EL PROPÓSITO DEL SUFRIMIENTO DEL CRISTIANO

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Que mi audiencia aprenda que el sufrimiento del cristiano tiene propósito y no es en vano.

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INTRODUCCIÓN

En nuestro caminar con Cristo, tarde o temprano enfrentamos momentos de dolor y sufrimiento. En 1 Pedro 2:18-25, el apóstol Pedro nos recuerda que el sufrimiento no es un accidente en la vida del cristiano; es parte del propósito divino. Pedro se dirige a creyentes que, en su tiempo, enfrentaban persecuciones y pruebas intensas, y les muestra que incluso en medio del dolor, hay un llamado y un propósito.
Pedro nos invita a considerar el ejemplo de Cristo, quien, siendo inocente, sufrió injustamente, pero lo hizo con una actitud de humildad y paciencia. Su sufrimiento redentor se convierte en un modelo para nosotros, demostrando que el sufrimiento, aunque difícil, puede ser una herramienta poderosa en las manos de Dios para moldearnos, para testificar a otros y para llevarnos a una relación más profunda con Él. Hoy vamos a descubrir cómo Dios transforma nuestras pruebas en testimonios y nos llama a vivir con una esperanza firme, incluso en medio del dolor.

HALLAR GRACIA CON DIOS (V. 18-20)

¿De qué manera se halla gracia con Dios?
En primer lugar, se halla gracia con Dios cuando en medio del sufrimiento y las penalidades cumples con tu servicio o responsabilidades (“siervos” en v. 18).
El término “siervo” en este contexto significa “criado de la casa, esclavo doméstico”. Pedro les escribe a creyentes que tenían esta condición de “siervos”, quienes tenían asignadas responsabilidades en la casa de sus amos o dueños. Estos hermanos, a pesar de todo lo que estaban pasando, se les exhorta a que no descuiden su responsabilidad en sus lugares de servicio.
Creo que esto es significativamente importante para nosotros también. Aunque nuestro contexto es muy distinto a los de los siervos a quienes Pedro se dirige, nosotros también estamos siendo desafiados a cumplir con nuestras responsabilidades y servicios con lo que estamos comprometidos.
Si nos esforzamos en ser fiel y responsable en nuestros lugares de trabajo, en nuestros lugares de estudios, en nuestras casas, en los ministerios en la iglesia, aun en medio del sufrimiento y penalidades que estemos enfrentando, esto halla gracia para con Dios. Dios nos mira con ojos misericordiosos y orgulloso al ver que nuestra fidelidad es firme en medio del padecimiento.
En segundo lugar, se halla gracia con Dios cuando en medio del sufrimiento y las penalidades te sujetas con todo respeto a las autoridades buenas y malas (ver v. 19).
Ahora bien, no es solamente cumplir con nuestras responsabilidades lo que se espera de nosotros en medio del sufrimiento para hallar gracia con Dios, sino que también se nos pide una actitud específica a mostrar. ¿Cuál es? “sujeción con respeto”.
El apóstol Pablo instruye mucho a los siervos o esclavos sobre cómo debe ser su actitud y comportamiento con sus amos, ya sean “buenos y afables” o “insoportables”, como dice Pedro. Observemos algunos textos de Pablo:
Efesios 6:5–7 (NBLA) — 5 “Siervos, obedezcan a sus amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de su corazón, como a Cristo; 6 no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. 7 Sirvan de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres”
Colosenses 3:22–25 (NBLA) — 22 “Siervos, obedezcan en todo a sus amos en la tierra, no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino con sinceridad de corazón, temiendo al Señor. 23 Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, 24 sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien sirven. 25 Porque el que procede con injusticia sufrirá las consecuencias del mal que ha cometido, y eso, sin acepción de personas.”
En nuestros lugares de trabajo y servicio, podemos encontrarnos con supervisores o encargados que pueden ser personas muy comprensivas y fácil de tratar, pero también nos encontraremos con personas que son bien difíciles de tratar por su temperamento y exigencias. En ambos casos nuestra sujeción y respeto deben de brindárseles porque esto honra a Dios y habla bien de nosotros. Esto haya gracia con Dios.
En tercer lugar, se halla gracia con Dios cuando por hacer el bien sufrimos y padecemos soportándolo con paciencia (ver v. 19-20).
El apóstol Pedro nos revela que existen dos tipos de sufrimiento (ver v. 19):
1. Sufrimiento injusto.
2. Sufrimiento justo.
También Pedro describe estos tipos de sufrimientos en el verso 20. El sufrimiento justo es aquel que se padece cuando se peca y se nos trata con severidad. Mientras que el sufrimiento injusto es aquel que por hacer el bien o lo bueno se sufre o padece.
Así que, hallamos gracia con Dios cuando sufrimos por hacer el bien y lo soportamos con paciencia. Veamos algunos ejemplos:
1. Puede suceder que al tomar decisiones éticas o defender la justicia, algunos amigos o familiares se distancien, al no entender nuestra posición y juzgarla como extremista.
2. Una persona que se niega a participar en prácticas corruptas en su trabajo puede perder su empleo o ser pasada por alto para promociones, sacrificando beneficios económicos por su integridad.
Como bien dice el apóstol en esta misma carta que estudiamos “Pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios, que por hacer el mal.” (1 Pedro 3:17, NBLA)
Querido hermano y amigo, el sufrimiento del cristiano no carece de sentido y propósito. Aunque vivimos en este mundo caído y dañado por el pecado y la maldad, y nos toca sufrir y padecer igual o más que otros, este sufrir no es en vano. Dios no lo pasa por alto. Yo sé que es desesperante sentir que tus oraciones y tus esfuerzos parecen que no han servido de mucho, pero Dios te tiene presente. No te ha dejado ni te ha desamparado. Tu dolor no es ignorado. Estás hallando gracia con Dios.
Pero el único propósito del sufrimiento del creyente no solo es hallar gracia con Dios, sino que también Pedro nos enseña que con nuestro sufrimiento nos identificamos con Cristo.

IDENTIFICARNOS CON JESUS Y SEGUIR SU EJEMPLO (V. 21-25)

Nuestro Señor Jesucristo es el mejor ejemplo de lo que es el sufrimiento injusto. El sufrimiento que podamos padecer nos recuerda que Cristo también sufrió y lo hizo por nosotros. Por lo que cuando padezco me identifico con mi Señor y sigo sus pasos.
En estos versos 21 al 25, donde se nos presenta ejemplos puntuales de la forma como Cristo sufrió injustamente y lo padeció en paciencia, podemos dividirlos en lo que históricamente se ha enseñado como “la obediencia activa” y “la obediencia pasiva” de Cristo.
La obediencia activa (ver v. 21-23):
Louis Berkhof, en su teología sistemática, dice que la obediencia activa de Cristo “consiste en todo lo que Él en su aspecto representativo hizo para obedecer la ley, como condición para obtener vida eterna. La obediencia activa de Cristo era necesaria para que su obediencia pasiva fuera aceptable a Dios, es decir, convertirlo en objeto del beneplácito de Dios. Solo en atención a esto, Dios estima los sufrimientos de Cristo en forma diferente de la que estima los sufrimientos de los perdidos.”[1]
Pedro nos muestra esta obediencia activa de Cristo diciendo que:
No cometió pecado.
No engañó.
No maldijo o ultrajo cuando lo hicieron con Él.
No amenazó cuando padeció.
Se encomendaba al que juzga con justicia.
Nosotros, sin embargo:
Somos pecadores y hemos cometido pecados.
Engañamos cada vez que tengamos la oportunidad o la necesidad.
Maldecimos con nuestros labios o en nuestro corazón.
Cuando padecemos por culpa de alguien, lo amenazamos… “te veo en la bajaita”.
Tomamos la justicia en nuestras manos.
Obediencia pasiva (ver v. 24-25):
“Su obediencia pasiva consistió en pagar el castigo del pecado mediante sus padecimientos y muerte, y así satisfizo la deuda de todo su pueblo. Los sufrimientos de Cristo… no fueron sobre Él por accidente, ni como resultado de circunstancias de estricto carácter natural. Fueron puestas sobre Él judicialmente como nuestro representante y por lo tanto fueron verdaderas penalidades de castigo.”[2]
“así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente lo esperan.” (Hebreos 9:28, NBLA)
“Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;” (1 Corintios 15:3, NBLA)
Amados hermanos, nadie ha hecho por nosotros lo que Cristo hizo. Muchos nos han querido ayudar en ciertas ocasiones y no han podido por sus limitaciones. Nosotros también hemos querido ayudar a otros, pero muchas veces nos hemos visto imposibilitados. Ahora bien, en lo referente al pecado y la gravedad de su impacto para nuestras vidas y nuestra relación con Dios, nadie puede hacer nada ni por si mismo ni por otro. Solo una persona perfecta, divina, amorosa, desinteresada, que se interese por algo vil como nosotros, podía hacer algo. Cristo es ese alguien.
Tu sufrimiento tiene propósito: hallar gracia con Dios e identificarte con Cristo y sus padecimientos. Esto no hace que sufras en vano. Hay esperanza de consuelo y solución. Hay promesa de que el sufrimiento es momentáneo y que serás recompensado en la eternidad.

CONCLUSIÓN

La mejor manera de terminar este sermón es atendiendo a lo que indica el ultimo versículo.
Si te encuentras descarriado como una oveja, el Pastor y Guardián u Obispo te espera con los brazos abiertos para darle sentido a tu vida y sufrimiento. Sin Él te encuentras en un estado de condenación del que no puedes salir por tu propia cuenta, y nadie más te puede ayudar; ni religiones, ni penitencias, ni buenas obras, nada. Solo Cristo.
Amado hermano que has estado caminando por los senderos del Señor y lo tienes como tu Pastor y Guardián u Obispo, pero has estado sufriendo y padeciendo de múltiples formas, pero desconocías el propósito especifico de tu sufrimiento, hoy es hora de que te acerques al Señor y si has reaccionado a tus padecimientos incrédulamente, con quejas y desdén hacia tus responsabilidades, arrepiéntete y comprométete a vivir acorde a lo que hemos aprendido para que halles gracia con Dios.
[1] Berkhof, Louis. Teología Sistemática (pag. 451) [2] Berkhof, Louis. Teología Sistemática (pag. 453)
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