3 Errores de los Cuidadores y de los Cazadores del Arca Perdida

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Buenas noches, bienvenidos a este nuevo Tiempo con Dios del viernes 25 de octubre de 2024.
‌Me da mucho gusto saludarlos, yo soy Hector Viruega, y soy el responsable de los grupos pequeños de nuestra iglesia. Y para mi es un gusto el poder estar con ustedes en esta noche.
Antes de comenzar, quiero dar unos breves anuncios:
CGL 8 y 9 nov.
SALUDOS
Hoy vamos a estar meditando en tres capítulos de la biblia que encontramos en el primer libro de Samuel, por lo que les voy a pedir por favor que abran sus biblias en 1o de Samuel capítulo 3 y que la mantenga ahí porque vamos a estar meditando en los capítulos 4, 5 y 6, pero antes de eso vamos a orar.
ORACIÓN
En 1981 se estrenó la película Indiana Jones y Los Cazadores del Arca Perdida (1981). Esta película, fue protagonizada por Harrison Ford y personificaba a un arqueólogo que durante la década de los 40s estaba en búsqueda del Arca de la Alianza.
Esa película daría lugar a una franquicia, o serie de tres películas en la década de los 80s, e inclusive hubo una última que salió hace poco tiempo.
Si tu no has visto las películas, te las recomiendo, y mira, no te la voy a spoliear, pero solo te voy a decir que en esa película, el arca del pacto se describe como una fuente de poder inigualable que Hitler y los nazis quieren usar para sí mismos.
Así, que según la película, si Hitler pudiera poseer el arca, la “ira” y el “poder” del Dios de Israel se convertirían en un arma para la maquinaria de guerra nazi.
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Marcus Brody, un personaje de la película, y amigo de Indiana Jones, resume lo que está en juego para quien tiene el poder del artefacto religioso: “Un ejército que lleva el arca por delante… es invencible”.
Ahora bien, ustedes saben que lo que se muestra en las películas de Hollywood, la mayoría de las veces está muy alejando de la realidad y el día de hoy vamos a meditar en un pasaje en el que se menciona el arca de la alianza. Y en el que los Israelitas pensaron igual que Marcus Brody: si llevamos el arca por delante, seremos invencibles.
Así que, para comenzar quiero que primero estudiemos, ¿qué era el arca? Bueno,
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El Arca del Pacto era una caja rectangular, de madera de acacia, que medía 1.12 m de largo por 67.5 cm de ancho y 67.5 cm de alto. Estaba cubierta de oro por dentro y por fuera, y tenía cuatro anillos colocados en sus esquinas, por los cuales pasaban dos varas de madera de acacia (también cubiertas de oro) con que se transportaba.
Sobre el arca había una tapa de oro que se llamaba el «propiciatorio», encima del cual dos querubines de oro se miraban frente a frente, de pie, con sus alas extendidas cubriendo el propiciatorio (Éx 25:10–22).
Dentro del arca se hallaban las dos tablas de la Ley de Moisés (Éx 40:20; Dt 10:1–5), la vara de Aarón y una porción de maná (Heb 9:4, 5). El arca se colocó dentro del Lugar Santísimo tanto del tabernáculo como del templo de Salomón, tras el velo; y era el único mueble allí.
Para el pueblo de Israel, el arca tenía un doble significado. En primer lugar se conceptuaba como trono de Dios (1 S 4:4; Is 6:1). De una manera especial Dios moraba entre los querubines y desde allí en varias ocasiones se reveló a Moisés (Éx 25:21, 22; 30:36) y a Aarón (Lv 16:2; Jos 7:6). Así, el arca sirvió como símbolo de la presencia divina entre el pueblo de Israel (Lv 16:2).
Por eso en la peregrinación el arca iba delante guiando a los israelitas; por ejemplo, cuando cruzaron el Jordán (Jos 3:11–17). O cuando rodearon los muros de Jericó, el arca iba en medio del pueblo (Jos 6:4–13).
El segundo significado residía en la relación entre la Ley que estaba dentro del arca y la sangre rociada sobre el propiciatorio que la cubría en el Día de Expiación (Lv 16). El punto culminante en este día era la entrada del sumo sacerdote en el Lugar Santísimo con la sangre del macho cabrío para rociar el propiciatorio. Era entonces cuando, en forma representativa, el pueblo entraba en la presencia de un Dios misericordioso y dispuesto a perdonar los pecados. El pueblo quedaba purificado para otro año (Lv 16:30) y el pacto seguía en vigencia.
Vamos al relato bíblico que está en el primer libro de Samuel, capítulo 4. y dicen los primeros 2 versículos.
1º Samuel 4:1–2La palabra de Samuel llegó a todo el pueblo de Israel. En aquellos días, los israelitas salieron a enfrentarse con los filisteos y acamparon cerca de Ebenezer. Los filisteos, que habían acampado en Afec, desplegaron sus tropas para atacar a los israelitas. Se entabló la batalla, y los filisteos derrotaron a los israelitas, matando en el campo a unos cuatro mil de ellos.”
Los filisteos fueron los acérrimos enemigos de Israel por muchas décadas. Ellos tenían la gran ventaja de saber manejar los metales con los que se hacían armas, lo cual ponía a los israelitas en una clara desventaja (13:19–22).
Round 1. El enemigo atacó primero, pero la acción no duró mucho. Israel fue derrotado y cuatro mil hombres fueron heridos. El pueblo quedó aturdido. Hacía mucho que no había perdido una batalla. Reconocieron que algo andaba radicalmente mal y que por algo el Señor les había retirado su protección.
Pero el primer gran error que vemos aquí es:
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No escuchar a Dios

Versículo 2. Los israelitas salieron a enfrentarse a los filisteos. ¿Le preguntaron a Samuel? No. Simplemente dijeron vamos a la batalla. Tuvieron una gran derrota porque perdieron 4 mil hombres. Y ¿qué fue lo siguiente que hicieron? Le echaron la culpa a Dios.
1º Samuel 4:3 “...los ancianos de Israel dijeron: «¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor por medio de los filisteos? ”
¿Cuántas veces no hemos cometido ese error? Actuamos sin consultar a Dios, y después decimos “Dios mío ¿por qué me pasa esto? ¿por qué no me ayudas? ¿por qué permites que me pase esto?”
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Proverbios 3:5–8 (NVI)
Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser.
Regresemos a la narración.
El problema de Israel es que se habían alejando de Dios.
¿Se arrepintieron y se volvieron a Dios en oración y confesión? ¡No! En vez de eso echaron mano a la superstición y llevaron el arca del pacto al campo de batalla.
Actuaban por impulsos y no por fe. Pensaban que su presencia les aseguraría la victoria sobre los filisteos. Igual que Marcus Brody, Indiana Jones y Hitler en la película.
En lugar de ver el arca como símbolo de la presencia de Dios, ¡la convirtieron en una reliquia religiosa, en un amuleto de la buena suerte!
Y esto me lleva a este segundo error de los israelitas que fue:
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Poner la fe en el lugar Equivocado

Los israelitas tomaron una decisión muy humana basándose en la idea popular de que donde se encontraba el arca, automáticamente ahí estaba el Señor. Por un momento se les olvidó la omnipresencia de Dios, y pensaron que Dios estaba en un objeto.
Ese objeto de alguna manera representaba la presencia De Dios, pero lo que no habían aprendido fue que cuando se apartaban de su camino, Dios les retiraba su bendición.
El problema no era que Dios se hubiese alejado de ellos, sino que ellos se habían alejado de Dios.
En vez de ponerse a cuentas con el Señor, decidieron usar el arca como un amuleto u objeto mágico, para garantizar la victoria en el siguiente round. El pueblo cayó en la superstición, confiando en el arca en vez de confiar en el Dios de ella.
Llevaron el arca al lugar de la batalla, y los israelitas estallaron en júbilo.
Habían puesto, y fíjate lo que digo, habían puesto, habían agarrado a Dios, y lo habían puesto de su lado. Como si Dios fuese algo que yo pudiera manipular a mi antojo.
La reacción de los filisteos fue opuesta a la de Israel. El miedo se apoderó de ellos porque creían que el Dios de los Israelitas estaría con su pueblo peleando por él. Medio mal, pero se acordaban de todo lo Dios había hecho para libertarlos de Egipto (vv. 7–8). Los filisteos reconocieron la impresionante e incomparable autoridad del Dios de los israelitas.
De alguna manera también cayeron en la superstición, pero esto era de esperarse de un pueblo que no conocía a Dios, pero no de los israelitas.
Así que, lo único que los filisteos pudieron hacer fue animarse unos a otros para seguir siendo valientes y no permitir que llegaran a ser esclavos de los israelitas (v. 9). Todo estaba listo para el segundo round de la batalla de Afec.
Round 2: La superstición de los israelitas fue vencida por el valor de los filisteos. Esta vez la derrota fue total. Los soldados del Señor no regresaron a su campamento sino a sus hogares , la RV60 hace la anotación de que se fueron a sus tiendas, alejándose del campo de batalla. Murieron treinta mil israelitas. Fue una derrota siete veces más grande que la anterior.
Cuando vemos el cuadro que pinta la Biblia es un cuadro de terror.
Treinta mil hombres muertos.
Ofni y Finés quienes deberían continuar con el oficio sacerdotal estaban muertos (hay que mencionar que estas personas son descritas en la biblia como corruptas).
Eli, quien había sido el guía espiritual de la nación durante 40 años, al escuchar las malas noticias, cae de espaldas y se desnuca.
A su nuera, la esposa de Finés, se le adelanta el parto y muere al dar a luz, y está mujer al morir exclama lo que resume toda esta trágica escena:
Se han llevado la gloria de Israel, el arca De Dios ha sido capturada.
Que cuadro tan terrible que el Salmos 78:56-64 describe este cuadro de terror:
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Salmo 78:56–64 (NVI)
Pero ellos pusieron a prueba a Dios: se rebelaron contra el Altísimo y desobedecieron sus estatutos. Fueron desleales y traidores, como sus padres; ¡tan falsos como un arco defectuoso! Lo irritaron con sus santuarios paganos; con sus ídolos despertaron sus celos. Dios lo supo y se puso muy furioso, por lo que rechazó completamente a Israel. Abandonó el tabernáculo de Siló, que era su santuario aquí en la tierra, y dejó que el símbolo de su poder y gloria cayera cautivo en manos enemigas. Tan furioso estaba contra su pueblo que dejó que los mataran a filo de espada. A sus jóvenes los consumió el fuego, y no hubo cantos nupciales para sus doncellas; a filo de espada cayeron sus sacerdotes, y sus viudas no pudieron hacerles duelo.
Que cuadro de terror.
Entonces, los filisteos se llevan el arca.
Cuando una nación enemiga era derrotada, significaba que su dios derrotaba a un dios rival. Para no ofender a la deidad rival ahora derrotada, la nación victoriosa en la batalla traía el ídolo o reliquia de la nación derrotada a su templo o santuario.
‘Añadían’ la deidad derrotada a su panteón de dioses. Por esta razón podemos entender por qué los filisteos capturaron lo que creían que era la deidad de Israel (el arca) y la llevaron al templo de Dagón. Creían que el dios filisteo Dagón había derrotado a la deidad de Israel (Yahvé).
Veían a Yahvé como uno de los muchos “dioses” de las naciones que los rodeaban. Pero, eso me lleva al tercer punto, no entendían quién era verdaderamente Yahvé.
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No entender quien es Dios.

Dios no revelará su poder a favor de su pueblo pecador, pero no permitirá que un enemigo se ría satisfecho y ponga en ridículo su gloria o manche su nombre.
Me encanta el sentido del humor de Dios.
El arca es puesta en el templo de Dagón y a la mañana siguiente, los habitantes de Asdod se encuentran que la estatua de su dios estaba tirada en el suelo, frente al arca. Posiblemente pensaron, hubo algún temblor como los microsismos que se dan en la zona de Mixcoac y nosotros no lo sentimos, pero nos tiró la estatua. O tal vez dijeron, posiblemente hubo una ráfaga de aire de algún lado y nosotros tiró a nuestro dios. Así que lo vuelven a poner en pie.
Y al día siguiente, y les digo que me encanta el sentido del humor de Dios, Dagón aparece nuevamente tirado, pero ahora con la cabeza y las manos cortadas.
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Lo malo es que los filisteos, en lugar de reconocer la grandeza de nuestro Dios, lo que hacen es decir: mira, ahí puso las manos Dagón, no puedes tocar ahí. Ese lugar es santo.
La historia continúa diciendo que a partir de ese momento a la población de Asdod le aparecieron tumores. Algunos estudiosos creen que se pudo haber tratado de una peste bubónica o bien hemorroides. Y mira lo que haya sido, no fue bueno, al grado de que anduvieron paseando el arca hasta que la regresaron. Porque a la población a la que levaban el arca, la gente padecía de estos males.
Voy a dejar aquí el relato bíblico para comentar que era un hecho que los filisteos se dieron cuenta que su dios no era nada comparado con el Dios de Israel, pero en lugar de volverse al Dios Todopoderoso, el Dios que no puede ser manipulado, el Dios que no puede ser vencido, lo que hicieron fue “alejarlo” de ellos. Desterrarlo. Como si eso fuese posible.
Quiero ahora que vayamos unos mil a mil cien años después y que veamos un mismo caso con los escribas, fariseos y saduceos.
Ellos tuvieron ante si a Jesús, y aunque vieron sus milagros, aunque sabían que venía de parte de Dios como le dijo Nicodemo (Jn. 3:1), en lugar de reconocerlo como el Hijo de Dios, como el Mesías prometido, como el Hijo del Hombre del que habló el profeta Daniel, lo que hicieron fue llevarlo a la cruz.
Al igual que los filisteos que no quisieron reconocer al Eterno y Ominpotente Dios de Israel, los fariseos, escribas y saduceos, se negaron a ver en Jesús al Mesías, al Dios hecho carne.
En Mt. 16:13, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”
Los discípulos le informaron de las opiniones populares de la época: Jesús es Juan el Bautista que ha regresado, Elías que ha regresado, Jeremías que ha regresado o alguno de los otros profetas.
La opinión general de la época era, pues, que Jesús era un profeta, uno como los profetas de antaño. Y Jesús si, Él era un profeta: pero es ¡el verdadero Profeta! El principal vocero de Dios, Él que nos lo da a conocer de la manera más clara.
Pero Jesús le da la vuelta a la expectativa y les pregunta: “Y ustedes”, les preguntó, “¿quién dicen que soy Yo?”. (Mt 16:15, NBLA).
La confesión de Pedro revela la verdadera identidad de Jesús. Pedro proclamó a Jesús como el Mesías de Israel y el Hijo del Dios vivo. Jesús es un profeta, pero más que un profeta. Es un sacerdote, pero más que un sacerdote. Es un rey, pero más que un rey. Es el Profeta, es el Sumo Sacerdote Eterno y es el Rey de reyes y Señor de señores.
Como Rey sufriente, Jesús carga con nuestro pecado y lo perdona. Él paga la deuda del pecado, y nuestra pizarra de pecado es limpiada por Su sangre, que Él da libremente como pago. Nos da esperanza y vida. Nos hace plenamente humanos. Esto es lo que es Jesús.
Pero los Evangelios nos dicen más. Jesús el Mesías es también Dios en carne humana.
Lo triste es que, así como la gente no vio la verdadera identidad de Jesús en su día, y la gente sigue sin verla hoy en día. Basta con pensar en Navidad o Semana Santa, en vez de que la gente las vea como el momento en el cual Dios se encarnó, y estuvo dispuesto a morir por nuestra redención, las ve como simples fiestas en las cuales podemos disfrutar de vacaciones.
O bien, ¿No es cierto que la gente habla con demasiada frecuencia de Jesús como un “sabio” o un “buen ejemplo” o un “gurú” o un “iluminado”?
Déjenme les platico que yo asistí a una secundaria y preparatoria que eran sumamente ateas. Varios de mis amigos me decían, yo si creo que Jesús existió, y que fue una buena persona, alguien de gran inspiración y celo religioso; pero eso de que resucitó y está en el cielo, eso si no te lo creo.
Todas estas percepciones que tiene la gente de Jesús pueden tener algo de verdad, pero detenerse en ellos es perder completamente al Salvador.
Por eso, cierro en esta noche diciendo, en esta historia no hay nadie que haga lo bueno. Los israelitas no escuchan a Dios, quieren manipular a Dios, y permanecer en sus malos caminos, ponen su fe en el lugar equivocado, y los filisteos no llegan a comprender quien es Dios. Al final, este punto resume los otros dos.
Estemos atentos a la voz de Dios, pongamos nuestros ojos en Cristo, el autor y consumidor de nuestra fe, y reconozcámosle como lo que Él es, el Dios encarnado, nuestro Señor y Salvador.
Que Dios les bendiga.
Oración
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