Antídoto a la calumnia.
Santiago: Fe práctica. • Sermon • Submitted • Presented
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Introducción.
Introducción.
La confesión positiva es la práctica de decir en voz alta lo que desea que pase con la esperanza de que Dios lo haga realidad. Es popular entre los seguidores del “evangelio de la prosperidad”, quienes afirman que las palabras tienen poder espiritual y que, si decimos en voz alta las palabras correctas con la fe correcta, podemos obtener riquezas y salud, atar a Satanás, y lograr cualquier cosa que queramos.
Confesar positivamente es decir palabras que creemos o queremos creer, haciéndolas realidad. Esto se opone a la confesión negativa, que consiste en reconocer dificultades, pobreza y enfermedad y, por lo tanto, (supuestamente) aceptarlas y rechazar la comodidad, riqueza y salud que Dios ha planeado para nosotros.
Hay varias cosas equivocadas con esta filosofía. Lo más peligroso es la creencia de que las palabras tienen una especie de poder mágico espiritual, que podemos utilizar para conseguir lo que queremos. La práctica no se obtiene de verdades bíblicas, sino de un concepto de la nueva era llamado la "ley de la atracción".
Enseña qué "los polos iguales se atraen", una declaración o pensamiento positivo atraerá una reacción positiva. Todo está impregnado de la presencia y el poder de Dios, no de "Dios" como el creador omnipresente, sino de un "dios" en una forma hinduista/panteísta. El resultado claro es la idea de que nuestras palabras tienen el poder para obligar a Dios que nos dé lo que queremos (una creencia herética).
Adicionalmente, los resultados que se atribuyen a la confesión positiva son empoderados por la fe de la persona. Esto conduce a la antigua creencia de que la enfermedad y la pobreza son un tipo de castigo por el pecado (en este caso, la falta de fe). Juan 9:1-3 y todo el libro de Job refutan esto.
Pero, aún cuando las palabras no tienen poder de crear una realidad alterna y la declaración positivista no sirve de nada, las palabras si tienen un poder enorme, un poder muy grande: Tienen el poder de herir a los demás si nos lo proponemos.
Y es justamente contra esto que el Apóstol Santiago dice lo siguiente:
“Amados hermanos, no hablen mal los unos de los otros. Si se critican y se juzgan entre ustedes, entonces critican y juzgan la ley de Dios. Les corresponde, en cambio, obedecer la ley, no hacer la función de jueces. Sólo Dios, quien ha dado la ley, es el Juez. Solamente él tiene el poder para salvar o destruir. Entonces, ¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?” Santiago 4:11-12.
Es en setos pasajes que podemos encontrar el antídoto a un mal que ha aquejado a la iglesia por más mil quinientos años, es aquí donde podemos ver “El antídoto a la calumnia.”
1. No hables mal o destruirás.
1. No hables mal o destruirás.
Santiago retoma el tema que comenzó en el capítulo 3: El control de la lengua.
El vicio contra el que advierte Santiago es el de “hablar mal los unos de los otros.”
El verbo katalaleo (μὴ καταλαλεῖτε) puede traducirse como calumniar, maldecir, denigrar, actitudes que usualmente toman entre sí aquellos que pertenecen a partidos diferentes, y que manifiestan divisiones en el cuerpo de Cristo.
Así lo señala el apóstol Pablo a los corintios:
1 Corintios 3:4 “Cuando uno de ustedes dice: «Yo soy seguidor de Pablo» y otro dice: «Yo sigo a Apolos», ¿no actúan igual que la gente del mundo?”
La calumnia y la maledicencia son pecados particularmente importantes para los cristianos porque señalan una vida de maldad.
1 Corintios 1:12–13 “Algunos de ustedes dicen: «Yo soy seguidor de Pablo». Otros dicen: «Yo sigo a Apolos» o «Yo sigo a Pedro», o «Yo sigo únicamente a Cristo». ¿Acaso Cristo está dividido en facciones? ¿Fui yo, Pablo, crucificado por ustedes? ¿Fue alguno de ustedes bautizado en el nombre de Pablo? ¡Por supuesto que no!”
También el apóstol Pedro advierte sobre la maledicencia entre otros pecados tan graves como la malicia, el engaño, la hipocresía, la envidia, y “todas las detracciones”
1 Pedro 2:1 “Por lo tanto, desháganse de toda mala conducta. Acaben con todo engaño, hipocresía, celos y toda clase de comentarios hirientes.”
Cuando hablamos mal de nuestros hermanos se nos llena el corazón de orgullo, nos hace pensar que somos “mejores” que el otro sin darnos cuenta que eso Dios lo detesta:
Proverbios 6:16–19 “Hay seis cosas que el Señor odia, no, son siete las que detesta: los ojos arrogantes, la lengua mentirosa, las manos que matan al inocente, el corazón que trama el mal, los pies que corren a hacer lo malo, el testigo falso que respira mentiras, y el que siembra discordia en una familia.”
Y al hablar mal de nuestros hermanos queremos ocupar el lugar de Dios, sin darnos cuenta que el único que tiene el poder de destruir o salvar es solamente Dios.
Mateo 10:28 “»No teman a los que quieren matarles el cuerpo; no pueden tocar el alma. Teman sólo a Dios, quien puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno.”
2. Piensa bien y acertarás
2. Piensa bien y acertarás
Ahora bien, al quitar katalaleo (καταλεο) de nuestra vida, debemos guiarnos por el principio de sustitución, dónde al quitar algo malo ponemos algo bueno en su lugar.
Si quitamos katalaleo (καταλεο) debemos poner krestótes (χρηστότης) en nuestro corazón, justo como lo menciona Pablo en Gálatas 5:22 dice: “En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad,”
La palabra krestótes (χρηστότης) es la que en esta versión se traduce como “gentileza”, lo que también puede ser entendido como “pensar bien acerca de alguien”
¿Qué tan importante es pensar bien de alguien? ¡Muchísimo!
¿Por qué hacerlo? Por qué pase lo que pase esa persona es ostentadora de la imagen de Dios.
(Santiago 3:9 “… a quienes Dios creó a su propia imagen.” )
Para poder hablar mal de alguien, primero debemos pensar mal de alguien, por lo tanto, si queremos no hacerlo y en cambio, hablar bien de alguien, debemos comenzar pensando bien de esa persona, debemos pensar lo bueno, justo como dice Pablo en Filipenses 4:8 “Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.”
3. Habla bien y vencerás.
3. Habla bien y vencerás.
¿Cómo puedo hablar bien de alguien que, es evidente me causa conflictos, no me cae bien o me hirió?
Recuerda Mateo 7:2 “Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes.”
¿Cómo serías tratado si se hiciera contigo lo que has hecho o dicho a los demás?…
Efesios 4:3 Es muy claro: “Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz.”
Si no somos intencionales en silenciar cualquier intento de calumnia, critica mal sana o juicio para destrucción entre nosotros, tarde o temprano teminaremos destruidos y Satanás se habrá gozado en la caída de una iglesia más.
Recuerda que nuestro Señor dijo en Mateo 12:36 “Les digo lo siguiente: el día del juicio, tendrán que dar cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho.”
Y ten por seguro que hablar mal de algún hermano o hermana, entra en la categoría de “palabra inútil”, pero si hablas bien te tu hermano o hermana, entonces los demás verán que somos uno, que hay amor, y por consecuencia darán gloria al Padre.
Llamado a la acción.
Llamado a la acción.
Hoy hemos aprendido que nuestras palabras tienen un peso enorme, no en la forma mágica que algunos sugieren, sino en la forma real en que impactan a los demás y a nuestra relación con Dios. Dios nos llama a ser cuidadosos con lo que decimos, a hablar vida y edificación, no destrucción. La calumnia, la crítica maliciosa y el juicio no son cosas ligeras para Dios. Al contrario, Él aborrece esas acciones, como vimos en las Escrituras. Es momento de que todos revisemos nuestras vidas, nuestras palabras y cómo tratamos a nuestros hermanos en la fe.
Entonces, ¿qué harás tú?*
Hoy te desafío a tomar una decisión: detener la calumnia y comenzar a edificar con tus palabras. No permitas que la lengua se convierta en un arma de destrucción. Escoge palabras que construyan, que sanen y que reflejen la bondad de Dios. Es una tarea difícil, pero con la ayuda del Espíritu Santo, puedes lograrlo.
Te invito a que esta semana te comprometas a hacer lo siguiente:
1. Pídele a Dios que te muestre cualquier área de tu vida donde hayas hablado mal de otros.
Confiesa y arrepiéntete, sabiendo que Dios está dispuesto a perdonar y restaurar.
2. Practica el principio de sustitución.
Reemplaza las críticas con palabras de afirmación. Cada vez que te sientas tentado a hablar mal, di algo bueno acerca de esa persona.
3. Haz una lista de personas con las que has tenido conflictos o diferencias y ora por ellas.
Pídele a Dios que te ayude a verlas como Él las ve, portadoras de Su imagen.
4. Establece una nueva norma personal.
Antes de decir algo sobre alguien, pregúntate: “¿Esto construye o destruye? ¿Estoy buscando la unidad en el cuerpo de Cristo o la división?”
5. Comprométete a mantener la paz.
Esfuérzate por vivir en armonía con los demás, y cuando escuches chismes o comentarios negativos, sé valiente y frena la conversación, recordando a otros el mandato de Dios.
Hoy es un nuevo comienzo. Haz un pacto con Dios de que, a partir de este día, usarás tus palabras para Su gloria y para edificar a los demás.
ERES AMADO
