principalmente a esa tarea. Pero otros dones pueden complementar el trabajo porque en la iglesia no solo se predica, también se aconseja, se dirige, se hace misericordia, se administra, etc.
Gobiernan bien: Ser pastor es un oficio, además de un llamado. Es algo que hacemos porque Dios nos ha equipado, pero es una tarea que implica esfuerzo y trabajo. Gobernar bien, de hecho, significa algo como "que gobiernan excelentemente".
Los que trabajan en predicar y enseñar: Predicar es un trabajo, de hecho, es un trabajo duro. Los pastores deben ser honrados si es evidente su esfuerzo por predicar bien. Si un pastor no se prepara para predicar, es un holgazán y no debe ser considerado alguien digno de honra. En efecto, la honra y la consideración debida a los pastores es en función de la dignidad de su llamado, pero también en razón de la eficiencia de su oficio.
Habiendo hecho entonces estas notas importantes, veamos ahora qué es lo que significa esto de "doble honor".
Aunque la palabra "honor" puede referirse a respeto y consideración, y es seguro que está implícito en el texto, tenemos varias razones para pensar que Pablo está pensando en que los pastores deben ser reconocidos económicamente por su trabajo:
En primer lugar, la referencia a honrar a las viudas en el verso 3 y la mención de una lista en la que se incluían para tener un sostenimiento o remuneración es el marco de esta misma instrucción, que tiene un carácter administrativo.
En segundo lugar, la expresión "los que trabajan en predicar y enseñar" nos da la idea de alguien que debe ocuparse de esto sin distracciones o con la mayor libertad posible (ver cómo los apóstoles se liberaron de las tareas logísticas con el fin de tener tiempo para la enseñanza).
Pero quizás la razón más importante para afirmar que este pasaje se trata de reconocimiento económico es la declaración del verso 18, que además es la explicación de la primera declaración:
"Porque la Escritura dice: 'NO PONDRÁS BOZAL AL BUEY CUANDO TRILLA', y: 'El obrero es digno de su salario'".
Estas dos referencias vienen del Antiguo Testamento y de la boca del mismo Señor Jesucristo (dos testigos, Moisés y Jesús).
La primera es Deuteronomio 25:4, una instrucción del Señor que hace referencia a que en su pueblo no debía existir la tiranía de poner a un buey a trabajar en el trillado del grano sin que tuviera la posibilidad de alimentarse del trigo en el que trabajaba. El Señor no sólo está mostrando el cuidado de su creación, sino también guardando el corazón de su pueblo de no caer en alguna conducta despiadada. De hecho, esta era una práctica común entre los pueblos paganos, quienes ponían bozales a los animales mientras trabajaban.
Pablo explicando esta referencia dijo en el Nuevo Testamento, en 1 Corintios 9:1-18:
*"¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor? ¿No son ustedes mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, por lo menos para ustedes sí lo soy; pues ustedes son el sello de mi apostolado en el Señor. Mi defensa contra los que me examinan es esta: ¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber? ¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una esposa creyente, así como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas? ¿O acaso solo Bernabé y yo no tenemos el derecho a no trabajar? ¿Quién ha servido alguna vez como soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come de su fruto? ¿O quién cuida un rebaño y no bebe de la leche del rebaño? ¿Acaso digo esto según el juicio humano? ¿No dice también la ley esto mismo? Pues en la ley de Moisés está escrito: 'NO PONDRÁS BOZAL AL BUEY CUANDO TRILLA'. ¿Acaso le preocupan a Dios los bueyes? ¿O lo dice especialmente por nosotros? Sí, se escribió por nosotros, porque el que ara debe arar con esperanza, y el que trilla debe trillar con la esperanza de recibir de la cosecha. Si en ustedes sembramos lo espiritual, ¿será demasiado que de ustedes cosechemos lo material? Si otros tienen este derecho sobre ustedes, ¿no lo tenemos aún más nosotros? Sin embargo, no hemos usado este derecho, sino que sufrimos todo para no causar estorbo al evangelio de Cristo. ¿No saben que los que desempeñan los servicios sagrados comen la comida del templo, y los que regularmente sirven al altar, del altar reciben su parte? Así también ordenó el Señor que los que proclaman el evangelio, vivan del evangelio. Pero yo de nada de esto me he aprovechado. Y no escribo esto para que así se haga conmigo. Porque mejor me fuera morir, que permitir que alguien me prive de esta gloria. Porque si predico el evangelio, no tengo nada de qué gloriarme, pues estoy bajo el deber de hacerlo. Pues ¡ay de mí si no predico el evangelio! Porque si lo hago voluntariamente, tengo recompensa; pero si lo hago en contra de mi voluntad, un encargo se me ha confiado. ¿Cuál es, entonces, mi recompensa? Que al predicar el evangelio, pueda ofrecerlo gratuitamente sin hacer pleno uso de mi derecho como predicador del evangelio.
La otra cita proviene del Nuevo Testamento y es una de las pocas autorreferencias que hay al Nuevo Testamento como las Escrituras o la Palabra de Dios. Es Lucas 10:7. En el contexto, Jesús está enviando a 70 de sus seguidores a ir y enseñar sobre el evangelio y les da una serie de instrucciones acerca de cómo llegar a las casas y qué hacer. El verso 7 dice:
Permanezcan entonces en esa casa, comiendo y bebiendo lo que les den; porque el obrero es digno de su salario. No se pasen de casa en casa. (Énfasis añadido).
De acuerdo con Jesús, el ir y predicar la Palabra de Dios es un trabajo, y recibir sostenimiento en comida y bebida es una recompensa por ello.
Pudiéramos seguir dando evidencias de la importancia de este mandato para la iglesia, pero creo que hemos presentado motivos más que suficientes para dejarlo claro también para nuestro tiempo.
Es cierto que no es cómodo hablar de estas cosas en nuestro tiempo. Lamentablemente, muchas personas amadoras del dinero han tomado la fe como un negocio y han convertido el evangelio en una fuente de ganancia personal; eso no es nuevo. Pero el hecho de que algunos abusen de este llamado de Dios no le quita a la iglesia la responsabilidad de cumplirlo.
El trabajo pastoral bien hecho es arduo, demanda esfuerzo, y no puede ser que esperemos que quienes predican no reciban el sustento necesario para continuar haciéndolo con fidelidad.
Incluso en el caso de Pablo, que había decidido voluntariamente no poner tropiezo para la predicación del evangelio, trabajando con sus propias manos, todavía no liberaba a la iglesia del deber de cuidar de quienes cuidaban de ellos, y por eso les escribe lo que leímos anteriormente a los de Corinto.
A los tesalonicenses también se les exhortó en esa misma dirección:
"Pero les rogamos, hermanos, que reconozcan a los que con diligencia trabajan entre ustedes, y los dirigen en el Señor y los instruyen, y que los tengan en muy alta estima con amor, por causa de su trabajo" (1 Tesalonicenses 5:12-13).
Esta clase de cuidado a los pastores es una prerrogativa. Hay una dignidad en el trabajo pastoral que debe ser reconocida y no es menos que cualquiera que trabaja en otras áreas que podemos llegar a considerar más dignas.
Pero además, este tipo de honra es beneficioso para la iglesia misma. Un pastor que está velando por sus necesidades y las de su familia no va a cuidar de la misma manera a la iglesia, o al menos no con el gozo que debería. Hebreos 13:17 dice:
"Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta. Permítanles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para ustedes".
Todavía nos quedan muchas cosas prácticas por resolver, especialmente acerca de cómo establecer un salario justo, qué tipo de necesidades deberían ser cubiertas, y qué hacer cuando se tiene más de un pastor. Pero estas son cosas de sabiduría práctica en las que pudiéramos buscar las mejores maneras de hacerlo, evaluando cada contexto en particular. Sin embargo, es importante que el principio general quede claro: la forma en que una iglesia dignifica el ministerio pastoral es reconociendo a sus pastores lo que es justo para su sustento.
No se espera, por supuesto, que la iglesia cubra excesos y la extravagancia de sus líderes.
Muchos se han aprovechado de estos pasajes para afirmar que la iglesia debe cubrir viajes costosos de vacaciones, carros de último modelo y ropa altamente costosa; pero esto no es lo que la Biblia enseña.
Los pastores deben también vivir con lo que es justo y no pretender que el ejercicio del ministerio sea subsidiario de sus placeres y lujos.
Es por eso que hay mucha sabiduría en que se establezca un monto fijo que crezca proporcionalmente a sus propias necesidades y no necesariamente en proporción al tamaño de la iglesia.
Una forma de lograr esto es descentralizando el manejo del dinero de los pastores o de los miembros de su familia. Notemos que esta es una instrucción a la iglesia de cómo hacer esta disposición administrativa. No es el pastor el que se asigna el salario, no es él quien dispone del dinero y cómo repartirlo; eso no es bíblico.
La iglesia debe proveer las necesidades de sus pastores, pero eso no significa que la iglesia deba convertirse en un negocio en el que el pastor es el propietario.
Y esta es quizás la razón por la que hemos tenido tantos malentendidos sobre esta cuestión. Pero por encima de eso, el llamado a los creyentes es claro y quiero presentarlo a manera de conclusiones:
El ministerio pastoral es un trabajo y demanda esfuerzo, no se espera que un pastor sea un vago y holgazán.
La iglesia debe dignificar el oficio pastoral remunerando económicamente a quienes les sirven para que lo hagan sin estorbo.
Aunque el sostenimiento de los pastores pudiera verse como un salario, la realidad es que esta no debería ser la única razón por la que un hombre deba considerar el ministerio.
Más que un pago, el sostenimiento de los pastores es la forma en que la iglesia local se asegura de que quienes le sirven lo hagan con libertad y sin afanes.
El sostenimiento de los pastores es un deber principalmente de la iglesia local, y si todavía la iglesia no puede cumplir esa expectativa, por lo menos debemos encontrarnos en esa dirección.
Y amigo que estás aquí, puede ser que este tema te sea familiar y tengas tu propia opinión sobre el asunto. Puede que también hayas visto muchos malos testimonios, y no pretendemos hoy borrar eso de tu memoria, pero sí queremos que puedas considerar que nuestro deseo es ser fieles a la Palabra de Dios por encima de todo.
No dejes que esto sea un tropiezo para venir a Cristo porque tú serás el más perjudicado, y esto no te servirá de excusa en el día de juicio si no te arrepientes de tus pecados.
Los pastores que han abusado del Señor tendrán que dar cuentas a Dios un día, pero el llamado y la salvación que el Señor ofrece están por encima de lo que los hombres de este lado del cielo hagamos para deshonrar.
Ven a Cristo hoy.
