10. (CMW 7) Los Atributos de Dios - La Gloria de Dios

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Introducción

Nuestros ojos pueden percibir hasta 10 millones de colores para así poder ver todas las maravillas de la creación de Dios (peces, flores, aves, insectos el arco iris), pero hay algo que nuestros ojos no pueden ver más de 30 segundos antes que queden dañados, y este objeto es el sol.
Ahora bien, si una criatura Dios como es el sol, es tan radiante que alumbra todo donde llega y tan fuerte para generar el calor necesario para la vida en la tierra, ¿podríamos imaginarnos siquiera la belleza radiante del Señor? ya que las escrituras declaran en relación a la presencia de Dios en cielos nuevos y tierra nueva:
Y la ciudad no tenía necesidad de sol ni de luna que resplandezcan en ella, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero era su lumbrera. (Ap 21:23)
Amados, con la ayuda del Señor hoy continuaremos con nuestro estudio en el CMW avanzando en un atributo más de nuestro bendito Dios Trino, a saber: La Gloria de Dios. (título del sermón)
Para nuestro cometido del día de hoy hemos de meditar en una perícopa de las Escrituras:
En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
Y el uno al otro daba voces diciendo: ¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria!
Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
Entonces dije: ¡Ay de mí, que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas;
y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y cubierto tu pecado.
(Is 6:1-7)
Por medio de estos pasajes de las sagradas escrituras hemos de meditar en el atributo que embellece todas las perfecciones de Dios, a saber su Gloria. Y cómo el hombre es abrumado al experimentar la Gloria del Señor.
Esta sección de las escrituras enseña:
La tremenda visión que tuvo Isaías de la gloria de Dios (cf. vv. 1–4)
El terror que le infundió (cf. v. 5)
El alivio de este terror al recibir la seguridad del perdón de sus pecados (cf. vv. 6–7)

La tremenda visión que tuvo Isaías de la gloria de Dios (cf. vv. 1–4)

En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
Y el uno al otro daba voces diciendo: ¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria!
Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
Uzías rey en el reino del sur, en Jerusalén por 52 años
De dieciséis años era Uzías cuando comenzó a reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre era Jecolías, de Jerusalén.
(2 Cr 26:3)
Su reinado fue exitoso hasta que se rebeló contra el Señor
E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que estuvieran en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras; y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse fuerte.
Mas cuando se hizo fuerte, su corazón se enalteció hasta corromperse; porque cometió infidelidad contra Jehová su Dios, entrando en el Templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso.
(2 Cr 26:15, Cr 26:16)
Pese que el Señor no le quitó la vida ese momento, terminó sus días con lepra.
Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una casa apartada, leproso, pues había sido separado de la casa de Jehová; y Jotam, su hijo, estaba sobre la casa real, gobernando al pueblo de la tierra.
(2 Cr 26:21)
El profeta una vez que nos menciona el contexto, comienza a relatarnos la visión por medio de la cual aprenderemos hoy sobre la Gloria de Dios
vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo...
Isaías ve al logos de Dios, al Señor Jesucristo antes de su encarnación y acá tenemos las primeras características de la Gloria de Dios.

Un trono alto y sublime

Dios sentado en su trono (v. 1 Traducción en Lenguaje Actual), un trono alto y sublime (v. 1) no solo por encima de los demás tronos, ya que los supera, sino sobre los demás tronos, ya que los gobierna y domina.
Isaías no vio a Jehová: la esencia de Dios (que nadie ha visto ni puede ver: 1 Jn 4:12; cf. Jn 1:18), sino a Adonay (v. 1 BT): su dominio. Isaías vio al Señor Jesús (v. 1); así se explica esta visión: que Isaías […] vio su gloria, y habló acerca de él (Jn 12:41), lo cual es prueba incontestable de la divinidad de nuestro Salvador. Él es quien, después de la resurrección, cuando se sentó a la diestra de Dios (Mr 16:19; cf. Mt 26:64; Mr 14:62; Lc 22:69; Ef 1:20; Col 3:1; He 1:3; 10:12; 12:2), no hizo sino sentarse en el lugar en el que estaba anteriormente (cf. Jn 17:5).
Véase el reposo de la Mente Eterna: Isaías vio al Señor sentado (v. 1; cf. Sal 29:10).
Véase la soberanía del Monarca Eterno: se sienta sobre un trono (v. 1), un trono de gloria (Jer 17:12; Mt 25:31; cf. Mt 19:28), ante el cual debemos adorarle; un trono de gobierno, al que debemos estar sujetos; y un trono de gracia (He 4:16 NBJ), al que podemos acercarnos confiadamente (He 4:16). Este trono es alto y elevado (v. 1 SA 1975), por encima de toda rivalidad y oposición.

El templo y las faldas

II. Véase su Templo (v. 1 LPD), su Iglesia en la tierra, lleno de las manifestaciones de su gloria. Al estar su trono erigido a la puerta del Templo (ya que los príncipes se sientan a las puertas para juzgar), sus faldas llenaban el templo (v. 1), los faldones de sus vestiduras (v. 1 BT); esto es, el mundo entero (porque todo él es Templo de Dios y, de la misma manera que el Cielo es su trono, […] la tierra es estrado de sus pies: cap. 66:1; Hch 7:49; cf. Mt 5:34–35) o, más bien, la Iglesia, que está llena, enriquecida y hermoseada con las muestras de la especial presencia de Dios.

Los serafines

Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
Por encima del trono (v. 2), como flotando en derredor, o cerca del trono, inclinándose ante él, con la mirada puesta en él, había serafines (v. 2), los santos ángeles, llamados serafim, o sea, ardientes porque él hace […] a las flamas de fuego sus ministros (Sal 104:4; cf. Ez 1:13). Arden de amor a Dios, y de celo por su gloria, y contra el pecado; y él hace de ellos instrumentos de su ira cuando es fuego consumidor para sus enemigos (Dt 4:24; He 12:29)
Cada uno tenía seis alas (v. 2), Cuatro se utilizaban para cubrirse, como las alas de un ave que está posada; con las dos alas superiores, próximas a la cabeza, cubrían sus rostros y con las dos inferiores cubrían sus pies (v. 2), o las partes de abajo. Esto indica su gran humildad y reverencia en el servicio de Dios, porque él es temible en gran manera en la gran congregación de los santos (Sal 89:7).
No solo se cubren los pies (v. 2 NVI), los miembros del cuerpo que son menos decorosos (1 Co 12:23), sino que también se cubrían sus rostros (v. 2). Aunque las caras de los ángeles son, sin ninguna duda, mucho más hermosas que las de los hijos de los hombres (cf. Hch 6:15), sin embargo, en la presencia de Dios se las cubren, porque no pueden soportar el deslumbrante brillo de la gloria divina, y porque, al ser conscientes de la infinita distancia que los separa de la perfección divina, se avergüenzan de mostrar sus rostros ante el Dios santo, que nota necedad en sus ángeles si se atreven a competir con él (Job 4:18). Si los ángeles son así de reverentes en el servicio de Dios, ¡con qué santo temor no deberíamos aproximarnos a su trono!
Y el uno al otro daba voces diciendo: ¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria!
Acá tenemos tenemos la expresión más gloriosa de parte de las criaturas espirituales, el cántico eterno en los cielos superiores.
Santo, santo, santo (v. 3). Esto indica: [1] El celo y el fervor de los ángeles al alabar a Dios. Hasta les faltan palabras, por ello repiten la misma una y otra vez. [2] El placer especial que sienten al contemplar la santidad de Dios; este es un tema en el que les agrada centrarse, insistir, que les desagrada abandonar. [3] La excelencia superlativa de la santidad de Dios, que está por encima de la más pura de las criaturas. Él es santo, tres veces santo, infinitamente santo, eterna, perfecta y originalmente santo. [4] Puede referirse a las tres personas de la Divinidad: Padre Santo, Hijo Santo y Espíritu Santo
Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
Por la manifestación de todo esto a los hijos de los hombres: Toda la tierra está llena de su gloria (v. 3), la gloria de su poder y de su pureza; porque es santo en todas sus obras (Sal 145:17 VTA). Los judíos creían que la gloria de Dios estaba confinada a su país; pero aquí se anuncia que en los tiempos del evangelio (a los que señala este capítulo) la gloria de Dios llenaría toda la tierra (v. 3; cf. Hab 2:14); la gloria de su santidad, que es en verdad la gloria de todos sus demás atributos. Esta llenaba el templo entonces (v. 1 LPD), pero en los últimos días llenará toda la tierra (v. 3; cf. Hab 2:14).

La gloria de Dios es la manifestación de la perfección de todos sus atributos. La doctrina de la gloria de Dios enfatiza su grandeza y trascendencia, su esplendor y santidad.

El terror que le infundió la Gloria de Dios en Isaías (cf. v. 5)

Entonces dije: ¡Ay de mí, que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
Cuando la criatura tiene la visión de la gloria de Dios responde con terror.
¿Has visto la Gloria de Dios?
¿Dónde vemos la Gloria de Dios?
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Jn 1:14)

El alivio de Isaías de este terror al recibir la seguridad del perdón de sus pecados (cf. vv. 6–7)

Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas;
y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y cubierto tu pecado.
Solo aquella criatura que ha sido confrontado con la gloria de Dios, tiene la seguridad del perdón de sus pecados.
De esto se desprende que el deber principal del hombre sea glorificar a Dios.

¿Qué es glorificar a Dios?

 A. 1. Negativamente, glorificar a Dios no es darle gloria adicional a Dios; no es hacer a Dios más glorioso de lo que es; porque Dios es incapaz de recibir la más mínima adición a su gloria esencial, siendo eterna e infinitamente perfecto y glorioso. “Vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). “Mi Señor eres tú; mi bondad no se extiende hasta ti” (Salmo 16:2).  2. Afirmativamente, glorificar a Dios es manifestar la gloria de Dios: no sólo pasivamente, como lo hacen todas las criaturas, que no tienen religión ni razón, sino también activamente, los hombres glorifican a Dios, cuando el designio de su vida y acciones es la gloria y el honor de Dios. “Para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó”, etc. (1 Pedro 2:9). (1.) Cuando interiormente tienen la más alta estimación de él, la mayor confianza en él y los afectos más fuertes hacia él, esto es glorificar a Dios en espíritu. “Glorificad a Dios en vuestro espíritu, el cual es de Dios” (1 Corintios 6:20). (2.) Cuando exteriormente reconocen a Dios conforme a las revelaciones que él ha hecho de sí mismo, cuando con sus labios manifiestan la alabanza de Dios. “El que sacrifica alabanza, me glorifica” (Salmo 50:23). Cuando sinceramente se esfuerzan, en sus acciones, por exaltar el nombre de Dios, promover el interés de su reino en el mundo y rendirle la adoración y obediencia que él ha prescrito en su Palabra. “Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre” (Salmo 34:3). “Temed a Dios, y dadle gloria; y adorad a aquel que hizo los cielos y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:7).
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