Sermón sin título (52)

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Proverbios 25:11–14 TLA
11 Las palabras dichas a tiempo son como manzanas de oro con adornos de plata. 12 Para quien sabe apreciarla, una sabia reprensión vale tanto como una joya de oro muy fino. 13 Tan refrescante como apagar tu sed con un vaso de agua fresca, es contar con un amigo a quien puedes confiarle un mensaje. 14 Hay quienes hablan de dar y nunca dan nada. Son como las nubes oscuras, que anuncian lluvia… ¡y no llueve!
La palabra es como… (25:11–14)
Después de tratar del habla dañina, como cuando se traiciona la confianza de otro, Salomón ahora nos hace ver el uso positivo de las palabras.
Entonces una palabra acertada es una palabra de sabiduría divina.
Cuando el sabio reprende a alguien lo hace de modo amable, y aunque sus palabras puedan doler, resultan constructivas y apropiadas.
El “oído dócil” es el de otra persona sabia, como se afirma en un proverbio anterior: “El oído que escucha las amonestaciones de la vida, morará entre los sabios” (15:31).
La amonestación del sabio y el oído receptivo, se combinan para crear un bello modelo de interacción, que Salomón compara con un zarcillo de oro u otra joya.
En tierras calurosas como Palestina, las nubes sin agua crean expectativas y después dejan frustrada a la gente.
Así actúa quien se vanagloria, hace promesas y al final no las cumple.
Es sabio el bien habla como el que bien escucha.
Que siempre seamos como el mensajero confiable el que habla este proverbio, que otros tengan la seguridad que de nosotros saldrán palabras de edificación, que ayuden crecer.
Y tengamos oídos sensibles, oídos sabios; pues necesitamos escuchar de otros en algunas ocasiones palabras que nos nos agraden y en otras consejos que nos ayuden a ser mejores.
La sabiduría nos ayuda a tener el discernimiento de las palabras que hablamos y de las que escuchamos
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