invitacion rechazada
En el antiguo Cercano Oriente una fiesta de bodas era inseparable de la boda misma, la cual implicaba una serie de una semana seguida de comidas y festividades, y era el acontecimiento más destacado de toda la vida social. En una boda real como la que Jesús menciona aquí, a menudo la celebración duraba varias semanas. Los huéspedes eran invitados a quedarse en la casa de los padres del novio durante toda la ocasión, y el padre haría tantas provisiones elaboradas como podía darse el lujo. Por supuesto, una boda real se realizaría en el palacio, y un rey sería capaz de costear todo lo que deseaba.
Cuando todos los preparativos estuvieron completos, el rey envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas. El hecho de haber sido convidados indica que los huéspedes habían sido invitados con antelación y que sabían que su asistencia a la boda era esperada. Ser un invitado a la boda del rey estaba entre los honores más altos posibles, y sin duda quienes habían recibido las invitaciones se jactaban ante sus vecinos y amistades. Por tanto, es inconcebible que cuando los mandaran a llamar para que asistieran, éstos no quisieran venir.
Los oyentes de Jesús ya habían comenzado a pensar para sus adentros: “¿Quién haría algo así? La misma idea es absurda”. Asistir a la boda real sería una experiencia aún más grande que recibir la invitación;
