(Romanos 15:7-13) La Unidad en el Espíritu, unidos en amor.

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Introducción

Romanos 15:7–13 (RVR60)
7 Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.8 Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito:
Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles,
Y cantaré a tu nombre.
10 Y otra vez dice:
Alegraos, gentiles, con su pueblo.
11 Y otra vez:
Alabad al Señor todos los gentiles,
Y magnificadle todos los pueblos.
12 Y otra vez dice Isaías:
Estará la raíz de Isaí,
Y el que se levantará a regir los gentiles;
Los gentiles esperarán en él.
13 Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
El versículo 7 habla en consecuencia del 6, como una conclusión que conecta la sección del versículo 1-6 con la sección del 8-13.
Hemos hablado mucho del amor, que es el vínculo perfecto, es importante vivir en consecuencia a este amor, siendo de mutua edificación. Ahora, esto lo entendemos, podemos aplicarlo en la vida pública y en la congregación, pero la vida que tenemos en el Señor es completa e íntegramente de él, cubriendo todo aspecto y momento en nuestras vidas.
El amor a los demás debe ser aplicado aún en lo íntimo, en lo más cercano a nosotros, no solo en lo amplio y general, sino en los detalles y en lo cotidiano.

Recibíos, cumpliendo la unidad en amor

Romanos 15:7 (RVR60)
7 Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.
En esto, al decir "recibíos" tiene una idea amplia, pues implica una figura de
abrir la puerta de tu casa para recibir a alguien y compartir con esa persona sirviéndole.
Aún con los problemas, conflictos y diferencias que puedan haber entre dos personas, tengamos comunión, relación entre nosotros como recibiéndonos en nuestra casa, abriendo la puerta a tener una relación en amor, en mutua edificación.
Nuevamente, esto en imitación de Cristo, nuestro Señor que mostrando su amor se hizo hombre, viviendo en humildad, recorriendo Israel sanando, ayudando y enseñando, el cual luego se entregó a si mismo a dolor, humillación y muerte para con su resurrección dar reconciliación, recibiéndonos en su cuerpo.
Es ese amor el que debemos tener por los otros, en lo grande y en lo simple, en los detalles cotidianos, un amor que aún en lo poco se sacrifica, negándose a sí mismo en pos de la edificación mutua e individual.
Efesios 4:1–6 RVR60
1 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

La redención, para que el mundo a una voz de gloria a Dios

El Ejemplo de Cristo (V. 8-9a)

Romanos 15:8–9 (RVR60)
8 Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito:
Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles,
Y cantaré a tu nombre.
Ahora, el ejemplo de Cristo es tremendamente amplio, pues Cristo vino como Israelita, a ser siervo de la circuncisión (o sea de Israel) para demostrar y afirmar la veracidad y la fidelidad de Dios, pues las promesas que Dios hizo con su pueblo Israel, no son promesas que fueron olvidadas y desechadas, sino que en Cristo se cumplen y se cumplirán a cavalidad, por ello es que esta parte no solo dice que vino a ser siervo en un pasado, sino que sigue siendo siervo a los de Israel.
Aún siendo la promesa y la profecía del mesías salvador y redentor dada a los Israelitas inicialmente, el beneficio de la redención no es exclusivo del pueblo de Dios.
Cristo es salvador globalmente, ya con los capítulos 9-11 debería quedarnos claro esto.
Entonces, para los judíos, que pueden sentir como una invasión al ver a los gentiles estar con ellos en comunión, ahí también se debe aplicar el amor.
Efesios 2:14–16 RVR60
14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.
1 Corintios 12:13 RVR60
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
Cristo vino al mundo como judío para ser salvador y rey de Isreal, cumpliendo las promesas de Dios, pero también recibió a los gentiles, al mundo en la bendición de la redención.
En este contexto es que Pablo cita varios verisículos del antiguo testamento, mostrando que los gentiles también estaban contemplados en el plan de redención de Dios.

La redención gentil en el AT (V.9b-12)

1.

Romanos 15:9 (RVR60)
9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito:
Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles,
Y cantaré a tu nombre.
Primero Pablo cita 2 Samuel 22:50 o Salmo 18:49, que son lo mismo. Esto es parte de un cántico de David ya llegando al final de su vida cuando Dios lo ha librado de todos sus enemigos mostrando misericordia para con él durante toda su vida.
2º Samuel 22:50 (RVR60)
50 Por tanto, yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová,
Y cantaré a tu nombre.

2.

Romanos 15:10 (RVR60)
10 Y otra vez dice:
Alegraos, gentiles, con su pueblo.
Luego Pablo cita Deuteronomio 32:43, este es el final del último cántico que Dios entrega a Moisés y Josué cuando Moisés termina su labor como líder, pronto a morir y el pueblo pronto a entrar e la tierra prometida.
En el contexto de este cántico Dios le dice a Moisés que Israel abandonará a Dios y se irán con otros Dioses, siendo rebeldes e infieles al pacto con Dios y por ellos moviendo a ira al Señor, así que Dios les da este cántico para que cuando estén en la aflicción por su rebeldía recuerden que Dios ya les había advertido.
Pero precisamente esta cita es al final del cántico, donde Dios a derrotado a todos los enemigos de Isreal, ha salvado a su pueblo y demuestra que él es fiel sosteniendo a su pueblo hasta el fin, cumpliendo sus promesas. Este cántico lo dio Dios directamente y Dios mismo incluye al mundo, a los gentiles, a cantar y alabar a Dios.

3.

Romanos 15:11 (RVR60)
11 Y otra vez:
Alabad al Señor todos los gentiles,
Y magnificadle todos los pueblos.
La siguiente cita es del Salmo 117:1, donde se anticipa que todo el mundo, no solo judíos, se unirán en adoración a alabar y dar gloria a Dios. Similar a lo que vemos en Filipenses 2:10–11 “10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

4.

Romanos 15:12 (RVR60)
12 Y otra vez dice Isaías:
Estará la raíz de Isaí,
Y el que se levantará a regir los gentiles;
Los gentiles esperarán en él.
La última cita es de Isaías 11:10, esta es una profecía del mesías, donde se expresa como Cristo se levanta, siendo visible en el mundo, gobernando sobre todo y todos, el cual no solo tiene autoridad sobre todos, sino que está presente para que acudan a él y le den gloria.
Interesantemente, las citas que toma Pablo son de las tres divisiones del canon hebreo.
Los judíos dividen las escrituras (lo que para nosotros es el antiguo testamento) en tres grandes secciones, La ley, Los profetas y los libros de sabiduría.
Pablo toma citas de cada una de estas secciones para demostrar que la obra del mesías y la inclusión de los gentiles es algo presente desde siempre, expresado en toda la escritura.
¿Por qué Pablo hace tanto énfasis en esta relación entre judíos y gentiles y en la unidad de la iglesia?
Recordemos que esta es una carta a una iglesia que está compuesta principalmente por gentiles, en un contexto donde entendemos que probablemente se estaban viviendo problemas en la convivencia entre judíos y gentiles, donde cada grupo abogaba una superioridad en orgullo frente al otro.
Todos somos pecadores igualmente condenados por nuestra perversidad, injustos e indignos delante de Dios, y es el sacrificio perfecto de Cristo el que nos da vida y redención, quedando inútil toda posición o noción mundana de superioridad.

Cristo, la esperanza de judiós y Gentiles

Romanos 15:13 (RVR60)
13 Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
En el capítulo 15, Pablo 3 veces habla de Dios como el “Dios de...”.
Primero, en el versículo 5 se nos presenta “El Dios de la paciencia y la consolación”, el cual nos de un mismo sentir.
Hasta ahora esto es de lo que hemos estado hablando.
Al terminar esta parte de la unidad en el Espíritu, se nos introduce “El Dios de esperanza”.
Cristo es la esperanza de todos nosotros, la esperanza de judíos como de gentiles, tal como Pablo demostró a lo largo de esta carta.
En esa esperanza estamos todos unidos y afirmados, en la esperanza de la vida eterna como su iglesia, la glorificación en la eternidad por la salvación que recibimos en Cristo.
Que esta esperanza en Cristo nos llene de gozo y paz en nuestra fe, donde la unidad en esta esperanza es por el Espíritu.

La unidad de los redimidos en el Espíritu

Es un solo Dios el hacedor del plan perfecto de redención, con un único propósito que es su gloria, efectuado por un único salvador, que es Cristo, el Hijo y es un Espíritu con el que cada uno tiene comunión y consolación, siendo bautizados en un mismo cuerpo. Por lo cual existimos en una unidad perfecta.
Filipenses 2:1–2 RVR60
1 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.
*Me tomo de un ejemplo que dio el Pastor Miguel Núñez:
En que esta unidad es como un racimo de uvas, en el cual todas las uvas están ligadas y subsisten por su unión y dependencia del tallo central, el cual es el Espíritu Santo.
Las uvas están unidas por el tallo, pero están en contacto las unas con las otras. Y ahora, tú puedes decir, “es que esta uva de mi lado no me cae bien”, y puede ser que no te caiga bien y estén con una división, pero estás pegado a ella, estás en contacto con ella y están ambas en comunión con el Espíritu.
Aprendamos a vivir entonces como un racimo, ya que estamos pegados uno al otro, unidos por el Espíritu.
Vivamos externamente una unidad santa reflejando la unidad perfecta que tenemos internamente por y con el Espíritu, la cual Dios a dado, a puesto.
Solemos hablar de la Unidad y siempre que se habla de la unidad se habla de la unidad en el Espíritu. A veces no entendemos la extensión de esta unidad, no entendemos que somos de Dios, hemos recibido potestad de ser llamados hijos de Dios, siendo introducidos en la iglesia, que es el cuerpo de Cristo del cual él es cabeza, y este cuerpo está unido y sostenido por el Espíritu.
Es una obra perfecta de la trinidad.
Pero nosotros estamos muy acostumbrados a vivir de manera individual, en especial en estos tiempos donde todo apunta a una individualidad con consejos que parecen buenos pero son pecado puro:
“ámate a ti mismo, mereces lo que sueñas, yo sé lo que valgo, ámate como eres, persigue tus sueños, etc.”
Un montón de cosas que podrían parecer necesarias o lógicas para vivir tranquilo, sin ansiedades ni conflictos internos, pero detente y observa, todos estos consejos que da el mundo son centrados en ti mismo, su principio y su fin eres tú.
Esto no se trata de ti, es más, tú estás muerto, la vida no se trata ni es para los muertos, sino de los vivos, y Cristo es el que vive, “ya no vivo yo, más vive Cristo en mí”.
Con esto no vengo a decirte “despréciate” “no vales nada”, por supuesto que es importante el ser cuidadoso de uno mismo y el preocuparse del propio bienestar.
El problema está cuando el centro, el motivo y el motor eres tú mismo, esa es la sutileza del consejo del mundo.
¿Quieres ser un mejor hombre/mujer?
Selo para ser el esposo perfecto para la mujer que será tu esposa;
Selo para ser el mejor hijo para tus padres, que les de honra;
Selo para ser un hombre del cual Dios esté agradado.
¿Quieres ser alguien hábil y exitoso en tu trabajo?
Selo para que el nombre de Dios sea glorificado por tu testimonio;
Selo para ser responsable con tu familia.
¿Tienes un sueño, una meta en tu vida?
Que esa meta sea ser un intrumento para honra, santificado, útil al Señor, dispuesto a toda buena obra.
Que sea para dar gloria a Dios y agradarle a él.
¿Se entiende la idea?
De esta misma manera, la unidad en el Espíritu requiere que vivamos con amor entre nosotros, todos los miembros del cuerpo, siendo activos en vivir de una manera abnegada, buscando el bienestar y edificación del otro. Proveyendo para las necesidades de los otros. Obviamente sin descuidar a los de nuestra familia, somos llamados a negarnos a nosotros mismos por los otros, no a negar a nuestra familia por los otros.
Siguiendo el mismo pasaje de Filipenses, lo que no contribuye a la unida entonces es:
Filipenses 2:3–4 (RVR60)
3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
El egoísmo, el egocentrismo, el orgullo, la vanidad.
Por ende, vivamos en la unidad agradando a Dios individualmente pero también en comunión, como un cuerpo.
Buscando cumplir y seguir el deseo de Cristo, expresado en su la oración momentos antes de ser apresado para morir.
Juan 17:21–23 RVR60
21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
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